Unicornio

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 47 de 47


Alguna vez, vi un unicornio. Puede que no me crean, no lo hagan, ¿qué tendría que platicarles un sénil amargado que a duras penas recuerda su infancia lo que es un unicornio? Acostumbrados al concreto, al humo gris que les reemplaza el cielo, adoran la tecnología y adoran estar sentados en esa computadora leyéndome. Ya estarán criticándome en sus adentros por ser un viejo loco que miró un unicornio.

Lo vi, un unicornio negro con un largo cuerno de plata saliendo de su frente, ese cuerno señalándome el camino, cuando movía su cabeza, la larga crin brillaba en la noche reflejando la luz del cuerno que también hacía una estela de luz en la oscuridad. ¿Saben por qué los unicornios se hacen negros? No, ¿cómo han de saberlo? A ustedes no les ha visitado el niño que transforma su cuaderno en mariposas. Maldito concreto, maldita ciudad… como cuando vivía en Jaramillo… pero esa es otra historia.

Los unicornios se hacen negros cuando se enamoran de quien no deben… y creo que éste es el más negro que he visto en mi vida. Una señal de pureza, naturaleza, virginidad oscurecida por lo que llamamos amor. Y abracé al unicornio negro, porque sigo siendo humano. En éstos últimos instantes que me quedan de vida dentro de mi vejez, quiero demostrar que todavía siento simpatía y compasión.

(Sentimientos inútiles).

Y platiqué con el unicornio, éste parecía entenderme porque me miraba en silencio. En pocas ocasiones relinchó y golpeó el suelo con las pezuñas, alzando el polvo del pavimento. Sus ojos, se hacían rojos o amarillos, dependiendo de su humor… cualquier pensaría que era un caballo satánico, venido de las profundidades del infierno… a esas personas me gustaría pedirles que dejaran la bebida. Los unicornios pueden ser todo, excepto malos.

Contamos banalidades, de la poca magia que resta en el mundo, de la carencia de amor. Le platiqué de los ratones en la luna y el unicornio me platicó del bosque escondido repleto de sauces llorones. El bosque de Fafjel, donde viven los unicornios y los centauros. Yo le escuché fascinado y le pedí que un día me invitara a entrar. Me prometió que trataría, pero que estaba prohibido que los humanos entraran.

Es nuestra culpa, demasiado concreto, demasiada basura en las calles.

Entonces, me animé a pregúntarle quien le había hecho negro. El unicornio cerró sus ojos y volteó, me dijo “Hasta luego y gracias por la plática”, se marchó.. con una estela de luz marcó una línea recta que se alejaba cada vez más de mí. Yo no le seguí, yo sólo alcé la mano y le dije adios con mis dedos.

¿De quién se enamoró el unicornio?

Simón?

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 46 de 47


¿Qué haces aquí?
Solo te aviso que ya eres parte de ésto.
¿Qué tal si no quiero formar parte?
A ti te encanta participar en escritos sin sentido…
¡Farisaico maldito! Bien sabes que tienen sentido, retorcido sentido que nadie va a descubrir.
Tal vez tu puedas ayudarlos Simón.
Yo no tengo ganas de ayudar a nadie desde el ‘97.
¿Esa fecha tiene que ver con el Enigma?
No, pero me hago el interesante. Bien, ¿cómo puedo ayudar?
Haciendo de éste otro sin sentido para formar un todo que tal vez otros se animen a descubrir.
Y yo que creí que me habías olvidado… está bien. Está bien. Sólo si prometes dejarme en paz y enterrado en mi agujero cuando esto termine.
Tal vez nunca termine.

Simón Dor sonríe.

Dijiste 40 días y 40 noches
Igual que Cristo.
Cristo no tiene nada que ver en esto
Tú y yo tampoco, todo es por el Enigma.

Misterio

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 45 de 47


El problema es que ya no hay misterio. Se jala el hilo y se descubre todo lo demás. Pero ¿quién será tan valiente para descubrir el Enigma que he escrito y seguiré escribiendo durante otros 40 días y 40 noches?

El pasillo

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 44 de 47


Hay días en los que voy caminando y todo se transforma en un pasillo, la vida real se hace tinieblas y solo quedan sus muros paralelos, encerrándome angostamente a seguir esa luz. Para contrarrestar el efecto, trato de manejar mi mente lo mejor posible para crear imágenes flotantes dentro del pasillo… imágenes flotantes de historias jamás contadas y que algún día puede que escriba u olvide para siempre.

Después de un rato… todo regresa a la normalidad, la gente me mira como un bicho raro porque seguramente dije o grité cosas mientras estuve en el pasillo… todo es culpa del niño que transformó su cuaderno en mariposas, él me ha dado el don de soñar y ahora ya no puedo controlarlo.

Una vez me desperté con el cuello de una niña entre mis manos… me fue difícil pedirle disculpas a su madre.


En las imágenes del pasillo, una vez me inventé una orgia sin gran dificultad, las vírgenes me estaban mirando con una sonrisa coqueta en los labios, jugando con sus senos y sus cuerpos y sus gemidos que levantaron mis sentidos y… otra cosa.

La luz del pasillo me gritaba: “Simón! Simón! No me olvides Simón!”. Las imágenes empezaron a hacerse difusas y sentía el sudor deslizarse, caliente en mi entrepierna. Miré hacia la luz y fue cuando recordé que nunca había intentado caminar hacia ella… se forjó una decisión: Orgía o Luz. Orgía o Luz.

Thanatos o Eros. Eros o Thanatos.

Las vírgenes abrieron sus piernas, se lamían entre ellas, agudizaban sus jadeos y se cabalgaban unas a otras en las imágenes de ese pasillo. La voz chilló nuevamente: “Simón! Dónde estás Simón?” Recuerdo que me quité mi saco y aflojé el nudo de mi corbata.

“Ahora no”, respondí, “Voy a estar ocupado”.

Duelo

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 43 de 47


Mi estimado Simón Dor, te he leído ultimamente, y creo que nuestra relación debe detenerse por nuestro bien. Eres una creación de mi imaginación preliteraria, es absurdo que abuses de mis dedos para crear tus letras absurdas y llenas de negativismo. Así que, vaya, tenemos que cortar relaciones por la paz. Decir adios mi buen amigo, tú sigues tu camino y yo el mío.

Pero mi querido Fest, ¿cómo osas a decirme tal cosa? Si yo soy el que te ofrezco los pasajes oscuros y de humor negro maravillosos que has escrito en toda tu vida.

Toda mi vida no, mi buen Simón Dor.

No lo niegues, la otra vez te pusiste a pensar y yo estaba ahí en las sombras observando tus pensamientos, si, estaba ahí. Yo existo desde aquella muerte innegable, ¿recuerdas? Primero me quisiste ver como un viejo sabio, como un consejero, como el mentor de toga y barba blanca que se parecía al Merlín del cuadro que solías tener. Tú me transformaste, me cambiaste y me pervertiste a lo que ahora soy, no puedes negar tu creación… no puedes negar al hijo monstruoso que has traído de las tinieblas

Tranquilo Frankenstein.

Ja! Touché!

Es cierto que yo te cambié.

Muy cierto

Y así como te di nacimiento, puedo darte muerte.

Bien puedes, pero ya me hubieras matado en vez de mantener esta conversación absurda. Todavía me necesitas y probablemente me necesitarás hasta el fin de tu existencia. ¿Cómo piensas esconder tu lado oscuro si no es utilizándome a mí? Soy una tercera persona en tu vida, una de tantas identidades que le has dado a tus máscaras a través de los tiempos. ¿Cómo piensas detenerme, si solito me llamas en las noches y ni siquiera recuerdas lo que ha sucedido entre pesadillas y anhelos? No mi buen amigo, no podemos vivir el uno sin el otro, somos el balance, ¿comprendes?

Y ahora viene la mamada de Ying-Yang, ¿no?

Puedes mirarlo así, si sientes que es más cómodo. El caso es que yo adorno lo aborrecible que eres, para poder mantenerte cuerdo. Soy meramente un instrumento, un viejo que fuma sin filtro y toma tequila. Todo un ícono en tu vida.

Llegará el día en que no te necesite, Simón.

simón, tal vez

Diario de Simón Dor. Día 49.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 42 de 47


Querido diario:

Tengo una preocupación bastante válida. La gente que me lee por este medio electrónico cree que no existo y que soy un alter-ego de mi estimado amigo, el Arbol Tsef o bien dícese, Agustín Fest, o bien dícese, Carlos Bohrs, o bien dícese, Boris Santiel. Yo recuerdo bien que el primer día de este diario, escribí y cito lo siguiente:

He tenido días difíciles, ¿quién no los tiene? Mi amigo debe estar loco por haber accedido a publicar esto.

De hecho, está loco… ¿censurará estas palabras? no lo se, ¿y si piensa la gente que soy un alter-ego de él? no lo se tampoco. No me importa, ya que ustedes me leen, pero yo jamás sabré de ustedes. Sabrán tal vez de mi amigo, que decidió publicar esto en algún acceso de compasión y/o amabilidad por mi persona, al cual deben referirse en caso de que tengan un comentario que hacer. A mi, su inseguro servidor, me vale un pimiento. (Casi puedo escuchar a la primera mojigata decir, “¡Ohh! ¡dijo pimiento! ¡le valgo un pimiento!” y así será la primera molestia ocasionada a mi buen colega, que decidió escribir estas palabras en su moderno website).

Y aún así, después de tan avasalladora introducción, tienen la injusticia de confundirme con él. Es imposible decir que me vale un pimiento (de hecho la palabra correcta es pito, me vale un pito, pero mi amigo que es un mojigato como las mojigatas, me comentó que debería cambiar la palabra y yo le dije está bien, adelante, nada más publicalo. Nunca debí acceder a esa no-libertad literaria, porque ahora se toma toda clase de libertades con mi nombre. ¡Cómo si fuera un personaje inventado! Eso, mis amores, no debe ser posible)

¡No señor!, tal vez debería registrar mi nombre como lo ha hecho German Dehesa, de esa forma, la próxima vez que me confundan con él señor Fest, les mandaré un abogado vestido de gris y fumando un puro.

Odio los abogados. Mejor debería visitar a Fest y tener una charla con él. Una larga plática donde expongamos nuestros argumentos y bebamos tequila para relajar la lengua.

Y ya que lo tenga tranquilito, sacaré la daga y entonces daremos sangre a los cuervos del Aqueronte.

Nada más, no le digan a nadie. Éste será un secreto entre ustedes y yo.

Diario de Simón Dor. Día 48.

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 41 de 47


Querido diario:

Tengo un mensaje que quiero lo lea uno de mis amigos y seguramente lo hará llegando a través de esta página electrónica.

Deseo que se muera, que hierva en aceite, que le caigan los resultados de una lluvia estelar, que se abra la tierra y Baal se lo coma vivo.

Gracias por ser un espacio que me cura de esos pensamientos.

Simón Dor.