Tus pequeñas manos, que nada guardan.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 57 de 59


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Mira como las hojitas se resquebrajan entre tus dedos y las varas secas se rompen. Tus manos son tan pequeñas que aún no pueden guardar el polvo de los muertos. Se extienden tus dedos para tocar la tierra y siento un gozo discreto, una sonrisa pequeña, sabiendo que tus ansias de anclar raíces y procurar vida tal vez no son intencionales. El instinto primitivo que nos delata, como aquel cuervo que mató a sus hermanos porque deseaba vivir el último día de juerga. Los caracoles en el tallo de un girasol muerto, buscando en el pasado el sol que los benefactores jamás buscaron… sus corazas vacías hace tiempo ya. Eres una hermosa imagen.

También te marchitarás, ¿te imaginas bebito, que formarás parte de esa tierra y alimentarás a los gusanos? Así pasa, mira mis manos y entenderás que la piel también se seca. Mis manos son grandes, mis manos son el polvo de los muertos, los dedos son como palillos que hacen un gesto con la artritis para invitar a la muerte a que se acerque, y se acerque, paso a paso. Mis dedos son los del titiritero que jalan con su punta el hilo del tiempo. Soy mi propio muñeco que cambia con los años y expulsa el agua que le faltó a los caracoles, a los girasoles, a las hojas que arrastras con tus manos y el pecado de la casualidad.

Compartimos el mismo destino. Que se nos escape todo entre las manos y el aire. Nacemos con manos débiles sin poder sostenerlo todo. Morimos con nada en las manos. No debes temer. Si caminas como yo, si aprendes como yo, entenderás que es nuestro destino. El destino de todos nosotros. El temor no vale nada cuando te haces polvo y te confundes con la tierra.

Foto: Gabs.

Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.

Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.

Más de una foto es bienvenida. Si ya mandaste una y quieres repetir, adelante. Si eres una nena y quieres enviar una fotografía de tus piernas, mucho mejor :) con la tierra.

Un comentario hasta el momento ↓

#1 Gabriela Valdivieso el 11.19.07 a las 5:25 pm

Pero ¿quién os ha dado permiso de despeinar mis cabellos vocifereando verdadades?

Wa, ¡con cuanta crudeza y grosería le grita usted al más dulce de los seres la inmortalidad de su ser-enidad misma! Mas, y es ésta y no otra su salvación, emánase tal precisión y tal estilancia, que la crecida bebita no puede más que admirarlo un cachito más.

Felicidades y gracias,

Pero como nadie debe callar lo que debe ser dicho, ha de agregarse que no refleja total veracidad sostener que nosotros, autor y lector/modelo somos sólo las entidades intermedias entre esas manos novatas y la tierra que se toca. Ha cometídose el improperio de limitar, de obviar un plano más: el de la trascendencia y plenitud final. Y es que nada puede volverse lo que no es, de modo que es dudoso e inverosimil que el alma y la esencia se confundan con las hojitas y varas regadas en el suelo que pisamos, la razón misma clama por una luminosidad superior, mas válense sus licencias porque juguetea y seduce con el arte literario.

Abrazo, de una cosa que trasciende esa primera estación a otra cosa que trasciende tal corpórea y futil estación!

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