Entradas escritas en Enero, 2007 ↓
Enero 13, 2007 — Familia, Fest, Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Cosas que contar, como que mis tíos tienen deudas y no hemos hecho la despensa en un rato. Cuando no hay bolsas para tirar basura, por ejemplo, sabes que algo esta mal. Es una alerta, una invitación a la carencia que puede existir durante dos o tres meses. Me recuerda cuando mi madre perdió su trabajo: las bolsas de basura se hicieron más pequeñas, teniendo que ocupar las regulares del supermercado en vez de las bolsas negras. Es un recuerdo muy particular, lo sé, pero al parecer… muy cierto. Una carencia se puede extender hasta años, si no se previene y se trabaja. Todo te lo dicen las bolsas de basura.
¿De comer? Ayer mi tío Daniel y yo, nos asomamos al refrigerador, y lo único que quedaba era un queso doble crema y una botella de vino. Había más pasta en algún lugar de la despensa, pero creo que comer pasta durante tres días seguidos, nos ha hecho olvidar el espíritu alegre y parlanchín, estereotipado de los italianos, cuando hacen y sirven la pasta. Ahorita, por ejemplo, resignado a que no comeré algo más sustancioso, estoy cociendo algo de pasta. Increíble porque mi abuela insistía en que no abusáramos de ella, porque era pura masa (nos decía) y la masa sólo es eso… comida para olvidar que tienes hambre. Creo que eso pensaba de la pasta y similares. Pero el hambre es el hambre, así que me comeré mi platote tan pronto esté listo.
Aunque pasé hambre, muchas veces, cuando estaba solo en casting… no tenía una noción desagradable de que no es mi problema. Obviamente, vives solo, tienes que conseguir comida, trabaja huevón. No vives solo, entonces formas parte de una comunidad, eres una pieza más, y no únicamente tu problema. Es una noción desagradable, porque he vivido solo. Es una noción agradable, porque se que no estoy solo e incluso el hambre y esas pavadas, son más disfrutables cuando tienes a alguien a tu lado para reírte de eso. Ayer, supongo que por eso mi tío Daniel y yo, nos acabamos la botella de vino y platicamos nada. Se nos fue la noche y el hambre. Hace unos días me dijo un poco triste que es gacho sentirse pobre.
Me sentía así cuando estaba solo… pobre. Si sentía una urgencia materialista, era porque vivía solo… tal vez. Todavía estoy pensando en ello. ¿La urgencia materialista fue porque era independiente? ¿Y ahora qué estoy en casa, no siento ninguna urgencia? No, creo que no, veo con cierta indiferencia lo bonito que hay y no puedo tener. ¿Es la compañía lo que me hace olvidar esos deseos? ¿Será acaso, tan importante la familia como para olvidar celulares nuevos, coches que desearías, juguetitos electrónicos? Sé que pronto tendré un trabajo y lo veo con entusiasmo, porque quiero que sirva como un punto de inicio y de ahorro, por el casorio que ya esta cada vez más cerca. Aunque parte de ese sueldo (aún imaginario) lo estoy apartando para uno de esos gustos, un sólo juguetito de cuatro o cinco que podría comprarme.
Así son las cosas en familia, supongo. Un resumen:
Mi vida se ha convertido en una telenovela… resulta que mis medias hermanas estan estudiando en la misma preparatoria que mi hermano. Tengo un hermano medio más pequeño. Ninguno sabe de mi existencia. En un afán de enseñarles moral y buenas costumbres, prefieren mantenerme como un secreto alejado… Mi padre, no quiere saber de mí. Resulta, que por coincidencias, mi hermano y ellas en la misma preparatoria… Sólo faltaría que mi novia fuera una prima, con eso de que nos dicen que nos parecemos tanto. Mi padre y yo, al menos ya cruzamos caminos, en la misma preparatoria que yo estudié y he querido tanto.
JA JA Oh WOW.
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Enero 12, 2007 — Webcomic.
Escrito por Agustin Fest.
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Enero 11, 2007 — Cuentos, FotoCuento.
Escrito por Agustin Fest.

Esta caminata me ha llevado mucho tiempo, no tengo mapas, sólo una mochila con unas cuantas prendas de ropa y otros artículos básicos y de vanidad: una navaja de afeitar, un desodorante, un peine, una brújula y una navaja suiza. Nada más. Nunca he utilizado la brújula, bien debiera, para al menos darme una idea de hacia dónde estoy caminando. La verdad es que no importa. Trato de caminar sobre los caminos ya construidos, pero a veces los caminos terminan o caigo en el instinto natural del ser humano que es caminar en círculos. Es entonces cuando alzo la mano y pido un ride, que me lleven a dónde me tengan que llevar. Ha sido un viaje seguro y tranquilo hasta el momento.
Me dije que debía caminar cuando me harté de todo, cuando me sentía un personaje secundario de una vida. Un personaje de soporte en la vida de todos, exceptuando la mía. Creo que me sentí romántico, si… eso creo. Di el salto, y lo di bien. Esa mañana, dejé mi departamento, mi televisión de diecinueve pulgadas, mi home theater de 35,000 pesos. Tiré el DVD de Fight Club a la basura y me puse a caminar. Sabía que si miraba esa película una vez más, terminaría en mi sillón, asombrado, descansando la mente, pero sin disposición a saltar, a abandonarlo todo. Mi departamento ya esta pagado, supongo que puedo regresar a él, si alguna vez encuentro el camino de regreso. Llevo mi cámara pero no he tomado muchas fotos. Trato de tomar una diaria, en la resolución más pequeña que puedo, porque quisiera tomar fotos durante mucho tiempo.
Cometí el error de guardar mi CV en la mochila. Fue un impulso. Como si fuera a encontrar un hogar y en ese hogar necesitara un trabajo. Se me hizo mejor guardarlo de manera física, en cualquier momento podría llegar a un cybercafé, en alguna ciudad pequeña, bajarlo e imprimirlo sin el mayor problema. Pero quise llevármelo. No sé si es un recuerdo de la vida que estoy dejando, o si de veras, en alguna parte de mi espíritu espero encontrar mi siguiente casa. El CV no me ha servido de nada práctico. Para sostener mi viaje he tenido que ser mesero, incluso una vez lavé baños y alimenté puercos. Los viejos me han dicho que cualquier trabajo es digno. Es algo difícil de entender cuando en tu pasado, tienes un THX envolvente, retumbando los cristales de tu departamento.
Si me preguntan cuantos días llevo haciendo esto, digo que una semana, para que sientan que estoy a punto de rendirme en cualquier momento. La verdad son tres meses. Los primeros días no fueron fáciles, porque mi mente estaba cerrada a soluciones prácticas y rústicas. Estaba tan malacostumbrado al papel de baño, por ejemplo, cuando uno puede usar un periódico o sus propias manos. También esa necesidad nefasta de solamente usar encendedores y cerillos, para prender el fuego. ¡Aprendí a hacer fuego, usando piedras y palos! También se un poco más de los bosques. El primer mes, me perdí dos o tres veces en uno, sólo tantito, para ver que se sentía. En todas partes hay trabajos que nadie quiere hacer, en todas partes he aceptado uno o dos de estos trabajos, cuando me aburría de servir mesas. Es en serio cuando hablo de que he alimentado cochinos, y me imagino que mis manos alimentan un hijo pródigo, deseando regresar a casa. Escribiré un libro si alguna vez regreso.
Qué buena idea… el CV como papel de baño… ahora sé porque lo cargo conmigo.
Foto: Lichita.
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Enero 10, 2007 — BOB, Cuentos, FotoCuento, The Book of the Dead Children.
Escrito por Agustin Fest.

Entre mis nombres, esta el de Guadalupe Espartaco. Tal vez en algún lugar habrán escuchado de mí, aunque no lo recomiendo, porque mi nombre trae desgracias a los amables escuchas. No se sorprendan si tienen que revisar abajo de su cama o el closet antes de dormir después de escuchar esto. Desde hace muchísimos años, tantos que no puedo contarlos ya, me han perseguido ángeles y demonios. Los de verdad, no mamadas… ángeles y demonios, con sus alas, sus poderes, sus auras especiales, sus alitas y cuernos. Los únicos y originales. Soy valioso para ellos porque mi alma lleva consigo muchos años de recuerdos, anécdotas, conocimientos… muchísimos años, creo que rebaso el milenio, no puedo recordarlo todo porque mis recetas para la regeneración de piel y de las celulas son cada vez más difíciles de preparar. Los ingredientes y materiales se hacen cada vez más escasos. No creo sobrevivir más allá de otros doscientos años. ¿Me preguntas si hay una receta para la vida eterna? Neh. Eso no existe. Desde hace tiempo que mi nombre esta escrito en la libreta del destino y me he escapado. Soy un hombre que escapa de la muerte y necesita regenerar su cuerpo para no envejecer demasiado.
Pero no es de eso de lo que quiero hablar, ese es un pasado del que no quiero hablar.
Hablemos de que en ese milenio, me enamoré cuatroscientas veces, cogí un millón y hasta la fecha, me sobreviven 10,529 hijos. La muerte no me busca en balde. Es la creación de nuevas vidas que no estaban contempladas en su libreta, la que hace las cosas más difíciles en su trabajo. Son 10,529 seres humanos que modifican la vida de otros, aún en las cosas más sencillas. Es muy probable que conozcas a uno de ellos y haya modificado tu destino, sin tú saberlo. En algo se tiene que ocupar este viejo… uno de mis pasatiempos, cada cien o doscientos años, es buscar a los niños, y a los niños de esos niños, que han brotado de mi esperma. Como las flores, ¿no? Las semillas se escapan con el viento y fertilizan más campo. Si realmente me dedicara a ello, podría tener una nación. Mi edad ayuda a mis sentidos. Mis sentidos perciben mejor a la gente que lleva mi linaje. ¿Me creerían que tengo hijos hasta en Rusia?, supongo que no. Recuerdo a ese Espartaquito, trabajando en las minas de Siberia, con los músculos europeos, muy en contraste con su padre moreno y arrugado, de ojos pequeños. Ahh, en esta vida he visto cosas que la mayoría de ustedes no creerían. Sé, por ejemplo, que algunos demonios percibirán su aroma después de hablar conmigo y se los comerán mientras duermen. Si tienen suerte se los llevarán un súcubo. Créanme, son los mejores, siempre y cuando uno se deje. Flojito y cooperando.
Entre uno de esos niños, estaba Uriel, el chamaquito de la foto, el chiquito de la izquierda. El de la derecha era su amigo, Juán.
He escuchado rumores, que todos aquellos que llevan mi sangre, son ahora perseguidos por un hombre en una camioneta. Un hombre de chamarra negra, de jeans y siempre fumando. Nunca se le ve el rostro. No hay otro cabrón que pueda hacerlo como él, habrán muchos imitadores pero el original es inconfundible. Se siente su presencia, de inmediato. Dicen que en su camioneta lleva un cacto, cuya alma esta a punto de perderse por una apuesta, y que lo utiliza para comerse a los más pequeños de mis hijos. Un cacto come niños, ¿pueden creerlo? —Eso detendrá la devastación —dicen que ha dicho el señor de todas las respuestas. A Uriel lo agarró mientras estaba jugando a la guerra, se puso a jugar con los niños a la guerra… el muy cabrón. Cuando terminó, lo llevó cargando a la camioneta y lo aventó ahí. Eso me dijo Juán cuando pregunté por él. Me ha perseguido tanto tiempo que ha perdido la perspectiva, ahora busca a mis hijos para llegar a mí. Me es imposible protegerlos a todos, a los 10,529 restantes. Finalmente quien gana es la muerte. Dicen que anota en una libreta el nombre de todos los niños que se ha llevado para arreglar mis desastres y lo de los otros.
El sistema debe reestablecerse. Eso dicen que ha dicho.
Tal vez me quedan doscientos años, tal vez me quedan menos. Depende de las recetas o que me derrote uno de tantos demonios. Hay tiempo suficiente para enamorarme muchas veces más. Años suficientes para tener otros cien hijos, o cuatroscientos si realmente me enfoco a ello. Uno de cuatroscientes sobrevivirá, estoy seguro de ello. Accidentes pasan todo el tiempo, el plan de la muerte no puede ser perfecto. ¿Qué tiene? ¿Por qué me miras así? Esta es una de tantas guerras secretas. Él juega a deshacer lo que hago, yo jugaré a hacerlo de nuevo, a hacerlo más rápido. De verdad… me entristece que uno a uno, mis hijos sean devorados. Pero más me entristecería si ya no existiera un Espartaco en este mundo, en este tiempo.
Foto: Ruy Feben.
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Enero 10, 2007 — Webcomic.
Escrito por Agustin Fest.
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Enero 9, 2007 — Cuentos, FotoCuento.
Escrito por Agustin Fest.

—¡No me pintes la boca!
—¡Qué si te la pinto!
—¡No me pintes la boca, que así se hacen los putos maricos!
—¡Qué si te la pinto para que te veas bonito!
—¿En serio me voy a ver bonito?
—¡Qué si!
—Mamá me esta tomando una foto… no, no, no, no… groso. Ahora voy a tener una foto dónde mi padre me diga que fui un marico muy temprano.
—Te ves re-chulo de bonito.
—Qué espanto.
—¿Quieres que te cuente un espanto?
—Cuéntame un espanto.
—¿Sabes por qué Martín y Georgina ya no juegan con nosotros?
—¿Por qué?
—Porque se los llevó un robachicos.
—¡No es cierto!
—Se los llevó un hombre de jeans y chamarra negra, con un cigarro en la boca. Se los robó en una camioneta.
—¿En serio?
—Ajá.
—¿A dónde se los llevó?
—Dicen que en su camioneta había un cactus que comía niños y que tenía hambre.
—¡Los cactos no comen niños boba!
—¡Si comen!
—¡Qué NO!
—¡Qué si! Dicen que se ha comido tantos niños, que hasta alguien ha escrito un libro de la cantidad enorme de niños que se ha comido. Le llaman el libro de los niños muertos.
—¡No es cierto babas!
—¡Déjame pintarte los ojos, o si no te llevará el cacto come nenes!
—¡MAMÁ! ¡DILE A BERENICE QUE LOS CACTOS QUE COMEN NIÑOS NO EXISTEN!
Foto: Fander.
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Enero 8, 2007 — Webcomic.
Escrito por Agustin Fest.
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Tags: Amigos, Dialogo, don-arturo, humor, Webcomic
Enero 7, 2007 — Webcomic.
Escrito por Agustin Fest.
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Enero 6, 2007 — Cuentos, FotoCuento.
Escrito por Agustin Fest.

“Gracias a que abandoné tu yugo”, empecé a escribir en la carta que pensaba dejar en la puerta de tu casa, para que supieras de mi regreso. Ya estoy en la Ciudad de México. En unas horas, iré a la central para tomar un camión que me dejará en casa… la misma casa que es la tuya. No sé que decirte, cuando tuve el valor de establecerme en un lugar, te mandé mi dirección porque me sentía lista a enfrentarte. Incluso me sentía preparada para recibir una visita tuya. Pero tu golpe fue otro y nunca pensé que fuera tan doloroso—. Un paquete con un plano de Bellas Artes y mi libro preferido con todo y dedicatoria. Una carta dónde me platicabas que una prima vivía contigo, pero que no pensabas casarte con ella. La conozco, quiso estar contigo desde antes que yo lo quisiera. Me platicaba a lujo de detalle los sueños que tenía con tu presencia, pero gané yo… ¿no es cierto? Dejamos la decisión en tus manos y seguro me guardó un rencor profundo cuando me tomaste la mano. Ahora, seguramente esta encima de ti, haciéndote las cosas que te gustan, desde los huevos con jamón para el desayuno hasta una mamada profunda y masoquista. ¿Qué se yo? Ya no eres mío. Tal vez me alegraría si supiera que sigues siendo el mismo adicto al trabajo y que ella sufre las mismas privaciones que yo, pero también leí como has cambiado un trabajo por otro para disfrutar más la vida. Lo leí todo. La vida es una ironía. Odio esa palabra: Irónico.
En este momento me encuentro sentada frente a Bellas Artes, en mi bolsa cargo el libro que me conseguiste. Recuerdo cuando regresaste de tu viaje en aquel entonces y me dijiste muy triste que no lo habías conseguido, que por trabajo. ¿Sabes que por eso te dejé, amor? Porque pensé que ni eso podías hacer por mí. Fue muy estúpido no habértelo dicho, pero que consiguieras ese libro era vital para mí. Con ello terminaría por decidir si continuaba contigo, o si te dejaba para recuperar un poco de auto estima. Te odié tanto cuando no lo llevaste, que viajé por toda América y te mandé las fotos para que me recordaras, para que sintieras dolor por haberme perdido a causa de un pinche libro que no pudiste conseguir. Cuando se acabó el odio… me llegó tu carta, me llegó el libro… ¿Es que lo buscaste después que te dejé? No… No fue así, estabas planeando una sorpresa pero no supe leerte. Estaba tan dolida que me ganó el egoísmo.
Si quiero ir a casa, amor… es para enfrentarnos de verdad. Objetivamente las cosas son muy sencillas, regreso a ti, nos explicamos lo que pasó y podemos regresar juntos. Nunca firmamos papeles de divorcio, ante la sociedad seguimos casados. Pero no es así de fácil… si voy, es porque estoy admito la posibilidad de que esta vez lo perderé todo, y lo perderé bien. Me eligirás sobre la puta de mi prima. Me invitarás un café y luego me enseñarás la que era nuestra puerta. Ya cuando esté sola, viviendo en algún otro lugar de la República, me enviarás fotos con tu pareja, después con tus hijos y tú sonriendo. Ni siquiera necesitarás firmarlas como “Gracias a que abandoné tu yugo”, porque será la ironía escondia entre tú y yo. Sólo quiero hacerte saber que te dejé por ese libro que nunca me enseñaste en el momento indicado. Por nuestra imprudencia. Quiero hacerte saber que nuestra vida fue radicalmente distinta por una estupidez.
Tal vez, así consiga un poco de redención, y nos dejaremos de chingaderas.
Foto: Skene. — Flickr
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Enero 5, 2007 — Webcomic.
Escrito por Agustin Fest.
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Tags: Dialogo, humor, palabras-de-amor, resentimiento, superficial, Webcomic
Enero 5, 2007 — Cuentos, FotoCuento, Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.

Tengo una historia que contar y sucedió frente a mi computadora. Estudiaba para mi examen, llevaba ya varios días estudiando. Era el último de la carrera, el que definiría mi vida como licenciado, profesionista, hombre de bien y honorable, o adorable para las chicas. Decía yo que estaba frente a la computadora estudiando, acerca de los núcleos filosos de un electrón carga catorce… no. Esperen, no estaba estudiando eso, eso no existe y no tiene sentido. Pero decía, estaba frente a la computadora, estudiando para mi último examen, cuando una ninfeta se conectó al messenger y quiso platicar conmigo. Era mi novia, pero se hizo llamar ninfeta y me contó una historia tenebrosa dónde a ella le salía pelo, y cola, y orejas de gata, y me presumió que estaba en celo. Estaba decidido a no hacerle caso, cuando escuché MIAU, MIAU, y rasguños en la puerta. No… no fue así, más bien, le presionó a la cosa esa de zumbido y yo tenía que estudiar para mi examen. Así que abrí su ventana, y le pregunté ¿qué pasó? Ella me contestó—. Nada ha pasado, amado mío, voy a contarte una historia tenebrosa, dónde me crece el cabello como un animal, las orejas como un gato y mi vagina estará en celo porque necesita parir a dieciseis chamacos. No me lo tomen a mal, de alguna manera extraña me estaba calentando, sentí la erección rozar mis pantalones tan fuerte como el núcleo filoso de un electrón (carga catorce) y me lo saqué de los pantalones, entonces nos contábamos la historia por micrófono, una dónde ella arqueaba la espalda y me hacía MIAU MIAU y a mí el coso se me llenaba de pelos de gata, humedad de gata y se me estremecía como un resortito por los maullidos del gato. Pero tenía que estudiar, porque mi último examen era mañana, y antes de cogerme muchas gatas prefería ser un hombre de bien, así que de vez en cuándo, mientras continuaba vapuleando el miembro con mi mano, leía atentamente los procesos administrativos para tratar una máquina de emergencia contra los tubos de escape de la fábrica de muñequitas.
La ninfeta se fue en algún momento. Me dejó el miembro lleno de pelos y yo pensaba que debía continuar estudiando mi texto. Entonces solté mi miembro, tan duro como hacía unos momentos, le di click a la ventana de mi texto y continué leyendo. Entonces curiosas imágenes saltaron a mi cerebro, dónde un enano se peleaba contra un golem de tres cabezas. Necesitaba la armadura nivel setenta y ocho, hecha de escamas de dragón, porque de lo contrario no podría entrar a la empresa de los procesos administrativos de las muñequitas con sus máquinas y esos cosos. Di click para minimizar el documento, y con el miembro todavía erecto, abrí el MMORPG de mi preferencia. Encontré a mi personaje, un enano demasiado alto y fuerte para su bienestar, y viajamos juntos para conseguir la armadura que me ayudaría a conseguir la aprobación de mi necesitado examen. Necesitaba estudiar el proceso evolutivo de las células madres escondidas bajo el platito de microondas junto a otras bacterias, y sólo tendría la capacidad suficiente para manejar esos reactivos si conseguía la espada nivel 99, la llamada de las Mil Verdades. Viajando por montañas, cargando los maleficios encima, enfrentándome a goblins rastreros… no, espera. Mi profesor dice que los que más saben son los más enfermos y desdichados. Los que más saben… yo sabía que tenía mi miembro en la mano, la espada de las mil verdades. Cerré horrorizado el juego y abrí de nuevo mi documento. Debía estudiar las consecuencias del 9 de septiembre en la economía mundial y como afectó esto los centavos de una libra esterlina abandonada en Wessex.
Alcohol y pastillas, mantenerme despierto, puse música para relajarme.
Debía estudiar la inevitabilidad del destino, cuando Helena de Troya se comió un sandwich mientras Sansón le gritaba dónde había dejado su cabello. No debía ser imposible. Puse algo de música y continué leyendo mi documento. Escuchaba la voz melosa de la nena de Belanova y el poster de Faye Valentine adquirió vida. Entonces pensé, idióticamente, que Faye y Denisse eran iguales. Denisse se vestía igual que Faye. Denisse quería ser Faye. Denisse me apuntó con una pistola y barajeó las cartas, y me propuso—. Juega, vamos, juega conmigo en Yahoo. No puedo jugar en Yahoo, Valentine, porque si juego no podré estudiar las repercusiones del suicidio de Saddam en los niños de 9 y 10 años que vieron la televisión el dieciocho de septiembre del dos mil dos. Ella pareció sonreírme y entenderme, pero continuamos jugando lo que parecieron años. Una escalera real me indicó que mirara a la ventana, pronto serían las seis de la mañana, pero no importaba porque estaba sentado frente a Faye Denisse y habíamos prometido que si yo ganaba el juego, recibiría la mejor mamada de mi vida. Eso me prometió, que se escondería debajo de mi escritorio y tomaría mi espada de las mil verdades. La espada necesitaba aceite para manejar la máquina de las células madres, es bien sabido por todos. Pero que si perdía, oh… si yo perdía, tendría que ponerme la pistola en la boca y jalar el gatillo, porque es fácil perder cuando no sabes nada, es fácil perderlo todo cuando repruebas ese examen. Pero así pasa, mi profesor de ojos tristes y voz cansada me lo prometió: Los que más sabemos, más sufrimos.
Foto: Tonchi.
Este cuento forma parte de los fotocuentos que estaré escribiendo en este blog. Si quieres formar parte o enviar una foto, revisa este post: Acerca de los FotoCuentos. Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.
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Enero 5, 2007 — Webcomic.
Escrito por Agustin Fest.
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