En el noveno sueño, existe el monstruo más feo del mundo…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 9 de 16


…y ese monstruo se encontraba en los hombros de aquel que le había soñado en la niñez. Miriod no lo reconoció —aunque se le hacía familiar y por ello le permitía estar en su hombro—, porque rara vez se reconocen los sueños, y las pesadillas. A menos que estos sean tan intensos, como para desgastar la vida en ellos poco a poco. Entonces… solo entonces… es posible recordarlos y con suerte, hacer el camino para cumplirlos.

Pero en la Torre se cumplían todos los sueños, inclusive el monstruo más feo del mundo: Sztamozs, quien estaba a los hombros de aquel quien le había soñado en su niñez.

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En el octavo sueño, una esfera de chocolate y diez esquirlas de oro…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 8 de 16


En la Torre de los Sueños, Chocolate corrió contra el gigante de chocolate con su martillo de bronce alzado y asestó un golpe certero, con un grito de guerra y furia estruendosa en una de las piernas de su enorme adversario. Más tarde Chocolate recordaría como gotas de cacao le salpicaron el cuerpo y el olor era delicioso, tan delicioso como el olor a sangre cuando se gana una batalla de vida o muerte. El martillo atravesó la pierna marrón y el gigante se disolvió, para convertirse en líquido caliente que atrapó a Chocolate en una burbuja. Se sintió flotando y por la espesura del líquido, no podía mirar sus propias manos. Su martillo de bronce escapó de sus manos, aún así sonrió y abrió la boca, y sacó la lengua para probarlo. Sin embargo, el corazón no se le calentó… no era chocolate de a de veras, tan sólo era un sueño y peor, uno de esos sueños que envenenan.

Escupió lo poco que probó e hizo una mueca de enojo. Que nadie se atreviera a engañarle así… porque cuando Chocolate se enojaba, solían haber muchos muertos.

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En el séptimo sueño, se quiebra una gran espada…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 7 de 16


—Le prometiste a tu abuelo que llegarías aquí —dijo una dama de piel pálida, casi azul y un vestido naranja transparente—. Y aquí has llegado Dom. Eres la número cuatroscientos, una diversión nuestra: cada cincuenta años damos nacimiento a una niña como tú, para que regrese aquí y prometa proteger la torre por un lazo fuerte de espíritu. El sueño de tu abuelo se ha cumplido y el tuyo, se frenará aquí… porque no hay manera de proteger esta torre, no hay manera de eliminar todos los sueños del mundo y tampoco… puedes detener el caudal de pesadillas que se crean en la mente y nos alimenta a nosotras.

Dom empuñó con fuerza su espada, una espada más grande que ella, manchada de sangre y carne seca. En sus ojos veía todavía el desierto de arena y huellas que se perdían, una tras otra, en dirección a la casi demolida Torre de los Sueños de su visión. Un joven Rasnick caminaba con ella en los brazos, tapada por una frazada pero no era el único, también, había más huellas que venían de otras direcciones. Guerreros, magos, amazonas, amazonas, trovadores, bailarines, cazadores de jugolares blancos, hombres-demonio, súcubos y antropo-golems, entre otras razas y clases, cargaban una niña como ella en brazos.

—Eres un sacrificio, mi querida Dom —dijo la dama de piel pálida—, eres un sueño puro hecho carne. Y los sueños como tú, deben ser sacrificados para sostenerlo todo. En la Torre, mi querida, viven todos los sueños y por cada sueño, hay un número indefinido de pesadillas. Es tu sangre la que permitirá que sigan encerrados en este lugar y exista el control sobre los sueños. No es cruel, ni es injusto, mi querida, sencillamente así debe ser. Desenvaina tu espada, Domenich… y que tu sangre limpie los pecados de nosotras las diosas lunares. Una espada grande y ahora, quebrada.

Dom, no en sueños, sino en cuerpo… gritó—: ¡Chocolate! ¡Chocolate! ¡Mi gigante, ven!

En el sueño, sin embargo, la niña desenvainó la espada. De pronto la sentía tan pesada… como los sueños falsos que siempre cargó en la espalda.

El sexto sueño, es de un manco tuerto…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 6 de 16


¡Lo único que quiero es un nombre, carajo, un nombre!

Un Wunden sonrió.

Lo tendrás hermanito… lo tendrás.

Un Wunden rió.

Para ello, uno tiene que morir.

Un Wunden alzó su espada y mató a su hermano Wunden, la gloriosa sangre salpicó su rostro y así, hubo un bautizo prófano.

Y otro más…

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El quinto sueño, son tres knock knock knock…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 5 de 16


Hacía unos días o hacía unos años, pensó Chocolate, estaban ante el portón de madera (porque era de día) que protegía a la Torre de los Sueños. El gigante miró al cielo y escuchaba como a los Wunden se les perdía el aliento, el mago miraba en un silencio respetuoso y la niña parecía haber perdido sus ojos entre las nubes. Pero, para Chocolate no era tan grande y no por su gran tamaño, o su mente descompuesta. Sencillamente, Chocolate no soñaba mucho y sus escasos sueños estaban al alcance de su mano.

Para él, podía ser posible derribar la puerta con sus manos y asomarse. O golpear la estructura de piedra luminosa, con su gran martillo de bronce. O nada más con una patada, estaba seguro que la tiraría. Chocolate trató de mirar como los otros miraban… se la imaginó como una gran barra de chocolate, sonrió y se lamió los labios. Pero sabía que no era cierto… así que olvidó su pequeño experimento de imaginación y decidió esperar a que alguien que no fuera tonto como él, hiciera algo.

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En el cuarto sueño, un corazón tan grande y una mente descompuesta…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 4 de 16


El gigante de dos metros y medio, escuchaba con atención… pero es que era tan tonto, que nada entendía. Fue hacía unos días, que había sido invitado por los Wund y por Miriod a descubrir el misterio de la torre. Él había dicho que sí, porque no sabía decir que no. Le habían preguntado su nombre y el respondió lo primero que se le ocurrió—: Chocolate. Me llamo Chocolate. Y es que el Chocolate le gustaba mucho, porque le dejaba dulce los labios y el sabor le quedaba en la garganta. ¡Era buenísimo el chocolate en barra, y beberlo para que resbalara por la traquea! Sentía calor en el corazón y sonreía, cada que pensaba en Chocolate. Se le hizo un buen nombre y decidió apropiárselo con firmeza, esperaba que mañana no se le olvidara.

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En el tercer sueño, una voz angelical y manos letales…

Este post es parte de una serie, llamada “La Torre de los Sueños”. Anotación 3 de 16


pensó el viejo Rasnick, al mirar como la Torre se acercaba.

—La Torre, hacía años que no la miraba. Es la Torre de los Sueños y será tan grande como quieres que sea. Como tus sueños sean. Es una Torre amable por fuera, pero cruel por dentro —dijo Rasnick, acariciándose por encima de la camisa una cicatriz del pasado. Puso más tabaco en su pipa y las canas se le mancharon de azul cielo, por una lluvia que apenas empezaba—. ¿No te he contado, mi pequeña Dom?

—Me lo has contado tantas veces —dijo la niña, con los ojos brillando—. ¡Pero cuéntame una vez más, abuelito Ras! Siguey leyendo →