Amante de Dios.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 49 de 60


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“Porque, este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos á otros.”

—Juan 3:11. (Primera carta de San Juán).

Su padre le llamó Gottlieb, aunque ni él, ni sus conocidos sabían como se pronunciaba. Su madre no tuvo opinión al respecto porque murió en el parto y aún cuando Gottlieb no la conoció, la extrañaba profundamente. Despertó cuando Kyrie Elison gritaba poténtemente a través del equipo de sonido de su padre, retumbando todas las habitaciones y probablemente, traspasando dos o tres jardines. Se limpió con un reflejo la cara, manoteó el buró buscando su reloj y sus lentes, tirando accidentalmente las pastillas que le había dado el Chucho. Cuando logró ponerse los ojos, miró la amplia habitación, muebles hechos con un cincuenta por ciento de madera, el regulador de temperatura, la puerta del baño con su regadera automática y tuvo el pensamiento de todas las mañanas: Odio a mi padre millonario e ignorante, hoy también odio mi vida. Cuando él puso el pie en el piso, se prendieron las luces y escuchó las primeras gotas de la regadera. Ya levantado, las puertas de su armario se abrieron. Una voz sintetizada, agradable y sensual, le dio los buenos días y eligió su vestimenta del día acorde a la temporada y la moda reciente.

—Gracias —respondió al armario mecatrónico, más por educación y costumbre que por sentimiento. No se cuestionaba el por qué agradecía a un robot, un signo distintivo de su soledad. El armario le respondió con un escueto: “Por nada”. Gottlieb se metió a la regadera y se quedó durante largo rato, pensando. El agua le reconfortaba, le animaba. Tenía noticias para su padre, noticias conflictivas pero que le permitirían abandonar ese fastidio, odio… tedio, de todas las mañanas. Un sobre amarillo, anunciando un presagio con un sello militar, descansaba sobre su buró. Al salir de la regadera, se vistió acorde a lo que había elegido el armario para él y dejando su habitación, las máquinas hicieron su trabajo, tendiendo la cama, limpiando el baño y apagando la luz.


Las pastillas, que esperaban para ser tomadas aún, contenían en su interior una serie de nanomáquinas que Chucho había llamado como una evolución de los estímulos. Ayer se habían visto para tomarse unas cervezas en un burdel donde sudamericanas se desnudaban por unos cuantos cientos de pesos. La devaluación, desde que un presidente de izquierda había ganado las elecciones mexicanas, y la guerra con Estados Unidos por los territorios con poco o escaso petróleo, habían hecho de las suyas separando aún más las condiciones sociales. Pero ni Chucho, ni Gottlieb, la verdad sabían mucho de esas cosas. Eran hijos de padres adinerados que tenían la fortuna de probar los primeros modelos de energía hidráulica para el consumidor masivo, perfeccionada y mejorada. Probablemente, lo que mejor comprendían aquellos jovencitos chilangos, es que con dos billetes las tetas seguían moviéndose y con otros cinco, podían llevarse alguna de las bailarinas a un hotel.

Mientras Venezuela, China y Brazil, enviaban fuerzas militares al sureste mexicano para contrarrestar las fuerzas americanas, Estados Unidos se valía de la ambivalencia de los estados norteños mexicanos y de los latinos que siempre buscaron una vida mejor. En cincuenta años, el sobrenombre de la tercera Guerra Mundial sería “La Guerra Americana”. A Estados Unidos le hubiera encantado mudar la guerra a China, por ejemplo, el problema es que el poco petróleo estaba aquí. Fucking spics, musitarían un grupo de rednecks, emborrachándose en sus cantinas. Nadie pensaba en Arabia, porque las nuevas elecciones las había ganado (no legalmente) un islamita radical que había instalado pequeñísimas bombas de hidrógeno en los túneles y sus torres petroquímicas. La CIA, había intentado de todas las maneras posibles recuperar el control pero el presidente árabe le gustaba jugar sucio. Por lo general regresaba las cabezas de los agentes a Estados Unidos, con afectuosos saludos y un nuevo contrato que redefinía el precio de su petróleo. Sabían que tardarían años y necesitaban el petróleo, ya.

“La cultura, la educación y la riqueza son productores de guerras y el rechazo a una nación que nunca los proveyó, sus soldados”, diría un académico borracho para cerrar su discurso frente a un podium, candidato al Nobel de la Paz, y lo aplaudirían frenéticamente, mientras él aún pensaba en los familiares que perdió y el whyskito escondido en su coche. Uno de esos familiares… Chucho, se encontraba emborrachándose con una argentina y preguntándole cuanto por una mamada.

Chucho y Gottlieb no eran amigos, eran proveedor y adicto consumirdor (en ese orden). Se habían conocido durante la universidad y… será porque se reconocen mirándose a los ojos, el adicto y el proveedor después de presentarse ya estaban compartiendo líneas de cocaína vieja. Si le preguntaran a Gottlieb, o Gott (como le llamaba Chucho), de su adicción, él no confesaría que a las sustancias, sino a las experiencias nuevas y extra-sensoriales. Tal vez por esa estupidez se había inscrito al ejército de la Alianza Latino Americana (ALA, como la de los angelitos, decían los patrióticos y aguerridos brindando con tequila). También por ello estaba encontrándose con Chucho esa noche, despreciando a una veracruzana que insistía con meterle un pezón en la boca… había recibido el mensaje: “Tengo algo nuevo, manufactura 100% alemana, más allá que una droga” y no pudo resistirlo.

—¿Alguna vez escuchaste de esas mamadas que llamaban blogs?

—Todavía existen, ¿no?

—Si, si, pocos en formato escrito y no sé si se les pueda llamar así. Literato soy, y sé lo que te digo… pero unos alemanes loquitos agarraron a una pareja aquí en México que tenían el suyo e hicieron una serie de experimentos, experimentos que hicieron nomás para ver si podían. Esto que te digo tiene tres años a lo mucho.

—¿En qué consiste?

—Nanomáquinas y recordación sensorial.

—Me estas tomando el pelo… ¡Eso no existe! Nanomáquinas para el cáncer, pero nadie ha comprobado que se puedan grabar los sentidos.

—Ya lo verás… yo voy en mi tercera pastilla. Después de la primera, no vas a dejarlas… sólo te advierto, no te la tomes cuándo necesites hacer algo o frente a un grupo de gente, porque de verdad… se apodera de ti el pedo. Es imposible saber lo que es verdadero de lo que no, hasta que terminan los efectos de las pastillas.

—Mamadas.

—Si, pero mamadas de setenta mil varitos Gott… ¿pagas o te rajas?

—Cincuenta, no te doy más… y si son una mierda, mando alguien para que me regreses mi dinero.

Chucho se echó a reír—. A qué puta desconfianza, cómo si nos conociéramos apenas.

—¿Entonces?

—Nomás porque eres mi gansito de siempre, pinche Gottito. En cincuenta y cinco déjalo.

Pagó cincuenta y dos mil pesos en efectivo, pero después de la primera pastilla (la que tomaría después de la discusión con su padre), se convenció que bien valían la pena y hasta se sintió culpable por haber regateado cuando bien, tenía ciento cincuenta en el bolsillo para gastar.


A Gottlieb no lo dejaban en paz en su regimiento de infantería por su nombre. Había escuchado un estudio que hicieron: las personas que escogen nombres raros para sus hijos demuestran una falta de cultura y su aspiración para obtenerla, mientras que las personas escogen nombres más comunes, tienen definidas sus aspiraciones culturales y no necesitaban adaptar a sus hijos a ningún ambiente. Él, personalmente, no sabía cual de las dos era peor y por más que pensaba en ello, se chingaba por ambos lados. Siempre se creyó una personita con aspiraciones culturales más allá que las que tenía su padre, y saber que la elección del nombre de su primogénito definiría cuan grandes eran, lo ponía en una especie de encrucijada. Gott… Gottlieb, ja.

Su nombre fue lo de menos cuando terminó el duro entrenamiento y lo mandaron a Veracruz, a defender el puerto contra los ingleses que insistían en tomarlo. Algunos argentinos, parte de una guerrilla (porque oficialmente no se habían unido a la guerra), deseaban regresar el golpe a los ingleses en otro lugar que no fuese el futbol y la ayuda era bienvenida. También estaban los chinos y Gott, pensó que más allá del petróleo, también ya estaban peleando por el territorio. Aunque México ya había perdido desde que dio entrada a una infinita cantidad de culturas, al menos en el aspecto militar… su nombre era aceptado y bienvenido. ¿Cómo podían presumirlo con personas llamadas Choi o Fu La? La guerra y los aliados eran la verdadera globalización y nadie podía imaginar la dimensión temporal que esto podía adquirir. Tal vez la suficiente para que otras personas establecieran un hogar en estas tierras, independientemente del resultado, y una fusión cultural fuese inevitable.

Gottlieb no hubiera sobrevivido la toma de Veracruz consciente y las pastillas le ayudaron a convertirse en un mejor asesino.


Al bajar de la habitación, con el sobre amarillo en un bolsillo, y caminar a la sala de entretenimiento, su padre observaba intensamente el equipo de sonido. Retumbaban paredes y cristales. La grandilocuencia original de Mozart estaba casi presente, casi… porque la verdadera, debía yacer en una orquesta con músicos en vivo, pensó Gott. Esa era la diferencia esencial entre un aparato y la vida real. Podía darle gracias a su armario, pero él preferiría (aunque secretamente, por su status sociopático) ver a una chica escogiendo la ropa para él. Igual, en el distrito de los autómatas sexuales, por ahí en una placita en Uruguay y República del Salvador, Centro de la Ciudad de México (nuevo todavía y lejos de presentar androides o robots como los hemos visto en televisión), pensaba que las chica preferirían un falo verdadero y los hombres una vagina húmeda con fluidos naturales, sin importar la cantidad de orgasmos sintéticos que una de esas máquinas podía proveer a sus clientes.

El padre apagó el equipo de sonido y miró a Gott de reojo. Levantó una mano para indicarle que no hablara y se puso la otra en la oreja, para escuchar el silencio. Unos segundos después sonrió satisfecho.

—Amado Trozam, que ha destituido la música guapachosa de los vecinos —dijo sonriente.

—¿Estabas teniendo una guerra con los vecinos?

—Si, insistían con sus chingadas cumbias y salsas.

—Ya veo. Se vengarán en la noche.

—En la noche, les pondré Bach.

—En la madrugada del día siguiente.

—Rachmaninoff.

—Ni sabes quienes son.

—No importa, es música que de verdad me gusta. Es música consistente, congruente, por algo ha sobrevivido durante tanto tiempo.

—Supongo.

—¿Qué quieres? Últimamente, sólo vienes a verme si quieres algo.

—Decirte que me voy.

—¿Cuánto dinero necesitas? Con la guerra, es muy difícil abandonar el país, me va a costar una fortuna. Considera quedarte.

—No voy a necesitar dinero donde voy.

—Como chingados no, en todas partes necesitas dinero.

—Me uní al ejército —dijo Gott, extendiendo el sobre.

El silencio se hizo más profundo. Un silencio que ni Rachmaninoff, ni Trozam, ni Bach podrían solucionar en sus composiciones. El padre extendió la mano para recibir el sobre, lo abrió y lo miró, después se puso sus lentes para leerlo y se colocó una mano en los labios. Ambos buscaron un sillón para sentarse frente a frente. Ninguno de los dos sabía que hacer, hacía tanto que México no estaba en guerras, lo único a lo que podían recurrir era a su naturaleza humana. El padre aventó el sobre a una mesita, cruzó los brazos y las rodillas, alzó el rostro y pasaron otros minutos más, donde no despegaban la mirada el uno del otro. Gott, simplemente se mantenía rígido, con las piernas firmes sobre el piso y los codos en sus hombros. No sabía si debía consolar a su padre o soltarle un chiste. Decirle con honestidad que en esa guerra esperaba morir para sentirse importante, para sentirse util, para sentirse un héroe. Necesitaba experiencias nuevas, una manera distinta de matar el tiempo que no fuera escuchar las guerras musicales de su padre con los vecinos y curiosamente, una pequeña sonrisa le apareció en el rostro cuando asoció muy libremente esa guerra con la que sucedía afuera.

—No tienes madre cabrón.

—Hay mucha gente que me necesita…

—No me hagas el pendejo, tampoco. ¿Crees que no sé de todas las madres que te metes? ¿Y ahora resulta qué te quieres ir a matar a quien sabe dónde imbécil? ¿Qué tal si te mandan a la frontera? Masacre segura pendejito, aparte que no tratan bien a los chilangos allá. Te harán mierda.

—Papá. Esperaba que me dieras tu bendición.

—Eres un estúpido. Trabajé tanto para darle a tu madre y a ti, todo esto que tengo ahora y resulta que la otra se muere, y tú te quieres largar a desperdiciar tu vida. Tengo un amigo General, puedo hablar con él…

—No.

—Y deshacer tu imbecilidad. No puedo permitir que se vaya toda mi familia. Simplemente no puedo. Ponte en mi lugar.

—Ponte en el mío.

—No tiene sentido. Tus motivos no tienen sentido. Yo trabajé por mi familia y por mí. Trabajé para ti. ¿Tú por qué te vas? No entiendes. Lo que haces no tiene sentido. ¿Seguro quieres largarte a la guerra? No mames. Siquiera no lo sabes.

Porque estoy aburrido.

—Porque me necesitan padre… México me necesita, más que nunca. Debo proteger a mi país.

—Ni tú te la crees. Sabrás mentirle a todos, pero nunca a tu padre. He pasado demasiado tiempo contigo, tratando de entenderte y que me digas la verdad, lo he dado todo por ti. No entiendes. No tiene sentido.

—Lo hecho, hecho esta. Debo preparar mis cosas porque debo presentarme pasado mañana. Padre… lo lamento, lamento que no puedas comprenderme.

—Nunca hiciste el esfuerzo para hacerme comprender. No me amas. No tiene sentido. Los hijos aman a sus padres. Los padres aman a sus hijos. Yo si te amé. Si quieres irte, vete… pero ya regresarás buscando que te proteja, ¿y sabes qué? Te voy a patear el culo hasta mandarte con los gringos. Lárgate pues, mi último gesto será saborear tus lágrimas… las mismas que te voy a mandar en cartas todos los días, cabrón… cómo me haces esto…

—Padre… lo lamento, de verdad.


Las palabras terminaron donde empezaron las balas. Gottlieb no estaba consciente, sino bajo los efectos de las pastillas, marchando lado a lado con su compañero de regimiento. Esperaban a los ingleses. El puerto de Veracruz había sido atacado hacía unas tres semanas con cruceros de guerra y ahora empezaba la ocupación. Si inteligencia no se equivocaba, querían tomar Verácruz para expandir las fuerzas armadas a todo el territorio mexicano y más tarde, habría un ataque a Tamaulipas, para hacer un paso de acceso en el norte. Los soldados miraban que naves de guerra parecían tomar todo el horizonte, pero a Gottlieb eso no le importaba, porque su inconsciente había tomado el control y él, en realidad, se encontraba en un departamento, mirando a la mexicana desnuda y boca abajo sobre la cama, masturbándose para él, susurrando palabras tiernas habladas hace tres años. Podía oler el sexo y el incienso, podía mirar las sombras jugando con la vela, podía escucharla y sentía que esas palabras eran de amor como lo había sentido el dueño original de esas sensaciones, pensaba como él, hablaba y caminaba como él, mientras que su cuerpo, curioso, luchaba frenéticamente por sobrevivir, disparando a los soldados de la oposición que se encontraran en frente.

Lograron rechazar a los ingleses durante los tres meses que duraron los ataques, y los intentos por ocupar Veracruz. Cada que despertaba Gottlieb, después de las pastillas, se miraba las manos manchadas de sangre y escuchaba a sus compañeros hablar de cuántos habían matado, de como Dios y la Virgencita les protegieron de las balas. Esperaban llegar a casa victoriosos y no sabían que la guerra duraría otros seis años más dónde obligadamente, tendrían que hacer casa en Veracruz para protegerla porque ni los ingleses, ni los gringos y los rusos, la dejarían en paz. Gottlieb sirvió en Veracruz solamente un año, un año confuso porque después de un ataque, no podía platicar de sus orgullos de guerra porque se había partido en dos personas. Tomaba una pastilla de nanomáquinas antes de un ataque y se encargaba de que su cuerpo hiciera lo suyo: sobrevivir. Sus compañeros hablaban de lo frío, sangriento y duro que era, pero él no tenía ningún registro en su memoria, solamente señales físicas como las manos manchadas, el cuchillo y municiones menos en su paquete militar.

Sin embargo, al principio notaba los efectos conscientemente y después le costó más trabajo, casi anulando por completo los recuerdos verdaderos de los que no. Durante los descansos o después de la batalla, hablaba de Mariela, la mujer de su vida. Hablaba de su cabello rizado, de su piercing en los labios y sus tetas fantásticas. No podía mentir, después de todo, las nanomáquinas trabajaban de manera muy eficaz y aquellas experiencias grabadas, era como si fueran suyas. No había quien dudara de que él conocía a Mariela, de que él se la había cogido y todos los sinsabores que tenía en su relación con una mujer, que muy bien, podía no existir.

El servicio de Gottlieb terminó cuando uno de los ataques en crucero le cobraron la pierna izquierda… pero todavía hablan de él. En medio de los efectos de las pastillas se dice que mató a catorce hombres con un rifle de precisión y un cuchillo. Algunos exageran los números, pero todos concuerdan que sus ojos eran los de un demonio. Los mismos ojos del Diablito de Veracruz, un sobrenombre que hasta los chinos aprenderían a pronunciar correctamente. Se convertiría en un verdadero héroe mexicano, que más tarde se registraría en los libros de historia como un ejemplo de la voluntad humana, del poder y la gloria. Sus compañeros, los que sobrevivieron, aún pueden verlo en sus pesadillas, arrastrándose en la playa con una pierna, acercándose a los boina rojas y disparándoles por el culo con el rifle, o cobrándoles la pierna que perdió, mientras la espuma le salía por la boca, los mocos por la nariz, los dientes apretados y sangrientos… y en la mente de Gottlieb, pasaba frente a él, la silueta desnuda de una mujer llamada Mariela.

Regresó a la Ciudad de México condecorado y viendo el muñón de su pierna, sólo pudo imaginar por qué.


Su padre no lo persiguió hasta la habitación, pero escuchó a Mozart de nuevo a todo volumen. Eran las tres de la tarde. Podía salir o podía aprovechar el tiempo, probando las pastillas que le había comprado a Chuchito. Decidió lo último. Si de verdad eran nanomáquinas, podía atragantarse de ellas y ningún estudio militar le impediría morir como un valiente, un guerrero, un amante a su patria, un adicto a la adrenalina. Tomó el bote de las pastillas, había sesenta. No había ninguna indicación de uso, ni de efectos secundarios. Abrió casualmente el botecito, sacó la primera pastillita y se la tragó sin ningún problema. Sintió un cosquilleo en su garganta y su traquea, que le hizo tocer. Se imaginó que millones de maquinitas cibernéticas, semejantes a una araña, ya se estaban adueñando de su organismo. Cuando pasó el malestar físico, se relajó, se acostó en la cama y miró al techo.

No pasaba nada.

Ya estaba pensando a quien mandar para recuperar su dinero y haciendo cuentas, por ese mismo precio, podía comprarse cuatro kilos de cocaína extrema. No es que la cocaína (modificada) fuera lo mejor, pero es que Gottlieb era de la vieja escuela, igual que su padre era afecto a su música clásica. La cocaína era congruente y consistente. Empezó a dolerle la cabeza y maldijo en voz alta… había pagado por el dolor de cabeza más intenso de su vida. Se acordó de su mamá como la había visto en fotos y curiosamente, podía verla… era ella, ocupando todo su rango de visión. Luego se miró una habitación oscura, alzó sus manos y miró como brillaban, igual que su madre. Era el mejor viaje de su vida.

—Disculpa que haya tomado la forma de tu madre, sé lo importante que era para ti y en vez de conseguir un actor que hiciera el papel de instructor, nuestros ingenieros pensaron que sería mejor elegir alguien a quien le tuvieras confianza. Después de todo, las indicaciones son extremadamente importantes y necesito que me prestes atención.

—¿Mamá?

—No. Digamos que soy el Sistema Operativo de lo que estas a punto de presenciar. Si no me equivoco, eres uno de los pocos clientes elegidos para esta nueva forma de entretenimiento. Le llamamos Senso-Blog. Disculpa el nombre tan obvio, pero todo esta en fase beta y puede cambiar en cualquier momento. Las nanomáquinas que se encuentran instalándose en tu cuerpo registrarán toda clase de información en tu cuerpo y luego se expulsarán automáticamente, para reunirse en una de nuestras oficinas mexicanas. No es necesaria tu presencia física. ¿A poco no suena bien?

—Si, si… supongo.

—Fantástico. Antes de continuar, ¿tengo tu permiso para darte las instrucciones? De no ser así, las nanomáquinas en tu cuerpo se autodestruirán en este momento y darán información a las que se encuentran en el paquete que también lo hagan. La información que se maneja debe ser tratada de manera muy discreta y no te preocupes, la autodestrucción no será nociva para tu salud.

Gottlieb seguía sorprendido porque su madre le estaba hablando. Dejó a la ilusión frente a él, en suspenso unos minutos para darle una vuelta a su alrededor. Su madre, el Sistema Operativo, le seguía con la mirada y daba vueltas con él. Sonreía amablemente.

—¿No sabes nada de mi mamá?

—Lo lamento. ¿Quieres que cambie de forma? Tal vez a Chucho, o a tu padre… porque siento que te estoy incomodando. Es necesario que prestes atención a las instrucciones —dijo el Sistema Operativo, de manera apacible y amable.

—No es necesario… no, no lo es. Discúlpame. Antes de continuar, necesito que me expliques un poco los efectos secundarios.

—Claro que si. Los efectos secundarios de las pastillas son: Pérdida de la memoria inmediata después de reproducir las sensaciones, ceguera breve, desorientación, dolores de cabeza inmediatamente después de tomarlas, sensaciones de dejá vù y… probablemente, pero no esta comprobado, envenenamiento por mercurio. Sin embargo, si me continúas escuchando, ¡buenas noticias! No estas envenenado —el Sistema Operativo se rió. Gottlieb nunca había escuchado la risa de su madre y el escucharla, tal como se la había imaginado (y tan lejos de la realidad), le había puesto de buenas.

—Esto no es ninguna droga, ¿verdad?

El Sistema Operativo se rió de nuevo.

—No. Es un experimento que revolucionará la industria del entretenimiento. Cien por ciento saludable. Nuestros ingenieros, productores, socios, actores y escritores ya estan pensando adaptar sus películas preferidas al sistema de SensoBlog. Imagínate vivir Casablanca desde la mirada de Rick, por ejemplo. O presenciar tus cuentos preferidos desde distintos puntos de vista de lectores bastante imaginativos, porque es bien sabido que cada lector toma lo que gusta. Más tarde, existirá la posibilidad de grabar tu imaginación. ¿Te imaginas vivir Pedro Páramo desde todos los puntos de vista existentes? Disculpa la redundancia, pero estoy emocionadísima, igual o más que el equipo de Sensoblog. El proyecto continúa creciendo como no tienes idea y tú, serás un contribuyente importante a la mejora del sistema. Para nuestra primera prueba elegimos a una pareja un tanto caliente… dirán en la historia que el equipo de Sensoblog empezó con pornografía —El Sistema Operativo rió dulcemente—, aunque el equipo piensa que es una historia muy romántica debo insistir que el contenido es para mayores de dieciocho años… sin embargo, nuestras nanomáquinas han confirmado tu edad biológica. ¿Tienes algún problema moral con respecto al contenido para adultos?

La primera vez que Gott escuchó hablar a su madre y ella le ofrecía pornografía. Se sentía en una especie de Nirvana.

—Por favor… continúa. Has picado mi curiosidad.

—No puedes detener el experimento una vez empezado… las nanomáquinas darán instrucciones automáticas a tu cuerpo para tomar la siguiente pastilla. No es recomendable oponer resistencia porque la programación final se encuentra en nuestras últimas pastillas y regresarán a la normalidad tu sistema neurológico. Hay algunas personas que se confunden mucho, aunque dudamos que seas una de estas. Es recomendable que no empieces el experimento en algún momento importante de tu vida, aunque nuestras nanomáquinas se encargan de proteger tu cuerpo y hacerlo actuar de manera automática e inmediata. Sí, es muy notable la diferencia y no se recomienda interacción con otros seres humanos porque no involucramos procesos complejos de habla, pero procesos más sencillos como comer, caminar o correr, son perféctamente manejables. Es posible que las nanomáquinas se adapten a distintas situaciones pero recuerda que este es un programa en fase beta.

—Creo que lo entiendo, tienes mi permiso mamá.

—El instructivo es muy sencillo: En esta parte de la historia estas viviendo la introducción, es por eso que tienes la ilusión de controlar tu cuerpo y ser un testigo activo. Sin embargo, lo que estas a punto de mirar, oler, tocar y sentir… son las sensaciones de otra persona que fueron grabadas y sentirás como propias. No te angusties, cuando te acostumbres será lo más normal del mundo y no podrás abandonar la historia hasta el final. Esperamos que te diviertas. Tu cuerpo en este momento esta tomando la primera pastilla, que se encargará de presentarte el primer “capítulo”. ¿Tienes alguna duda u objeción? Tu cuerpo esta esperando una respuesta afirmativa para tragar la primera pastilla. Es la última vez que te lo preguntó, después no hay marcha atrás… pero estoy segura, que jamás te arrepentirás.


Detrás de toda historia trágica se dice que hubo un amor. Si no es así, lo acabo de inventar y me siento orgulloso. Me llamo Ernesto y Mariela rompió ayer conmigo. Los aparatos de Sensoblog no grabaron el momento, porque no se los permití… no permití grabar nunca ninguno de los momentos infelices. Siempre tuve, desde nuestra primera cita, un radar que me permitía darme cuenta de los momentos infelices. He procurado que solamente queden aquellas noches dónde nos enredábamos en las almohadas o practicábamos alguna perversión como parte de nuestro ocio de pareja. Sensoblog debe estar grabando en este momento como las gotas de la lluvia empapan mi rostro, mi gabardina, mis anteojos oscuros que escondieron lágrimas abundantes de hace unas horas, en un café público. No entiendo, quería proteger a mi país y Mariela, la guerra será inminente en unos años y es mejor estar preparado, pero ella no lo aceptó… me dijo que si me iba, me iba para siempre y no puedo soportar la idea de irme y no tener sus brazos para regresar, sentirme un héroe, sentirme útil por primera vez en mi vida.

La historia de Mariela y Ernesto, su seguro servidor, goza de muchos recuerdos igual que toda historia trágica de amor, desde cuando nos compramos nuestra primera estufa y se nos achicharraron los bisteces, hasta el primer sillón dónde dormíamos y hacíamos el amor. Debes recordar todas esas historias, porque las vivimos juntos. ¿Recuerdas aquella vez que se recostó en el sillón, bajó sus calzoncitos y movió el culo? No hay nada más íntimo, me dijo… que besar el ano de otra persona. En ese momento me pareció inmoral y estúpido. Pero se me quedó grabado y haciendo memoria de las mujeres que había besado, o había abrazado, o los amigos a los que les había puesto el brazo en el hombro, tuve que darle la razón. No hay acto más íntimo que un beso negro. Aquella noche, a pesar de mis sentimientos encontrados, vamos… seas quien seas debes recordarlo porque lo viviste conmigo, me arrodillé frente a Mariela y lamí como un perro entre sus nalgas. Un niño deseoso y enfermizo. Un acto de intimidad.

Deberás perdonarme, porque sólo tienes mis recuerdos felices. Hay algo que siempre me guardé y que el equipo de Sensoblog pareció obviar, y fueron todas las discusiones, todas las peleas, todo el remordimiento del mundo. Una vez Mariela me amenazó con un cuchillo, me dejó una cicatriz en la ceja y me gritó que me largara. Una semana antes yo tuve la culpa, cuando llegué borracho y lo lamento, pero la golpeé y le rompí la nariz. Viviste las disculpas, nunca los conflictos. No entraré en detalles, prefiero dejarte con todas las sensaciones de amor, de paz, de verdad absoluta que Mariela me entregó en cada uno de nuestros días juntos. Si acaso, ahora te estoy explicando a través de mis breves memorias, sin detalle, lo que estoy a punto de hacer… es para regalarte un contexto y puedas cerrar el círculo, terminar la historia, y darte cuenta, que amor perfecto no existe, aunque los recuerdos lo parezcan. No me culpes… cualquier persona lo hace así, seguro conoces a alguien que habla de su amor, como el más perfecto, pero miente… es verdad que el amor nos embellece pero nada más. El amor, como el maquillaje o las historias, no son para siempre.

Cuánto tiempo hemos permanecido bajo la lluvia.


Gottlieb, con una pierna prostética y mecatrónica, se encontraba de pie frente al departamento de Mariela y Ernesto. Lágrimas fluían libremente, mientras presenciaba las sensaciones de Ernesto y escuchaba las palabras reservadas para él, un mirón, un testigo, un espíritu dentro de otro. Cuando lo trajeron a México y estaba en el hospital, por revisión, había escuchado una plática entre su superior y su padre. Hablaban de Mariela, de las condecoraciones, y de lo orgullosos que estaban de su héroe. Había escuchado a su padre llorar como un niño.

—No sabía que mi hijo tuviera una novia llamada Mariela… ¿es posible encontrarla? Siento que gracias a ella, mi muchacho ha regresado con vida.

—Haré lo posible por localizarla señor.

—El dinero no es ningún problema…

—Si señor, su hijo es un héroe, es lo menos que puedo hacer.

No se resistió a la siguiente pastilla y trato de localizarla siguiendo los pasos de Ernesto. Había funcionado mejor de lo que esperaba, porque las nanomáquinas lo guiaban. Se rió patéticamente, después de todo, había sido lo único real durante su periodo como soldado. Podía recordar cada una de las palabras que había construido en torno a Mariela y sentía una intimidad como no la había sentido antes con otra persona. Sentía amor. Un pedazo de su consciente sabía que los recuerdos no le pertenecían, pero no importaba… ya estaba quebrado. No tenía nada que perder y si tenía alguna esperanza de recuperarse así mismo, Gottlieb tenía que estar frente a Mariela y solucionar el misterio.

Las nanomáquinas dieron la instrucción para tomarse la siguiente pastilla. Solamente quedaría una en el botecito.


Alguna vez tenemos que dar el siguiente paso, escondo una pistola bajo la gabardina… seguro ya la habías sentido, pesada, sostenida en los pantalones. Mariela no entiende porque quiero ir a la guerra y yo no entiendo porque no quiere esperarme… nuestra solución definitiva, es morir el uno pegado al otro. Mejor guardar la intimidad, que romperla. Lamento que así deba terminar la historia de amor que te presenté… y lamento que tengas que mirar esto. Si puedes detener la grabación, y de verdad, quieres quedarte con una buena imagen, hazlo ahora. Si no quieres detenerte, sígueme… tenemos escaleras que subir, dónde cada paso pesará una tonelada, como si descendiéramos las escaleras del infierno. Gottlieb entró al edificio y subió las escaleras, se palpó los pantalones dónde debía estar una pistola.

Ella lo entenderá, creo que si… tercer piso, departamento uno, se me caen las llaves, estoy nervioso. Me inclino a recogerlas, abro la puerta y ella se encuentra mirando a través de la ventana. No voltea para recibirnos. Ella debe saberlo. Gottlieb se lleva una mano a la boca… sigue llorando, ha llorado todo el camino. Le doy las buenas noches y ella hace lo mismo, habla de las luces de la ciudad y de las pocas estrellas que se ven en el cielo. —Deberíamos comprarnos un telescopio y ya cuando nos harten las nubes que no nos dejan ver, irnos a otro lugar dónde el cielo siempre esté despejado. —Iremos al cielo —le respondí—, los amantes siempre van al cielo. Ella volteó, miró la pistola, pero no hizo ningún gesto de sorpresa.

—Sabía que llegaríamos a este lugar —dijo Mariela. Gottlieb le dijo que no, que no lo acepte, que se defienda, que lo va a dejar solo. —¿Puedo acercarme a besarte? —¿No me robarás la pistola? —No, y si lo hiciera, tendría que matarte y luego suicidarme. ¿No es lo que piensas hacer? ¿No lo preferirías, a dejar nuestro amor inconcluso? —Si… mil veces. Cobardes, dice Gottlieb y se arrodilla, se abraza así mismo, su consciente desea rescatarlo pero las nanomáquinas no lo permiten. Mariela se acerca, sus manos cálidas toman el cañón de la pistola y lo dirige a su estómago. Después pasa las manos por debajo de la gabardina y aprieta. Acerca sus labios por última vez a los míos, luego los lleva a mi oreja y me dice—. Inexorable. Aprieto el gatillo de la pistola… y la miro, con una sonrisa tranquila, con los ojos vaciados y perdidos, caer al piso. Me arrodillo frente a ella.

Llorando libremente recuerdo cada uno de los momentos, los grises y los negros. Perdóname si tuviste el valor de seguirnos hasta este punto. Es hora de apagarnos, no puedo suicidarme y que grabes la sensación de la muerte. Es el último recuerdo que me guardo. Hasta pronto… gracias por todo, gracias por revivir a Mariela a través de mí, y de ti. Click…


La pastilla giraba en el botecito. La pastilla que regresaría a la normalidad su sistema neurológico, según había dicho su madre. El departamento no estaba vació. Había otros cuerpos cercanos a él, casi momificados. ¿Les había sucedido lo mismo? Trató de levantarse, pero su cuerpo no le obedecía. Un científico, al parecer por su bata y sus lentes, salió de uno de los cuartos y le retiró la pastilla de la mano. Quiso ponerse de pie y detenerlo, pero no podía. Sus ojos seguían llorando, escuchaba sus propios sollozos.

—Es una pena, pero tu cuerpo no querrá tragar la última pastilla, lo hemos intentado, algunos han muerto ahogados —dijo el científico—. Pensábamos que el mismo error no se repetiría ya… cuando el sistema se reactivó y vimos que había otro sujeto en movimiento, esperamos a que tus pasos te llevaran aquí. Hay algunos estudios muy interesantes que hicieron las nanomáquinas en tu cuerpo… fuiste un soldado, mataste gente por el mero impulso de supervivencia, te volviste un súper hombre cuando la adrenalina y las nanomáquinas hicieron lo suyo. Nunca se nos ocurrió que podíamos darle una aplicación militar, pero gracias a ti, nos han recuperado el presupuesto. Los gringos nos harán millonarios. Me gustaría salvarte, pero no sé como hacerlo… es lo malo de las fases beta, seguramente no me escuchas. Los hemos dejado morir a casi todos, deshidratándose, desnutriéndose, secándose por las lágrimas… ¿Me pregunto qué tanto sentirán que prefieren morir sin tomar la siguiente pastilla?

El científico sacó una pistola, revisó el seguro y se equivocaba en algo, él podía escucharlo, podía mirarlo, pero no podía mover su cuerpo… ¿acaso sus estudios no estaban completos? ¿O Gottlieb había logrado ser una excepción a la regla? Intentó con todas sus fuerzas moverse, pero no le respondía… tal vez, un dedo o dos, tenía que seguir insistiendo. El científico le puso el cañón de la pistola en la cabeza. —Lo lamento, soldado… hizo usted un buen trabajo, es lo menos que puedo hacer para salvarle. Gottlieb sintió el cañón frío de la pistola… tres dedos, cuatro dedos… necesitaba sobrevivir. Lo había hecho tantas veces antes, que no podía permitir que un simple civil lo tuviera arrodillado al piso. Su cuerpo le permitió alzar una mano, se escuchó el disparo de una pistola y el fantasma de Mariela, impregnaba nostálgicamente toda la habitación.


Foto: Caosingaia.

Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.

Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.

Más de una foto es bienvenida. Si ya mandaste una y quieres repetir, adelante. Si eres una nena y quieres enviar una fotografía de tus piernas, mucho mejor :)

14 comentarios ↓

#1 Eve el 02.25.07 a las 3:14 pm

Impresionante… incluyendo las coincidencias.

Me quedo triste y pensativa, reflexiva después de leerlo.

Eve

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#2 Eve el 02.25.07 a las 3:16 pm

Ah… lo olvidaba:

¡A una veracruzana jamás se le rechaza! :wink:

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#3 Eve el 02.25.07 a las 3:22 pm

Una montaña rusa en tiempo, espacio y tegnología. Pero a fin de cuentas el amor tiene el mismo significado en cualquiera de los tres tiempos Pasado, presente y futuro… el amor es el amor: Antaño, cartas Hoy, internet y blogs Mañana, ¿sensoblog? La tendencia a enamorarnos de gente que no hemos tocado es inherente a nuestra naturaleza. (L)

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#4 Mariana el 02.25.07 a las 3:27 pm

Creo que es uno de los cuentos que mas me a gustado, bastante atrayente, no podia dejar de leer y queria mas, snif.

:mellow:

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#5 Super E! & Bestia! el 02.25.07 a las 6:26 pm

la Bestia quiere sensoblog!chaaaa

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#6 arboltsef el 02.26.07 a las 2:12 am

Eve: Me da muchísimo gusto que le haya provocado tantos comentarios y por supuesto que se que a una veracruzana jamás se le rechaza… pero, tenga en cuenta que era teibolera… :P

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Creo que es uno de los cuentos que mas me a gustado, bastante atrayente, no podia dejar de leer y queria mas, snif.

:mellow:

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la Bestia quiere sensoblog!chaaaa

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Muchísimas gracias por sus comentarios. El cuento me tomó una semana escribirlo y me dejó agotado, de alguna manera.

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#7 Kare el 02.26.07 a las 5:36 pm

Me ha fascinado este cuento, no podia dejar de leer.

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#8 Mau el 02.27.07 a las 10:20 pm

Definitivamente de lo mejor que le he leído Sr Fest. Me gustó mucho.

Sigue Gzoando!

[Reply]

#9 arboltsef el 02.28.07 a las 3:00 am

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Me ha fascinado este cuento, no podia dejar de leer.

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[quote comment=”25636”]

Definitivamente de lo mejor que le he leído Sr Fest. Me gustó mucho.

Sigue Gzoando!

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Con comentarios tan bonitos como estos… cómo me sonrojo. :$

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#10 Mozzy el 03.05.07 a las 4:24 pm

Wow.. !

Mas cuentos como estos Arbolito.

Mas…

:)

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#11 Sofy el 03.09.07 a las 1:34 pm

Que bruto Agustín!!!!

Que buen cuento, me ha dejado encantada.

De quien es la foto?, esta preciosa, me gusto mucho.

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#12 Frida el 03.12.07 a las 6:04 pm

Ya se dijo mucho, pero excelente… aunque mi jefe me regañe por estar en internet valió la pena.

No entendí una imagen: cuando habla enfrente de su papá comunicándole que iba a la guerra: dice que tiene los codos en sus hombros :uh:

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#13 arboltsef el 03.12.07 a las 6:08 pm

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No entendí una imagen: cuando habla enfrente de su papá comunicándole que iba a la guerra: dice que tiene los codos en sus hombros :uh:

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Jajaja, soy un estúpido… era los codos sobre sus piernas. Lo arreglaré pronto :) y muchas gracias a todos por sus comentarios.

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#14 javiero el 02.06.08 a las 9:29 pm

no mames ando de uno en uno

y todos me sorpenden de am adres

eres buenisimo :D

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