Entradas escritas en Junio, 2007 ↓

Líneas: 2007-06-17

  • Recién despertando. #
  • Meditando si debería prender el cigarrillo. #
  • Mirando estadísticas de wordpress.com. Me gustan. #
  • Abriendo Rayuela, para escoger más frases de libros: http://arbol.milnombres.net/wp/recursos #

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Se apartó poco a poco, pensó que la noche iba a ser larga.

Se apartó poco a poco, pensó que la noche iba a ser larga. No quería estar cerca de la cama cuando llegara el insomnio y le abrazara. Siempre que estaba acostado, e insomnio llegaba, la peor manera para hacer el amor era estar acostado. Su peso, su salvajismo, sus polvos mágicos, sólo le permitían girarse sobre la cama una y otra vez, pensando en las acciones y consecuencias del día. Abrió uno de los cajones, sacó sus cigarrillos y se acercó a la ventana. Cuando sintió las manos suaves del insomnio acariciarle el pecho, mientras daba la primera bocanada de humo, confirmó de verdad que iban para largo y lo mejor sería inventar un tema de conversación estúpido. Amainar el silencio, porque de lo contrario tendría que soportar a dos en vez de uno. Miraba por la ventana, la calle estaba vacía, sentía las caricias del pecho y las ráfagas de aire, el cigarro sabía delicioso. Olvidó su habitación polvosa y vieja, su cama escandalosa con los resortitos salidos, el armario del abuelo que había sido rescatado (apenas) de las polillas. Estaba teniendo un momento, uno de esos tantos, de silencio y paz, aún cuando su cuerpo sintiera el cansancio y cerrar los ojos no significara dormir (por fín). Estaba teniendo uno de esos momentos, cuando insomnio le pasó una mano por su sexo, y él se terminaba el cigarro, y suspiraba resignado… una tanta de esas noches eternas y solas: no había de otra mas que disfrutarla.

Líneas: 2007-06-16

  • Jugando Urban Rivals: http://tinyurl.com/yrynn7 #
  • He descubierto la practicidad de Adium. #
  • Ahora puedo actualizar twitter desde gtalk #
  • Me preguntan por qué quité los comentarios de mi blog. #
  • Bue, perdí el torneo, cerveza y media, me espera un largo camino, I’m outta here! #

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Se había sentado en la cama y él la hacía temblar.

Se había sentado en la cama y él la hacía temblar. Era una mujer inquieta y cruel desde el nacimiento. Estar atada a la cama no ayudaba en nada. Miraba un tanto nerviosa para un lado, luego para el otro, no sabía si era juego o secuestro. Aunque él había prometido no lastimarle, la situación le permitía ignorar la voz conciliadora del hombre y su tranquilidad para inmovilizarla. Ella sentía que estaba problemas. Su habitación, un refugio para estos días tan movidos, se había convertido en una prisión que aprendía a despreciar poco a poco. Notaba los desperfectos en las paredes, las minúsculas telarañas que la señora de la limpieza había olvidado, miraba con desprecio el amarillo de un foco normal. Ya no se sentía cómoda. El hombre le pasó una mano por las piernas y ella permaneció quieta, tenía miedo que él se enojara. El hombre se detuvo y sacó un celular de los bolsillos de sus pantalones. Empezó marcando un número y se lo acercó al oído. —Habla con tu ex-esposo —dijo—, dile que vamos a tener una fiesta… esta vez, los tres juntos. Ella miró despreciando al hombre que era su marido.


Se había sentado en la cama y él la hacía temblar. No tenían sueño. Desde que habían recibido la llamada, avisándoles que iban a morir en unos minutos por un accidente de avión, estaban pensando cancelar los boletos. Él los miraba tristemente, habían esperado tanto tiempo para irse de vacaciones. Ella se sentía traicionada por la vida, porque pocas veces podían darse el lujo del viaje. La hipoteca de la casa, la compra de la camioneta, el embarazo, todo pareció juntarse de un momento a otro, y ahora les hablaba un estúpido para decirles que morirían de un accidente de avión. Si acaso, uno podría dudar del otro, si no es que a él le llamaron a su celular en la tarde, y a ella, le habían llamado en la noche. No fue hasta que los dos, estando juntos y platicando de las cotidianidades del día, habían podido unir ambas llamadas y sentir que una especie de espíritu jugaba con ellos. Él se acercó a la ventana, prendió un cigarro, el cielo estaba totalmente oscuro. —A chingar a su madre —escupió el hombre, volteó a mirar a su esposa— Me vale, nos vamos a Inglaterra. Fue demasiado tarde cuando miró su gesto de sorpresa. En cuestión de segundos, una avioneta llena de cocaína, se estrelló contra la ventana y se arrastró por toda su habitación.

Pilar de marmol.

Entendí que abrazar al ser amado o querido, es abrazar un pilar. Eso pienso yo, porque siempre que me abrazan, me mantengo firme, pensando que uno debe demostrar la fortaleza de aquel que estan abrazando. He de protegerte. Cuando todo se caiga, estaré en pie. Es una manera sutil para decir—. Aquí estoy —como diría Simón, o más bien, como dijo Simón en diversas ocasiones antes de morir. Sí se apoyan en mí, no me desparramaré y convertiré mi espalda en una roca.

Mis hermanos.

Esto no es el inicio de un sermón religioso, pero es el título más adecuado. Ayer en la mañana, salí a pagar gastos del colegio de mi hermano. Decidí, de paso, llevarme también su anuario para verlo. En el camino estuve revisando, mirando las fotitos de la juventud chilanga y marista. Jovencitos metrosexuales, mujercitas demasiado desarrolladas, y luego, mi hermano… su actitud flemática, su sonrisa breve de cabrón… me pareció verlo como un niño, de nuevo. Un niño algo decepcionado… pero tal como lo dejé.

Precisamente hoy le comenté a alguien, que no verle durante tres años, me impide despreocuparme de él y no caigo en cuenta que ya esta huevoncito. Hoy tuvimos un conflicto que reafirmó eso, pero me siento demasiado cansado para escribirlo todo. Tengo tantas imágenes de mi hermano, que más bien son mis hermanos… en distintas étapas de su vida, y existe esa base: el hermano pequeño, el hermano que necesita consejo, el hermano del cual soy el rol ejemplar… su hermano… siempre su hermano. Tal vez mi familia no es muy unida, no es la familia típica del mexicano, pero existe ese lazo que quiero conservar indestructible. Ese lazo que tal vez él rompa cuando madure, y se vaya, y aprenda a madrearse solo con la vida… Un lazo siempre fuerte, cuya sociedad considerará raro, porque los dos bastardos deberían llamarse “medio hermanos” y le quitan la palabra que no cuenta.

Es un ideal ingenuo y romántico, de los que acostumbro… ingenuo y romántico, mas no pendejo: el tiempo cambia a las personas, el tiempo las separa y las transforma en otros. Los otros. Estuvimos separados durante tres años… pasará que lo estemos durante más tiempo. Esa lejanía habrá de repetirse porque el tiempo no se detiene, y el tiempo es amo de la distancia y ordena los kilómetros a su antojo. Aún siento esa pequeña ansiedad de saberlo luchando solo. Ese pequeño síndrome de saberle bien. Sin embargo, nunca, he impedido que mi hermano se madreé solo. Es tal vez, con las personas que más quiero, que eso se mantiene indiscutible e inalterable: La madriza es tuya, la vida es tuya, yo te puedo explicar como lo veo… pero tú harás lo que quieras, siempre.

Cuando pasé de mi hermano, la verdadera razón porque llevaba el anuario continuó moviendo mis dedos. Avancé páginas, y páginas, buscando el apellido Fest en otros salones. Mi hermano estuvo en el 306… el mismo salón en el que estuve en 4to. Seguí avanzando páginas, moviéndolas a mi antojo… y cuando llegué al 213, mi salón de 5to, encontré a mi hermana. La admiré un momento. Su piel blanca, su sonrisa agradable, y me identifiqué en ella. No sabe de mí, pero yo sé de ella. Me pregunté, un tanto inocente, si ella fue la que dijo que le habría agradado tener un hermano mayor para que le cuidara.

Llegué a la oficina, aparté la hoja. Saludé a todos, le enseñé a Juan Carlos mi hermana, platiqué un poco de eso, me subí a la sala de edición y en silencio la miraba. No acostumbro a tener este tipo de dudas, y por lo general, soy mordaz cuando me asalta el tema. Sin embargo, la mañana de ayer, después de mirar a mi hermana, sentí cariño… o la ilusión de un cariño. Scarlett. Me dejé caer en mi asiento, y pensé cosas… pensé nada. ¿Cómo creciste? ¿Te has divertido? ¿El CUM te enseñó tanto como a mí? ¿Es una coincidencia o una broma, que hayamos estado en el mismo salón? Tres números más y habríamos tenido el mismo número de lista. Me pregunté si algún maestro habría tenido algún Dejá Vù. Si alguno habrá pensado en el Fest del ‘99 y del 213. No… tal vez no.

Agustín Fest en el CUM era un marginado. Al menos lo fue durante dos años. Alguien que no se daba a notar. Alguien que estaba escondido, atrás del cristal, moderadamente inteligente. Agustín Fest no quería brillar porque le parecía estúpido y una molestia. Agustín Fest no tenía la misma cantidad de dinero, ni los mismos juguetitos, ni la misma ropa que sus compañeritos. Agustín Fest sabía que, materialmente, no tenía nada con que competir y lo mejor que podía hacer, era mantener parte de su espíritu y crecerlo en soledad. Agustín Fest era pobre, una especie de marginado, alguien que buscaba un Zen, un idiota, un teto…

Siempre pensó, que si debía fomar parte de algún grupo, y brillar en él, debía ser por lo que era y no por otra cosa. No quería dar las nalgas rogando por un ipod (ejemplo) y presumirlo. No quería dar las nalgas usando camisas polo. No quería dar las nalgas usando pantalones Levi’s y ponerse cremita para mantener la piel sana y saludable. Ni peinarse con gel, ni rasurarse, ni hacer pendejadas para verse agradable y estético. No se le antojó caerle bien a los maestros para que le tomaran en cuenta las participaciones. No pensaba hablar perfecto inglés frente al grupo, para que le pusieran un diez. Lo que es, lo que te doy, es lo que hay, y no me vas a querer por lo que no te doy, quiéreme por lo que regalo. Es testarudo y necio en eso. Y aunque no quieras dar las nalgas, eres adolescente, eres un chamaco, y a veces terminas dándolas y necesitando brillar. La necedidad de supervivencia en el grupo, impreso en la memoria genética, es aún más fuerte que la testarudez de un chamaquito.

Ví el anuario de nuevo. Ella y su hermana, (y que Agustín Fest sabe), me han dado la impresión de que siempre han deseado brillar o hab brillado porque así nacieron. Estaba destinado que así pasara. Cuando la ví, me paseé por las fotos grupales y la encontré varias veces. El fotógrafo se había enamorado de ella… o sintió lo mismo que yo, un deseo espontáneo de protegerle y llamarle hermana. Estaba desparramado en el asiento, pensando todo eso y recordándome que… bueno, finalmente no eran nada mío, que nunca las miré crecer como a mi hermano, que nunca fui un rol de algún tipo y nunca lo sería. Por otra parte, mirar los ojos de mi hermana, y su sonrisa… me hizo pensar que lo había sido, o que deseaba serlo. Los sentimientos de mi hermano, que recién lo había visto en su fotografía, se transladaron a ella… un espíritu ingenuo, o un fenómeno psicológico, solamente pensaba… no, sentía que amaba a mi hermana, y deseaba protegerla.

Busqué a la otra. Pasé las hojas, y las hojas. La que inició todo el desmadrito. El soul search. La búsqueda de identidad. La noción repentina de la otra familia. Mi hermano llegó un día y me dijo—. Nos dió la bienvenida alguien que se llama como tú. Nos dio la bienvenida una Fest. Desde entonces supe de ella. Les dio la bienvenida, en el auditorio: brillaba o peleaba por brillar. La hermana mayor, la hermana ejemplar, la que ocupa mi lugar en otro lugar. Se veía bonita en esa foto, con la piel un poco más morena. Analicé sus gestos, ella era la responsable, la otra la soñadora. Ella sabe por qué quiere ser médico, la otra seguramente quiere estudiar artes. —A tí, ya no te encontraré por casualidad, cuando vaya a la escuela de mi hermano —pensé.

—Tú ya no me necesitas —pensé—. Pendejadas. Nunca me han necesitado.

Cerré el anuario. De todos los anuarios del CUM, curiosamente, este era el que más valor tenía para mí. La encrucijada del río místico, el destino extraño, la casualidad, juego de azar… esas cosas raras que nunca pasan, pero que se repiten a lo largo de la vida de uno, y le hacen vivir días extraños. Probablemente, sólo nos rozaremos el hombro. El lado oscuro, que se divierte, desearía que los caminos se interpusieran, y tuviéramos que vernos a los ojos para descubrir una que otra verdad. Sin embargo, el otro lado, asegura que sólo nos rozaremos los hombros. Nadie sabe, la verdad. Al final, continúa siendo cómodo para mí estar del otro lado, estar en las bancas de atrás dibujando monas hentai, hablando sólo lo necesario, enfrascado en pensamientos y libros, las lecturas importantes que cambian perspectivas. Vivir otra vida que no es la suya, evitando las miradas, deseando ser el anarquista, el martir de la protesta silenciosa… estupideces.

He salido a fumar. Recordé a Pueblita, y sus amiguitos. Pueblita al que le gustaba molestar en clase, molestar a los otros, el grandote con dinero. Con una voz demasiado gruesa, y sus ya varios años de educación marista, privilegiada. Al que dejaban hacer por abusivo. No me había molestado, pero pensaba… sí, en esa protesta silenciosa y estúpida—. Que no me moleste, que no lo haga… que no se de cuenta que existo, que chingue a los otros chamaquitos y me deje en paz. No hizo caso de mi protesta silenciosa y pues, respondí como me habían enseñado, empujándolo y dándole una patada en el culo. Empezábamos los golpes, cuando entró Vignau, nuestro titular (profesor de religión y matemáticas, hermano marista de ochenta y tantos años), y nos mandó a su oficina. Pueblita en el camino se hizo mi mejor amigo, recordándome que estábamos jugando y que en ningún momento nos habíamos golpeado. Estuve de acuerdo con él, porque sabía que yo era una especie de extranjero en el fascinante mundo marista y él ya tenía sus años de abuso, ya sabía que hacer. Habían insistido tanto en mi casa para que entrara a esa escuela, como para que a mí se me ocurriera ser expulsado a las tres semanas de clases. —Debí dejar que me golpeara —pensé en algún momento, y luego me sonreí—. Nah, eso no va a pasar.

Pueblita y yo, estuvimos escuchando durante algunos minutos que podíamos ser expulsados por nuestra actitud, y que no mintiéramos, que estaban enseñando valores de honestidad como para nosotros tratarle de ver la cara diciéndole que semejante patada en el culo era un juego. Casi me ganó la risa. Nuestros jueguitos demasiado violentitos. A Pueblita se tomaron unos minutos para regañarlo especialmente a él. Algo mencionaron de sus padres, y de su pasado, y de que siempre era lo mismo. Hasta hoy, creo que comprendo porque estuve presente en ese regaño a él. Finalmente a Pueblita lo despacharon, y Vignau se quedó unos minutos conmigo para regañarme de manera individual… pero algo había en su mirada… y luego sonrió un poco, y trataba de continuar el regaño. Hasta ahora lo estoy comprendiendo. Es como lo que pasa con mis hermanas, y sus padres que procuran enseñar valores a sus hijas escondiéndoles mi presencia… y creen que no existe un karma, no creen en el río místico o no miran las señales… . Yo sé que todo se te regresa, si no es a mí, es a tí. Vignau estaba sonriendo, y tratándome como un hijo juguetón, y sugiriéndome—. Ándale pues, ya pórtate bien —como no queriéndome decirlo, como diciéndolo para conservar el decoro… porque conoció mi lugar en ese momento, sabía que estaba ahí por una razón. Un lugar que desconocía en aquel entonces pero suelo ocupar porque me gusta observar, porque miro las señales y porque de alguna manera… tengo un sentido muy anti-heróico de la justicia…

Vignau… creo que estaba contento de que tuviera el valor para darle la patada en el culo al mamón.

Una absurda historia de amor. 6

Permítanme contar la historia del hombre que se despedía de nadie en los camiones. Si fuera dibujante, la ilustraría con un hombre mirando por la ventana del autobús, despidiéndose. Era de noche, había unas cuantas personas alzando los brazos, como ondeando una bandera, para despedirse de sus seres queridos, y él hacía lo mismo, al otro lado del espejo, igual que los demás, aunque nadie estuviera para mirar el inicio de su largo camino. El hombre, enamorado de una mujer que vivía en otro estado, solía viajar mucho los fines de semana para verla… pero nada más para verla, porque no la conocía, ni siquiera sabía su nombre y no estaba seguro si la encontraría. Por los numerosos viajes que hacía este hombre, en su trabajo y sus familiares, le preguntaron si estaba enamorado y él, como una flor en primavera, se ruborizaba y respondía que sí. ¿Los cerezos florecen en invierno? Porque el amor es un deleite, pensaba el hombre, cuando te esperan al final de un largo viaje. Sin embargo, cuando las preguntas continuaban, y se acumulaban, y el aire se convertía en un mar de preguntas sobre preguntas, él tuvo que inventar un nombre, una relación de cuatro años, tuvo que inventar su rostro y su cabello, el aroma de su sexo, el color de sus calzones y eligió dos marcas de ropa interior, una para todos los días y otro para encenderlo. Inventó una casa y a su mascota, un perro enfermito del higado, pero tiernísimo el cabrón… tiernísimo. Ha dicho, incluso, que llorará cuando muera su perro.

Ese hombre estaba loco, tal vez… como enfermito de amor.

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