Se terminó la cheve…

Extiende la mano para alcanzar su cerveza...

  • ...y nota que se le terminó. Va al refrigerador, por una nueva cerveza. (39%, 7 Votes)
  • ...y suena el teléfono de casa. ¿Quién llamará a estas horas? (33%, 6 Votes)
  • ...y se le olvida. Prefiere mandar un mensaje, para ver si gana el premio. (28%, 5 Votes)

Total Voters: 18

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Omar, extendió su mano, alzó el bote vacío de cerveza y suspiró. Generalmente, cuando llegaba a casa y se arranaba en su sillón, parecía sentir como si su masa corporal creciera considerablemente e incluso navegar era como hacer a un lado una miel espesa. Era un hombre hecho y derecho de estos tiempos: Tengo trabajo, no hago preguntas, pago mis deudas, llego a casa, veo mi televisor, duermo, despierto, tengo trabajo, no hago preguntas… un ciclo repetitivo que le daba la oportunidad a su cerebro de no ser una de las grandes mentes de este siglo. Aventó la vacía lata y atinó a uno de sus botes de basura. Se levantó y caminó a su refrigerador.

Podría hacerse un sandwich de doble jamón y queso, ¿por qué no? Se rascó la panza mientras pensó que el antojo le daba un combustible nuevo para moverse. Abrió la puerta de su refrigerador, sacó el jamón y el queso, la mayonesa, hizo a un lado la cabeza congelada de su jefe y sacó una lata de cerveza… ¿la cabeza congelada de su jefe? Omar gritó como una niña y se alejó del refrigerador. Su jefe, el viejo Gonzalo, con sus arrugas morenas en la frente, su calva, su bigotito espeso, le miraba con los ojos abiertos y una expresión -si estuviera vivo, definitivamente- burlona.

¿Cuánto tiempo llevaba esa cabeza en el refrigerador? No, la pregunta era ¿quién puso esa cabeza en el refrigerador? Seguro, el viejo Gonzalo le regañó esta mañana, como lo hacía todos los días. Curiosamente, Omar era el único que recibía los regaños de media hora, cuarenta y cinco minutos, mientras que los demás, sólo tenían sesiones de cinco o diez minutos. Todavía lo vio con vida esa mañana y podía apostar, que esa fue la expresión con la que cerró su oficina después del regaño acostumbrado.

–¿Cómo es que no la vi? –se preguntó Omar, en voz alta, un poco consternado. Si no la vio es por algo muy sencillo: nunca abrió la puerta del refrigerador desde que llegó, con su sixpack en la mano, y se tiró en su sillón a ver televisión. Habían pasado horas desde eso. Sin embargo, por efectos de que tanto usted, como yo, nos divirtamos… no le diremos nada a Omar y es posible hacerle creer que algún gnomo, un duendecito, se deslizó como un comando de las fuerzas especiales para hacer la travesura -clásica, como no- de poner la cabeza en el refri.

La chica de la televisión, seguía hablando del concurso y de como podías ganarte los millones de tu vida. Repentinamente, Omar se sintió en un contexto, en un lugar en el mundo, se sintió un engrane del destino y pensó, absurdamente, que de haber enviado el mensaje para ver si ganaba los millones, se habría ahorrado este trámite tan engorroso de encontrarse la cabeza del viejo Gonzalo en su refrigerador. O mejor aún, que alguien le llamara por teléfono, que alguien le invitara a salir… ¿cómo debía proceder ahora en este caso? Le dolía la cabeza de sólo pensarlo, y se sonrió un tanto sarcástico. Le pareció escuchar que alguien tocaba la puerta. ¿O era la puerta de los vecinos? Tal vez podía salir de casa, tal vez podía llamar a la policía, esa cabeza burlona de su jefe malencarado…

Omar se levanta, recobra un poco la compostura, y decide...

  • ...terminar de prepararse el sandwich, ¡de verdad tiene mucha hambre! (38%, 5 Votes)
  • ...hablar con la cabeza. Tal vez pueda descubrir así el nombre de su asesino. (23%, 3 Votes)
  • ...salir a tomar un poco de aire fresco. ¿Cabeza en el refri? Nah. (15%, 2 Votes)
  • ...abrir la puerta. Vaya, si estaban tocando afuera de su casa. (15%, 2 Votes)
  • ...llamar a la policía, ser un buen ciudadano, evitar cualquier problema de una vez. (9%, 1 Votes)

Total Voters: 13

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