Noviembre 12, 2003 — Y Cecilia.
Escrito por Agustin Fest.
Se acercan las fechas y he pensado como lidiar con ellas en esta ocasión. Miro ventanas, miro lunas, camino solo. Aún cuando hay gente a mi alrededor, me gusta mi soledad. Me gusta que me dejen tranquilo. Si, ¿cómo lidiaré con las fechas este año? ¿necesito recordar, acaso?
Ayer entre bromas, me puse a pensar que debiera hacer como los románticos ingleses (Wordsworth). Sencillamente recordar cuando era inmortal. Y es probablemente lo que haga este año, cuando recuerde a mi muerto. Creo que esta ocasión podré superarlo del todo.
Esta vez tengo fé.
Una amiga me preguntó como estaba, porque sabía que por estas fechas pensaba mucho en Cecilia. Y debo ser honesto. No he pensado mucho en ella. ¿Es hora de mi redención, Asterión? No la he olvidado, porque la traigo conmigo, pero tampoco me estoy muriendo por ella.
Si, tengo fé, creo que lo he superado. Estoy en paz. Puedo notarlo, inclusive, en la transformación de mis personajes… en Simón y Yasmín, lados opuestos de una moneda.
Inclusive la Muerte es más agradable.
Recientemente me puse a pensar en El Viaje de Simón Dor, revisé la despedida de Simón con Beatriz y me di cuenta, que la despedida no es la adecuada. Pero eso es lo que hubiera hecho él, siendo una persona real ante situaciones extraordinarias así hubiera respondido. ¿Qué me está tratando de decir la ficción?
Que las ficciones no resuelven realidades, tal vez.
Y en la realidad no hay fantasma que te oiga.
Un consuelo, es todo.
Puede haber universos paralelos… pero no, no en esta ocasión.
Estoy contento del universo que estoy viviendo, no necesito escribir otros más donde ella siga con vida.
Este diciembre, los dos descansaremos el uno del otro.
No habrá hojas marchitas este invierno.
No habrá 17, no habrá 21. Solo quedará un condicionamiento… pero no profundizaré más allá.
El 11 de diciembre dejaré de fumar, ya no me quiero matar a mi mismo. Aunque la adicción al cigarrillo sea más potente. Me digo todos los días: ya no más porque queremos morir Garrity, ¿por qué si no? ¿por qué… si no?
Ya no me pondré a discutir con Dios-Cosmos. Haré como Él ha hecho en un principio… toleraré su existencia y quien sabe, hasta podría llegar a apreciarla.
Quemaré los cuadernos pendientes. Esta vez será con Fuego de Heráclito, no de Dante.
Me aseguraré de estar consciente que puedo vivir. No estoy destinado a la muerte. Me lo diré todos los días hasta que mi terca cabezota lo comprenda.
Después… si queda algún vestigio, haré lo único que puedo hacer para curarme… escribiré cuentos, escribiré novelas y sabe… hasta puede que escriba poesía. Aunque nadie lea jamás, quedarán como un secreto entre aquel hombre que fuí y el hombre que existe hoy.
Puede ser, ya veremos que sucede cuando diciembre me alcance. Esta vez no tengo miedo.
|
Tags: 17, 21, Cecilia, dualidades, ficción, fumar, Muerte, pasado, realidad, redención
Junio 10, 2003 — El Viaje de Simón Dor, Un tal Simon Dor, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Querido diario:
Hoy hubo una tempestad que azotó al barco y en general, al mar negro en dónde estoy navegando y su foto se mojó porque no tuve el aprecio de guardarla a tiempo. Fue repentino, es difícil decir cuando va a llover cuando se anda en un mar donde todas las nubes son grises.
Debería darle un nombre a este mar inmenso. ¿Recuerdan como Bastián le da un nombre a la selva nocturna, Perelin? ¿También cómo le da un nombre a aquel desierto multicolor, Goab?, a la espada la nombró Sikanda, pero el nombre más importante… a la Emperatriz Infantil le da el nombre de “Hija de la Luna”. Si, si fuera Bastián y ésta fuera mi Historia Interminable, entonces a éste mar le llamaría Yunén.
¡Qué este mar sea llamado Yunén! el mar de Yunén, el mar oscuro de mis sueños, el mar oscuro que probablemente sea el último viaje de este viejo decrépito al que todos llaman Señor Dor.
Simón, para mis amigos.
Se ha mojado, en ésta tempestad, la foto de mi amor simbólico al que he apodado Beatriz todo éste tiempo… pero alguna vez, alguna vez tendré que contarles la historia completa. Confórmense con que ella se llamaba Beatriz y ha muerto, y que yo me llamó Simón y me estoy muriendo.
Y éste, mis amigos, no será mi último viaje. Me niego… no estoy navegando para morir. Todavía no… o tal vez sí, ¿cómo saberlo? ¿hasta dónde llegará éste modesto y humilde barquito, con todas mis provisiones? Tal vez llegue a una isla desértica o a una isla, como aquella mala película, dónde al final se descubre que hay dinosaurios. Una película clase B con efectos clase A.
¿Quieren saber más de aquella foto desgastada y derruida? ¿De aquella mujer de rostro blanco y ojos oscuros como el infinito? ¿Quieren saber más del lazo rojo y la cola de caballo que cae como cascadas de cocoa? No voy a decírselos, que mis recuerdos lo digan… ya que estos me persiguen como un fantasma ahora, se han vuelto un contexto que deben conocer, si quieren conocer a Simón.
El señor Dor, para mis conocidos.
La conocí cuando era niño y como niño, era un idiota para hablarle y quererla y amarla y sentirla. Tan sólo era, siguiéndola como una sombra, intrigada por el porte de mujer en tan sólo una niña. Estaba tan envuelto por ella, por el brillo que se perdía al final del túnel de su iris, que tuve que conocerla.
“Cecilia”, era su nombre. Pero Beatriz, para ustedes, amigos o conocidos. No necesitan saber más… no necesito saber más. Los recuerdos irán surgiendo uno tras otro, durante estos treintainueve días con sus treintainueve noches. Ni a mi se me permite el acceso libre a los recuerdos, soy viejo… mis doscientos veintiún años lo confirman.
Y la única foto que me ha quedado de ella, se ha disuelto en esta tempestad. Afortunadamente, tengo tan grabado su recuerdo y su fantasma se ha escondido como un polizón en éste barco. Es un fantasma que todavía no estoy dispuesto a despedir…
¡El barco se llamará Mojalnir! ¡Mi barco es Mojalnir, adentrándose a este hermoso mar oscuro de Yunén, dónde no se qué me espera y hasta dónde he de llegar!
Si sea este mi último viaje, que lo decidan los dioses.
|
Tags: 21, beatriz, Cecilia, día-53, diario, distorsión, fantasmas, favoritos, fotografía, homenaje, La-historia-interminable, Michael-Ende, Mojalnir, Muerte, navegar, niñez, nominación, perdición, recuerdos, simón-dor, tempestad, viaje, Yunén
Abril 3, 2003 — Enamorado, Enigma, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
Platicando cosas banales, ellas estaban, si… eso era. Las estaba escuchando y ocasionalmente sonreía y aportaba algo nimio a la plática. Si, ese soy yo. Las escuchaba, abría los ojos y sonreía, fumaba. Cigarro… no escuches más, espera… están hablando, escucho, contesto, sonrío. Si, si, ese soy yo, esas eran ellas.
La conversación giró en torno a los cumpleaños. Anotación mental: mi hermano cumple años el 2 de abril, no se te olvide llamarle por teléfono. Segunda Anotación Mental: Me dijeron que soy un patán lindo, la muñequita de porcelana que me gustaba en un principio y ahora ya no tanto.
Entonces Claudia dijo que era sagitario, alcé una ceja. No es mentira, voy por mi tercera Claudia, me gusta bastante… pero entre plática y plática me enteré que ella tenía novio y me encogí de hombros por dentro. Así soy yo… hasta que dije que también era centauro.
De qué día preguntó?
11, dije yo. Una exclamación, me dijo: “Por eso me caes tan bien, eres como un osito”… y yo sonreí, miró mi cara y dijo juguetonamente a la muñequita de porcelana: “Míralo, míralo, le caga que le digan que es un osito”.
Nos reímos y en vez de osito, eligieron osote. Como pregunta obligada, ya que había dicho ella que era Sagitario, le pregunté de qué día era ella.
“21”, respondió. 21 21 21 21… veintiuno veintiuno veintiuno veintiuno. Clase de Cultura Europea, ya no la vi después, dos horas que matar. veintiuno, veintiuno, veintiuno. Un click espantoso. ¿Hace cuántos años? Tendría 21 como yo… 21 21 21 21.
Caminé para olvidarlo, pero me seguía, el número me perseguía como un cuervo. 21 21 21 21. Caminé por toda la UNAM, esperando encontrar un amigo… pero qué digo, si yo no tengo amigos. Algún amigo del pasado, algún amigo de la prepa… si me los había estado topando ultimamente. Me pasee por medicina, a ver si me encontraba a Irwin… me pasee por Arquitectura, a ver si me encontraba a Pano… me pasee por ingenieria a ver si me encontraba a Tambo, Que-K… 21…
Ariadna y Astrid se habían ido, Paloma no estaba en ningún lugar… 21, 21… Algunos se fueron temprano. Popoca seguramente con su novia… alguien que me distrajera, que me hiciera ser el payaso, que me, que me… 21.
¿Hacía ya cuántos años? Desde el 97. Tenía mucho sueño… necesitaba dormir. Me senté en una banca de la biblioteca. Esperé. Miré las plantas y el número… desapareció. Me fui exhausto a donde tendríamos nuestra próxima clase, me senté en una banca y dejé que mis ojos se cerraran. Una hora para tranquilizarme… 21…
|
Tags: 11, 21, Amigos, amores, caos, coincidencias, cumpleaños, escuchar, favoritos, pasado, sagitario, silencios, tristeza
Septiembre 18, 2002 — Mi abuela, Un tal Simon Dor.
Escrito por Agustin Fest.
Hoy se cumple un año del aniversario de la muerte de mi abuela…
te quiero mucho abuelita, estés donde estés… perdóname por nunca decírtelo.
Perdóname por ser un iluso que te quiso aferrar a la vida cuando estabas en aquella cama, recuerdas?
Día 21
¿Tengo que llorar? Mi primer muerto, estaba yo despertando, parecía un día normal. Inclusive, era un día en el que había despertado tarde y mis obligaciones podrían ser suspendidas. Fue el teléfono el que me despertó, casi lo recuerdo porque fui yo el que respondí. Escuché la grave voz de mi tío ¿Tengo un tío? ¡Socava los recuerdos!, aunque su voz era más grave de lo que yo la había escuchado. ¿Te das cuenta de las coincidencias maravillosas? Estás escribiendo el día 21, casi tan siniestro como si hubiera sido el 18.
Su voz me pedía que llamara una ambulancia, mi madre me observó con la mirada de “He perdido el control y quiero desesperadamente recuperarlo” ¿Mi madre? ¡Tengo una madre! y empezó a dictar ordenes inseguras, que sabía que no habría de prestar atención alguna. Nadie me había dicho nada con palabras, todo me lo dijeron con sus actitudes de gallinas descabezadas. Queriendo recuperar un poco mi propio control… tome mis zapatos y me los puse, me vestí de jeans y una playera, la chamarra azul oscuro. Mi color preferido.
Puedes dejarlo ahí, no recuerdes más… Solo tenía que subir dos pisos para encontrarme con mi tío y mi tía. Lo hice rápidamente, preguntándome mil cosas y haciendo caso omiso de una verdad. Podían ser muchas cosas ¿De veras? Una ambulancia, ¿qué caso tendría pedir una ambulancia? lo que más rabia me da es que sabía que era perfectamente inútil pedir una ambulancia cuando lo que se lleva en ellas son a los que aspiran a la vida, jamás a los muertos. Los muertos, los cuervos.
Toqué el timbre y abrió ella, mi tía, su rostro muy tranquilo. Su rostro era un muro que pedía que me tranquilizara, aún me pregunto si ella lloró en algún momento y gritó. Aún me pregunto tantas cosas, yo caminé derecho y vi ahí a mi tío, tan grande y tan deshecho. No me dijo nada, no pudo. Nada más los abrazé a los dos, porque ya sabía con certeza de que vería a mi primer muerto. Mi morboso espíritu se preguntaba si por fin, ver los vestigios de la persona que has perdido, ayuda de alguna forma a retirar la cicatriz que deja tu corazón.
¿Necesitas más? Es espantoso recordar, por eso no tengo patria, ni espíritu, ni persona que me ate. Mentira, todo te ata. Dejé de abrazarlos y la puerta estaba abierta. Yo pasé y miré mi primer muerto. Ahí estaba, uno de los pilares más sólidos de mi existencia, de una manera atroz, horrible… tan hermoso angel que siempre había escuchado mis motivos, mis razones, mis pasos, que siempre había vigilado mi crecimiento y que esperaba vigilara hasta que pudiera ser digno de su memoria.
¿De qué valen los triunfos? De qué valen. Mi Vieja, mi abuela. Su piel estaba teñida de amarillo, le pregunté a mi tía porque estaba amarilla, una pregunta estúpida, ella me respondió tranquila y me dijo que era porque su cuerpo los había estado liberando, liberando los químicos. Y yo me arrodillé, e intenté tomar su mano rígida, aún cálida. Y le lloré mucho. Vale, detente ya maestro. Lloré mucho su ausencia y recordé con absoluta tristeza todas las barbaridades que por mi culpa le hicieron llorar. No pude recordar otra cosa.
Mi muchachote, mi niñote, solía decir, ¿verdad? Y yo que me creía viejo. Y yo que me sentía maduro. Y yo que me sentía noble. ¿Y la escuela? De qué valen los triunfos. No lloré lo suficiente, no podía soportar el amarillo, el asqueroso amarillo. Definitivamente, no. Ver al muerto no ayuda.
Mucha gente, un ataud y yo le seguía llorando, vinieron unos amigos a acompañarme y yo puse mi mejor sonrisa y dije, “Vale maestro, vale, estoy bien” Vale, somos iguales… Vale, vale vale vale. Todo fue bien. Mostré mi mejor rostro y cuando estaba con ella, no podía creer aún que era cierto, aún cuando le quitaron el amarillo y el maquillista se las había arreglado para pintarle una débil sonrisa. Vale, no podía creer que era cierto, fueron varias veces en las que estuve ahí de pie, observando y esperando a que me dijera niñote o muchachote. Si estos son tus recuerdos, ¿Por qué recordar Simón?
Simón Dor.
Fueron días difíciles.
Prométeme que no dejarás la escuela.
No te preocupes, estoy viendo varias opciones. Te aseguro que pronto estaré en la escuela. Tan puede ser que entre a la UNAM el siguiente año (De qué valen los triunfos, no te puedo decir que lo logré al menos que me vigiles en el cielo).
Que bueno mi niñote, yo no se cuando saldré del hospital. Tal vez ya sea hora de que el que está allá arriba decida que me vuelva parte del Universo. No veo hora de que se me quite esto que tengo
Nah, no te preocupes. Te recuperarás pronto. Y ya regresarás a la casa, sin ningún problema.
¿Tú crees?
¡Simón! ¿Realmente dije simón en vez de Si? estarás en casita y te pondrán medicinas y ya te recuperarás pronto.
Ojalá mi muchachote, tan noble.
Infiel memoria. Representa hechos como quisiera que hubieran sido, solo agregando unas cuantas palabras, que aunque no fueran dichas, estuvieron presentes. El contexto, me aferro al contexto y recreo una conversación.
Dedicado a María Rojas.
|
Tags: 21, abuela, Dialogo, Escuela, Familia, mamá, memoria, Muerte, promesa, recuerdos, simón-dor, tía-i, tío-D, tristeza