Entradas escritas en Enero, 2007 ↓

El perro y yo hemos congeniado.

Hemos congeniado tanto, que prefiere dormir conmigo… como si los dos tuviéramos un acuerdo tácito y silencioso, dónde ocupamos con nuestras respectivas extremidades su lado de la cama para constatar su ausencia, y también para olvidarla. No me pregunten que pasa. He escrito mucho en aquel cuaderno. Líneas breves, que sólo tienen que ver conmigo. Ya casi es la hora de llegada y sólo pienso en desollar una serpiente. Retirarle la piel. Apretarle la cabeza para retirarle el veneno. Hacer un coctel con coca cola y agua mineral. ¿A quién le daremos la cicuta?

Tira 10

Tira 10

¿De quién es?

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Esta foto me la envió uno de mis amables lectores para un fotocuento… pero, burro de mí, no anotó el nick, ni el blog, y no encuentro el mail dónde me la mandaron. ¿So, de quién es? ji ji.

La vida es un chiquero.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 43 de 59


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Regularmente piensa: “Vamos a bailar tú y yo grandota, aunque la vida es un chiquero”, porque ya esta loquito, cuatro años de inactividad afectan a cualquiera, y por más que piensa en sus piernitas bailando, y sus manos dominando la cintura de su negra linda, no pasa nada… encerrado entre las piedras, el pequeño invasor extraterrestre mira la vida pasar. No sabía que el oxígeno afectaría de esa manera su sistema biológico metamórfico, y que se quedaría sin piernas, y sin brazos, y sin cordura. Sus pulmones y su estómago se adaptaron para alimentarse de dióxido de carbono y de las pequeñas moléculas de nutrientes que persisten en el aire. Su organismo es muy complejo, porque con los 4,000 químicos que se liberan cuando su negra fuma, tranquilamente los recoge y los adapta. El aire se torna en un festin y se alimenta contento, como cerdo en porqueriza.

Nadie le advirtió. Así comprendió porque ningún otro explorador regresó con noticias nuevas. Él fue el último en ofrecerse para la misión. Decididamente era el último, porque hicieron las festividades de una semana entera en su planeta natal. Esas festividades hablaban de la probable guerra. Aún recuerda las palabras del representante del Consejo—. Después de veinte ciclos de infructíferos esfuerzos por comunicarnos con la Tierra, este es nuestro último empujón. Este explorador nos traerá la victoria. En el caso que desaparezca, como los otros… hemos tomado la decisión de marcar al planeta Tierra como hostil, e iremos en la búsqueda de él y de sus compañeros con nuestras flotas de guerra. Rayos letales romperán su cielo —El Consejo ya sabía, por supuesto, que no iba a regresar y necesitaban una excusa, como la necesitaron hace unos millones de años, cuando hicieron mierda a Marte.

Cuando llegó a la Tierra, en su navecita, el campo gravitacional hizo que su nave se volviera loca. Eso y el tamaño, y muchas cosas que un científico podría explicar sin el mayor problema… tal vez. Hace muchos años, cuando su bisabuelo estuvo en la Guerra de Marte, una de las cosas que solía explicarles era la facilidad con que la nave había aterrizado. Que parecía una plumita en la superficie, y durante un espacio de tres años, admiraron el planeta durante su aterrizaje. —Un poco de belleza antes de destruirlo —decía el bisabuelo. No era rojo en aquel entonces, sino que estaba lleno de agua, árboles azules y una curiosa civilización a la que le gustaba hacer tacos de canasta. El bisabuelo ya estaba un poco loco, todos enloquecen cuando la inactividad y la vejez. Pensó en todo eso mientras su nave se volvía loca, los instrumentos fallaban masivamente y lo jaló el campo gravitacional de la Tierra a una velocidad, a la cual no estaba preparado. Tan pronto entró en la atmósfera, y gracias a que los sistemas de inhibición dejaron de funcionar, una serie de minerales, metales y otros elementos, hicieron una capa en sus pulmones que modificaron su cuerpo. En una esfera, consciente pero sin manera de comunicarse… qué diablos.

Cayó en un parque, donde una negra triste, que lloraba porque su novio le había abandonado. Recogió la bolita, que parecía tan abandonado como ella y lo guardó en su bolso.

Las naves de guerra seguramente se encontraban en camino y no sabía como podría comunicarse, para decirles que se detuvieran. No sólo la Tierra no había tenido la culpa, sino que iban a perder la guerra sin oponer resistencia. El invasor extraterrestre se ponía tristón y romántico, y pensaba que miles de negras en todo el mundo, recogerían a sus primos, a sus hermanos, a sus abuelos, a sus hijos. Ocuparían todos un lugar en las piedras, se alimentarían de aire, muchos años, tal vez siglos… milenios con su suerte. Mientras que en las noticias hablarían de las bolas de plástico, de quien sabe cual compañía (seguramente de los chinos, un término tan enigmático para él como cualquier otro que apenas entendía por la televisión y su falta de cordura), y de que nunca se degradarían y contaminarían el mundo. Tal vez así estaba destinada su invasión. Mirar a la negra triste, fumando frente a la computadora y desear bailar con ella sin poder hacerlo, hasta el final de los tiempos.


Foto: Kletova.

Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.

Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento. Más de una foto es bienvenida. Si ya mandaste una y quieres repetir, adelante. Si eres una nena y quieres enviar una fotografía de tus piernas, mucho mejor :)

Proyecto Oliveira.

Uno de los capítulos que más recuerdo, sin duda alguna, es Oliveira enderezando los clavos en Rayuela. Es el capítulo número 41, y mientras los endereza, trata de convencerse que hace frío, cuando la verdd hace un calor del carajo. A pesar de ser un capítulo dentro de un trabajo literario (enorme) como lo es Rayuela, también, me imagino que es la descripción perfecta de la cotidianidad del hombre ocioso. Un pedazo de la vida, un fragmento del diario, acciones inútiles y demasiado pensamientos de aquel hombre atormentado por sí mismo llamado Horacio Oliveira. Es una cantidad impresionante el tiempo que llevo pensando en ese fragmento, unos seis o siete años, desde que leí el libro. Era un chamaco, y tenía ganas de hacer literatura. Ah, y coger también. Ahora que todos podemos escribir en un blog, de repente como chamacos, queremos alcanzar ese espíritu literario, la capacidad de narrar con nuestras propias voces, como enderezamos nuestros clavos… nuestras búsquedas por aquellos amores mágicos. Ya entendemos que somos muchos que estamos escribiendo, ¿pero sabemos realmente lo qué escribimos? En mi cabeza tenía la idea de hacer un portal literario, tal vez una revista electrónica, un blog colectivo, algo que nos mantuviera unidos. Un punto de conexión que nos permitiera sabernos en la misma sintonía, aún con nuestras islas cibernéticas hay elementos primos que deben provocar identificación los unos con los otros. Sean nuestras armas una cámara digital, nuestros dedos, las faltas de ortografía, los cuentos cortos o los delirantes monólogos internos… debe haber algo. Estamos juntos en esto de enderezar clavos, y vemos a los demás como enderezan los propios.

Es por eso, que a manera de prueba, he abierto un lugar llamado Oliveira. Siguiendo los elementos básicos de digg.com, enchílame o menéame, pero enfocado a la creación artística y sin tantos distractores. Compartir lo que nos provoca o mueve fibras. También, por supuesto, es una manera de enderezar nuestro ego y sentirnos orgullosos. El objetivo es muy sencillo—. Enfocarnos a la distribución de la creatividad y la imaginación. Compartirlo con los demás y que seamos nosotros, lectores con ganas de ficción o entretenimiento, los que votemos por las historias que quedarán en la página principal. Todavía esta en fase de pruebas, así que seguramente tiene algunos errores: es aquí donde entran ustedes, además de compartir aquello que de verdad les guste, podrían ayudarme a hacer pruebas sobre el sitio e ir mejorándolo poco a poco. Formar una comunidad de lectores, escritores, voyeurs y exhibicionistas, con la disposición de compartir sus creaciones o las de otros. El Proyecto Oliveira, es una búsqueda de nuestros puntos en común.

Es muy sencillo registrarse, y es todavía más sencillo enviar las historias. Es tu preferencia como lector la que ayudará que una historia perdure en la página principal… sin embargo, no es el objetivo de esto. El primer objetivo es compartir textos o fotografías que evoquen, que hayan disparado tu imaginación, que hayan logrado sentirte identificado. Me gustaría mucho que “Proyecto Oliveira” creciera. Estas aténtamente invitado para que con tu ayuda, tus preferencias, tus gustos como lector, o tus perversiones, juegues con el sistema. Invita a quien quieras, aquellos con una preferencia en hacer que les tiemblen los intestinos por el asco que provoca un texto, o aquellos que cuando se emborrachan, cuentan la misma historia. A tus amigos, papás, familiares, todas las personas que siempre han querido abrir un libro pero se la pasan leyendo blogs. Todos, estan invitados.

Tira 9

Tira 9

He impreso tu foto y la llevo en la cartera.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 42 de 59


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Cuando tengo oportunidad se las enseño a mis amigos de manera discreta. Tú sabes como es eso… sacar la cartera, abrirla completa, y que ellos encuentren la foto por casualidad. La foto es tan llamativa, que preguntan en la mayoría de los casos. Cuando lo hacen, les digo que es el fantasma de mi abuela, y atrás de su fantasma, se encuentra el de la bisabuela, aún más alejado, más borroso. No me gustan las interpretaciones comunes: “El yo, y mi otro yo”. Porque a todos nos gusta jugar con nuestros reflejos, nuestros dobles, nuestras personalidades divididas. Tantísimas personas aburridas sufren ya el temor de ser comunes. Se inventan enfermedades que no tienen, enfermedades de la mente, que disocian su persona en cuantas necesiten para no vivir ordinariamente. A mí me gusta más inventar fantasmas… ya poca gente habla de ellos. Cuándo tomaste esa foto y la modificaste para mí, supe que te gustaba decirme que eras otra persona, que te estabas vigilando perpetuamente. Pero me gustan más mis monitos ectoplásmicos, difuminados, sobrenaturales, rencorosos y melancólicos.

La gente tiene miedo de no ser alguien genial o grandioso. Yo tengo miedo de perder a las personas que siempre quise. Es obvio que la historia es inventada, la de la fotografía… luego les explico que mi novia es fotógrafa y artista digital, y que era la pieza preferida de su última exposición. Luego de explicarles, asombrarles con tu trabajo, me siento derecho, me dejo caer en algún sillón y pienso en mis muertos. No hay nada peor que olvidarlos, me imagino. Es una cuestión de conservar el pasado, para seguir construyendo el presente y preparar el futuro. Admiro tu fotografía y pienso en cuanto te pareces a mi madre, a mi abuelita, a mi bisabuela. ¿Cuándo nos hagamos viejos juntos, si es que lo logramos, reharás la fotografía? Cuatro personas tuyas, blancas como fantasmas, de negro luto a la vida. Prendo un cigarrillo y le doy vueltas a tu fotografía, ¿cuántas interpretaciones caben, aparte de los reflejos, de los tiempos y de los muertos?

Si tuviera que elegir otra interpretación, diría que eres una hada, una hada gótica y negra. Un espíritu volatil que camina entre la ignorancia espesa (el negro) y provoca las interpretaciones que deseamos (los grises). Sin embargo, el objetivo es encontrar una interpretación pura (blancos), como sólo observar la fotografía. Buscar la pureza, irse a lo más sencillo, como que simplemente eres tú la pureza y te repites a ti misma. Eres una foto, nada más… sin discusiones. Es por ello, mi hada, que la he impreso y guardo en la cartera. Para verla y pensar en ti, pensar en la foto, pensar todo lo posible, cuando la admiro. Sé que cuando preguntas qué me hace sentir la foto, no puedo decirte nada de esto y todo lo que me nace es decirte—. Bonito. Y ya. Luego te enojas, te hablo de mi mamá y mi abuelita, discutimos un poco más, y balbuceo de la pureza… no me entiendes nada, discutimos un poco más, te preparo la cena y acabamos revueltos en la cama, platicándote de como se las enseñé a mis amigos, o de como me ha gustado mucho la fotografía, pero no puedo decirte lo demás.

Piensas que soy un idiota, pero no lo soy… algún día tendré el valor para decírtelo todo, y pedirte una foto más, dónde te repliques hasta el infinito.


Foto: EsttibalysFlickr.

Este es uno de los fotocuentos que escribo en Árbol de los Mil Nombres. Si quieres enviar una foto, antes lee: Acerca de los FotoCuentos.

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