Cruce.

El hombre, cuando lo vio en el pasillo para dos personas, se movió a la derecha para ocupar el mismo trayecto que usaba él. Se sintió extrañado por lo que hizo el hombre. El otro siguió avanzando, confiado por que aún quedaba mucho tiempo y el hombre podría regresar a su trayecto original pronto. Entonces, como ignorándole, volteó a su izquierda, se asomó por unos barandales y se quedó quieto, mirando hacia un horizonte inexistente, de concreto, de pasto seco, de azotehuelas desordenadas. El hombrecito transgresor, había decidido tomarse su tiempo admirando el paisaje. El otro, continuando su camino, dejó de extrañarse, pensaba que el hombre había encontrado una maravilla casi impercetible en aquel vacío, o bien, estaba dispuesto a demostrar que había tomado su camino. El otro no se angustió, dio unos pasitos a la izquierda antes de toparse con el otro hombre y caminó, dejándolo atrás. Cuando el otro llegó a una esquina, volteó para mirar al hombre que admiraba el vacío. Descubrió que también lo miraba. No se despegaron los ojos de encima, hasta pasados unos minutos.

Un comentario hasta el momento ↓

#1 IxcheL el 12.04.06 a las 5:29 pm

Muy curado tu blog me late te seguiré visitando y leyéndote.

Un saludo.

[Reply]

Deja un comentario