Entradas escritas en Enero, 2007 ↓
Enero 17, 2007 — Cuentos, FotoCuento.
Escrito por Agustin Fest.

Me dijeron que le gustaban los tríos, así que estoy considerando llevarle uno… que le cantara despacito, algo así como: Urge que me despierten con un beso enamorado, que me devuelvan el amor que me han robado… porque tambien tengo derecho de vivir. Es una canción excelente para declarársele a alguien… si, ja, un poco urgida… pero así me siento respecto a ella. Ahhh, si ella supiera que esa canción la escuché en la placita, cuando ella caminaba con un vestido amarillo y una rosa blanca en el pelo. Paseaba con sus padres, se detuvo en un puesto de helados y pidió uno de vainilla. No le he confesado mi amor, pero si tuviera que hacerlo, lo haría con esa canción. Porque… ¿saben? Mi corazoncito hace pum pum cuando ella esta cerquita. Me ganan los nervios.
Lo más cerca que estuve, fue cuando le ofrecí un chicle, mientras ambos contemplábamos los cohetes en la feria. Se rozaron nuestras manitas durante tres segundos pero es más que suficiente para que se me ponga la piel chinita acordándome de ella. ¿No me creen? Miren, miren… chinita, chinita, como los pelos de un gato abusado. ¿No será muy derecho llevarle el trío, y permitir que ella me descubra? Ya me imagino, todo un idiota sonriente y lelo, al pie de su ventana. ¿Qué tal si me recuerda como el tipo de los chicles nomás? Eso me metería en un gran problema, con ella y sus papás. ¿Si tiene novio? Ahhh, si mi padre viviera, vendría y me diría—. Las cosas hay que cantarlas derechitas mijo —derechitas papá. ¿Qué hay más derecho que un trío cantando urge? Creo que es más derecho hablar con ella, o seguirla observando un poco más, no hay daño en observar… sólo mi corazón, que se marchita un poco más cada día. Se solucionaría tan fácil hablando por teléfono con Los Chachos. No pierdo nada, creo… sólo que me pisoteé, que me humille, que se ría de mí… no hay nada peor que la incertidumbre, un rechazo de esos puede durar muchos años en el alma.
Ahh, que me diga que me quiere, que no desprecie mis palabras, que no sea ingrata con este corazón. Pensando en ella, de reojo la miro caminando. Pareciera que la invoqué con tantos pensamientos. Muchísima suerte, tal vez debería aprovecharme y decírselo. Cantárselo ya, de una vez, a chingar a su madre, nos jugamos el mundo y los próximos diez años de vida sentimental. ¿Si o no? No, no, aguanten… viene con otro chavo. A la madre, ya sabía yo… tiene novio. Viene con otro chavo… y otro chavo. Con dos. Esta con dos cabrones. ¡Los acaba de besar! ¿Qué puta madres? Mi corazón se acaba de hacer así, y me dijeron que le gustaban los tríos… Oh… ¡OH! ¡Qué pendejo! Esto es terrible, me cae… se sale de mis manos. Esperen… ya, esperen… ¡Esto se arregla muy fácil!
Sólo tengo que hablarle a un cuate…
Foto: El Portero.
Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.
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Enero 16, 2007 — Webcomic.
Escrito por Agustin Fest.

Actualización: Ajem, lo lamento… dejé el post listo para publicarse automáticamente y no me había fijado que se había quedado la imagen miniatura como imagen principal. Les pido una disculpa, ya esta arreglado.
Saludos a todos
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Enero 15, 2007 — Cuentos, FotoCuento.
Escrito por Agustin Fest.

Cuando me mandó una foto al celular de sus piernas, tal como se la pedí… me volví loco de alegría. Era emocionante. La falda, los muslos abundantes y torneados, su piel blanca, unos calzones negros que supuse había manchado en alguna ocasión anterior por la urgencia, ohhh y la minifalda de mezclilla que había aprendido a querer por su practicidad para cualquier rito copulatorio. La foto, evidentemente, me provocaba unas ansias de tomarle por las caderas y hacer de mi voluntad una explosión adentro-afuera. Un impulso animalesco que adormecía, pero pujaba por liberarse con cada pixel que mis ojos apreciaban. La nueva novia me tenía contento, me consentía mucho esos caprichos.
Una amiga, quien miró la foto por casualidad mientras la bajaba en una de las computadoras de la universidad, exclamó alegremente—. Por eso deberían inventar los calzones de mezclilla. Pensé dos segundos su frase, me agarró con la defensa baja, creía que me criticaría por mi foto pero cuando no lo hizo, sentí que era cada vez más común liberarse… usando celulares, cámaras digitales, blogs, webcams… ya cualquier cosa te da oportunidad de exhibirte y de regalar besos a cualquier voyeur que pueda pasarse enfrente, al menos en la cuestión de byte por byte. Me pregunté un poco preocupado si eso podía hacerme insensible… Si lograría hacer comentarios tan triviales como mi amiga. Me reí con su comentario y ella se despidió de beso.
—¿Por qué no me mandas una de esas? —le pregunté, antes de que dejara la sala de cómputo.
—Lo pensaré —dijo, alzando los ojos y abandonando la habitación.
En ese preciso instante, se me ocurrió que podría organizar una red de fotos. Algo sencillo y sin complicaciones. Platicar con algunos amigos y quedar de pasarnos fotos de un estilo similar: Escotes, faldas, piernas, niñas bonitas, fotos de compañeras que conociéramos, usando el celular. Por cada foto que yo pasara, tendría que recibir una y armar una cadenita progresiva de ansias voyeurísticas. Luego, se me ocurrió que podría ser un mensaje cadena—. Mandar una foto que tomara en la calle de algunas piernas y distribuirla a un amigo, quien tendría el deber de pasar dos fotos al siguiente y así. Un pequeño juego perverso y supongo que inofensivo. Suspiré, era buena idea, pero organizarlo me parecía algo complicado, era más fácil buscar las fotos en Google y olvidarse. A no ser que fueran personas que lo comprendieran como yo—. La gracia de buscar alguien que pose para la foto o bien, en el caso más extremo, tomar la foto sin que ella se diera cuenta.
Aún cuando me convencía de que esto no podía ser, ya estaba pensando un nombre para mi club. Los únicos nombres que más o menos apreciaba era: “El culo de Ofelia” y “adictos al viaje voyeurístico”. Ninguno de los dos lo suficientemente bueno. Entre más pensaba en ello (y lo rechazaba, al mismo tiempo), sentí la clásica reacción debajo de mis pantalones. No me había dado cuenta que llevaba un rato mirando la foto, sin prestarle atención… ¿Me entienden? Sin embargo, mi cuerpo reaccionó a la vista, mi cuerpo cumplió la función. ¿Eso era insensibilizarse? ¿Para romper la insensibilización, es por eso que pensaba en clubecitos y compartir pornografía P2P compleja? No sabía que responder, únicamente sentía el gusanito comiéndose las mezclillas, ¿saben?
Tan pronto llegue a casa, hablaré con Ofelia y le invitaré a tomarse más fotos.
Foto: Lobsel Vith.
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Enero 13, 2007 — Familia, Fest, Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Cosas que contar, como que mis tíos tienen deudas y no hemos hecho la despensa en un rato. Cuando no hay bolsas para tirar basura, por ejemplo, sabes que algo esta mal. Es una alerta, una invitación a la carencia que puede existir durante dos o tres meses. Me recuerda cuando mi madre perdió su trabajo: las bolsas de basura se hicieron más pequeñas, teniendo que ocupar las regulares del supermercado en vez de las bolsas negras. Es un recuerdo muy particular, lo sé, pero al parecer… muy cierto. Una carencia se puede extender hasta años, si no se previene y se trabaja. Todo te lo dicen las bolsas de basura.
¿De comer? Ayer mi tío Daniel y yo, nos asomamos al refrigerador, y lo único que quedaba era un queso doble crema y una botella de vino. Había más pasta en algún lugar de la despensa, pero creo que comer pasta durante tres días seguidos, nos ha hecho olvidar el espíritu alegre y parlanchín, estereotipado de los italianos, cuando hacen y sirven la pasta. Ahorita, por ejemplo, resignado a que no comeré algo más sustancioso, estoy cociendo algo de pasta. Increíble porque mi abuela insistía en que no abusáramos de ella, porque era pura masa (nos decía) y la masa sólo es eso… comida para olvidar que tienes hambre. Creo que eso pensaba de la pasta y similares. Pero el hambre es el hambre, así que me comeré mi platote tan pronto esté listo.
Aunque pasé hambre, muchas veces, cuando estaba solo en casting… no tenía una noción desagradable de que no es mi problema. Obviamente, vives solo, tienes que conseguir comida, trabaja huevón. No vives solo, entonces formas parte de una comunidad, eres una pieza más, y no únicamente tu problema. Es una noción desagradable, porque he vivido solo. Es una noción agradable, porque se que no estoy solo e incluso el hambre y esas pavadas, son más disfrutables cuando tienes a alguien a tu lado para reírte de eso. Ayer, supongo que por eso mi tío Daniel y yo, nos acabamos la botella de vino y platicamos nada. Se nos fue la noche y el hambre. Hace unos días me dijo un poco triste que es gacho sentirse pobre.
Me sentía así cuando estaba solo… pobre. Si sentía una urgencia materialista, era porque vivía solo… tal vez. Todavía estoy pensando en ello. ¿La urgencia materialista fue porque era independiente? ¿Y ahora qué estoy en casa, no siento ninguna urgencia? No, creo que no, veo con cierta indiferencia lo bonito que hay y no puedo tener. ¿Es la compañía lo que me hace olvidar esos deseos? ¿Será acaso, tan importante la familia como para olvidar celulares nuevos, coches que desearías, juguetitos electrónicos? Sé que pronto tendré un trabajo y lo veo con entusiasmo, porque quiero que sirva como un punto de inicio y de ahorro, por el casorio que ya esta cada vez más cerca. Aunque parte de ese sueldo (aún imaginario) lo estoy apartando para uno de esos gustos, un sólo juguetito de cuatro o cinco que podría comprarme.
Así son las cosas en familia, supongo. Un resumen:
Mi vida se ha convertido en una telenovela… resulta que mis medias hermanas estan estudiando en la misma preparatoria que mi hermano. Tengo un hermano medio más pequeño. Ninguno sabe de mi existencia. En un afán de enseñarles moral y buenas costumbres, prefieren mantenerme como un secreto alejado… Mi padre, no quiere saber de mí. Resulta, que por coincidencias, mi hermano y ellas en la misma preparatoria… Sólo faltaría que mi novia fuera una prima, con eso de que nos dicen que nos parecemos tanto. Mi padre y yo, al menos ya cruzamos caminos, en la misma preparatoria que yo estudié y he querido tanto.
JA JA Oh WOW.
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Enero 12, 2007 — Webcomic.
Escrito por Agustin Fest.
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Enero 11, 2007 — Cuentos, FotoCuento.
Escrito por Agustin Fest.

Esta caminata me ha llevado mucho tiempo, no tengo mapas, sólo una mochila con unas cuantas prendas de ropa y otros artículos básicos y de vanidad: una navaja de afeitar, un desodorante, un peine, una brújula y una navaja suiza. Nada más. Nunca he utilizado la brújula, bien debiera, para al menos darme una idea de hacia dónde estoy caminando. La verdad es que no importa. Trato de caminar sobre los caminos ya construidos, pero a veces los caminos terminan o caigo en el instinto natural del ser humano que es caminar en círculos. Es entonces cuando alzo la mano y pido un ride, que me lleven a dónde me tengan que llevar. Ha sido un viaje seguro y tranquilo hasta el momento.
Me dije que debía caminar cuando me harté de todo, cuando me sentía un personaje secundario de una vida. Un personaje de soporte en la vida de todos, exceptuando la mía. Creo que me sentí romántico, si… eso creo. Di el salto, y lo di bien. Esa mañana, dejé mi departamento, mi televisión de diecinueve pulgadas, mi home theater de 35,000 pesos. Tiré el DVD de Fight Club a la basura y me puse a caminar. Sabía que si miraba esa película una vez más, terminaría en mi sillón, asombrado, descansando la mente, pero sin disposición a saltar, a abandonarlo todo. Mi departamento ya esta pagado, supongo que puedo regresar a él, si alguna vez encuentro el camino de regreso. Llevo mi cámara pero no he tomado muchas fotos. Trato de tomar una diaria, en la resolución más pequeña que puedo, porque quisiera tomar fotos durante mucho tiempo.
Cometí el error de guardar mi CV en la mochila. Fue un impulso. Como si fuera a encontrar un hogar y en ese hogar necesitara un trabajo. Se me hizo mejor guardarlo de manera física, en cualquier momento podría llegar a un cybercafé, en alguna ciudad pequeña, bajarlo e imprimirlo sin el mayor problema. Pero quise llevármelo. No sé si es un recuerdo de la vida que estoy dejando, o si de veras, en alguna parte de mi espíritu espero encontrar mi siguiente casa. El CV no me ha servido de nada práctico. Para sostener mi viaje he tenido que ser mesero, incluso una vez lavé baños y alimenté puercos. Los viejos me han dicho que cualquier trabajo es digno. Es algo difícil de entender cuando en tu pasado, tienes un THX envolvente, retumbando los cristales de tu departamento.
Si me preguntan cuantos días llevo haciendo esto, digo que una semana, para que sientan que estoy a punto de rendirme en cualquier momento. La verdad son tres meses. Los primeros días no fueron fáciles, porque mi mente estaba cerrada a soluciones prácticas y rústicas. Estaba tan malacostumbrado al papel de baño, por ejemplo, cuando uno puede usar un periódico o sus propias manos. También esa necesidad nefasta de solamente usar encendedores y cerillos, para prender el fuego. ¡Aprendí a hacer fuego, usando piedras y palos! También se un poco más de los bosques. El primer mes, me perdí dos o tres veces en uno, sólo tantito, para ver que se sentía. En todas partes hay trabajos que nadie quiere hacer, en todas partes he aceptado uno o dos de estos trabajos, cuando me aburría de servir mesas. Es en serio cuando hablo de que he alimentado cochinos, y me imagino que mis manos alimentan un hijo pródigo, deseando regresar a casa. Escribiré un libro si alguna vez regreso.
Qué buena idea… el CV como papel de baño… ahora sé porque lo cargo conmigo.
Foto: Lichita.
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Enero 10, 2007 — BOB, Cuentos, FotoCuento, The Book of the Dead Children.
Escrito por Agustin Fest.

Entre mis nombres, esta el de Guadalupe Espartaco. Tal vez en algún lugar habrán escuchado de mí, aunque no lo recomiendo, porque mi nombre trae desgracias a los amables escuchas. No se sorprendan si tienen que revisar abajo de su cama o el closet antes de dormir después de escuchar esto. Desde hace muchísimos años, tantos que no puedo contarlos ya, me han perseguido ángeles y demonios. Los de verdad, no mamadas… ángeles y demonios, con sus alas, sus poderes, sus auras especiales, sus alitas y cuernos. Los únicos y originales. Soy valioso para ellos porque mi alma lleva consigo muchos años de recuerdos, anécdotas, conocimientos… muchísimos años, creo que rebaso el milenio, no puedo recordarlo todo porque mis recetas para la regeneración de piel y de las celulas son cada vez más difíciles de preparar. Los ingredientes y materiales se hacen cada vez más escasos. No creo sobrevivir más allá de otros doscientos años. ¿Me preguntas si hay una receta para la vida eterna? Neh. Eso no existe. Desde hace tiempo que mi nombre esta escrito en la libreta del destino y me he escapado. Soy un hombre que escapa de la muerte y necesita regenerar su cuerpo para no envejecer demasiado.
Pero no es de eso de lo que quiero hablar, ese es un pasado del que no quiero hablar.
Hablemos de que en ese milenio, me enamoré cuatroscientas veces, cogí un millón y hasta la fecha, me sobreviven 10,529 hijos. La muerte no me busca en balde. Es la creación de nuevas vidas que no estaban contempladas en su libreta, la que hace las cosas más difíciles en su trabajo. Son 10,529 seres humanos que modifican la vida de otros, aún en las cosas más sencillas. Es muy probable que conozcas a uno de ellos y haya modificado tu destino, sin tú saberlo. En algo se tiene que ocupar este viejo… uno de mis pasatiempos, cada cien o doscientos años, es buscar a los niños, y a los niños de esos niños, que han brotado de mi esperma. Como las flores, ¿no? Las semillas se escapan con el viento y fertilizan más campo. Si realmente me dedicara a ello, podría tener una nación. Mi edad ayuda a mis sentidos. Mis sentidos perciben mejor a la gente que lleva mi linaje. ¿Me creerían que tengo hijos hasta en Rusia?, supongo que no. Recuerdo a ese Espartaquito, trabajando en las minas de Siberia, con los músculos europeos, muy en contraste con su padre moreno y arrugado, de ojos pequeños. Ahh, en esta vida he visto cosas que la mayoría de ustedes no creerían. Sé, por ejemplo, que algunos demonios percibirán su aroma después de hablar conmigo y se los comerán mientras duermen. Si tienen suerte se los llevarán un súcubo. Créanme, son los mejores, siempre y cuando uno se deje. Flojito y cooperando.
Entre uno de esos niños, estaba Uriel, el chamaquito de la foto, el chiquito de la izquierda. El de la derecha era su amigo, Juán.
He escuchado rumores, que todos aquellos que llevan mi sangre, son ahora perseguidos por un hombre en una camioneta. Un hombre de chamarra negra, de jeans y siempre fumando. Nunca se le ve el rostro. No hay otro cabrón que pueda hacerlo como él, habrán muchos imitadores pero el original es inconfundible. Se siente su presencia, de inmediato. Dicen que en su camioneta lleva un cacto, cuya alma esta a punto de perderse por una apuesta, y que lo utiliza para comerse a los más pequeños de mis hijos. Un cacto come niños, ¿pueden creerlo? —Eso detendrá la devastación —dicen que ha dicho el señor de todas las respuestas. A Uriel lo agarró mientras estaba jugando a la guerra, se puso a jugar con los niños a la guerra… el muy cabrón. Cuando terminó, lo llevó cargando a la camioneta y lo aventó ahí. Eso me dijo Juán cuando pregunté por él. Me ha perseguido tanto tiempo que ha perdido la perspectiva, ahora busca a mis hijos para llegar a mí. Me es imposible protegerlos a todos, a los 10,529 restantes. Finalmente quien gana es la muerte. Dicen que anota en una libreta el nombre de todos los niños que se ha llevado para arreglar mis desastres y lo de los otros.
El sistema debe reestablecerse. Eso dicen que ha dicho.
Tal vez me quedan doscientos años, tal vez me quedan menos. Depende de las recetas o que me derrote uno de tantos demonios. Hay tiempo suficiente para enamorarme muchas veces más. Años suficientes para tener otros cien hijos, o cuatroscientos si realmente me enfoco a ello. Uno de cuatroscientes sobrevivirá, estoy seguro de ello. Accidentes pasan todo el tiempo, el plan de la muerte no puede ser perfecto. ¿Qué tiene? ¿Por qué me miras así? Esta es una de tantas guerras secretas. Él juega a deshacer lo que hago, yo jugaré a hacerlo de nuevo, a hacerlo más rápido. De verdad… me entristece que uno a uno, mis hijos sean devorados. Pero más me entristecería si ya no existiera un Espartaco en este mundo, en este tiempo.
Foto: Ruy Feben.
Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.
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