Entradas escritas en Diciembre, 2007 ↓

Azaroso camino.

La gente cree que me importa su plática. No siempre es así. Llegan a mi blog. Leen un par de anotaciones. Se enteran que pueden agregarme al messenger. Lo hacen. Y entonces, mientras tengo mis letreros de ocupado o ausente, me platican. Idioteces como la escuela, el trabajo, sus gustos musicales, sus borracheras, cuantos centímetros deducen que su pene es más grande que el mío y sus problemas amorosos. Sería muy fácil romper la plática. Tan sólo decirles-. Hey, espera, ¿te conozco? -O una más agresiva-. ¿Crees que me interesa? -Soy un buen hombre. O más bien, poco interesado. Se necesita romper mi paciencia para decir algo así.

Una vez, una mujer en su borrachera, me habló de sus dos intentos de suicidio. Tuve que frenarla en seco: Hey, aguanta vara, apenas nos conocemos. No sólo los intentos de suicidio son íntimos. Incluso compartir una conversación frívola, para mí, significa un grado de intimidad.

Murió Collin White. Un profesor inglés del Colegio de Letras Modernas (e inglesas). Decidió descansar hoy en la mañana. Se subió a su barco, en el Ajusco, and so long. El hombre construyó su propio barco en sus tiempos libres. Vaya manera de aprovechar los tiempos de ocio. Me decía que era un idiota después de mis exámenes. Alguna vez, tomó asiento en mi mesa y de otros amigos. Escuchaba lo que decía. Compartía un par de palabras. Fumaba. Siempre fumaba. Dos cigarrillos diarios. No más, porque ya estaba viejo. Decían que de joven, solía tomar el asiento en el escritorio y prender su pipa. Platicaba de los viejos tiempos. Hacía las preguntas adecuadas, precisas, para que reconociéramos el valor de un texto. Algunas mujeres lo tachaban de machista. No creo que fuera así. Simplemente era estricto. Duro. Otro de esos hombres honestamente duros. Compartió vida con Ted Hughes.

Cuanta gente muere.

Ayer, el familiar del asistente. Hoy, Collin. Más tarde, me platicaron de un interno de medicina que se suicidó. Se metió un anestésico que paró sus pulmones. Le llamaban el dormicum porque se dormía fácilmente. No conocí más de él. Sólo que eligió una manera estúpida de suicidarse. La anestesia terminó por ahogarlo. Ahogarse toma su tiempo. Ahogarse duele y desespera. Supuse que un médico conocería una manera más sutil, elegante y certera de terminar su propia vida. Cuanta muerte el día de hoy. Cuanto pelear por la vida. Cuantas maneras, edades y situaciones para vivir la muerte. ¿Por qué tanto estos días? Diciembre. Será diciembre.

Una cosa buena pasó en el día: Me sentí con mucha suerte y me compré el melate. De tres meses para acá, me acostumbré a comprar mi boletito semanal. No soy constante. Un par de semanas lo he olvidado. Sin embargo, me gusta sentirme suertudo. Un motivo más para llegar contento al domingo. Casi siempre juego los mismos números, aunque cambio su orden. A veces resto uno o dos. Si es verdad que lo jugara cada semana, tendría 52 oportunidades al año para ser millonario. ¿Tirar mi dinero en una esperanza? ¿Sabes qué las probabilidades de ganárselo son astronómicas? Sí. Por supuesto que sí. Repito: Llegar contento el domingo, sentirse suertudo, repetir una rutina.

Bendito sea. Un neurótico como yo, buscando rutinas. Bendito, bendito sea.

Mientras compro la madera para construir mi barco. Mientras olvido suicidarme con algún anestésico, como la televisión o el internet. Mientras tanto, una rutina semanal no hace daño. No te hace daño a ti tampoco. Dedícate a pintar. Escribe una novela. Toma fotografías. Móntate a un camión hacia ninguna parte. Habla con aquel interés amoroso al que no te atreves. Recita poesía en el metro, en voz alta. Corre 10 kilómetros a la semana. Ten un hijo. Compra un cacto y llámalo Bob. Besa a una persona de tu mismo sexo. Comparte con tu familia. No vayas a trabajar hoy. Si no hoy, no vayas el lunes.

Total… nos vamos a morir de todas maneras.

Ah, la semanita.

De un día para otro me cayeron tres proyectos. Bueno por el dinero. Malo por el tipo. En mi cabeza, esos proyectos están clasificados como “pesadillas”. Poco presupuesto. Muchos personajes. Contratos ambiguos. Lavadera de cocos. Etcétera. No son malos proyectos, pero cuestan más trabajo. No son interesantes. Para nada. Tampoco son del todo aburridos. Sólo significan dinero por estrés. Los proyectos realmente terribles y que no benefician a nadie, son los infomerciales. Esos en mi cabeza están clasificados como: “Infiernitos”. Los proyectos que me han parecido más interesantes (y mal pagados) son los videoclips.

No he podido escribir. Me falta el ejercicio de Metatextos. No he continuado el artículo que debo. No he avanzado en La Torre de los Sueños. No he leído mis libros. Entre el trabajo y los pendientes de casa. He dormido mal por todo eso. No me quejo, sólo reafirmo el rasgo más importante: mi neurosis. Aunque procuro ser más amable con las personas a mi alrededor, continúo siendo duro conmigo. Despierto con dolores de cabeza. El pecho cansado. Los cigarros se consumen. Cuando era más joven, pensaba que había un fin a todo eso. Años después, sólo pienso que se interpreta mejor. Consigo mis pequeños momentos de paz.

Sin embargo, las preocupaciones han tornado mi memoria errática. He descubierto que olvido fácilmente ciertas cosas. También estoy más distraído. Me cuesta trabajo recordar los nombres de los modelos. Se me dificulta darle seguimiento a los procesos. Eso puede indicar una ligera depresión. Puede indicar estrés. O bien, puede ser un tumor cerebral. O falta de vitaminas. Exceso de cigarrillos y azúcar. La mente puede estar indicando una enfermedad más compleja de lo que me gustaría, cof cof.

Hoy olvidé el cargador de mi laptop. Sabía que el día que me sucediera, me sentiría extraño. Así fue.

El día de hoy, después de las cuatro de la tarde, mi compañero de proyectos se fue a recoger su coche al corralón. Minutos más tarde, salieron mi jefe y uno de los directores de casting. Un e-mail y una llamada requirieron urgencia. Todo estaba bien, hasta que bajó la asistente que tomaba video al proyecto del director que se fue. Bajó llorando y con la voz quebrada, me dijo—. Agustín, ¿puedes echarme una mano? —Yo sólo pensaba en los pendientes que tenía en la cabeza.

—No lo sé —dije. Enumeré mis pendientes mientras ella lloraba. Pensaba en mi cabeza: “Está llorando”, pero sentía el estrés encima. Abrázale, pensé, de verdad debe ser duro si ella esta llorando en el trabajo. —Si quieres yo lo termino. Sólo faltan 15 personas. —Seguía pensando. Ella ya estaba dispuesta a no rogar por mi ayuda. No quería que lo hiciera. Sólo que en ese momento, no estaba consciente de sus sentimientos. —No. No. Yo lo hago. Explícame —Minutos después, me subí al foro a terminar la jornada. Los pendientes revoloteando en mi cabeza.

Más tarde le mandé un mensaje al celular. Pregunté lo que le pasó y era lo que temía: se había muerto uno de sus familiares. Tal vez uno cercano. Le pedí perdón e inevitablemente, me transporté a los últimos días de mi abuela. No fui a verla al hospital hasta el día que murió. No fui a verla porque tenía miedo de verla muriéndose. Temía precisamente lo que sucedió: que el día de mi visita fuera nuestro último día. Así pasa. Así pasa en la vida. Incluso pasó por mi cabeza darle esa cátedra antes de que se fuera, pero no lo hice. Evidentemente habría sido estúpido. Cuando murió mi abuela, me quedé varios días en casa, compartiendo con mi familia. Luego llorando. Luego durmiendo. Me hablaron una o dos veces del trabajo y dije la verdad—: No me siento bien, no voy a ir, no es momento.

El día se hizo más pesado por los recuerdos. Tuvieron que pasar varias horas para que admitiera esto.

Guadalajara 2007.

Fui a Guadalajara este fin de semana. Sí, pasé por la FIL, pero mis motivos eran otros: ver una tortera delgada, bonita y sabanable prepararme mi desayuno de 25 pesos. ¿Fil? No señor. Guadalajara es una exposición de mujeres bellas. Y ya. Cuando uno se cansa de las blogueras gordas, feas, medio inteligentes, sarcásticas, corazón de pollo y cuero flojo, llenas de luz y entendimiento, bigotonas y mamonas, es menester desconectarse un fin de semana y ver mujeres bellas. No leerles el ego. Nada más verlas. Lo haría en el Distrito Federal si no fuera tan difícil encontrarlas. Multiplicador por cuatro por gracia de las minifaldas y los shorts. He llegado satisfecho. Fue bueno.

Tomé fotos de la FIL. Las publicaré en flickr próximamente.

Hablemos de capitalismo. Compré cuatro libros. Dos de República Dominicana (Hirma Contreras y Juan Bosch). Uno de Argentina (Javier Villafañe). Y Michael Ende (La Prisión de la Libertad). Por fin lo tengo en mis manos. Mi historia con ese libro viene de años atrás. No compré novelas. De por sí, tengo un gran número de lecturas pendiente y poco tiempo para dedicarles. También, Irwin (sé que me lees), ya tengo tu disco duro, avísame cuando pasas por él o cómo te lo mando. Otra cosa que compré: una tablita para desayunar, 100 pesos en un semáforo. Simplemente hermoso. Si no tuviera una vida, ya no tendría que levantarme de la cama nunca más.

Vi a un viejo amigo: Ian Madrid. Esta en Guadalajara iniciando su negocio de comida. El mismo de siempre. Extrañaba la facilidad de Ian para romper cualquier noción de seriedad en la vida. Aquel sarcasmo y agudeza. Una agudeza elegante y precisa. Estuvimos platicando un poco de China y su vida allá. Me parece de los pocos hombres honestamente duros que existen. Continúa con su enorme sonrisa. Me dio gusto verlo. “Entonces… ¿vienes al parque mañana a jugar freesbe? Para que te pongas un cigarro en la boca y vengas con tu cara de escritorcillo mustio”. Ja. Lo extrañaba.

También extrañaba a los buenos amigos: May, Paulina, Arturo. Los ocupados que se dejaron ver 10 minutos, como Jaka. Los que hoy conozco mejor, como Sachiel. Los que no pude ver, como Homero Vidal (cof cof), Ruth y Mozzy. Las relaciones cambian. Las perspectivas cambian. Ocupaciones. Vida. Letras. Etcétera. Sigo pensando lo mucho que me gusta Guadalajara. Pero la verdad es… a mí me gusta todo lo que no parezca este nido de ratas. El pequeño infierno de luces de neón y diversión toda la noche. Cuando nunca has visto una mujer bella preparar una torta, sabes que algo anda mal. Me gustaría mudarme para allá en algunos años. Ya veremos que ofrece el tiempo.

Llegamos a chambear. Hay un artículo que debo terminar para estas fechas. En casting tenemos proyecto. Los párpados se cierran. Dormiré un poco antes de continuar viviendo.