Colgué el teléfono y miré la escopeta recortada sobre la televisión. Alcé las piernas sobre la mesa, saqué un cigarrillo de mi chaleco, y lo prendí. Desperté a mi laptop, entré a la página de internet del banco y esperé.
Durante los años que pasé en Uruguay, había visto muchas cosas. Demasiadas. Luego repasé Rusia y Singapur. El cigarrillo se había consumido a la mitad. Repasé mentalmente todos los años que había vivido, espiado, trabajado y cogido en otros países, en busca de matar el tedio y ganar dinero.
Podía buscar en mis libros de cuentas, mis pequeñas anotaciones en las libretas, podía seguir hurgando en mis recuerdos y seguía claro.
Jamás, encontré vampiros.
-Medel -había dicho Armenius por el teléfono unos minutos antes-. No mames. De verdad son vampiras. En Polanco.
-Ah, hijo de tu puta madre, ya te dije que no me hables… la última vez no me pagaste lo acordado. No trabajo nada hasta no ver el dinero. Si continúa esta llamada, vas a estar de acuerdo en pagarme lo que te cobre.
-Medel. En serio son vampiras. De verdad, tu sabes como estan las cosas entre nosotros. No me conviene mentir. Sé que pediste que no te hablara después de Singapur…
-Déjame repetírtelo: Si continúa la llamada, me vas a pagar. Si no puedes prometer esto, voy por tu cabeza. Nos vemos.
-No cuelgues manito, de verdad, no cuelgues.
-Y todavía me dices “manito”.
-Que no cuelgues con una chingada madre. Mira. La señora me ofreció dos millones de pesos para encontrar a su hija. Te doy uno. Sé donde está.
-Te conozco cabrón. Me vas a dar cinco.
-No mames Medel, eso es lo que me están pagando.
-Cinco.
-Putísima madre. ¡En Texas lo habrías hecho gratis cabrón!
-Cinco. Y escúchame bien: otro “manito” más, y te cobro los dos que me debes de Singapur. Estoy siendo benévolo.
Sabía dos cosas muy bien: Armenius siempre mentía para guardarse el dinero y que siendo vampiras o no, lo iba a disfrutar. Cinco millones de pesos. Seguramente era una casa de narcosatánicos. Chavitos pendejos que se drogaban y adoraban al Rey Satán, vestidos en taparrabos y los cuernos del venado en la cabeza. Podía escuchar el silencio tan resignado de Armenius, al otro lado de la línea. Eso me alertó.
De no ser vampiras, Armenius habría dicho algo, lo que fuera.
-Está bien. Dame unos minutos. Revisa tu cuenta de banco y un e-mail con las instrucciones.
Alcé las cejas y sonreí. El bigote me picaba cada vez que sonreía tan amplio como en ese momento. Colgué el teléfono y miré la escopeta recortada sobre la televisión. Alcé las piernas sobre la mesa, saqué un cigarrillo de mi chaleco, y lo prendí. Desperté a mi laptop, entré a la página de internet del banco y esperé. El nuevo saldo se vio reflejado casi al instante que recargué la página.
No sólo los cinco millones. También los dos de Singapur. Armenius iba en serio.
La verdad es que no necesitaba el dinero. Tenía cincuenta veces esa cantidad. Los gringos pagaron bien por matar gringos. Por los latinos pagaron menos. Pero nunca como el mexicano, que hasta para matar al compadre es tacaño.
Miré la pantalla en silencio. Sabía cuan aburrido estaba y fue mi mala suerte que el único que ofreciera diversión fuera el pendejo de Armenio. Abrí el e-mail después y sonreí donde Armenio imaginó que sonreía.
“Hola.
Ernesto, sé que no me crees… son vampiras. Deja te lo repito para que tu verga flemática lo entienda: Son vampiras. Yo no puedo solo con esto. Supongo que nadie. Estoy pagándote un porcentaje más alto de lo que yo voy a recibir por este trabajo.
Sé que no querrás escuchar los detalles, así que te los escribo por si te interesa leerlos: Es una señora vieja que esta buscando a su única heredera. Anita se perdió hace dos años. Una investigación de tres meses me llevó a esta casa. Medel, la señora quiere a la hija viva o muerta. Me pidió incluso que le llevara el cuerpo, si era el caso.
La señora no me va a creer si le digo que su hija es una vampira. Pienso que nuestra única solución es llevarnos el cuerpo. Te imagino hijo de puta, has de estar sonriendo.
Necesito que vengas a la dirección que te mandaré por mensaje a tu celular en unos minutos. Nos veremos ahí.
Armenius.”
Hice cuentas. En mi bodega tenía cuatro rifles semiautomáticos, dos pistolas automáticas, una uzi, tres ak-47, un rifle de cazador y una escopeta west point. Municiones suficientes. También estaba la recortada italiana sobre el televisor, y la pistola de puto en la calceta. Podrán decir lo que quieran, pero siempre saca de apuros.
-Si no son vampiras, con la de puto me basta. Pero si son vampiras… pues con la de puto y a groserías. ¿Cómo se mata a un vampiro?
En ese momento, vibró mi celular. Lo busqué entre los bolsillos de mi pantalón. Apagué el cigarrillo, aplastándolo con las botas y me levanté. Decidí llevarme la escopeta recortada, y sus municiones, por si acaso. Si de verdad eran vampiras, bueno, iba a necesitar meterles algo más grande.
Si saben a lo que me refiero.








5 comentarios ↓
afortunadamente aquí no había límite de 300 palabras
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Y yo que pensaba que ese tal Medel se estaba escondiendo.
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inche Medel! que se me hace que se lo van a chingar!
bien Árbol, buen comienzo. ya puedes poner en tu CV profesión: novelito
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pinche cabron! por q no la terminas, te podrias estar ganado una buena lana!! te felicito men
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