El pecado original de los cuervos.

Los cuervos…
deciden.

Los cuervos
cobardes, no podían matar
a sus cinco hijos
monstruosos. Tan sólo de pensar
en la sangre
que habría
de manchar
sus plumas
sentían
asco, vergüenza, escalofríos, dolor, miedo, incomodidad, deseo, justicia, amor, venganza
y la muerte
de su madre.

Los cuervos…
se miraron unos a otros.
—Tiremos los dados,
quien tenga el número
más pequeño,
será el afortunado
que habrá de limpiarnos
a todos.
Los dados trucados
con imanes y pesos distintos
abundaron esa noche.

Los cuervos…
se soltaron a carcajadas,
—Quien saque la paja más corta
—sugirió un cuervo
ingenuo y pendejo—, debemos decidir.
Porque ya estuvo
bueno.
El espantapájaros,
divertido por el problema de los cuervos,
les ofreció todas las pajas
de su brazo derecho.
—Así dejé de tocar el piano —exclamó
el espantapájaros—,
valió la pena…
…ahora soy pintor.
Los cuervos,
tramposos como eran
cortaban las pajas con sus picos
o las trozaban bajos sus alas
o robaban las más pequeñas
del trigal más hermoso.

Los cuervos…
y sus hijos,
con sus juegos destruían al mundo.
Los visitó esa noche,
un cadillac rojo,
que viajaba al sur,
siempre al sur.
El rey Satán,
de traje blanco
y rostro difuso,
bajó del auto.
—Me llevaré a sus hijos,
si me dan su alma.
Mis buenos señores,
no lo piensen mucho
o ya no habrá mundo
donde puedan seguir jugando
—Satanás hizo una cara
de perro triste.
—Baal —respondieron
los cuervos—.
¿Te acuerdas
de nuestra
canción?

Los cuervos siniestros
sonrieron y cantaron
como borrachos a media luna
andariegos por la calle.

La canción de Baal y el orígen de los cuervos.

Hace muchos años
cuando no había cuervos,
ni tres puntos, ni Satanás,
ni Dios, ni Bob el Cacto,
ni Mamá Cuerva, ni el espantpájaros,
o Simón Dor, o Matías Elizondo,
o el Árbol de los Mil Nombres.

Hace muchos años
cuando no existían los árboles
ni los cielos, ni las piedras
las bacterias, las moscas
los sentimientos, los documentos,
el ruido de los arroyos,
los susurros de los monjes
o el titiritar de las estrellas

Antes que existieran
atrocidades como el libro
de los niños muertos,
o la crueldad de las divinidades
las indecisiones, las injusticias,
el amor no correspondido,
el juego de azar.

Había
un hombre
de alas negras.
Él un día pensó:
Quisiera escribir algo hermoso.
Nacieron nuestras alas.

Luego pensó
Necesito alguien
que hable conmigo.
Y nacieron nuestros picos.

También debería
ser necesitado
siempre.
Así completó nuestros cuerpos.

Y cuando nos vió a su lado
oscureciendo su capullo
ahh, dios pequeño y jodido,
exclamó—.
Me equivoqué.
Así nos creció la cola
y aprendimos a defecar.

Urgido, temeroso y ahogado
en su capullo,
por su error:
Los cuervos.
Temeroso de matarnos
inventó a alguien con el poder
de arreglar sus errores.
Te llamó Baal.
Y desde entonces
te llevas a los pecadores
y haces bromitas,
como nosotros,
a los inocentes.
¿Quién crees
que te enseñó
el oficio, pequeño niño?

Nosotros somos el mundo,
nosotros somos Baal,
nosotros somos el tiempo,
somos el pecado original.
Somos el capullo oscuro,
el primer error de la Muerte.
Nosotros existiremos,
aún si el mundo desaparece.
Somos los cuervos.

Un comentario hasta el momento ↓

#1 Lata el 08.31.07 a las 6:21 pm

:$ :$ Me encantan estas caritascuadradas… Hermoso… gracias,de verdad.

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