Hablaba, hace un momento, de las novias que hay aquí. Hace un momento una mujer de cuerpazo se acerca a mí, y hablando como todas las prepotentes personas hablan, siendo muy concretas con la posición en su mundo y según su realidad, me explicó que era esposa de tal director y deseaba saber si podía hablar con el encargado del proyecto. Generalmente, se es amable con ese tipo de personas porque no sabes en que líos te puedes meter.
Hoy no me dio la gana.
Hoy aventé la bolita—. Yo no llevo ese proyecto, asómate para hablar con él —Me miró a los ojos, aplicando esas pequeñas expresiones corporales de negociación agresiva que… mucha gente cree que funcionan, y repitió su nombre, esposa de quién era, habló de la cantidad de gente y nos dijo algo así como—. Juan Carlos trabajó mucho con mi marido en el pasado.
Tal vez, si fuera un poco amable, le diría que he trabajo siete años en el mismo lugar, que el nombre de su marido no me suena y que si eso fuera alguna garantía, al menos cordial y de negocios, seguiríamos trabajando juntos. Suspiré y le indiqué, ya un poco harto, donde podía encontrar a Juan Carlos para exponerle y llorarle su situación.
La verdad, es que si no tengo quien me vigile, suelo quebrar las pequeñas reglas sociales que nos permiten estar en paz.
Si no fuera tan temeroso de Dios, el mundo ya estaría ardiendo.
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