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Ok… no más. Gracias a Axel :P

Lo único que le quitaría.

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Es eso de trabajar hasta tarde y saturarse. Es lo único que le quitaría. Porque debe haber tiempo para otras cosas, ver a la familia, por ejemplo, aunque sea mirarle las getas mientras se pegan a la televisión. O bien, salir a tomarse café con los amigos. Un fin de semana completo con mi mujer no me caería mal. Hace unos minutos, por ejemplo, hablé con Ezequiel (en mi afán de buscar niños futbolistas), un amigo de la preparatoria, y sentí antojo de invitarlo a salirnos a tomar algo. Mientras caminaba a la hora de la comida, me encontré a la Mono y su novio y me di cuenta que hacía rato no la había visto. Saturarse a lo imbécil nunca ha sido correcto. Un error minúsculo en un proyecto y ya te encuentras en problemas. Veo el pizarrón, uno que desempolvamos para anotar los pendientes, y alzo las cejas. Uno puede decir que no hay pedo, que esos proyectos estan cerrados o por cerrarse, pero hasta que no los borremos de ahí. Pareciera que lo digo de broma, que no me gustaría aceptar más proyectos, pero es la verdad, me molestaría muchísimo que alguno saliera mal y meternos en problemas. Ya ha pasado. Un error en una filmación cuesta cliente. Esos errores pasaron el último año, cuando abandoné este trabajo por primera vez. El trabajo se tornó esporádico. Hay dos soluciones: No saturarse o no cometer ningún error. Tal vez he perdido ritmo, o práctica… sólo sé que me siento agotado, desde que llevé el proyecto de las viñetas y he dormido poco por los días de filmación y las ediciones que he ayudado.

-o-o-

Actualización: En un acceso de honestidad, lo que más me preocupa es equivocarme. Es cagante equivocarse y solucionar mis propios errores. De por sí, odio cubrir los errores ajenos. Será ese temor a equivocarme, lo que a veces me hace huir a la responsabilidad… pero a veces, porque soy necio… y de tanta necedad, finalmente me gusta resolver las cosas.

Algo así.

La adicción.

Hace poco, en una reunión con Salvador Leal (y otros ilustres de mi blogósfera particular), tocamos de refilón el tema de porque había regresado a casting. Salvador completó con un—: Es que tu trabajo es una adicción, ¿verdad? —curiosamente, esa semana o a lo más, la semana pasada, Ricardo me había comentado algo similar. Mi regreso a este ambiente se puede mal-interpretar como eso: la adicción, la adrenalina, el estrés, el deseo de estar constantemente a punto de gritarle a alguien. Durante mi añito de “vacaciones”, en algún momento supe que me gustaría regresar. Si dudaba regresar, era porque no sabía si me aceptarían de nuevo.

La cuestión básica, es que… tengo la ligera impresión que cualquier otro trabajo distinto a este, será muy aburrido.

No soy adicto a él, no nací para hacerlo, me falta talento en algunas áreas, pero me divierte tanto intentarlo, y reintentarlo, y transformarme, y sentir la interacción social, y como fluyen las cosas. Sentir eso, a nivel personal, es tal vez mi adicción. Sin embargo, algo que me contenta sobremanera, y se lo dije a mi mujer mientras estábamos cenando alguno de esos fines de semana, es que me contenta mucho tener un lugar a donde regresar. Regresar a casa, a dormir, a cenar, a ver a mi hermano aunque sea unos minutos. O irme a Puebla el domingo, en la mañana, y sentir el abrazo de mi mujer, y traspasar la frontera. Jugar con el mundo de las apariencias.

Hay una frase de Serial Experiments Lain, que dice: “Close this world, open the next”. Es muy cierta. Aún cuando mantengo una congruencia (un set de reglas muy básicas), esta funciona a varios niveles. Es un baile, un lugar donde participas con otros diálogos a los acostumbrados y te mueves en los mundos. Tu cuerpo es uno, pero los pasos son distintos para cada ritmo. A veces, te inventas el baile y te aplauden, te sientes satisfecho, ganas. Otras veces, aún cuando sigues los pasos y el ritmo al pié de la letra, algún director orquestral, impío y travieso, cambia el tono.

Lo dicho. Cuando deje este trabajo, lo extrañaré, y hasta el momento dudo, que me toque uno tan divertido como este.

Entrevista al autor de este blog (y otros personajes)

Buenos días a todos ustedes, me han encomendado la difícil tarea de entrevistar a Fest. El por qué el autor decidió concederme la entrevista, aún esta por verse. De por sí, me siento bastante afortunado de que un hombre de tantas y múltiples ocupaciones como él, haga un espacio en su apretada agenda para hablar conmigo. Agustín Fest, como la mayoría sabe, es un joven resuelto, que desborda creatividad, que escribe más o menos, que le confunden fácilmente con un narcisista porque gusta tomarse fotos de sí mismo y que hasta el momento ha editado sus propios libros. Nadie sabe que pretende con esto, si ser famoso, si entrar al canon literario o si, sencillamente, divertirse con lo que escribe. Se diría entonces que se dedica a dos trabajos al mismo tiempo: escritor por encargo de sí mismo y lector número fanático número uno de sus propios escritos. Pero basta de suposiciones, sin más dilaciones les presento esta, LA ENTREVISTA DEFINITIVA.

FEST (se ríe nervioso): Vamos, tanto como definitiva no. A Fest le da miedo la palabra definitivo, porque es como un indicativo de un final y creo que de lo poco que he aprendido de Fest, es que no le gusta escribir cuentos que terminan.

ENTREVISTADOR: ¿Consideras que un final arruina una historia? ¿Te dan miedo, repulsión, o sencillamente no son de tu agrado?

FEST: Fíjate que esa es una excelente pregunta para Fest. Tal vez es porque se involucra tanto en lo que escribe, que mientras más avanza en la historia, le resulta más difícil saber como continuarla. Falta de disciplina, de una planeación para escribir, hace que las historias tomen giros inesperados que luego, pues, no sabe como deshacer. ¿Aunque de verdad, será necesario deshacerlos? El gozo de escribir viene en parte por continuar ese flujo que lleva la historia, deshacer lo que se tenía planeado y dejarse llevar. Como cuándo te ofrecen tu segundo toquín de mota. Te lo fumas y go with the flow.

ENTREVISTADOR: ¿O sea qué usas drogas para escribir?

FEST: Fíjate que ese es el tipo de pregunta estúpida y espontánea que se le puede ocurrir a un entrevistador. No. Fest no consume drogas y no recomienda su consumo para escribir. Puede ser que a algunos les funcione, y de hecho, a Fest le es fascinante leer a escritores que se encuentran bajo el influjo de sustancias. Sin embargo, Fest piensa que si él necesitara una sustancia para imaginar, entonces estaría perdido. No se necesitan sustancias para imaginar, sólo se necesita usar el coco.

ENTREVISTADOR: Bueno, y cuéntanos un poco de lo que estás escribiendo ahorita. La búsqueda de Bob, al parecer, no ha recibido una gran aceptación de tu público. Como que ha cambiado mucho de enfoque en comparación con la historia de Bob.

FEST: Ummm, es que son dos historias que aún cuando estan relacionadas, usan distintos recursos para desarrollarse. La historia de Bob, por ejemplo, se escribió pensando en las fotos enviaban los lectores para los fotocuentos. Si Fest sentía que la narración se atoraba en algún momento, recurría a la siguiente foto de la lista, cerraba los ojos y pensaba: En chinga, vamos, en chinga, ¿qué te dice la foto? ¿qué te diría la foto si fueras Bob?. En cambio, con La búsqueda de Bob, Fest se ha prometido escribir más fantasía y escribirla bien. Es decir, ha tenido mucho cuidado con que sean párrafos más largos de los que acostumbra (no sabe el por qué esa repentina adicción con los párrafos largos). También, ha tratado de que sea una historia un poco más amplia, que se enfoque en más aspectos donde no solamente se trate de buscar al cacto. Ha tratado de darle a cada personaje un sentido y temas que puedan desarrollarse, acorde o muy en contraste, con su personalidad. Con el personaje, homólogo del escritor, ha tenido cuidado en representar algunos recuerdos, experiencias y otras cosas que Fest no compartiría comúnmente, a manera de confesión. Fest se ha tardado un promedio de tres días en escribir las siguientes entregas y siente que no lleva ni la mitad de lo que tiene contemplado. Así que esta puede ser una historia muy larga.

ENTREVISTADOR: ¿Eso te afecta como weblogger? ¿Dirías que no puedes escribir de tu vida, cuándo paralelamente tienes a un personaje llamado Fest, sufriendo en la oscuridad?

FEST: Precisamente, piensa que ese es el problema. Ahora el entrevistador ha dado en el clavo. Es difícil retornar al ritmo de platicar cotidianidades y reflexiones, cuando uno ya esta llevando el ritmo de una historia que se esta escribiendo. Es por eso que Fest le pidió esta entrevista: De alguna manera, hay que disculparse con los lectores porque Fest esta a punto de entrar a otro proyecto, dónde el weblog se usará como un lugar dónde pueda escribir de chingadazo lo que piensa. Aunque sean solamente un par de líneas. La búsqueda de Bob, a Fest le dolería terminarla porque se ha encariñado de manera bestial con los personajes, sin embargo desea hacerlo. Aunque ha pensado que puede con ambos proyectos, en el caso de no ser así, promete retomar la historia en diciembre (aún cuando nadie lea blogs en diciembre) para terminarla como se debe.

ENTREVISTADOR: ¿Qué otro proyecto ocupará tu tiempo?

FEST: Uno en el que ha querido participar desde hace tiempo: NaNoWriMo. El proyecto consiste en escribir una novela de un mínimo de 50,000 palabras del 1 al 30 de Noviembre. Esa novela, no la escribiré en el weblog. Como un ejercicio de disciplina, la escribirá en un procesador de textos, y tal vez, cuándo termine el NaNoWriMO y la búsqueda de Bob, entonces se dedicará a publicar la novela por capítulos. Tal vez se esta tomando con mucha seriedad esto del NaNoWriMo, pero quiere ver si es capaz de escribir un texto jugoso en un mes y quiere ver si es posible disciplinarse para ello, fijándose un horario, fechas límite y mantener una coherencia en la historia.

ENTREVISTADOR: Ahhh, muy bueno, muy bueno… Ahora, es el turno de ustedes bienamados lectores, ¿alguno de ustedes tiene una pregunta? Aproveche que Fest esta de oferta, de aquí hasta el 31 de Octubre.

FEST: ¿Eh?

De lo personal.

Llevo cuatro años escribiendo este diario y me ha parecido una de las actividades más inútiles y adictivas que existen. Pero me gusta pensar que también sirve para otras cosas, como aprender a escribir mejor y comprender mejor la persona que soy. Hay ideas en todo el mundo, acerca de cómo y por qué se debe escribir un blog, sobre todo, hay ideas de como se debe llevar un blog personal. Creo que he quebrado todas esas reglas en algún momento, incluso he quebrado mis propias reglas con la consigna de: “Si no puedes escribir de ti, por más horrible que seas, no vale la pena”. Sé que mi familia ha leído mi blog, y supongo que han descubierto algunas cosas de mí que no habrían descubierto de alguna otra manera.

No escribo pensando lo que van a descubrir o no, porque entonces es “esconder lo que me parece horrible, lo que ellos no entenderían”. Porque es bien sabido que si uno esconde lo feo de uno mismo, entonces también se esconde la belleza que hay detrás. ¿No? Algo así. Tengo la fortuna de tener una familia discreta y que antes de apoyar un código moral, apoyan a la persona que hay detrás. Estos días he pensado en ello y me siento afortunado. Mi blog es una apuesta para mantener a las personas cercanas y queridas a mí… novia, familiares y amigos, queríendome tal como soy, o la persona que escribo ser porque aunque uno crea en su realidad, muchas veces es la mera ficción para otros. Y aunque he perdido algunos amigos, otros me han apoyado con firmeza y mi familia nunca ha dejado de serlo.

Hace unas semanas, por ejemplo, me enteré que mi madre leyó el Diario de Simón Dor y lo primero que le dije, fue que tuviera en cuenta que era ficción. Creo que el Diario de Simón Dor es uno de los más fuertes ejemplos que tengo de diario personal mezclado con ficción. Aun cuando hay algunos elementos que tomé de mi vida, hay otros que no tienen nada que ver con ella y que simplemente son imaginación. Mi madre me dijo que no me preocupara, que ella entendía mucho de lo que escribí y que me felicitaba por ello. Me dio gusto y un poco de vergüenza. Descubrir que mi madre leyó mi propio libro me provocó algo de orgullo y que lo aceptara así, me regresó brevemente a la infancia. Sé que muchas veces he escrito en este blog, sobre todo hace uno o dos años, lo que no me ha parecido de mi mamá y los problemas que hemos tenido… y también sé que son cosas que traeré durante muchos años. Pero por momentos como ese, donde también mi madre me acepta, me hacen pensar que haberme parido no fue tan malo.

Se dice, últimamente, que un blog personal es de lo más inútil que existe, leí por ahí a un escritor de a de veras, hablando del blog personal como una búsqueda de fama o de reconocimiento por alguien que no lo es. Otro escritor me dijo que el blog es una herramienta nada más. Yo pienso que el blog es una de las primeras fases por las que vamos a pasar los seres humanos para seguir comunicándonos: cuando la televisión y la radio son controladas por intereses, cuando los reporteros se compran y los periódicos venden su integridad, seguiremos teniendo un blog para expresar la realidad que percibimos y esa realidad puede ser compartida por otros. Cuando expones tu burbuja es cuando tienes la posibilidad de quebrarla. El blog es una opción para escaparse de los medios controlados, el blog es una manera de recuperar el medio. Por eso pienso que no debe tenerse miedo de escribir tal cual es, porque si uno no tiene control de sí mismo para aceptar lo que ha hecho, si uno no tiene la cara para enfrentarse a sus propias decisiones, entonces pienso que no tiene derecho para recuperar el control del medio, de su vida, de lo que ve, escucha o lee.

En México, si tienes la cara para votar este dos de julio, entonces también tienes la cara para enfrentar las decisiones que has hecho respecto a tu vida, y también tienes la cara para tomar el control. Muchos hablan de que el blog personal es solamente un escape, un método para divertirse, una terapia para continuar con su realidad. Claro que si, escribir de sí mismo tiene muchas funciones. Pero finalmente, lo que escribes es una extensión de tu propia persona, de la realidad colectiva que te rodea, de lo que percibes y observas. Lo que escribes no solamente es lo que sientes tú, es lo que sienten todas las personas a tu alrededor. Escribir es una de las pocas cosas que puedes ofrecerte a ti, y a los demás.

El actor principal de una película de madrazos

Estar en los zapatos de Simón Dor, le hizo descubrir una nueva vida. Así que caminando, como parte de su entrenamiento de peleador, llegó a Hollywood. Tardó un poco en llegar, pero tenía el tiempo del mundo… tenía toda una vida. En el camino, su físico se compuso de nueva cuenta: se hizo más alto, perdió la barba y el cabello le decreció, hasta casi estar rapado. Se almendraron un poco los ojos y cambió el color de su piel. El rostro se le hizo más duro.

A unos pasos, le seguía una sombra. Una sombra que deseaba saber si era aquel que cambiaba de vida en vida y finalmente cobrar su venganza.

Llegó casi al amanecer y pudo apreciar las letras gigantescas, en aquel montecito, que decían H O L L Y W O O D. Wow, se dijo, ¡estaba a punto de convertirse en la estrella de una película de madrazos! Se inscribió a cuanto dojo hubiera por ahí y se consiguió un agente, una pelirroja llamada Molly, quien le cambió la vestimenta. Como no estaban bien seguros qué tipo de madrazos daba; si de karate, judo, kenpo, tae kwan do, kick boxing, a la mexicana o uñas y mordidas; le consiguió unos pantalones negros, zapatos de vestir, una playera negra pegadita y unos anteojos oscuros. Se veía bien cool en los castings.

En los dojos demostraba que era el mejor de todos y en los castings también. Aunque ganaba mil trofeos y reconocimientos de: “Bueno si, peleas bien chido y nos madreaste a todos los alumnos”, en los casting era distinto: los directores bien mamones —pues claro, es que el señor director, ES EL SEÑOR DIRECTOR—, ni oportunidad de hacer el casting le dejaban. Se estaba deprimiendo y Molly ya no sabía que hacer con él. El poco dinero que ganaba, lo hacía en exhibiciones y en concursos locales de artes marciales. No era suficiente, no descansaría hasta verse así mismo en la pantalla grande.

Creció un resentimiento en esta vida.

Es la suerte la que permite a uno quedarse en esas cosas, tan intrigosas y misteriosas, llamadas casting. A menos que seas una modelo aspirante a actriz, cocainómana, dispuesta a hacerlo todo, bien divertida y chichona, no hay de otra. Y la suerte le tocó al actor, cuando le dieron el guión unos tales hermanos Wamasky. Lo leyó y se emocionó cada vez que decía: —PELEA—, ¿qué importaba qué no existiera la pinche cuchara? ¿qué diablos querían decir con Mión? Ah, no… Zion. Lo importante, era la cantidad de veces que decía —PELEA—. Hizo el casting y pues, PELEÓ (es que así decía el guión), destrozando sin querer a cuanto stunt estuviera a su alcance. Los directores se quedaron con la boca abierta y Molly estaba orgulloso de su muchachito que pronto sería artista.

Se presentó tempranito al set, con el vestuario elegante que consiguió los primeros días. (Los directores dijeron que estaba per-fec-to). Le dieron el mejor camerino, con baño personal y un espejo muy grande para él. La maquillista lo seguía a todas partes, para ponerle polvo en la carita y no le brillara su nariz tan feo. Cuando salió del camerino, las fans ya estaban gritando cuánto le amaban y cuántos hijos querían para su familia. Y él nada más sonrió, esa sonrisa que había practicado tantos días de haber estado en Hollywood. Su sonrisa, quien siempre esperó este momento.

Salió en periódicos y revistas. Era la sensación de las calles, pero la vergüenza de los dojos que se tomaban el arte un poquito en serio. Eso no le importaba a él, naturalmente: pronto estaría en el cine. Hizo todas las tomas que le pidieron y unas cuántas extra, sin cobrarles nada porque era nuevo en esto de la artisteada. Se hizo adicto a la cocaína, porque es que casi todos se la metían. Al extasis, las pastas y el alcohol. Así salía en las noches, con tres o cuatro mujeres a su lado. Molly lo miraba decepcionada, es que él ya no era el mismo y se negó a seguir siendo su agente.

No importaba, ya había otros veinte en su puerta.

Cuando borracho y drogado, destrozaba cuánto bar, cuánto club y cuánto antro. Dejaba a un par en el piso y sangrando. Lo metían a la carcel. A los Wamasky no les importaba, pagaban fianza y lo sacaban —Necesitaban hacer otra toma, esta será publicidad… negativa, pero publicidad al fin y al cabo—. Su camerino estaba lleno de botellas de vodka vacías y se miraba al espejo, sonreía. Finalmente, se estaba haciendo una estrella y estos, eran pequeños sacrificios.

El día de la última toma, festejaron todos y al siguiente mes, estreno en cartelera. Un hitazo, la película recaudó casi treinta millones de dólares y el actor, ya estaba firmando para otras dos secuelas, mientras la nariz le sangraba y los ojos se le dilataban.

A empezar la rutina, al día siguiente, en el set a las siete de la mañana. Cinco líneas blancas, dos tragos absolutos. Vamos, estoy listo para la siguiente pelea. Y es que el actor no estaba consciente de sus poderes como artista marcial, ni del resentimiento adquirido, ni de la furia contenida. Ese mismo día, el desbalance del ying y del yang, acumuló toda la energía contenida en sus puños y fue peor que un Kamehame Ha de Neo y un Exploding Star a la Vegeta de Mr. Smith.

Acabó con medio Hollywood.

A huevo.

Medio Hollywood, derruído como si le hubieran tirado una bomba atómica. El actor despertó y miró el desastre, suspiró triste y miró el cielo. Al menos había una película de él en el cine. Se miró las manos, se dio cuenta del error de su camino y lentamente, en el alma, se le fue forjando el propósito de su siguiente existencia—: sería monje budista.

Regresó caminando a México, con una sombra siguiéndole los pasos y escuchando en los noticieros que la caída de Hollywood había sido culpa de Allí-Queda, un grupo terrorista musulmán.

Segundo día

Creí que el más difícil sería el trabajo, pero fue pan comido ¿a quien quieres engañar, Tsef Thaed?. Nadie me ofreció un cigarro, ni Josefa, ni Carrillo. Los olí demasiadas veces, vi prenderse un par, pero pude evitarlos. Fuerza de voluntad muchachito, me dije a mi mismo, ¡y salí todo un triunfador! Anda, anda, confiésalesssss… te mueres por uno. Ni siquiera se me antojó, ni tantito. Mi cigarrillo de mi cajetilla de reserva se quedó quieto en su lugar. ¡Mira nada más! Eres como que un poquito masoquista: sonríes al pensar que si lo fumas… no podrás parar ya. ¡Y tenés razón!.

Me descubrí un hábito. Suelo/quiero llevar un cigarrillo mientras edito rápido. Ahora sé que conociéndome es como podré pelearle al cigarrillo mas fácilmente. Tsk tsk tsk, no vas a triunfar… mañana mismo te comprarás una cajetilla nueva. ¡Mañana mismo! ¡Andá Tsef Thaed! So, acabé mi día en el trabajo. Nada pesado, sólo hice un stock para video interno de una compañía de camiones y hoy hice la edición final del comercial de pastelitos. ¿Cuántos pastelitos te comiste hoy para no pensar en el cigarrito de la editada, eh?

Me comí un pastelito nada más… Ohhh. Pero vas a engordar bien y bonito muchachito… si de por sí, sos un cerdo. Para tranquilizar las ansias de cigarro y después, me fui a la escuela.

Un hábito descubierto: El cigarro que me llevo prendido de la oficina al metro. ¿Te acuerdassss cuándo pasabas del lado de la gasolinera con tu cigarrote prendido y luego los mirabas sonriendo, moviendo tu manita con el cigarro esparciendo ceniza caliente de un lado a otro? Jajaja, lo bueno es que ya cambiaron al personal. Ahora no prendí ninguno, me sentí bien. Me sentí re-la-ja-do y tran-qui-lo.

En la escuela fue un poquito más difícil. Descubrí que utilizaba el cigarrillo para que se me fuera más rápido el tiempo a la hora de empezar una clase ¡Y cómo lo descubriste, eh! ¡Vaya que lo descubriste, Tsef Thaed! Ahora… préndeme, chiquito, préndeme. ¡¡jajajaja!!. So, lo que hice fue caminar. Hice la anotación mental de SIEMPRE llevar un libro, los poemas/ensayos/novelas pendientes. Debo comprarme una antología que cuesta unos seiscientos varos en American Bookstore.

Si, el dinero me tiene mal. Estoy a punto de darle a mi mamá su ultimatum. Todavía no me pide dinero para apoyar en la casa, pero estoy seguro de algo: Ella no está buscando trabajo. Eso, eso, piensa en tus problemas… así necesitarás un cigarrillo… piensa en la presión, la deliciosa presión… ¿la sientes? ¡Vamos! ¡Nada más uno! y mañana regresarás a la normalidad…. Ya le dije que no podía mantenernos a los dos a menos que dejara la escuela y trabajara de tiempo completo y como no quiero sacrificar ni uno, ni lo otro. Es una historia compleja, mi mamá ya lleva un historial de dos tíos que si tuvieron que salirse de estudiar para pagar las deudas de crédito de ella, malos tiempos, fueron malos tiempos. Afortunadamente, esta vez no hay deudas de tarjeta de crédito y yo, no quiero repetir ninguna historia.

Le diré que se busque un trabajo para al menos pagar la renta del departamento. Yo pagaré lo demás luz, teléfono, gas, comida. Yo creo que los gastos se equilibran bastante bien haciéndolo de esa forma.

Claro, mi mamá cuando trabajaba tenía contemplados otros gastos estaba pagando mensualmente un par de casas, hasta donde yo sé. Una en Toluca, otra en Colima. Pero no estoy dispuesto a pagar nada de eso, no me alcanza el dinero. ¿Una fumadita?. Y aquí es cuando comprendo la importancia de tener un lugar donde vivir, sin gastos de renta. Yo creo que será lo primero a lo que me enfoque cuando ahorre un dinero y gane más.

Primero es: un lugar donde caerse muerto. Un lugar donde fumar tranquilamente. Ya después, hasta te compras una mona inflable si quieres.

¿En qué iba? Ah, si, en la escuela. Me encontré con Ariadna y conocí al novio de Astrid, Nicolás. Bien, tranquilo, normal. Ariadna se compró un cigarro, se lo fumó. No quiero ser de esos tipos mamones que digan: “Oh, ya dejé de fumar” y luego se la pasen tociendo como en seña de que les molesta, porque ellos ya lo dejaron. Si, te lo aguantaste bien… debo admitirlo, Tsef Thaed.

Y el penúltimo hábito que descubrí el día de hoy fue cuando estuve socializando con un grupo de compañeros… tenía el impulso de sacar un cigarrillo y prenderlo. ¡Dios mío! Jajaja, ahora si que me estoy conociendo. Casi le robaste una fumadita, pero te aguantaste. No me llamó tantito la atención el cigarro de la chava… ¿cuál me chupo? bueno, si, casi le pido que me diera una fumada.

Pero me aguanté. Divertido, caminé de regreso a casa pensando: “Ummm, lo más seguro es que en una peda voy a querer fumarme un cigarro también y entonces viviré otra vez mi vida de fumador. Oh no. No, no, no. Todo lo que lograste hoy, perdido por una peda. Eso sería lo más patético”.

Luego saqué mi último cigarrillo de mi cajetilla de reserva y me lo puse en los labios sin prenderlo. Sonreí y me puse a tararear. Cuando sentí que ya había sido lo suficientemente patético, me lo quité de los labios y lo volví a guardar en su cajetilla.

Y luego, llegué a casa. Leí algo que me enojó.

Casi prendo el cigarrillo. Todavía no es tarde. Si, cuando estoy nervioso, enojado y estresado, fumo bastante. Ya estaba fumando de a cajetilla y media diaria, por eso lo estoy dejando. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Préndelo! ¡Prendelo ya Tsef Thaed!. Pero sería idiota si prendiera el cigarrillo por leer algo tan trivial que sencillamente, me enojó porque me siento con ganas de enojarme con alguien y desquitarme.

Así que esperaré algo más sútil y elegante como el final del mundo para prender mi cigarrillo de reserva. Tal vez en unos treinta años, ya que esté bastante añejado Wacala.

Además… ahora tengo una razón de peso por la que no me quiero morir mañana, ni pasado, ni en dos, ni en diez…