El diario de Simón Dor

Y entonces, ella… sin ningún derecho, volteó a mirarme. ¡Ja! ¿Cómo se atreve a detener el placer de un mirón? le devolví la mirada furioso y ella volteó espantada y continuó con su rito pre-sexual. Después, el coche aceleró y maldije al transporte público por no ir más rápido. Ahí acabó el oficio del peeping tom, hasta que, unos segundos más tarde… apareció otro coche, con otra pareja similar… y otro coche, y otro coche…



Ernesto Medel y las vampiras de Polanco

Durante los años que pasé en Uruguay, había visto muchas cosas. Demasiadas. Luego repasé Rusia y Singapur. El cigarrillo se había consumido a la mitad. Repasé mentalmente todos los años que había vivido, espiado, trabajado y cogido en otros países, en busca de matar el tedio y ganar dinero.

Podía buscar en mis libros de cuentas, mis pequeñas anotaciones en las libretas, podía seguir hurgando en mis recuerdos y seguía claro.

Jamás, encontré vampiros.



Fotocuentos

Una serie de cuentos que escribí basándome en las fotografías que mandaban mis lectores. Actualmente, no estoy siguiendo los fotocuentos. Sin embargo, sigo recibiendo fotografías para retomarlo en cualquier momento. En la serie se incluyen los dos posts que mencionan esto y los cuentos que fueron escritos por esta iniciativa.



La Torre de los Sueños

Eso decía un gran monolito en Garalla, el pueblo a un lado del bosque. Era un pueblo chico, donde vivían veinte familias y tres tiendas distribuidas en triángulo. Como se originó el pueblo es una historia sencilla y los libros de historia concuerdan con que la culpable fue la Torre de los Sueños. No hace mucho tiempo las primeras cinco familias, quienes escapaban de una guerra, habían encontrado en ese bosque un refugio donde instalarse. La vegetación era abundante, por ende podían comer fruta todos los días y había una cantidad excesiva de jugolares, así que carne no faltaba. También había conejos, ranachas y gunitivas, pero nada era tan delicioso como un jugolar asado y bien condimentado. Los huesos y los cuernos, los guardaban para tallarlos: fabricaban armaduras y tallaban espadas con formas intrigantes, llenas de runas en ambos lados. La difícil costumbre de olvidar el pasado.



La trágica historia de Bob, el cacto.

Prometí que te contaría la historia porque llevamos tanto tiempo juntos (como amigos, deja de mirarme así) que no tengo de otra. Es cierto que al ser un cacto con ciertas propiedades humanas puedo sentir el poderosísimo vertiente de la naturaleza, incluso puedo recoger información usando mis espinas y así sé lo que esta sucediendo simultáneamente en una serie de lugares sin necesidad de prender un televisor. Diablos, incluso tengo una intuición vegetal que puede adivinar la mayoría de las cosas antes de que sucedan, así que de alguna manera miro el futuro. Soy un chingón y quepo en una macetita pequeña, era imposible que no quisieras mi compañía.



Listas

Me gusta escribir listas. Me recuerdan a Sei Shonagon. Mientras revisaba archivos pasados de mi blog, me he dado cuenta que he escrito muchas de ellas. Aquí sólo hay algunas listas, de todos los sabores y colores. Espero las disfrutes.



Padre Taxi

Al escribir “Padre Taxi”, inicié lo que en el dos mil consideré mi carrera de escritor serio, y como todo joven pretencioso, que ha descubierto que puede poner una palabra después de otra, con el menor error posible en los signos ortográficos y sabiéndose con la capacidad de contar una o varias historias, pensé que esta novela me otorgaría una iluminación mística al terminarla y, honestamente, con la ingenuidad de los veinte años, pensé que sería reconocido mundialmente gracias a personajes como Matías Elizondo, Von Lurendberg, o el mismo Padre Taxi. Pensé que la historia sería suficiente para deslumbrar a varios lectores y que recibiría, en cierta forma, una entrada a un círculo que desde joven me ha fascinado: los hombres y mujeres que meditan, que viajan, que constantemente viven, que se emborrachan o que viven sentados, siempre pensando, meditando, organizando en la mente las palabras que les parecieron bonitas o correctas, porque son el inicio de un mundo diferente al suyo, o tan sólo es una metáfora de sus vivencias, de su racionamiento, de sus sueños. O nada más porque sonó bien.



Segunda parte del diario de Simón Dor: El viaje

Mi nombre es Simón Dor, mucho gusto, y me han encomendado la difícil tarea de darles éste mensaje. Arboltsef o Agustín Fest o Daniel Fest o como se quiera hacer llamar, ha de abandonar la escritura de éste weblog y me dejará a cargo a mí… si, nos espera un infierno a todos, prepárense para maravillosas letras de egoísmo, infortunio, enigmas y pesimismo. Todo ésto mezclado con humor negro, tendremos un delicioso estofado.

Estaré y escribiré para ustedes durante cuarenta días con sus cuarenta noches o tal vez más.