Diciembre 4, 2003 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Ayer se presentó Dios, impecablemente vestido con zapatos Gucci y un Armani gris oscuro, el cabello totalmente relamido, gemelos de oro en la camisa y lentes oscuros más o menos corrientones. Tocó mi puerta, me asomé y lo invité a pasar, porque uno sabe de inmediato cuando Dios está por presentarse o cuando toca la puerta. No les prometo que eso lo descubrirán eventualmente, ya no es necesario… ¿quieren saber por qué?
Ayer me dijo que el mundo, después el universo, luego al tiempo y al final, la eternidad… terminarían en tres horas con veintidos minutos.
Si hubiera sido el idiota de José Carlos, un intento de escritorsillo que se inventa esas frases para tratar de impactarle a uno, me hubiera reído en su cara y le hubiera dicho—: Qué mamón. Sin embargo, con Dios actué diferente, puse las manos en mi rostro, me arrodillé y musité—: Dios Mío, ¿qué quieres que tu siervo haga para honrar el Temor que te tiene?.
José Carlos se hubiera sentido, seguramente, muy orgulloso de mi.
Dios sonrío, tenía un diente de oro y su Rolex me deslumbró.
—Nada, sólo observa.
Dios salió de mi casa y yo lo seguí con la mirada, vi a través de la puerta abierta como un chofer abría la puerta de la limosina para que subiera. Luego Dios se fué y no lo volví a ver más. Me quedé un rato de rodillas, contando los segundos que transcurrían. Tres horas con veintidos minutos. ¿A partir de cuándo?, me sonreí confundido, tal vez era uno de esos juegos de palabras terribles. Por supuesto, la duración del final sería de tres horas con veintidos, ¿pero cuándo empezaría?
Ayer me puse de pie, estaba muy contento, tanto que me preparé el sandwich más grande que jamás me hubiera preparado. Todavía estaba vivo y Dios nos había perdonados al no voltear el reloj de arena. Me senté en mi sillón preferido y prendí la tele. Le di la primera mordida de sandwich en el momento que cayó la primera lengua de fuego.
En la televisión, había imágenes de noticieros donde un cielo rojo donde columnas de fuego celestial estaban quemando ciudades enteras. Cambié el canal, incrédulo, y descubrí que también estaban lloviendo ranas en Nueva York y por ello, ya se habían caído por lo menos veinte aviones. En Italia, la tierra se abrió para dar paso a un monstruoso demonio con siete brazos y tres pares de senos. En México, los falsos dioses estaban llorando sangre y las vírgenes estaban oscureciendo su manto estelar.
—Tres horas con diecinueve entonces —me dije, malhumorado y resignado, miré la televisión durante varios minutos hasta que la señal se perdió. Salí a mi calle, vi con mis propios ojos el cielo enrojecido, saqué un cigarrillo y lo prendí. Fumé la cajetilla entera durante tres horas con veintidos minutos, observé la casa del vecino ser arrasada por una columna de agua y la del otro vecino por una de fuego. Volaron avispas y arrasaron con los campos de trigo, de cebada y hasta viñedos. Cristo, el hijo junior de Dios, manejó su Ferrari y a diestra y siniestra, eligió a 144,000 para salvarlos en el reino de los cielos. La última travesura de Dios, fue aventar una canica del tamaño de la Luna en la Luna y causar un caos total, en el campo gravitacional terrestre. La Luna-Canica acabó pegando al Sol con tal fuerza, que explotó y el universo entero, implotó y se consumió en un agujero negro.
Un agujero negro bastante grande, que se tragó a todos los demás universos. ¿Basta decir más?
Ayer me dijo Dios que se acabaría el mundo en tres horas con veintidos minutos, lo cual se cumplió. Sin embargo, hubo un error en el sistema.
¿Por qué estoy contando la historia hoy?
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Septiembre 28, 2002 — Critica a mi mismo, Escuela, Fractal Chaos, Nostalgico, Y Cecilia, favoritos.
Escrito por Agustin Fest.
¿Encontraría Horacio a la Maga? Es increíble como no me olvido de ti, Rayuela. Es imposible.
Cecilia.
Cuando eramos curiosos infantes, el innato amor.
Yo no escribo poesía y si la escribo, sale pura mierda cursi. Pero es aquí donde me veré enfrentado a ella. ¿No es cierto? Cierto es, mi querido Fest.
Fest.
Fundida Esperanza, Soledad Teñida.
Debes leer más, te faltan palabras.
¿Cómo alcanzar mis sueños? Con éste fabuloso manual, por sólo 9.99 usted podrá averiguar como hacer para alcanzar sus más efímeras fantasías. ¿Verdad Courtney?
Así es Burt, ¡Por sólo 9.99! y si usted marca antes de las 12 de la noche, también se llevará el libro de bolsillo de “Como tener éxito sin levantar un dedo”.
¡Wow!
…
…
Al fin y al cabo, todos estamos en lo mismo. No he dormido por idiota y cuando alcanzo a dormir bien, una estúpida Colitis me despierta.
Como adoro las musleras y las botas largas combinadas con una minifalda. ¡Salud! ¡Salud!
Deja de faltar hombre, deja de faltar.
Deja de fallar hombre, deja de fallar.
Deja de abusar del recurso, hombre, deja de abusar.
Estoy a punto de preguntarme si los lentes van con el uniforme.
Me duele la cabeza.
Obvio, si nunca duermes. Pero si no es mi culpa. ¿Culpa de quién entonces? De Dios. ¡Reniego de Dios! Y Dios bajaría su vista y me diría: ¡Qué huevos de cabrón!
Acaba de caer un rayo cerca de mi, perdón Dios, prometo que seré buenito… ¿me perdonas? ¿¿¿si si si si siiiiiiii????
¿No tienes frío?
Por supuesto que no, soy muy macho.
Todo esto está perfecto, la única falla que yo veo es que todos piensan y todos hablan.
¡SURE! … Sorry, I meant to say: Sure!
Me asusta precisamente que… Todos piensan y hablan. ¿Se puede uno enamorar de poesía?
Si Señor. Es posible, ¿No se enamoró Vd. del poema #20 de Neruda?
Si, creo que si.
Ahí ta, ahí ta, ahí ta.
Siempre que trato de pensar como es la mujer de la que me deseo enamorar, se me nubla el pensamiento e imagino una versión infantil de mi mismo chillando cómicamente: “¡Cecilia! ¡Cecilia!”
Y ultimamente me he metido en unas graves discusiones con Fernanda que no me agradan. Pinche odioso, Pinche muerto.
Me voy a dar un paseo.
Escrito ayer en la escuela, en un periodo entre las 9 y 10 de la mañana, antes de que empezara mi clase de inglés 3.
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Diciembre 3, 2003 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Las máquinas oscuras quedaron atrás. Olvidó el orden y el caos, pensó que las máquinas sencillamente eran. Así como era él, nada más él sin ninguna distinción, caminando en un mundo distinto al que se le había prometido. El árbol le había dicho que así llegaría a Fafjel y Fafjel no era nada. Mundo destruido, mundo caído, mundo en el que se dedicaba a caminar y ahí, rumiaba los recuerdos con la paciencia de la vaca y los pasos de un lemming directo a la muerte.
No existía el tiempo. El cielo no lo permitía, en su color gris oscuro. El niño de los pies descalzos se detuvo a mirar el cielo, en un impulso tal vez ridículo. El viento movía su cabellera larga y se sonrió, tal vez podría también fragmentarse como aquella mariposa. Sería lo piadoso en su caso. La Piedad de Dios.
No sucedió así. Alzado en el cielo, existía una silueta de fuego cubierta por una luna negra. El eclipse. ¿Cuánto llevaba en el cielo? No lo sabía, los cabellos de fuego de la luna parecían eternos. El aura roja, naranja y amarilla, continuamente dando vueltas en círculos. Como el cabello de él que revoloteaba en el viento.
El círculo del eterno retorno.
Suspiró y bajó su vista, su imaginación se tornó en dragones. Un dragón verde y tramposo, muy listo y enigmático. Con cierta bondad escondida, ya que adoraba a los niños. Un viejo amigo de aquel mago. Debía ser un dragón gigantesco, de escamas verdes majestuosas y alas tan grandes como él, hasta dos veces más. Le gustaría ser su amigo, pensó el niño y le olvidó. Paso tras paso, como huellas en arena sin textura.
En Fafjel, un dragón verde llamado Gafrit alzó el vuelo y persiguió una vaca. Expulsó de su garganta una bola de fuego que la quemó viva y con gran rapidez, voló hacia ella y la deboró de un solo bocado. Le gustaba la carne frita. Después regresó a su cueva y se recostó encima de su tesoro de oro, suspiro y cerró los ojos. Debía dormitar unos minutos más.
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Diciembre 1, 2003 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Los pies cansados y es el brillo de los ojos quien le jala. La boca seca y la lengua jadeando, los labios partidos y es la sed quien lo impulsa. El mundo gris, el mundo destruído, el árbol marchito y es una luz la que persigue. Siempre preguntándose ¿qué es real y qué es ficción? ¿quién estará ahí para tomar su mano, cuándo todo termine? La pregunta es idiota, se dice el pequeño, si nunca ha iniciado.
El árbol le dijo que estaría aquí.
El árbol le mintió descaradamente.
Un mundo gris, hojas marchitas, arena sin textura. Los ojos muy abiertos y secos, con un pequeñito brillo que se va apagando… / se arrodilla / se va apagando… / las manos se hunden en la tierra / se va apagando… / el corazón se le sale de la boca… / se va apagando… / estoy cansado, descanza la cabeza y cierra los ojos / se apagó…
¿Y qué se apagaron las estrellas?
¿Cómo? ¡si hay millones en el cielo!
¿Tú cara caída y la tierra besas?
¡Jamás! ¡En el aire, no en el suelo!
Se apagó y se encendió en llamas. ¿Puede suceder al mismo tiempo? No lo sé, pregúntenle al niño del brillo en los ojos, de la sed interminable, perseguidor de luces. Se irguió con la inevitabilidad de la muerte y andó desafiando al mismo Lázaro. Un pie tras otro, había resuelto el primer acertijo… y el mundo seguía gris, la arena sin textura, la oscuridad envolvente llena de cuervos.
Fue cuando creyó ver una mano tomar la suya y al tratar de verla, observó dos mariposas blancas, amándose en círculos. El niño esbozó una pequeña sonrisa y se lamió los labios partidos, el mundo gris se extendió ante él cubriendo todo el horizonte, mar y cielo.
En Fafjel, nacieron las hadas con alas de mariposas.
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Diciembre 3, 2003 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
En el mundo gris, la mariposa ya había desaparecido y el niño la perdió como fragmentos de hojas secas en el viento ruín. Sus ojos miel entonaron el reflejo de la dispersión… no había forma de recuperar el cuadro completo, the big picture, una fotografía destruida por una lluvia, en un barco antiguo viajando durante cuarenta días y cuarenta noches.
Un pie tras otro, el niño vestido en harapos, delgado y con ojeras. ¿Sus manos, por qué parecía que hacían una estela en el aire cada vez que la movía? ¿Por qué se sentía tan sólido el piso, si él apenas flotaba para seguir avanzando? ¿Era cierta la gravedad, era cierto lo que decían los biólogos de como se sostenían las mariposas en el aire?
La ciencia.
En el campo abierto, los ojos del niño pudieron grandes ver estructuras de metal movidas por una fuerza desconocida (No supo si aparecieron de repente, o fue porque él estaba ocupado mirando su reflejo a través de sus ojos). Science, kiddo. Hechas de acero y pintadas de negro por los antiguos, seguían aún moviéndose y hacían un ruido rítmico que imitaba cuando el corazón se sale de la garganta y regresa rápidamente a su sitio, en un espacio lento… lento…
Se acercó y miró grandes taladros industriales hacer agujeros aleatorios en los espacios de tierra, observó gruas soltando vigas encima de otras vigas, brazos cibernéticos que soldaban grandes parches de acero, sobre la base de las estructuras. El niño observó que dentro de ese caos industrial, había un orden universal. O eso quiso creer, ya tan acostumbrado a medir el caos y el orden de las cosas.
Seguían siendo la invención humana, hubo una mente que creó a las máquinas a su imagen y semejanza, de manera rudimentaria. Y se hizo la luz…. ¿Entonces, Dios había creado al hombre como el hombre había creado a las máquinas? ¿Éramos, nosotros, los hombres imperfectos, las máquinas rudimentarias de Dios? El niño observó a las máquinas, haciendo cosas sin ningún propósito ya que no tenían quien les controlara, quien les ordenara.
Maldito libre albedrío.
Maldito el hombre.
Maldito él.
Y quedaba un espacio para los sueños, dentro de todas las maldiciones. En la imaginación, el niño pensó en aquel mundo de hadas con alas de mariposa y se le ocurrió, que podría haber un mago. Un mago viejo y sabiondo. Un mago divertido y excéntrico. Sart Drosmon. Se sonrió ante la fantasía inútil, la olvidó pronto y dejó a las máquinas, otro maldito presente que entregar, que olvidar, que enterrar.
Y alla en Fafjel, Sart Drosmon despertó un buen día. Descubrió la piedra filosofal e inventó la primera máquina que viajaba en el aire.
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