Entradas escritas en Abril, 2007 ↓

Temblor

Creo que los temblores, para mi generación y mi país (al menos el pedacito de tierra llamado Distrito Federal), son el mejor ejemplo de como una cultura puede continuar sus enseñanzas después de una desgracia. Han pasado poco más de veinte años y después de un temblor, aunque sea un chisguetito, existe una referencia al 85… desde los viejos reporteros que insisten en recordar como todos los medios se unen y como lo presenciaron, hasta el taxista que asocia el temblor de hoy, al de ayer, con sus recuerdos adolescentes o púberes.

Hace un momento, David Ochoa de BytePodcast, se preguntaba en su twitter cuantos textos académicos (psicología y sociología) se habrán escrito a raíz del temblor del ‘85… es imposible decirlo, porque continuarán escribiéndose hasta que el último anciano, testigo de aquel evento deje la tierra y probablemente más allá, al menos unos 20 ó 30 años más, en lo que las enseñanzas hayan terminado de permearse. Es decir, hasta que se haya agotado ese momento y sus enseñanzas tengan un menor valor en el contexto histórico de la sociedad. Es importante en este tiempo y en este espacio, porque hay una gran cantidad de personas que lo vivieron y continúan contando las anécdotas. Estoy viviendo lo que yo llamaría “Historia Viva” o “Historia Continua”, porque a mí, nacido en los ochenta, me educaron con una base que reside en aquel temblor. No será hasta muchos años después, que tal vez este temblor de nombre, según sociólogos o historiadores, a una generación completa de personas. Hoy no podemos saberlo, porque todavía vivimos su importancia.

¿Es importante? Claro, yo tenía cuatro años en ese entonces y por ejemplo, no era necesario que me explicaran a través de la Biblia o los cuentos de hadas, por ejemplo, lo que es la solidaridad, la compasión, la unidad, la tragedia o la muerte… porque tenía oportunidad de verlo, de escucharlo, a la salida de mi casa. Eso provoca un profundo impacto, mucho más de lo que cualquier libro, película, canción puede lograr. Sentir un temblor, para cualquier chilango, trae consigo un pequeño trauma, una memoria residual que lo obliga a actuar en mayor grado, ya sea el temor que siente o las ansias de supervivencia.

Hoy tembló a las doce de la noche (o algo así). Me encontraba frente a la computadora, jugando después de trabajar y se empezó a mover. Lo primero que pensé es: “Está leve, probablemente dure poco”. No fue así, cuando el temblor continuó un fragmento de segundo más, grité: “Está temblando”, para avisar a los demás. Esperé un momento a que bajaran, pero no lo hacían. Me pareció escuchar algo que tronó, probablemente un transformador de luz, o tal vez dentro de la misma casa. Salí a abrir la puerta y me quedé unos minutos más esperando a que mis compañeros de trabajo vinieran. El primero bajó las escaleras del segundo piso, los otros todavía se encontraban en otra área de la casa y empezaron a preocuparme. El temblor continuaba, no había luz y por un momento, siendo este el temblor más largo que había sentido en mucho tiempo, pensé que por fín podría ver como se caía una casa, la casa en la que todavía tenía medio pie adentro por estar esperando a mis amigos.

Todo pasó. El tiempo y la tierra, terminaron su rebote, su juego con las dimensiones. Hablamos a casas preguntando por los nuestros, apagamos computadoras y desconectamos todo, cerramos puertas y ventanas. La luz regresó en algún momento. Aún me encuentro temblando, pero supongo que estoy psicológicamente mejor preparado para un temblor que mucha gente. O tal vez, el 85 me enseñó lo que es el verdadero temor y por eso, continúo pensando esto en casa, mientras fumo y espero tranquilizarme un poco para dormir. ¿Habrá secuelas? Poco probable, según sé, son a los veinte o treinta minutos después del temblor. Pregunto a gente en otros estados de la República y ni lo sintieron, lo cual me hace pensar que es ridículo espantarse. Incluso, los resiento un poco… porque no han tenido que crecer con el mito que sigue construyéndose cuando la tierra grita, reclama, se ríe estruendósamente de nuestra comuna de hormigas. Esas personas no tienen, y no quieren el espacio, en mi historia viva.

Líneas: 2007-04-12

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Tira 19

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Líneas: 2007-04-11

  • Mucha gente me ha agregado a Twitter. Para que fuera provechoso, debería intentar escribir microficción. #
  • Irónico. Mi jefe me pregunto “¿Qué haces?”, mientras actualizaba mi twitter. Ja. #
  • Después de cinco invitaciones a Jaikú… me hice una cuenta que, seguramente, olvidaré utilizar. #
  • @NOlo: Si lo pensé, pero hay unos cuervos que requieren más de 140 caracteres. @Axel: Simón, pero tendría que ser MUY breve. #
  • Tragando Sushi. #
  • Te sienta bien el sol. Te sienta bien ser cool. Te sienta bien el mar. Te sienta bien ser Dios. Tarará #
  • Tomé video a unos niños. Brrrr. #
  • @maop: Ese pendejo es tu cliente? #
  • Watching Cowboy Bebop, once again #
  • @Cybergus: Agreed. Es una nena. #

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Líneas: 2007-04-10

  • Editados 30 niños. Soy la neta. Mientras tanto Gnarls Barkley canta: “And I’ve tried, everything but suicide!” #
  • Editados 30 niños. Soy la neta. Mientras tanto Gnarls Barkley canta: “And I’ve tried, everything but suicide!” #
  • Yendo a comer. Actualizando perfil en hi5 y en mi blog. #
  • Entre más gente se vaya de twitter, mejorara el vicio. (ajá). ¡Chequen Jaikú! ¡Esta re-bonito! #

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Spike, spike!

Entré al baño y mientras me ocupaba de lo mío, miré las dos latas de coca cola, y me pregunté: “¿Qué hacen aquí?”, para después decirme: “Nada bueno… seguro”. Más que una tentación para los idiotas sedientos, probablemente las latas de aluminio se traían algo entre manos. Lo curioso es que una lata era más grande que otra, ya saben que en México se venden esas latitas de 170 y tantos mililitros (probablemente me equivoco). Me acordé de los perros de la Warner Brothers, el chiquito que siempre seguía al bulldog y le decía “Spike, Spike, ¿soy tu amigo verdad, Spike?”.

Así que mi preocupación más urgente, en el baño, aparte de lo mío, era que las latas empezaran a hablar. Me senté, prendí un cigarrillo y pacientemente, esperé que mi mente jugara trucos (si había trucos que jugar). Afortunadamente no lo hizo, aunque en honor a la verdad, las latas de coca cola son reconocidas por su discresión. Ni los locos certificados hablan con latas de coca cola. ¿Qué guardarán dentro de sus colores rojos? ¿Qué secretos morirán, sin ser escuchados, cuando las burbujas de carbohidrato se rompen? Sentí la tentación de tomar una de las latas y acercármela al oído. No lo hice. Mi cigarrillo se terminó.

Mis pies empezaron a jugar un poco, temblando de arriba a abajo, y se me ocurrió sacar mi pocket pc para seguir leyendo en lo que esperaba que terminara lo mío. Deseaba dejar el tema de las coca colas en paz. Mi dispositivo móvil, tan lindo él, abrió el libro en la página que estaba pendiente. Todavía estoy leyendo los cuentos de Brian Aldiss, por alguna razón los estoy digiriendo despacio. Me gustan sus cuentos, porque algunos tienen un toque muy sutil de falta de comunicación, de desamor, de poca esperanza, de crueldad. Miré de reojo a mis amigas, las latitas, a ver si con estos pensamientos se les ocurría decirme algo, pero mantuvieron su silencio firmemente.

Entonces me decepcioné. No hay otra cosa en una lata de coca cola, más que desprecio y azúcar.

Seguí leyendo y poco a poco, me sumergí en las letras de Aldiss. Es una antología de “sus mejores” cuentos enorme, grandísima… si pueden conseguirla, leanla. Cerré la pocket pc, la metí al bolsillo de mi pantalón y estornudé. Escuché claramente que alguien decía “Salud”, a mi derecha. Una de las latas había escupido uno de sus secretos. “Gracias”, respondí, como si nada hubiera sucedido. Asentí lentamente, y después del rito obligatorio de limpieza… salí del baño.

Cuando dos latas de coca cola estan abiertas a un lado del sanitario, lo más prudente es no recoger ninguna de ellas y beber sus contenidos.

De verdad.

Líneas: 2007-04-09

  • Pensando que escribir. Hace un buen rato que no escribo un post. #
  • Doom Remix Project: http://doom.ocremix.org/ - Escuchando las rolas y remontándome a mi linda infancia, sniff. #

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