-¡Ándale cabrón, saca el papel!
-Ahí voy, ahí voy.
-Puta madre.
-Tengo seis bolsillos en mi abrigo Medel, dame chance.
-No mames.
-El humanito necesita bolsillos para sentirse cómodo -molestó Jezabel-. ¿Todavía recuerdas lo que dijiste cuando nos conocimos?
-¿Pinche vampira de mierda?
-Me prometiste que no eras un familiar, humanito cazador.
-Hey, hey, Armenius, no la insultes así, que te puede rajar de un buen putazo.
-¿A ti no?
-A mi Señor jamás le haría eso.
-Es que has de saber, que se la metí por la boca y me vine en su garganta. Desde entonces tiene delirios con que yo soy su Señor.
-¡Ah carajo Medel, chingada madre con tu información tan detallada!
-Un sabor tan dulce…
-Y tú muy educada y poética, che vampirilla puta.
-Y tan amargo a la vez… mejor que la sangre. Tengo hambre.
-El papel Armenius. EL PINCHE PAPEL.
-¿TE AGUANTAS? Ya me confundí. No sé en que bolsillo estaba buscando. No sé cual vi… no sé nada…
-No pienso regresar con el demonio, humanito.
-A ver, Jezabel. Salte del coche pendejo y busca el papel. Mientras me follo a la vampira.
-Ummm, me parece una excelente idea.
-A la verga con ustedes dos… hey… espera, ¿hablas en serio?
-Mi señor, ya me puse de perrito. ¿O cómo lo prefieres?
-No tienes que sacar tanto el culo. Acuérdate que la tengo grande.
Armenius salió del coche y le dio un portazo. Hice lo mismo. Salí y empecé a sobar el culo de la vampireja con mis manos. Le subí el vestido. Le bajé los calzones. Me saqué la ñonga. Me lo merecía. De verdad. Después de tantas aventuritas, un pequeño intermedio donde pudiera follar agusto no estaba de más.
-¿Ya encontraste el papel Armenius? Y tú alza más las caderas pendeja, si no soy pigmeo.
-Al fondo, mi señor.
-Me estoy follando un culito que parece de veinte, pero tiene más de ochocientos años de edad Armenius, ¿no te da envidia?
-Cógeme… cógeme…
-A las otras seis las vamos a matar cabrón.
-Ella es de la casa Gris, ahhh cabrón como aprietas… las otras son de la casa Roja. No hay bronca. Son rivales.
-Las vamos a matar mi Señor, y alimentarnos con su sangre.
-Nomás tú… aaaahhh cabrón. Me equivoqué Armenius. Culito de anzuelo carcelero.
-Tenía … dieciséis … cuando … me convirtie … ron, mi Señor.
-¿Ya ¡coño! encontraste el pinche papel?
-Ya, desde hace rato.
-Entonces espérate a que acabe cabrón.
-No … te … distraigas.
-¿Desde cuándo me das órdenes?
-Ay no por favor.
-¡Toma esto cabrona!
-Esto Medel… esto, es digno del libro vaquero.
-¿Ya leíste la dirección?
-No. Mejor te espero.
-¡Leela!
-Ohhh, tan dulce, tan dulce. Había olvidado el placer de fornicar… tantos años después…
-¿Cuántos años llevas sin hacerlo?
-No me la distraigas Armenius so pendejo.
-Al menos … Ahhh… no lo sé… al menos… Ahhhh…
-Dos millones de pesos, si dejas de follarla Medel.
-Estas… ¡ay coño! pendejo.
La vampira y yo nos enfocamos a lo nuestro. Miré de reojo que Armenius desdobló el papelito y su rostro se puso pálido. Cualquier cosa que enblanqueciera al compadre, significaba diversión. Nalgueé a la vampira un par de veces. Parecía disfrutarlo sobremanera. Su impulso de beber sangre era meramente alimenticio. Una necesidad física que debía satisfacer como la mía de matar. Pero coger, vaya… coger. Mero placer. ¿Han intentado coger después de diezmar un ejército, muchos judíos, algunos familiares, madrearse con la muerte?
Lo recomiendo sólo si tienen el estómago para continuar vivos después de todo eso.
Terminamos después de unos minutos. La vampiresa se acostó agradecida en el asiento trasero y me miró sonriente.
-Voy a dormir, mi Señor. Agradecería si me cubres la piel porque no tarda en amanecer. No quisiera morir, aunque la decisión esta en tus manos.
Le quité a Armenius el abrigo y se lo puse encima.
-Ahí te lo acomodas. Duerme bien, que tengo mucho que platicar con este pendejo -me giré al pendejo-. Entonces, ¿qué sigue?
-Medel… ¿de verdad fuiste por mí, al más allá?
-Si güey, sí. Dame el papel si no me vas a decir.
-¿Eso quiere decir que me quieres un poco?
-No mames -le arrebaté el papel de las manos, lo desdoblé y leí:

Me froté el rostro. Saqué un cigarrillo y lo prendí. Armenius hizo lo mismo. Ambos sabíamos que durante nuestro reencuentro, bueno, al menos antes que perdiera los recuerdos, habíamos logrado estar en paz con lo de Singapur. No es que me importara. Ya lo había puesto en su justa dimensión: en el pasado. Pero buscar a las vampiras ahí, cuando tenía al ejército mexicano buscándome, a las fuerzas especiales judías y además, al ejército Singapur y la mafia China allá…
Suspiré. Me acerqué al coche para vigilar que la vampira se hubiera cubierto bien. La íbamos a necesitar. Armenius se subió al asiento del copiloto.
-Hablaré para que nuestro piloto esté listo. ¿Recuerdas cuántas horas fueron?
-No. Me la pasé dormido todo el camino.
-¿En dos horas esta bien? Vamos a pasar a tu casa para que lleves algunas armas de tu arsenal.
-Sí. También me servirían mucho la thompson y mi escopeta recortada.
-Ahorita llamo para conseguirte unas.
-Una tommy gun también.
-¿Vamos a necesitar mercenarios?
-No lo sé. ¿El contacto que teníamos allá todavía querrá trabajar con nosotros?
-Wao Li… déjame, déjame llamarle de una vez.
-También necesito que investigues si el Servicio de Inteligencia Mexicana va a mandar a Salgado y agentes especiales.
Toda la información corría furiosamente por mi cerebro. El mensaje del Escritor estaba escrito como si ya lo hubiera planeado. Nada parecía correcto. Desde las vampiras, los judíos, los golems y la thompson. Esos monstruos que jamás había visto y creanme, había visto muchas cosas en esta vida. El escritor no pudo controlarme del todo, pero a la vampira se le había facilitado enormemente.
Vampiras… ya decía yo que eran una mamada.
-No se te olviden las municiones Armenius.
-No señor.
-Es la segunda vez que te salvo el culo.
-¿Medel?
-Creo que no lo sabes, o te has hecho bien pendejo todo este tiempo. Pero sí hiciste un trato con el Escritor. Te está controlando y ya nos metiste en esto hasta el fondo. Las vampiras no existían antes de esto. Los golems, ni los judíos ninja cabrón. No hay otra forma de que esto sea posible. Después qué sigue… ¿zombies?
Armenius miró fijamente a mis ojos.
-Mira… la verdad wey. De verdad no recuerdo si hice el trato. Si te soy honesto, sólo recuerdo que le invité la bebida . Tengo lagunas de ese día y no me queda de otra más que llegar al final para descubrirlo. Te invité porque sé que todavía tenías espinitas por lo de Singapur, y porque si quería algo de valor para recorrer todo el camino, eras el único que me lo iba a dar.
-Y protegerte, ¿verdad huevón?
-Sí. Protegerme también.
Se acabó el cigarro. Lo aplasté con el zapato. El inconsciente de Armenius sabía que no podría solo enfrentar a un demonio que controlara su destino. Por eso había necesitado a otro demonio que le importara un comino. Alguien que pudiera quebrar las reglas, alguien impredecible, alguien.. bueno, el único. Yo.
-No hay nada que agradecer Armenius. Me he divertido mucho. Haz las llamadas que nos vamos a Singapur. Ahhh… y un favor.
-¿Qué?
-Consíguele un ataúd a Jezabel para el avión. No quiero que se me queme el mejor culito que me he follado.








6 comentarios ↓
Hasta ternura me dio Medel con esa ultima frase…
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Ah!
Eso es pasión…!
Lujuria…!!!
Y valemadrismo..!!!!!
Delicioso, simplemente delicioso capítulo.
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Mi frase favorita de esta vez: “Esto Medel… esto, es digno del libro vaquero”
Pero… por qué le dices Isabel a Jezabel?
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Fue un error.
Saludos!
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Me encantó tu blog… lo encontré linkeando por ahí, por allá y me fascinó… La historia es muy buena, y aunq solo leí el ultimo post, creo q voy a empezar del principio
saludos de chile
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