Llegarás en 896 años, al pasillo de la Muerte.

Este post es parte de una serie, llamada “Ernesto Medel y las vampiras de Polanco”. Anotación 8 de 12


No puedo contarles como llegar al reino de la Muerte. Es un secreto que tenemos los buenos asesinos. Y digo los buenos. Habemos al menos tres en el mundo. Nosotros tres, nos hemos visto frente a frente con el de la capucha negra, y también… no sé como explicarlo. Denme tiempo.

¿Cómo escapamos de la casa de los judíos? No escapamos. No. No se trataba que escaparamos, sino que no saliéramos a matarlos a todos. Entre la vampira y yo, fácilmente habríamos tomado la vida de todos los combatientes.

Nos desviamos para viajar al reino de la Muerte. Ese punto que parece tan lejano, pero tu sangre, sabe que no lo es tanto. Cargué el cuerpo de Armenius en el hombro. Jezabel me miró incrédula. Era tierna cuando lo hacía, porque el culo parecía apretársele y las tetas se le inflaban bajo el vestido ceñido.

-¿Mi señor, vamos por el humanito?

-¿De cuándo acá me dices, “Señor”?

-Desde que hiciste tu voluntad conmigo, señor.

-Quieres decir, que te la metí hasta la garganta y me vine en tu boca.

-Ciertamente, señor.

-No hay de qué, pinche mamona. Sí. Viajaremos al reino de los muertos a buscar a Armenius.

Jezabel continuaba sonriendo. O era una vampiresa muy distraída, o ignoraba de manera perfecta cualquier insulto. Con Armenius en el hombro, caminé a la habitación de los ataudes. El judío tenía su garganta rajada, y algo de sangre aún emanaba de su cuello. Aquí vi por última vez al señor de los muertos. Aquí podría encontrar una entrada.

No puedo contarles como llegar. No exáctamente. Sólo tres personas sabemos como hacerlo.

-¿Al reino de la muerte, señor? ¿Eso existe?

-¿Las vampiras existen?

Se quedó bien calladita la pendeja. Sonriendo, pero calladita. Después de algunos minutos de silencio, la mujer se acercó al judío y empezó a lamerle la sangre. Estaba todavía fresca. No tan calientita, pero fresca. Lamió antes de que se convirtiera en un guiñapo de costras y sangre seca. Verle la lengua casi me provocó otra erección. Hice una mueca. Debía concentrarme.

De reojo, cuando estás muy cansado, puedes mirar sombras. ¿Te ha pasado? O pasa cuando recién despiertas. ¿Si te has dado cuenta? No enfocas la mirada al frente, no ves nada, simplemente mantienes la mirada a tu lado. Te vuelves un vigilante. Un pilar metafísico del mundo. Ay güey, que palabrotas pinche Medel. Sí. Miras movimientos. Miras sombras. Miras pequeños insectos paseando en las paredes. Miras espíritus.

Atravesando las sombras, dejando de saltar por ellas y ausentándose más, sincroonizando la respiración con el río metafísico, encontrarás el Reino de la Muerte.

-Toma mi mano, Jezabel.

Nunca le pedí su mano a mi ex-esposa, y nunca fui al reino de los muertos por ella. Verán, hay muertos que deben quedarse muertos. Ella es uno de ellos. Desde que la mataron los narcos. Sentí la mano fría de la vampira en la mía y atravesé el umbral. Pronto estaríamos ahí.

-896 años escapando del reino de la muerte, mi señor, y tú me llevas como si fuera un paseo.

-Y bien bonito. Ya lo verás.

La vampiresa casi inexpresiva, si no fuera por la sonrisa de siempre. Las palabras de Jezabel parecían tener un efecto poderoso en sus pezones. El cuerpo de Armenius se sintió más pesado. Nuestros cuerpos vibraron y se separaron en átomos. El hombre que me enseñó artes marciales, Sensei Gorostiza, insistía que todo lo debíamos separar en partículas de polvo, y aún más allá. Hasta su precisa y mínima reducción. Era mamón el güey. Bien mamón.

Y me acordé de mi cuate, el Simón Dor. Uno de los tres.

-Cierra los ojos Jezabel.

Y cerramos los ojos.

-Abre los ojos Jezabel.

Y abrimos los ojos. Estábamos en la carretera. Un amplio campo de espigas de trigo estaba a los lados. En él, solté a Armenius.

Y Armenius adquirío consciencia. Su cuello recuperó su lugar. Sus ojos se abrieron, y cuando abrió la bocota, dijo lo siguiente-: Ahora si puedo hablarte de Singapur y no me vas a poder matar, hijo de tu pinche madre -y se carcajeó. Se levantó y se paró a un lado de la vampira, sorprendida por la resurrección de los muertos.

Jezabel parpadeó muchas veces. Se alejó un poco de Armenius, se borró su sonrisa y abrió los ojos como dos platotes de sopa ranchera. El alma de Armenius había regresado a su lugar. Cuando un alma regresa a su cuerpo, es tan poderoso y … bendito … que el cuerpo se arregla. Él ya estaba vivo, lo cual era sumamente fácil.

Lo difícil, era pedirle permiso al Señor de los Muertos para llevármelo.

-Sabía que vendrías por mi carnalito -dijo Armenius.

-Vete a la verga. Sólo porque ya me clavé en matar vampiras.

-Dirás lo que quieras, pero lo hiciste porque eres mi super cuate.

-Vete a la verga.

A lo lejos de la carretera, había un par de faroles prendidos. Si no me equivocaba, venía en camino el taxista Caronte. Nuestro puente al mundo. Si queríamos salir con vida de aquí, incluyendo la vampirita Jezabel, teníamos que tratarlo bien. Armenius miró hacia allá. Su breve estadía en el reino de los Muertos había rendido frutos, porque nos dijo-: No se preocupen, nos va a llevar directo con la Muerte. Hablé con él. Me dijo que le parecía sumamente divertido.

-¿Sumamente?

-Utilizó esa palabra, y sonrió mucho. Así que le creo.

-Le voy a sumir esta.

-Mi señor… -dijo Jezabel, un poco cachondilla y sonriendo de lado.

-Ya Medel, no viniste aquí para provocar desmadres.

-Esta bien, esta bien. Educación, lo sé, con mucha educación saldremos de aquí.

Armenius me tocó el hombro. Se acercó para decirme en voz baja-. Tu ex-esposa esta muy bien. Te esta esperando carnalito. Tu padre también te manda saludos. Pero muchos espíritus malos nos están esperando allá adelante. Muchos espíritus que te recuerdan, Medel. Tienen grabado en su aura tu nombre. Saben que vienes. Pueden sentirte. No me preocupa tanto el hombre de la capucha, como el circo que vamos a tener que pasar para salir de aquí.

-Matar muertos. Suena interesante -respondí.

-Si quieres te doy la dirección del Escritor y vete de aquí carnal. Mira. No es necesario que…

-…te callas en este mismo instante. Déjalo así. Te dije que “Matar Muertos Suena Interesante”. MMSI. Mmmmm Sí. Quiero matar muertos. Quiero ver si es posible separar el espíritu de todos los hijos de puta que ya maté en átomos incomprensibles. Irreconocibles. Quiero ver si es posible matarlos bien de una vez por todas a esos hijos de perra.

Mi corazón empezó a bombear sangre más rápido. Armenius se alejó de mí. A la vampiresa le crecieron las tetas. Mi sonrisa creció lentamente, enseñando todos los dientes como un perro. Todo ser humano en el mundo, tiene impulsos a los que debe ceder obligatoriamente, para llamarse humano.

Matar era el mío.

2 comentarios ↓

#1 LaMaga el 04.01.08 a las 10:28 pm

tu chingada cajita no me deja poner mensajitoooooooooooooooos la ODIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Exijo me enseñes a subir las fotos al bb

p.d. sí te quiero, mil mil … mil

[Reply]

#2 MarthaX el 04.08.08 a las 3:13 am

WOW. Me encantó. (¿porqué no apareció mi mensaje en el shoutbox? ¿es la misma pregunta que hizo LaMaga? ¿necesito registrarme?). Esto me hizo imaginar a un Santo contra las mujeres vampiro pero en versión sexosa hiperviolenta, ¿te inspiraste o es coincidencia? :)

[Reply]

Deja un comentario