Amante de Dios.

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鈥淧orque, este es el mensaje que hab茅is o铆do desde el principio: Que nos amemos unos 谩 otros.鈥

–Juan 3:11. (Primera carta de San Ju谩n).

Su padre le llam贸 Gottlieb, aunque ni 茅l, ni sus conocidos sab铆an como se pronunciaba. Su madre no tuvo opini贸n al respecto porque muri贸 en el parto y a煤n cuando Gottlieb no la conoci贸, la extra帽aba profundamente. Despert贸 cuando Kyrie Elison gritaba pot茅ntemente a trav茅s del equipo de sonido de su padre, retumbando todas las habitaciones y probablemente, traspasando dos o tres jardines. Se limpi贸 con un reflejo la cara, manote贸 el bur贸 buscando su reloj y sus lentes, tirando accidentalmente las pastillas que le hab铆a dado el Chucho. Cuando logr贸 ponerse los ojos, mir贸 la amplia habitaci贸n, muebles hechos con un cincuenta por ciento de madera, el regulador de temperatura, la puerta del ba帽o con su regadera autom谩tica y tuvo el pensamiento de todas las ma帽anas: Odio a mi padre millonario e ignorante, hoy tambi茅n odio mi vida. Cuando 茅l puso el pie en el piso, se prendieron las luces y escuch贸 las primeras gotas de la regadera. Ya levantado, las puertas de su armario se abrieron. Una voz sintetizada, agradable y sensual, le dio los buenos d铆as y eligi贸 su vestimenta del d铆a acorde a la temporada y la moda reciente.

–Gracias –respondi贸 al armario mecatr贸nico, m谩s por educaci贸n y costumbre que por sentimiento. No se cuestionaba el por qu茅 agradec铆a a un robot, un signo distintivo de su soledad. El armario le respondi贸 con un escueto: “Por nada”. Gottlieb se meti贸 a la regadera y se qued贸 durante largo rato, pensando. El agua le reconfortaba, le animaba. Ten铆a noticias para su padre, noticias conflictivas pero que le permitir铆an abandonar ese fastidio, odio… tedio, de todas las ma帽anas. Un sobre amarillo, anunciando un presagio con un sello militar, descansaba sobre su bur贸. Al salir de la regadera, se visti贸 acorde a lo que hab铆a elegido el armario para 茅l y dejando su habitaci贸n, las m谩quinas hicieron su trabajo, tendiendo la cama, limpiando el ba帽o y apagando la luz.


Las pastillas, que esperaban para ser tomadas a煤n, conten铆an en su interior una serie de nanom谩quinas que Chucho hab铆a llamado como una evoluci贸n de los est铆mulos. Ayer se hab铆an visto para tomarse unas cervezas en un burdel donde sudamericanas se desnudaban por unos cuantos cientos de pesos. La devaluaci贸n, desde que un presidente de izquierda hab铆a ganado las elecciones mexicanas, y la guerra con Estados Unidos por los territorios con poco o escaso petr贸leo, hab铆an hecho de las suyas separando a煤n m谩s las condiciones sociales. Pero ni Chucho, ni Gottlieb, la verdad sab铆an mucho de esas cosas. Eran hijos de padres adinerados que ten铆an la fortuna de probar los primeros modelos de energ铆a hidr谩ulica para el consumidor masivo, perfeccionada y mejorada. Probablemente, lo que mejor comprend铆an aquellos jovencitos chilangos, es que con dos billetes las tetas segu铆an movi茅ndose y con otros cinco, pod铆an llevarse alguna de las bailarinas a un hotel.

Mientras Venezuela, China y Brazil, enviaban fuerzas militares al sureste mexicano para contrarrestar las fuerzas americanas, Estados Unidos se val铆a de la ambivalencia de los estados norte帽os mexicanos y de los latinos que siempre buscaron una vida mejor. En cincuenta a帽os, el sobrenombre de la tercera Guerra Mundial ser铆a “La Guerra Americana”. A Estados Unidos le hubiera encantado mudar la guerra a China, por ejemplo, el problema es que el poco petr贸leo estaba aqu铆. Fucking spics, musitar铆an un grupo de rednecks, emborrach谩ndose en sus cantinas. Nadie pensaba en Arabia, porque las nuevas elecciones las hab铆a ganado (no legalmente) un islamita radical que hab铆a instalado peque帽铆simas bombas de hidr贸geno en los t煤neles y sus torres petroqu铆micas. La CIA, hab铆a intentado de todas las maneras posibles recuperar el control pero el presidente 谩rabe le gustaba jugar sucio. Por lo general regresaba las cabezas de los agentes a Estados Unidos, con afectuosos saludos y un nuevo contrato que redefin铆a el precio de su petr贸leo. Sab铆an que tardar铆an a帽os y necesitaban el petr贸leo, ya.

“La cultura, la educaci贸n y la riqueza son productores de guerras y el rechazo a una naci贸n que nunca los provey贸, sus soldados”, dir铆a un acad茅mico borracho para cerrar su discurso frente a un podium, candidato al Nobel de la Paz, y lo aplaudir铆an fren茅ticamente, mientras 茅l a煤n pensaba en los familiares que perdi贸 y el whyskito escondido en su coche. Uno de esos familiares… Chucho, se encontraba emborrach谩ndose con una argentina y pregunt谩ndole cuanto por una mamada.

Chucho y Gottlieb no eran amigos, eran proveedor y adicto consumirdor (en ese orden). Se hab铆an conocido durante la universidad y… ser谩 porque se reconocen mir谩ndose a los ojos, el adicto y el proveedor despu茅s de presentarse ya estaban compartiendo l铆neas de coca铆na vieja. Si le preguntaran a Gottlieb, o Gott (como le llamaba Chucho), de su adicci贸n, 茅l no confesar铆a que a las sustancias, sino a las experiencias nuevas y extra-sensoriales. Tal vez por esa estupidez se hab铆a inscrito al ej茅rcito de la Alianza Latino Americana (ALA, como la de los angelitos, dec铆an los patri贸ticos y aguerridos brindando con tequila). Tambi茅n por ello estaba encontr谩ndose con Chucho esa noche, despreciando a una veracruzana que insist铆a con meterle un pez贸n en la boca… hab铆a recibido el mensaje: “Tengo algo nuevo, manufactura 100% alemana, m谩s all谩 que una droga” y no pudo resistirlo.

–驴Alguna vez escuchaste de esas mamadas que llamaban blogs?

–Todav铆a existen, 驴no?

–Si, si, pocos en formato escrito y no s茅 si se les pueda llamar as铆. Literato soy, y s茅 lo que te digo… pero unos alemanes loquitos agarraron a una pareja aqu铆 en M茅xico que ten铆an el suyo e hicieron una serie de experimentos, experimentos que hicieron nom谩s para ver si pod铆an. Esto que te digo tiene tres a帽os a lo mucho.

–驴En qu茅 consiste?

–Nanom谩quinas y recordaci贸n sensorial.

–Me estas tomando el pelo… 隆Eso no existe! Nanom谩quinas para el c谩ncer, pero nadie ha comprobado que se puedan grabar los sentidos.

–Ya lo ver谩s… yo voy en mi tercera pastilla. Despu茅s de la primera, no vas a dejarlas… s贸lo te advierto, no te la tomes cu谩ndo necesites hacer algo o frente a un grupo de gente, porque de verdad… se apodera de ti el pedo. Es imposible saber lo que es verdadero de lo que no, hasta que terminan los efectos de las pastillas.

–Mamadas.

–Si, pero mamadas de setenta mil varitos Gott… 驴pagas o te rajas?

–Cincuenta, no te doy m谩s… y si son una mierda, mando alguien para que me regreses mi dinero.

Chucho se ech贸 a re铆r–. A qu茅 puta desconfianza, c贸mo si nos conoci茅ramos apenas.

–驴Entonces?

–Nom谩s porque eres mi gansito de siempre, pinche Gottito. En cincuenta y cinco d茅jalo.

Pag贸 cincuenta y dos mil pesos en efectivo, pero despu茅s de la primera pastilla (la que tomar铆a despu茅s de la discusi贸n con su padre), se convenci贸 que bien val铆an la pena y hasta se sinti贸 culpable por haber regateado cuando bien, ten铆a ciento cincuenta en el bolsillo para gastar.


A Gottlieb no lo dejaban en paz en su regimiento de infanter铆a por su nombre. Hab铆a escuchado un estudio que hicieron: las personas que escogen nombres raros para sus hijos demuestran una falta de cultura y su aspiraci贸n para obtenerla, mientras que las personas escogen nombres m谩s comunes, tienen definidas sus aspiraciones culturales y no necesitaban adaptar a sus hijos a ning煤n ambiente. 脡l, personalmente, no sab铆a cual de las dos era peor y por m谩s que pensaba en ello, se chingaba por ambos lados. Siempre se crey贸 una personita con aspiraciones culturales m谩s all谩 que las que ten铆a su padre, y saber que la elecci贸n del nombre de su primog茅nito definir铆a cuan grandes eran, lo pon铆a en una especie de encrucijada. Gott… Gottlieb, ja.

Su nombre fue lo de menos cuando termin贸 el duro entrenamiento y lo mandaron a Veracruz, a defender el puerto contra los ingleses que insist铆an en tomarlo. Algunos argentinos, parte de una guerrilla (porque oficialmente no se hab铆an unido a la guerra), deseaban regresar el golpe a los ingleses en otro lugar que no fuese el futbol y la ayuda era bienvenida. Tambi茅n estaban los chinos y Gott, pens贸 que m谩s all谩 del petr贸leo, tambi茅n ya estaban peleando por el territorio. Aunque M茅xico ya hab铆a perdido desde que dio entrada a una infinita cantidad de culturas, al menos en el aspecto militar… su nombre era aceptado y bienvenido. 驴C贸mo pod铆an presumirlo con personas llamadas Choi o Fu La? La guerra y los aliados eran la verdadera globalizaci贸n y nadie pod铆a imaginar la dimensi贸n temporal que esto pod铆a adquirir. Tal vez la suficiente para que otras personas establecieran un hogar en estas tierras, independientemente del resultado, y una fusi贸n cultural fuese inevitable.

Gottlieb no hubiera sobrevivido la toma de Veracruz consciente y las pastillas le ayudaron a convertirse en un mejor asesino.


Al bajar de la habitaci贸n, con el sobre amarillo en un bolsillo, y caminar a la sala de entretenimiento, su padre observaba intensamente el equipo de sonido. Retumbaban paredes y cristales. La grandilocuencia original de Mozart estaba casi presente, casi… porque la verdadera, deb铆a yacer en una orquesta con m煤sicos en vivo, pens贸 Gott. Esa era la diferencia esencial entre un aparato y la vida real. Pod铆a darle gracias a su armario, pero 茅l preferir铆a (aunque secretamente, por su status sociop谩tico) ver a una chica escogiendo la ropa para 茅l. Igual, en el distrito de los aut贸matas sexuales, por ah铆 en una placita en Uruguay y Rep煤blica del Salvador, Centro de la Ciudad de M茅xico (nuevo todav铆a y lejos de presentar androides o robots como los hemos visto en televisi贸n), pensaba que las chica preferir铆an un falo verdadero y los hombres una vagina h煤meda con fluidos naturales, sin importar la cantidad de orgasmos sint茅ticos que una de esas m谩quinas pod铆a proveer a sus clientes.

El padre apag贸 el equipo de sonido y mir贸 a Gott de reojo. Levant贸 una mano para indicarle que no hablara y se puso la otra en la oreja, para escuchar el silencio. Unos segundos despu茅s sonri贸 satisfecho.

–Amado Trozam, que ha destituido la m煤sica guapachosa de los vecinos –dijo sonriente.

–驴Estabas teniendo una guerra con los vecinos?

–Si, insist铆an con sus chingadas cumbias y salsas.

–Ya veo. Se vengar谩n en la noche.

–En la noche, les pondr茅 Bach.

–En la madrugada del d铆a siguiente.

–Rachmaninoff.

–Ni sabes quienes son.

–No importa, es m煤sica que de verdad me gusta. Es m煤sica consistente, congruente, por algo ha sobrevivido durante tanto tiempo.

–Supongo.

–驴Qu茅 quieres? 脷ltimamente, s贸lo vienes a verme si quieres algo.

–Decirte que me voy.

–驴Cu谩nto dinero necesitas? Con la guerra, es muy dif铆cil abandonar el pa铆s, me va a costar una fortuna. Considera quedarte.

–No voy a necesitar dinero donde voy.

–Como chingados no, en todas partes necesitas dinero.

–Me un铆 al ej茅rcito –dijo Gott, extendiendo el sobre.

El silencio se hizo m谩s profundo. Un silencio que ni Rachmaninoff, ni Trozam, ni Bach podr铆an solucionar en sus composiciones. El padre extendi贸 la mano para recibir el sobre, lo abri贸 y lo mir贸, despu茅s se puso sus lentes para leerlo y se coloc贸 una mano en los labios. Ambos buscaron un sill贸n para sentarse frente a frente. Ninguno de los dos sab铆a que hacer, hac铆a tanto que M茅xico no estaba en guerras, lo 煤nico a lo que pod铆an recurrir era a su naturaleza humana. El padre avent贸 el sobre a una mesita, cruz贸 los brazos y las rodillas, alz贸 el rostro y pasaron otros minutos m谩s, donde no despegaban la mirada el uno del otro. Gott, simplemente se manten铆a r铆gido, con las piernas firmes sobre el piso y los codos en sus hombros. No sab铆a si deb铆a consolar a su padre o soltarle un chiste. Decirle con honestidad que en esa guerra esperaba morir para sentirse importante, para sentirse util, para sentirse un h茅roe. Necesitaba experiencias nuevas, una manera distinta de matar el tiempo que no fuera escuchar las guerras musicales de su padre con los vecinos y curiosamente, una peque帽a sonrisa le apareci贸 en el rostro cuando asoci贸 muy libremente esa guerra con la que suced铆a afuera.

–No tienes madre cabr贸n.

–Hay mucha gente que me necesita…

–No me hagas el pendejo, tampoco. 驴Crees que no s茅 de todas las madres que te metes? 驴Y ahora resulta qu茅 te quieres ir a matar a quien sabe d贸nde imb茅cil? 驴Qu茅 tal si te mandan a la frontera? Masacre segura pendejito, aparte que no tratan bien a los chilangos all谩. Te har谩n mierda.

–Pap谩. Esperaba que me dieras tu bendici贸n.

–Eres un est煤pido. Trabaj茅 tanto para darle a tu madre y a ti, todo esto que tengo ahora y resulta que la otra se muere, y t煤 te quieres largar a desperdiciar tu vida. Tengo un amigo General, puedo hablar con 茅l…

–No.

–Y deshacer tu imbecilidad. No puedo permitir que se vaya toda mi familia. Simplemente no puedo. Ponte en mi lugar.

–Ponte en el m铆o.

–No tiene sentido. Tus motivos no tienen sentido. Yo trabaj茅 por mi familia y por m铆. Trabaj茅 para ti. 驴T煤 por qu茅 te vas? No entiendes. Lo que haces no tiene sentido. 驴Seguro quieres largarte a la guerra? No mames. Siquiera no lo sabes.

Porque estoy aburrido.

–Porque me necesitan padre… M茅xico me necesita, m谩s que nunca. Debo proteger a mi pa铆s.

–Ni t煤 te la crees. Sabr谩s mentirle a todos, pero nunca a tu padre. He pasado demasiado tiempo contigo, tratando de entenderte y que me digas la verdad, lo he dado todo por ti. No entiendes. No tiene sentido.

–Lo hecho, hecho esta. Debo preparar mis cosas porque debo presentarme pasado ma帽ana. Padre… lo lamento, lamento que no puedas comprenderme.

–Nunca hiciste el esfuerzo para hacerme comprender. No me amas. No tiene sentido. Los hijos aman a sus padres. Los padres aman a sus hijos. Yo si te am茅. Si quieres irte, vete… pero ya regresar谩s buscando que te proteja, 驴y sabes qu茅? Te voy a patear el culo hasta mandarte con los gringos. L谩rgate pues, mi 煤ltimo gesto ser谩 saborear tus l谩grimas… las mismas que te voy a mandar en cartas todos los d铆as, cabr贸n… c贸mo me haces esto…

–Padre… lo lamento, de verdad.


Las palabras terminaron donde empezaron las balas. Gottlieb no estaba consciente, sino bajo los efectos de las pastillas, marchando lado a lado con su compa帽ero de regimiento. Esperaban a los ingleses. El puerto de Veracruz hab铆a sido atacado hac铆a unas tres semanas con cruceros de guerra y ahora empezaba la ocupaci贸n. Si inteligencia no se equivocaba, quer铆an tomar Ver谩cruz para expandir las fuerzas armadas a todo el territorio mexicano y m谩s tarde, habr铆a un ataque a Tamaulipas, para hacer un paso de acceso en el norte. Los soldados miraban que naves de guerra parec铆an tomar todo el horizonte, pero a Gottlieb eso no le importaba, porque su inconsciente hab铆a tomado el control y 茅l, en realidad, se encontraba en un departamento, mirando a la mexicana desnuda y boca abajo sobre la cama, masturb谩ndose para 茅l, susurrando palabras tiernas habladas hace tres a帽os. Pod铆a oler el sexo y el incienso, pod铆a mirar las sombras jugando con la vela, pod铆a escucharla y sent铆a que esas palabras eran de amor como lo hab铆a sentido el due帽o original de esas sensaciones, pensaba como 茅l, hablaba y caminaba como 茅l, mientras que su cuerpo, curioso, luchaba fren茅ticamente por sobrevivir, disparando a los soldados de la oposici贸n que se encontraran en frente.

Lograron rechazar a los ingleses durante los tres meses que duraron los ataques, y los intentos por ocupar Veracruz. Cada que despertaba Gottlieb, despu茅s de las pastillas, se miraba las manos manchadas de sangre y escuchaba a sus compa帽eros hablar de cu谩ntos hab铆an matado, de como Dios y la Virgencita les protegieron de las balas. Esperaban llegar a casa victoriosos y no sab铆an que la guerra durar铆a otros seis a帽os m谩s d贸nde obligadamente, tendr铆an que hacer casa en Veracruz para protegerla porque ni los ingleses, ni los gringos y los rusos, la dejar铆an en paz. Gottlieb sirvi贸 en Veracruz solamente un a帽o, un a帽o confuso porque despu茅s de un ataque, no pod铆a platicar de sus orgullos de guerra porque se hab铆a partido en dos personas. Tomaba una pastilla de nanom谩quinas antes de un ataque y se encargaba de que su cuerpo hiciera lo suyo: sobrevivir. Sus compa帽eros hablaban de lo fr铆o, sangriento y duro que era, pero 茅l no ten铆a ning煤n registro en su memoria, solamente se帽ales f铆sicas como las manos manchadas, el cuchillo y municiones menos en su paquete militar.

Sin embargo, al principio notaba los efectos conscientemente y despu茅s le cost贸 m谩s trabajo, casi anulando por completo los recuerdos verdaderos de los que no. Durante los descansos o despu茅s de la batalla, hablaba de Mariela, la mujer de su vida. Hablaba de su cabello rizado, de su piercing en los labios y sus tetas fant谩sticas. No pod铆a mentir, despu茅s de todo, las nanom谩quinas trabajaban de manera muy eficaz y aquellas experiencias grabadas, era como si fueran suyas. No hab铆a quien dudara de que 茅l conoc铆a a Mariela, de que 茅l se la hab铆a cogido y todos los sinsabores que ten铆a en su relaci贸n con una mujer, que muy bien, pod铆a no existir.

El servicio de Gottlieb termin贸 cuando uno de los ataques en crucero le cobraron la pierna izquierda… pero todav铆a hablan de 茅l. En medio de los efectos de las pastillas se dice que mat贸 a catorce hombres con un rifle de precisi贸n y un cuchillo. Algunos exageran los n煤meros, pero todos concuerdan que sus ojos eran los de un demonio. Los mismos ojos del Diablito de Veracruz, un sobrenombre que hasta los chinos aprender铆an a pronunciar correctamente. Se convertir铆a en un verdadero h茅roe mexicano, que m谩s tarde se registrar铆a en los libros de historia como un ejemplo de la voluntad humana, del poder y la gloria. Sus compa帽eros, los que sobrevivieron, a煤n pueden verlo en sus pesadillas, arrastr谩ndose en la playa con una pierna, acerc谩ndose a los boina rojas y dispar谩ndoles por el culo con el rifle, o cobr谩ndoles la pierna que perdi贸, mientras la espuma le sal铆a por la boca, los mocos por la nariz, los dientes apretados y sangrientos… y en la mente de Gottlieb, pasaba frente a 茅l, la silueta desnuda de una mujer llamada Mariela.

Regres贸 a la Ciudad de M茅xico condecorado y viendo el mu帽贸n de su pierna, s贸lo pudo imaginar por qu茅.


Su padre no lo persigui贸 hasta la habitaci贸n, pero escuch贸 a Mozart de nuevo a todo volumen. Eran las tres de la tarde. Pod铆a salir o pod铆a aprovechar el tiempo, probando las pastillas que le hab铆a comprado a Chuchito. Decidi贸 lo 煤ltimo. Si de verdad eran nanom谩quinas, pod铆a atragantarse de ellas y ning煤n estudio militar le impedir铆a morir como un valiente, un guerrero, un amante a su patria, un adicto a la adrenalina. Tom贸 el bote de las pastillas, hab铆a sesenta. No hab铆a ninguna indicaci贸n de uso, ni de efectos secundarios. Abri贸 casualmente el botecito, sac贸 la primera pastillita y se la trag贸 sin ning煤n problema. Sinti贸 un cosquilleo en su garganta y su traquea, que le hizo tocer. Se imagin贸 que millones de maquinitas cibern茅ticas, semejantes a una ara帽a, ya se estaban adue帽ando de su organismo. Cuando pas贸 el malestar f铆sico, se relaj贸, se acost贸 en la cama y mir贸 al techo.

No pasaba nada.

Ya estaba pensando a quien mandar para recuperar su dinero y haciendo cuentas, por ese mismo precio, pod铆a comprarse cuatro kilos de coca铆na extrema. No es que la coca铆na (modificada) fuera lo mejor, pero es que Gottlieb era de la vieja escuela, igual que su padre era afecto a su m煤sica cl谩sica. La coca铆na era congruente y consistente. Empez贸 a dolerle la cabeza y maldijo en voz alta… hab铆a pagado por el dolor de cabeza m谩s intenso de su vida. Se acord贸 de su mam谩 como la hab铆a visto en fotos y curiosamente, pod铆a verla… era ella, ocupando todo su rango de visi贸n. Luego se mir贸 una habitaci贸n oscura, alz贸 sus manos y mir贸 como brillaban, igual que su madre. Era el mejor viaje de su vida.

–Disculpa que haya tomado la forma de tu madre, s茅 lo importante que era para ti y en vez de conseguir un actor que hiciera el papel de instructor, nuestros ingenieros pensaron que ser铆a mejor elegir alguien a quien le tuvieras confianza. Despu茅s de todo, las indicaciones son extremadamente importantes y necesito que me prestes atenci贸n.

–驴Mam谩?

–No. Digamos que soy el Sistema Operativo de lo que estas a punto de presenciar. Si no me equivoco, eres uno de los pocos clientes elegidos para esta nueva forma de entretenimiento. Le llamamos Senso-Blog. Disculpa el nombre tan obvio, pero todo esta en fase beta y puede cambiar en cualquier momento. Las nanom谩quinas que se encuentran instal谩ndose en tu cuerpo registrar谩n toda clase de informaci贸n en tu cuerpo y luego se expulsar谩n autom谩ticamente, para reunirse en una de nuestras oficinas mexicanas. No es necesaria tu presencia f铆sica. 驴A poco no suena bien?

–Si, si… supongo.

–Fant谩stico. Antes de continuar, 驴tengo tu permiso para darte las instrucciones? De no ser as铆, las nanom谩quinas en tu cuerpo se autodestruir谩n en este momento y dar谩n informaci贸n a las que se encuentran en el paquete que tambi茅n lo hagan. La informaci贸n que se maneja debe ser tratada de manera muy discreta y no te preocupes, la autodestrucci贸n no ser谩 nociva para tu salud.

Gottlieb segu铆a sorprendido porque su madre le estaba hablando. Dej贸 a la ilusi贸n frente a 茅l, en suspenso unos minutos para darle una vuelta a su alrededor. Su madre, el Sistema Operativo, le segu铆a con la mirada y daba vueltas con 茅l. Sonre铆a amablemente.

–驴No sabes nada de mi mam谩?

–Lo lamento. 驴Quieres que cambie de forma? Tal vez a Chucho, o a tu padre… porque siento que te estoy incomodando. Es necesario que prestes atenci贸n a las instrucciones –dijo el Sistema Operativo, de manera apacible y amable.

–No es necesario… no, no lo es. Disc煤lpame. Antes de continuar, necesito que me expliques un poco los efectos secundarios.

–Claro que si. Los efectos secundarios de las pastillas son: P茅rdida de la memoria inmediata despu茅s de reproducir las sensaciones, ceguera breve, desorientaci贸n, dolores de cabeza inmediatamente despu茅s de tomarlas, sensaciones de dej谩 v霉 y… probablemente, pero no esta comprobado, envenenamiento por mercurio. Sin embargo, si me contin煤as escuchando, 隆buenas noticias! No estas envenenado –el Sistema Operativo se ri贸. Gottlieb nunca hab铆a escuchado la risa de su madre y el escucharla, tal como se la hab铆a imaginado (y tan lejos de la realidad), le hab铆a puesto de buenas.

–Esto no es ninguna droga, 驴verdad?

El Sistema Operativo se ri贸 de nuevo.

–No. Es un experimento que revolucionar谩 la industria del entretenimiento. Cien por ciento saludable. Nuestros ingenieros, productores, socios, actores y escritores ya estan pensando adaptar sus pel铆culas preferidas al sistema de SensoBlog. Imag铆nate vivir Casablanca desde la mirada de Rick, por ejemplo. O presenciar tus cuentos preferidos desde distintos puntos de vista de lectores bastante imaginativos, porque es bien sabido que cada lector toma lo que gusta. M谩s tarde, existir谩 la posibilidad de grabar tu imaginaci贸n. 驴Te imaginas vivir Pedro P谩ramo desde todos los puntos de vista existentes? Disculpa la redundancia, pero estoy emocionad铆sima, igual o m谩s que el equipo de Sensoblog. El proyecto contin煤a creciendo como no tienes idea y t煤, ser谩s un contribuyente importante a la mejora del sistema. Para nuestra primera prueba elegimos a una pareja un tanto caliente… dir谩n en la historia que el equipo de Sensoblog empez贸 con pornograf铆a –El Sistema Operativo ri贸 dulcemente–, aunque el equipo piensa que es una historia muy rom谩ntica debo insistir que el contenido es para mayores de dieciocho a帽os… sin embargo, nuestras nanom谩quinas han confirmado tu edad biol贸gica. 驴Tienes alg煤n problema moral con respecto al contenido para adultos?

La primera vez que Gott escuch贸 hablar a su madre y ella le ofrec铆a pornograf铆a. Se sent铆a en una especie de Nirvana.

–Por favor… contin煤a. Has picado mi curiosidad.

–No puedes detener el experimento una vez empezado… las nanom谩quinas dar谩n instrucciones autom谩ticas a tu cuerpo para tomar la siguiente pastilla. No es recomendable oponer resistencia porque la programaci贸n final se encuentra en nuestras 煤ltimas pastillas y regresar谩n a la normalidad tu sistema neurol贸gico. Hay algunas personas que se confunden mucho, aunque dudamos que seas una de estas. Es recomendable que no empieces el experimento en alg煤n momento importante de tu vida, aunque nuestras nanom谩quinas se encargan de proteger tu cuerpo y hacerlo actuar de manera autom谩tica e inmediata. S铆, es muy notable la diferencia y no se recomienda interacci贸n con otros seres humanos porque no involucramos procesos complejos de habla, pero procesos m谩s sencillos como comer, caminar o correr, son perf茅ctamente manejables. Es posible que las nanom谩quinas se adapten a distintas situaciones pero recuerda que este es un programa en fase beta.

–Creo que lo entiendo, tienes mi permiso mam谩.

–El instructivo es muy sencillo: En esta parte de la historia estas viviendo la introducci贸n, es por eso que tienes la ilusi贸n de controlar tu cuerpo y ser un testigo activo. Sin embargo, lo que estas a punto de mirar, oler, tocar y sentir… son las sensaciones de otra persona que fueron grabadas y sentir谩s como propias. No te angusties, cuando te acostumbres ser谩 lo m谩s normal del mundo y no podr谩s abandonar la historia hasta el final. Esperamos que te diviertas. Tu cuerpo en este momento esta tomando la primera pastilla, que se encargar谩 de presentarte el primer “cap铆tulo”. 驴Tienes alguna duda u objeci贸n? Tu cuerpo esta esperando una respuesta afirmativa para tragar la primera pastilla. Es la 煤ltima vez que te lo pregunt贸, despu茅s no hay marcha atr谩s… pero estoy segura, que jam谩s te arrepentir谩s.


Detr谩s de toda historia tr谩gica se dice que hubo un amor. Si no es as铆, lo acabo de inventar y me siento orgulloso. Me llamo Ernesto y Mariela rompi贸 ayer conmigo. Los aparatos de Sensoblog no grabaron el momento, porque no se los permit铆… no permit铆 grabar nunca ninguno de los momentos infelices. Siempre tuve, desde nuestra primera cita, un radar que me permit铆a darme cuenta de los momentos infelices. He procurado que solamente queden aquellas noches d贸nde nos enred谩bamos en las almohadas o practic谩bamos alguna perversi贸n como parte de nuestro ocio de pareja. Sensoblog debe estar grabando en este momento como las gotas de la lluvia empapan mi rostro, mi gabardina, mis anteojos oscuros que escondieron l谩grimas abundantes de hace unas horas, en un caf茅 p煤blico. No entiendo, quer铆a proteger a mi pa铆s y Mariela, la guerra ser谩 inminente en unos a帽os y es mejor estar preparado, pero ella no lo acept贸… me dijo que si me iba, me iba para siempre y no puedo soportar la idea de irme y no tener sus brazos para regresar, sentirme un h茅roe, sentirme 煤til por primera vez en mi vida.

La historia de Mariela y Ernesto, su seguro servidor, goza de muchos recuerdos igual que toda historia tr谩gica de amor, desde cuando nos compramos nuestra primera estufa y se nos achicharraron los bisteces, hasta el primer sill贸n d贸nde dorm铆amos y hac铆amos el amor. Debes recordar todas esas historias, porque las vivimos juntos. 驴Recuerdas aquella vez que se recost贸 en el sill贸n, baj贸 sus calzoncitos y movi贸 el culo? No hay nada m谩s 铆ntimo, me dijo… que besar el ano de otra persona. En ese momento me pareci贸 inmoral y est煤pido. Pero se me qued贸 grabado y haciendo memoria de las mujeres que hab铆a besado, o hab铆a abrazado, o los amigos a los que les hab铆a puesto el brazo en el hombro, tuve que darle la raz贸n. No hay acto m谩s 铆ntimo que un beso negro. Aquella noche, a pesar de mis sentimientos encontrados, vamos… seas quien seas debes recordarlo porque lo viviste conmigo, me arrodill茅 frente a Mariela y lam铆 como un perro entre sus nalgas. Un ni帽o deseoso y enfermizo. Un acto de intimidad.

Deber谩s perdonarme, porque s贸lo tienes mis recuerdos felices. Hay algo que siempre me guard茅 y que el equipo de Sensoblog pareci贸 obviar, y fueron todas las discusiones, todas las peleas, todo el remordimiento del mundo. Una vez Mariela me amenaz贸 con un cuchillo, me dej贸 una cicatriz en la ceja y me grit贸 que me largara. Una semana antes yo tuve la culpa, cuando llegu茅 borracho y lo lamento, pero la golpe茅 y le romp铆 la nariz. Viviste las disculpas, nunca los conflictos. No entrar茅 en detalles, prefiero dejarte con todas las sensaciones de amor, de paz, de verdad absoluta que Mariela me entreg贸 en cada uno de nuestros d铆as juntos. Si acaso, ahora te estoy explicando a trav茅s de mis breves memorias, sin detalle, lo que estoy a punto de hacer… es para regalarte un contexto y puedas cerrar el c铆rculo, terminar la historia, y darte cuenta, que amor perfecto no existe, aunque los recuerdos lo parezcan. No me culpes… cualquier persona lo hace as铆, seguro conoces a alguien que habla de su amor, como el m谩s perfecto, pero miente… es verdad que el amor nos embellece pero nada m谩s. El amor, como el maquillaje o las historias, no son para siempre.

Cu谩nto tiempo hemos permanecido bajo la lluvia.


Gottlieb, con una pierna prost茅tica y mecatr贸nica, se encontraba de pie frente al departamento de Mariela y Ernesto. L谩grimas flu铆an libremente, mientras presenciaba las sensaciones de Ernesto y escuchaba las palabras reservadas para 茅l, un mir贸n, un testigo, un esp铆ritu dentro de otro. Cuando lo trajeron a M茅xico y estaba en el hospital, por revisi贸n, hab铆a escuchado una pl谩tica entre su superior y su padre. Hablaban de Mariela, de las condecoraciones, y de lo orgullosos que estaban de su h茅roe. Hab铆a escuchado a su padre llorar como un ni帽o.

–No sab铆a que mi hijo tuviera una novia llamada Mariela… 驴es posible encontrarla? Siento que gracias a ella, mi muchacho ha regresado con vida.

–Har茅 lo posible por localizarla se帽or.

–El dinero no es ning煤n problema…

–Si se帽or, su hijo es un h茅roe, es lo menos que puedo hacer.

No se resisti贸 a la siguiente pastilla y trato de localizarla siguiendo los pasos de Ernesto. Hab铆a funcionado mejor de lo que esperaba, porque las nanom谩quinas lo guiaban. Se ri贸 pat茅ticamente, despu茅s de todo, hab铆a sido lo 煤nico real durante su periodo como soldado. Pod铆a recordar cada una de las palabras que hab铆a construido en torno a Mariela y sent铆a una intimidad como no la hab铆a sentido antes con otra persona. Sent铆a amor. Un pedazo de su consciente sab铆a que los recuerdos no le pertenec铆an, pero no importaba… ya estaba quebrado. No ten铆a nada que perder y si ten铆a alguna esperanza de recuperarse as铆 mismo, Gottlieb ten铆a que estar frente a Mariela y solucionar el misterio.

Las nanom谩quinas dieron la instrucci贸n para tomarse la siguiente pastilla. Solamente quedar铆a una en el botecito.


Alguna vez tenemos que dar el siguiente paso, escondo una pistola bajo la gabardina… seguro ya la hab铆as sentido, pesada, sostenida en los pantalones. Mariela no entiende porque quiero ir a la guerra y yo no entiendo porque no quiere esperarme… nuestra soluci贸n definitiva, es morir el uno pegado al otro. Mejor guardar la intimidad, que romperla. Lamento que as铆 deba terminar la historia de amor que te present茅… y lamento que tengas que mirar esto. Si puedes detener la grabaci贸n, y de verdad, quieres quedarte con una buena imagen, hazlo ahora. Si no quieres detenerte, s铆gueme… tenemos escaleras que subir, d贸nde cada paso pesar谩 una tonelada, como si descendi茅ramos las escaleras del infierno. Gottlieb entr贸 al edificio y subi贸 las escaleras, se palp贸 los pantalones d贸nde deb铆a estar una pistola.

Ella lo entender谩, creo que si… tercer piso, departamento uno, se me caen las llaves, estoy nervioso. Me inclino a recogerlas, abro la puerta y ella se encuentra mirando a trav茅s de la ventana. No voltea para recibirnos. Ella debe saberlo. Gottlieb se lleva una mano a la boca… sigue llorando, ha llorado todo el camino. Le doy las buenas noches y ella hace lo mismo, habla de las luces de la ciudad y de las pocas estrellas que se ven en el cielo. –Deber铆amos comprarnos un telescopio y ya cuando nos harten las nubes que no nos dejan ver, irnos a otro lugar d贸nde el cielo siempre est茅 despejado. –Iremos al cielo –le respond铆–, los amantes siempre van al cielo. Ella volte贸, mir贸 la pistola, pero no hizo ning煤n gesto de sorpresa.

–Sab铆a que llegar铆amos a este lugar –dijo Mariela. Gottlieb le dijo que no, que no lo acepte, que se defienda, que lo va a dejar solo. –驴Puedo acercarme a besarte? –驴No me robar谩s la pistola? –No, y si lo hiciera, tendr铆a que matarte y luego suicidarme. 驴No es lo que piensas hacer? 驴No lo preferir铆as, a dejar nuestro amor inconcluso? –Si… mil veces. Cobardes, dice Gottlieb y se arrodilla, se abraza as铆 mismo, su consciente desea rescatarlo pero las nanom谩quinas no lo permiten. Mariela se acerca, sus manos c谩lidas toman el ca帽贸n de la pistola y lo dirige a su est贸mago. Despu茅s pasa las manos por debajo de la gabardina y aprieta. Acerca sus labios por 煤ltima vez a los m铆os, luego los lleva a mi oreja y me dice–. Inexorable. Aprieto el gatillo de la pistola… y la miro, con una sonrisa tranquila, con los ojos vaciados y perdidos, caer al piso. Me arrodillo frente a ella.

Llorando libremente recuerdo cada uno de los momentos, los grises y los negros. Perd贸name si tuviste el valor de seguirnos hasta este punto. Es hora de apagarnos, no puedo suicidarme y que grabes la sensaci贸n de la muerte. Es el 煤ltimo recuerdo que me guardo. Hasta pronto… gracias por todo, gracias por revivir a Mariela a trav茅s de m铆, y de ti. Click…


La pastilla giraba en el botecito. La pastilla que regresar铆a a la normalidad su sistema neurol贸gico, seg煤n hab铆a dicho su madre. El departamento no estaba vaci贸. Hab铆a otros cuerpos cercanos a 茅l, casi momificados. 驴Les hab铆a sucedido lo mismo? Trat贸 de levantarse, pero su cuerpo no le obedec铆a. Un cient铆fico, al parecer por su bata y sus lentes, sali贸 de uno de los cuartos y le retir贸 la pastilla de la mano. Quiso ponerse de pie y detenerlo, pero no pod铆a. Sus ojos segu铆an llorando, escuchaba sus propios sollozos.

–Es una pena, pero tu cuerpo no querr谩 tragar la 煤ltima pastilla, lo hemos intentado, algunos han muerto ahogados –dijo el cient铆fico–. Pens谩bamos que el mismo error no se repetir铆a ya… cuando el sistema se reactiv贸 y vimos que hab铆a otro sujeto en movimiento, esperamos a que tus pasos te llevaran aqu铆. Hay algunos estudios muy interesantes que hicieron las nanom谩quinas en tu cuerpo… fuiste un soldado, mataste gente por el mero impulso de supervivencia, te volviste un s煤per hombre cuando la adrenalina y las nanom谩quinas hicieron lo suyo. Nunca se nos ocurri贸 que pod铆amos darle una aplicaci贸n militar, pero gracias a ti, nos han recuperado el presupuesto. Los gringos nos har谩n millonarios. Me gustar铆a salvarte, pero no s茅 como hacerlo… es lo malo de las fases beta, seguramente no me escuchas. Los hemos dejado morir a casi todos, deshidrat谩ndose, desnutri茅ndose, sec谩ndose por las l谩grimas… 驴Me pregunto qu茅 tanto sentir谩n que prefieren morir sin tomar la siguiente pastilla?

El cient铆fico sac贸 una pistola, revis贸 el seguro y se equivocaba en algo, 茅l pod铆a escucharlo, pod铆a mirarlo, pero no pod铆a mover su cuerpo… 驴acaso sus estudios no estaban completos? 驴O Gottlieb hab铆a logrado ser una excepci贸n a la regla? Intent贸 con todas sus fuerzas moverse, pero no le respond铆a… tal vez, un dedo o dos, ten铆a que seguir insistiendo. El cient铆fico le puso el ca帽贸n de la pistola en la cabeza. –Lo lamento, soldado… hizo usted un buen trabajo, es lo menos que puedo hacer para salvarle. Gottlieb sinti贸 el ca帽贸n fr铆o de la pistola… tres dedos, cuatro dedos… necesitaba sobrevivir. Lo hab铆a hecho tantas veces antes, que no pod铆a permitir que un simple civil lo tuviera arrodillado al piso. Su cuerpo le permiti贸 alzar una mano, se escuch贸 el disparo de una pistola y el fantasma de Mariela, impregnaba nost谩lgicamente toda la habitaci贸n.


Foto: Caosingaia.

Este es uno de los fotocuentos que escribo en 脕rbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.

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M谩s de una foto es bienvenida. Si ya mandaste una y quieres repetir, adelante. Si eres una nena y quieres enviar una fotograf铆a de tus piernas, mucho mejor :)

M谩s para leer:

  1. Segunda historia de La T铆a Yemita y La Amante de Estrellas
  2. T铆a Yemita: La Amante de Estrellas. (Escrito por Mario Romero)
  3. El Dios
  4. Anoche me olvid茅 de hablar con Dios
  5. que Dios sea honesto… primer

14 respuestas to “Amante de Dios.”

  1. Eve says:

    Impresionante… incluyendo las coincidencias.

    Me quedo triste y pensativa, reflexiva despu茅s de leerlo.

    Eve

  2. Eve says:

    Ah… lo olvidaba:

    隆A una veracruzana jam谩s se le rechaza! :wink:

  3. Eve says:

    Una monta帽a rusa en tiempo, espacio y tegnolog铆a. Pero a fin de cuentas el amor tiene el mismo significado en cualquiera de los tres tiempos Pasado, presente y futuro… el amor es el amor: Anta帽o, cartas Hoy, internet y blogs Ma帽ana, 驴sensoblog? La tendencia a enamorarnos de gente que no hemos tocado es inherente a nuestra naturaleza. (L)

  4. Mariana says:

    Creo que es uno de los cuentos que mas me a gustado, bastante atrayente, no podia dejar de leer y queria mas, snif.

    :mellow:

  5. la Bestia quiere sensoblog!chaaaa

  6. arboltsef says:

    Eve: Me da much铆simo gusto que le haya provocado tantos comentarios y por supuesto que se que a una veracruzana jam谩s se le rechaza… pero, tenga en cuenta que era teibolera… :P

    [quote comment="25599"]

    Creo que es uno de los cuentos que mas me a gustado, bastante atrayente, no podia dejar de leer y queria mas, snif.

    :mellow:

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    [quote comment="25602"]

    la Bestia quiere sensoblog!chaaaa

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    Much铆simas gracias por sus comentarios. El cuento me tom贸 una semana escribirlo y me dej贸 agotado, de alguna manera.

  7. Kare says:

    Me ha fascinado este cuento, no podia dejar de leer.

  8. Mau says:

    Definitivamente de lo mejor que le he le铆do Sr Fest. Me gust贸 mucho.

    Sigue Gzoando!

  9. arboltsef says:

    [quote comment="25611"]

    Me ha fascinado este cuento, no podia dejar de leer.

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    [quote comment="25636"]

    Definitivamente de lo mejor que le he le铆do Sr Fest. Me gust贸 mucho.

    Sigue Gzoando!

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    Con comentarios tan bonitos como estos… c贸mo me sonrojo. :$

  10. Mozzy says:

    Wow.. !

    Mas cuentos como estos Arbolito.

    Mas…

    :)

  11. Sofy says:

    Que bruto Agust铆n!!!!

    Que buen cuento, me ha dejado encantada.

    De quien es la foto?, esta preciosa, me gusto mucho.

  12. Frida says:

    Ya se dijo mucho, pero excelente… aunque mi jefe me rega帽e por estar en internet vali贸 la pena.

    No entend铆 una imagen: cuando habla enfrente de su pap谩 comunic谩ndole que iba a la guerra: dice que tiene los codos en sus hombros :uh:

  13. arboltsef says:

    [quote comment="25865"]

    No entend铆 una imagen: cuando habla enfrente de su pap谩 comunic谩ndole que iba a la guerra: dice que tiene los codos en sus hombros :uh:

    [/quote]

    Jajaja, soy un est煤pido… era los codos sobre sus piernas. Lo arreglar茅 pronto :) y muchas gracias a todos por sus comentarios.

  14. javiero says:

    no mames ando de uno en uno

    y todos me sorpenden de am adres

    eres buenisimo :D

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