Para escribir, bien dicen…
Escrito por Agustin Fest | Archivado en No Fumar
…que se necesita estar desdichado o enfermo. El cigarrillo, antes me permitía escribir, a sabiendas del daño que provocaba en el sistema. Estaba consciente de mi adicción, de mi obsesión de prender el siguiente unos cuantos minutos después, de medir cuanto tardaba en prender el primer cigarrillo al despertar. No era desdichado. Tal vez enfermo. Alguien que está dispuesto a enfermar. Curioso.
Ahora soy desdichado porque dejé mi adicción. Cuando huelo un cigarrillo a unos metros de distancia, muevo la nariz como si fuera un conejito. Persigo el olor. Tan rico que apesta. A veces, sigo durante varios minutos, a las personas que tienen uno prendido en la calle y las huelo discretamente. Puedo desviarme varias cuadras de mi destino sólo por ese detalle.
Estoy en Villahermosa, el calor es horrible, mi mujer me desespera, necesito un cigarrillo urgentemente. El cigarrillo me permitía callarme la boca y enfocarme a una cosa cuando me desesperaba, o enojaba. Tal vez estoy irritable porque dejé el cigarrillo. Tal vez tengo razón en todas las cosas. Lo único que sé, es que no recibo respuestas ni positivas, ni negativas. Soy feliz cuando recibo respuestas.
Soy feliz cuando las respuestas se reiteran.
Me siento solo. Sé que hubo varios errores en la ecuación. La reviso una y otra vez. Despejo las variables. Reviso las variables. Saco los resultados. ¿Cómo se hacían las integrales? Hay errores en la ecuación. Pero es demasiado tarde para corregirlos, porque no soy matemático, soy literato. Los literatos necesitan los errores. Necesitan provocar sus propias tragedias.
Cuando el literato se encuentra con su propia ecuación, es probable que no la resuelva. Tampoco la simplifica. Al contrario. Se vuelve un fariseo. Complica la ecuación. La falsifica. Falsifica los valores y las respuestas. Convence a la gente de esto. La gente le cree. El literato se da cuenta de su propia mentira. Una mentira crecida exponencialmente al infinito. El infinito y los números imaginarios. El literato se siente culpable. El literato busca su propia redención. El literato trata de despejar la ecuación para componerlo.
Pero insisto. No es matemático. Puede adorar los números. El número de sílabas para componer un soneto. La estructura de los poemas helénicos. Números, y letras. Pero la tragedia lo invita a su propia condena.
La desdicha y la enfermedad.
Hace unos días dejé el cigarrillo. Todavía no comprendo por qué. Sobre todo unos días antes de casarme. Hay errores en esa ecuación. En estos días debería estar fumando como chacuaco. Sobre todo, estos días en los cuales mi mujer me desespera y me siento solo. Fumar, lo haría más llevadero. Triste pero cierto. El cáncer, a morir de una apendicitis. Tal vez eso es exagerar. Hoy vi como me colgaba la panza. Todavía puedo buscar un ataque al corazón.
Dejé el cigarrillo. La búsqueda del bienestar, se vuelve el camino sinuoso, dantesco y estúpidamente redentor. A la vez, se vuelve la prisión propia de una tragedia y un amplificador de ira, furia y resentimiento. Todo por dejar un vicio. ¿Quién diría? ¿De verdad, la vida sería diferente con veinte de esos al día? Quien sabe.
Mientras tanto, me siento literato, en una cama alejada de casa, de los míos, sin aire acondicionado, a unos 27 ó 28 grados, de noche. Sin nadie que platicar que realmente quiera escucharme. El cigarrillo era un buen acompañante. No me callaba la boca, no. Se llevaba los secretos directamente al filtro.








Hold it, Hold it…
Just Hold it.
Todo sera mejor despues.
Todo en su lugar. Muchas gracias por acompañarme ese día.
Si dejar de fumar es retefácil!!!! Yo lo he hecho cientos de veces. Mi marido amenazó con divorciarse si yo empezaba a fumar, y todavía no lo hace. Qué tanto es tantito?
Pero qué te iba a decir…? Ah! ya… escucha a la Shelle… escúchala!!!
Pues ya llevo un ratote sin fumar. Ahora por eso trago como cerdo. De verdad, necesito otras adicciones más sanas. Ja.
Y escuché a la Shelle, ¡lo juro!
Cuando cruces la puerta…Abandona toda esperanza, es cierto, los literatos somos suicidas pero sobre todo masocas. Cavamos nuestra propia tumba y a veces, la disfrazamos de redención.
Un abrazo
Jajajaja, usted esta más asustado por usted que por mí. No pasó nada de eso. Deje de preocuparse.
Mis rollos masocas, me temo, son por algunas otras cosas.
Bueno… dice un cuate que dice no sé qué canción de no sé qué grupo (ya lo olvidé) que “los vicios nos reconcilian con el mundo” será? Ahora bien si dejar el cigarrillo es una decisión por salud ya no hay vuelta de hoja… o sólo asumir fumar el resto de los días y sufrir las consecuencias… listo suerte espero le sea leve… creo que eso de su desesperación es puro nerviosismo (normal)por aquello de su próximo matrimonio… un abrazo
Lo bueno, es que me restan las fotos de piernudas como vicio. Ese creo que no me lo quito. Un abrazo y un beso Renis.
La gente sin vicios tiene virtudes muy molestas. Agárrese de otro vicio.
Jajajaja. Prometo dejar de quejarme. Pero ¿quién sería yo sin quejas? Sniff. Ahora entiendo porque me abandonan. (Eso, es otra queja).
Gracias por el comentario.
Según Cristal (encantadora personaja almodovoresco)
los escritores deben tener vicios, ¡porque esos son los buenos!
Eso no significa que tengas que volver a tabacalear, puedes tener un vicio alternativo, como el sexo tantrico…
Jajaja. Fotos de piernudas. Insisto.
Besotes Diva.