
Entradas escritas en Febrero, 2007 ↓
Tira 17.
Febrero 17, 2007 — Webcomic.
Escrito por Agustin Fest.
Ya noche…
Febrero 16, 2007 — Fractal Chaos, Howl.
Escrito por Agustin Fest.
…hace rato estaba dispuestísimo a dormirme, cuando vino mi tío Daniel y platicamos un rato. Él se preparó algo ligero para cenar y me platicó de las mujeres que le gustan. Lo escuché pacientemente. No estoy de acuerdo en algunas cosas que dice, pero él insiste que es porque tuvimos una educación distinta y que yo me desenvuelvo diferente (por mi físico o porque trabajé con modelos… como sea). No me intimidan todas las mujeres hermosas desde hace tiempo y he aprendido a categorizar su hermosura en grados (muy estilo comercial de televisión). Eso me permite tratarlas diferente. Me ha ahuyentado el sueño, y pensé venir aquí, con mi amiguito el blog (hoy es un refugio), a ver que palabras salían esta noche.
Durante la plática, en mi diario quise escribir dos líneas que olvidé. No eran tan importantes. Nada que se escriba lo es. He tenido sueños muy lúcidos, continúan y continúan. Pienso que quieren decirme algo. Personas que se escondían en mí estan saliendo a la luz, pidiendo una oportunidad para liberarse. Hay cambios en mi vida estática, cambios que se siguen construyendo y desenvolviendo como los tentáculos de alguna perversión. No estoy consciente, no me pregunto, estoy permitiendo al inconsciente hacer lo suyo. Lúcido, despierto, sé que no soy quien quiero ser… pero inconscientemente, algo se fabrica, un camino nuevo se esta abriendo y las frases comunes se diluyen como la eyaculación pronta de una pareja urgida por salir a trabajar.
Líneas que no tienen la mayor importancia.
Tira 16
Febrero 15, 2007 — Webcomic.
Escrito por Agustin Fest.

Tira 15
Febrero 15, 2007 — Webcomic.
Escrito por Agustin Fest.

Me pegó Mendelssohn.
Febrero 13, 2007 — Mi abuela, Música.
Escrito por Agustin Fest.
Me he quedado paralizado escuchando a Mendelssohn. No fue a propósito, sencillamente me dieron ganas de escuchar música clásica y cuando vi la carpeta… simplemente arrastré el iTunes y lo dejé correr. Hacía años que no escuchaba música clásica porque me recordaría a mi abuela y me sentiría triste, (no lo había conscientizado hasta que la empecé a escuchar), y si… en el diccionario de Agustín Fest, no toda la música sirve para disparar recuerdos… música qué te atonta y te descubres, en tu asiento, en el metro, en dónde sea… te descubres ahí, escuchándola, transportándote al pasado, sintiéndolo como un golpe de cocaína al cerebro pero sin la diversión (pero si… con esa autodestrucción, que significa descontruirse y darse cuenta de los pasos que te han llevado a ese momento dónde los instrumentos tocan y recuerdas, simplemente recuerdas). No hablo de esos recuerdos infantiles, de esa música que simplemente te lleva a un pasado inmediato aún cuando estas consciente del presente… hablo de una ruptura en los sentidos.
Así me sentí.
Mientras escuchaba a Mendelssohn, solito… abandonado en mi silla, con la incapacidad de mover cualquier músculo, recordé los lentes de la abuela y su periódico. De cómo en algunas ocasiones, nos tardábamos para salir al mercadito solamente porque escuchábamos a Mozart, Tchaicovsky, Vivaldi… o a Mendelssohn, su preferido. No entendía porque los escuchábamos, en ese entonces simplemente era nuestra música para despertar (recuerdos soleados… y un poco nublados, sin saturación… así me parecieron mientras lo escuchaba). A ella parecía traerle recuerdos felices… algo despertaba en ella, algo que no puedo comprender todavía, y que ahora… aunque similar, es obviamente distinto. Es música para la nostalgia, para mantener vivo un pasado…
Raro. Lloré en silencio.
Dice mi cuñada qué…
Febrero 12, 2007 — divier-tt, otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
En vista de que el 14 de Febrero se acerca, no tengo pareja ni nada que se le parezca con quien pasarlo, una idea rara se cruzó por mi cabeza, veamos si logro conseguir una cita por internet!! Así esta la cosa, esta es mi foto
Post original, acá.
En la palma de tu mano
Febrero 11, 2007 — Cuentos, FotoCuento.
Escrito por Agustin Fest.

La paciente continua escribiendo en su mano: “Busca en las estrellas, ahí siempre estará Orión para protegerte”. El progreso es favorable. Ya no se corta y rasguña con objetos (su deseo de hacerlo, ha sido reemplazado por la frase… aunque ya no hay daño físico, todavía existe la dependencia)., puede mantener un trabajo y ha mejorado mucho la comunicación con otras personas. Se ha comprado un perro, le llama Orión y los videos muestran que ha podido mantenerlo. Aún debe seguir bajo observación, faltan por conocer efectos secundarios en los nuevos medicamentos”.
Me pregunto, ¿ella qué piensa cuando me ve? Es difícil tener dos voces, la he visto hablándose cuando se lava los dientes frente al espejo y la otra esta callada, mirándose los ojos. Se repite que debe ir caminando al faro cuando lo ha hecho cada tercer noche. Toma asiento en las escaleras, con el frío y mira las estrellas. Escuchamos juntas las olas golpeando las piedras. Un hombre nos sigue y nos observa sigilosamente, casi siempre lleva un café caliente en las manos y una bufanda sostiene su naríz roja y grande. Las cámaras le siguen mirando, desde que se desnuda hasta cuando se aplasta en el sillón y lee sus libros. Los cheques de su padre siguen llegando. “Mira Orión”, le dice al perro, “allá estas tú y cuando te mueras, alcanzarás esa parte que te abandonó… ¿me protegerás allá arriba? Porque nunca voy a estar completa, un pedazo de mí se quedará aquí, en esta tierra, para siempre”. Saca las pastillas de un bolso de su chamarra, se pone dos en la palma de su mano y se las traga con la ayuda de una botella de agua. Las olas chocan y las estrellas continuan vigilándole en el cielo.
La paciente trabaja muy duro para tener una vida normal. Insiste, todavía, en sus personalidades divididas y la realidad distorsionada. Una colega, un poco harta, mencionó que sólo lo hacía para molestarnos o para probarnos. No creo que ella sea muy profesional, Trejo ha dicho que busca cualquier excusa para sacarla del proyecto. Cuando los días son muy malos y no para de llover, suelo creerle y pierdo cualquier valor ético en mi trabajo. Insulto a la paciente en silencio.
Nada es normal, no al menos de mi perspectiva. Sé que cuando un hombre mira aquella lámpara azul sobre mi buró, después de que ella se acuesta con él (necesitada de afecto, de los fluidos de otra persona, de un cariño falso y pasajero), él sólo mira la lámpara y no piensa nada más. Cualquiera, quien sea, se avienta contra el colchón, mira el techo, dice las frases obligadas y si es fumador, apesta el cuarto. Nosotras nos volteamos y miramos al buró. Nuestra lámpara es el universo contenido, un personaje de ficción que siempre nos ha perseguido y se prenderá en cuanto encontremos al hombre de los sueños, aquella parte nuestra que continua vagando por el mundo, esa que se quedará en la Tierra y no moverá un dedo, porque sus raíces siempre estarán aquí, se hará polvo con el polvo, árboles nacerán por las semillas y las lluvias, y tan sólo mirará al cielo, deseando, siempre, que Orión le siga cuidando y vigilando. Ella se acuesta con los hombres para que los estudiosos, anoten que tiene una vida normal, que se esta adaptando y esforzando, pero en el corazón, dónde hay un vacío camuflado, conocemos la mentira. La lámpara la compró su padre cuando la llevó en un viaje al faro, la cargaba en sus hombros y ella, siempre intimidada por las grandes construcciones de una ciudad y sus habitantes ásperos y muertos, acabó simplemente enamorada de que existiera un lugar dónde el aire escurriera como el agua y las gaviotas hicieran un escándalo gutural, que reverberaba en las cavernas de su alma… su padre compró la lámpara, un recuerdo… un azul que la arrastraría inevitablemente a vivir cerca del faro, mirar las estrellas, comprarse un perro. Una lámpara, cuyos ojos se encenderían cuando ella encontrara aquel vagabundo… nuestro ser completo.
Ella se acuesta con un hombre diferente cada dos o tres semanas. Los hombres no duran mucho, por su personalidad tan hermética. Es asombroso de cuántos se enamoran de ella… amor o infatuación. Algunos pensamos que es lo mismo. Yo tampoco he podido evitarlo, es fascinante como la paciente se ha convertido en una especie de muñeca de porcelana, con los ojos enormes, la piel blanca y el silencio perpetuo. Sus ojos esconden algo, y aunque, con la práctica, he aprendido a leer todo tipo de emociones, sensaciones, mentiras… ella esconde todo de manera perfecta. ¿Serán las medicinas? ¿O es la ventaja de las personas en su interior? He visto los videos muchas veces… los días buenos, no puedo dejar de mirarla
La persona que me entrevista es muy educada, aunque no entiende muchas cosas. Puedo ver su mirada, como frunce el entrecejo, cree que haciendo los ojos chiquitos me descubrirá desnuda. Seguro lo ha hecho tantas veces más, a través de las cámaras o los videos, o usando su limitada imaginación. El hombre esta demasiado consciente de sus límites: No imagina por ejemplo, que su pluma y su block de notas, sostienen otras vidas por imaginar y no permite dejarlas salir. Lo entiendo un poco, porque si lo hace, podría perder el control y algún médico que lo notara, lo sometería a tratamiento, le daría medicinas que alborotaran sus hormonas e hicieran que le cayera mucho cabello en los días que quiere gritar. Dentro de él viven muchas personas, así como pasa conmigo y con ella. Estoy tentada a pensar, que también sucede con el perro. Necesitamos tantas vidas cuantas sean posibles hasta encontrar a nuestra persona, aquella que nos arrulle, que nos acalle, que no mire el techo sino mire la lámpara de papá, por fin prendiéndose, para iluminar nuestras noches de desvelo y platicar cositas estúpidas, antes de dormirnos. Pero él se quedará en la tierra, esa otra persona mía, esa otra parte de mí, mientras que yo, probablemente, queriendo conocer a Orión, viaje al cielo de una vez por todas y mire las estrellas en primera fila, no desde los tristes y fríos escalones de un faro.
Las olas continuan rompiendo contra las piedras, puedo seguir esperando, se vive tan bien aquí.
Foto: Don Arturo.
Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.
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