
Es eso de trabajar hasta tarde y saturarse. Es lo único que le quitaría. Porque debe haber tiempo para otras cosas, ver a la familia, por ejemplo, aunque sea mirarle las getas mientras se pegan a la televisión. O bien, salir a tomarse café con los amigos. Un fin de semana completo con mi mujer no me caería mal. Hace unos minutos, por ejemplo, hablé con Ezequiel (en mi afán de buscar niños futbolistas), un amigo de la preparatoria, y sentí antojo de invitarlo a salirnos a tomar algo. Mientras caminaba a la hora de la comida, me encontré a la Mono y su novio y me di cuenta que hacía rato no la había visto. Saturarse a lo imbécil nunca ha sido correcto. Un error minúsculo en un proyecto y ya te encuentras en problemas. Veo el pizarrón, uno que desempolvamos para anotar los pendientes, y alzo las cejas. Uno puede decir que no hay pedo, que esos proyectos estan cerrados o por cerrarse, pero hasta que no los borremos de ahí. Pareciera que lo digo de broma, que no me gustaría aceptar más proyectos, pero es la verdad, me molestaría muchísimo que alguno saliera mal y meternos en problemas. Ya ha pasado. Un error en una filmación cuesta cliente. Esos errores pasaron el último año, cuando abandoné este trabajo por primera vez. El trabajo se tornó esporádico. Hay dos soluciones: No saturarse o no cometer ningún error. Tal vez he perdido ritmo, o práctica… sólo sé que me siento agotado, desde que llevé el proyecto de las viñetas y he dormido poco por los días de filmación y las ediciones que he ayudado.
-o-o-
Actualización: En un acceso de honestidad, lo que más me preocupa es equivocarme. Es cagante equivocarse y solucionar mis propios errores. De por sí, odio cubrir los errores ajenos. Será ese temor a equivocarme, lo que a veces me hace huir a la responsabilidad… pero a veces, porque soy necio… y de tanta necedad, finalmente me gusta resolver las cosas.
Algo así.
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