Entradas escritas en Agosto, 2006 ↓

En opinión del árbol, segunda parte.

¿Qué le pasa a la gente —se pregunta Fest mientras se consume el cigarrito—, que le ha dado por preguntarle tantas cosas?

Le escribo no porque me aburra, o porque lo lea habitualmente, sinó porque tengo una duda muy grande y que podría afectarme en mi futuro, y usted me puede ser de gran ayuda, aunque no se ni lo que escribe, solo vi su blog, y apunte su mail para que me ayude. Mi gran duda es:¿Quiero ser escritora? No sé si soy lo bastante buena, he visto en internet chicas que con poco más de mi edad ya ganaron nosecuantos concursos literarios de poesía, y yo ni uno, y a veces pienso que soy buena, otras que soy una mierda escribiendo. Me gustaría que usted, desde la experiencia, me digera como supo que quería ser escritor, y como llegó a publicar por fin. Espero que tenga a bien ayudarme, aunque para ayudarme quiero que sepa por lo menos que tengo 16 años, soy de Galicia,(españa), y me va eso de escribir. Espero que me conteste pronto, es muy importante para mi. GRACIAS ANTICIPADAS.

Cuando Fest le leyó la pregunta en voz alta a su novia, esta simplemente le recalcó—. ¡Pero si tú no has publicado! —Entonces Fest procedió a enseñarle los dientes, a que le saltara una vena del ojo y a recordarle que ya tiene tres colaboraciones publicadas en Penthouse (México) a la fecha, y que pronto le publicarán un cuento donde le pagarán la módica suma de mil pesos. Fest también mencionó, por supuesto, sus dos novelas auto-editadas, sus numerosas participaciones en medios electrónicos y su flamante espíritu magnánimo, que poseé unas ansias de escribir insuperables. Aunque a Fest le asalta la neurosis de repente, dónde le gustaría ver su nombre en muchos lugares para llamarse por fin escritor (del populacho), sabe que ya escribe de por si, y que en contra de los pronósticos sociales ya puede autodenominarse escritor. Aunque terminara por trabajar cristales en una fábrica o a vender zapatos en un pueblito, el tipejo se haría el tiempo para continuar escribiendo. Escribir es el oficio, el trabajo, el hobby, el renombre, el anonimato perpetuo… escribir es una vida que es inexorable, inescapable, inviolable.

Escribir es una chingadera, es una lapa, es la sanguijuela que se esconde donde no la encuentra uno y sigue chupando.

Fest pudo mandarle un email a esta chica, subrayándole: “sinó”, “digera” y tal vez “nosecuantos” (que bien pudo ser una licencia poética), sin embargo decidió responderle pidiéndole que enviara algo de su material para revisarlo. Sabe Fest, por experiencia propia, que la chica algunos días va a defender su trabajo de la manera más aguerrida y sabe que otros va a dedicarse a pisotearlo, sin él tener que decir una palabra. Pero así es la adolescencia, donde todo lo que producimos, en el ámbito que sea, es lo mejor (de lo mejor, de lo mejor) o lo más feo del universo. No es hasta algunos años después que comprendemos lo malo o buenos que éramos… tal vez en algun mes de los cuarenta años (en adelante). Fest cree solemnemente, que de los 16 a los 24 no hay mucha diferencia, solamente en el vocabulario, en la manera de ordenar las ideas y en ese trauma post-parto que significa escribir un cuento o una novela, dónde la gente se ve de lo más fea cuando te encuentras solo.

Ahhh, ¿pero la gente se trauma produciendo poesía? Fest no cree que sea así, la poesía siempre será bella a los ojos de sus padres, aun cuando la palabra mierda esta involucrada.

Eres perfecta para mí…

…punto fin se acabó, y te callas —dijo Fest, y yo le creí… por un segundo.

Bueno el punto al que quería llegar es, todos los libros que he leído últimamente describen al amor de una manera tan apasionante que de sólo imaginarme las escenas siento escalofríos, dime, tu que eres escritor, ¿vives así de “apasionado”? -o sea, existe ese alguien que pueda ser (toda ella) esa fuente de inspiración- o simplemente acumulan momentos que después unen a una persona ficticia para conviertirla en maravilla y perfección.

Esa preguntita le llegó a Fest por mail esta noche y en ánimo de sentirse como en programa de televisión (“El abuelito piensa qué…” o bien, “En la opinión de…”), debería responder la pregunta siendo lo más honesto posible: La verdad es que él no considera que escribe escenarios de amor, no sabe opinar por otros escritores que ya tienen un rato con el corazón en la mano (en los títulos de sus libros y en el grosor de sus chequeras). Sin embargo, él siente que escribe de puras paranoias, accesos neuróticos, momentos demasiado sensibles. Si el hermano de Fest tuviera la última palabra acerca de lo que aquí se escribe, sería que el escritor es un emofag. ¿Qué es un emofag? La definición, casi literal, en español sería: puto emotivo. Para explicarlo mejor, Fest recomienda que vean la película Al diablo con el diablo (aquella película donde sale Brendan Fraser y Elizabeth Hurley), en la sección del chico sensible. No es que Fest se la viva llorando cuando ve un amanecer bonito o que se sienta demasiado afortunado (con una lágrima desbordándose poco a poco) de tener una mujer que le quiera tanto, sin embargo, sabe que a veces el sentimiento es demasiado y aunque procura expresarlo de la manera indicada se autoanaliza y termina por declararse cursi en exceso.

No sabe de otros escritores, pero sabe de sí mismo. Mucho de su amor también es neurosis y una buena dósis de tolerancia a la enfermedad. Su novia, si hablara de ello frente a una grabadora, gastaría cintas y cintas acerca de los problemas que luego aquejan a Fest, de cómo no deja de darles vuelta, de cómo es incisivo con las cosas, de lo arrogante y macho que a veces se siente. También hablaría de los celos inexplicables que le tiene a su perro, a sus libros y a sus exnovios. Sin embargo, Fest cree entender en buena medida, que ella le quiere muchísimo (le ama en realidad, pero conservemos eso como un sutil secreto), porque detrás de toda esa neurosis (esos arranques violentos de pasión por la vida en si) se encuentra un hombre devoto y que no sería capaz de abandonar a la persona que más quiere. Fest piensa que el amor no solamente es lo bonito, sino también las enfermedades que lo rodean y mucho de la lucha por amar, viene en el tratamiento de esas enfermedades incurables (no hay enfermo que se cure, si no desea curarse). No puede permitirse el lujo de hablar de las enfermedades de su mujer (por dos cosas: porque no las tiene o bien, porque no sabe que las tiene), pero conoce muy bien las propias y sabe que el amor es curar o tratar.

Ahora, un escritor no podría darse el lujo de solamente escribir una enfermedad sin dar alguna cura. Bueno, si quiere escribir una tragedia tal vez si. Aunque incluso Edipo se curó la enfermedad del incesto al sacarse los ojos. Crimen y castigo (o solución, o redención). Pero también el trabajo viene por parte del lector, quien da la solución final al problema que le plantea el escritor enfrente. El escritor podrá escribir la escena más grande de amor jamás concebida, sin embargo, el lector debe comprarle la idea o bien, el lector acabará pensando que ese amor es sólo odio o un arranque de pasión, o letras sin sentido. En cualquier arte, tratar el amor es uno de los problemas más grandes, porque es un tema totalmente subjetivo para cada persona. Fest puede hablar del amor que siente, lo ha intentado muchas veces, pero es hielo delgado porque fácilmente pueden malinterpretarlo o ignorarle.

Fest cree que así esta bien, porque de esa manera surgen un millón de historias distintas, con un sólo amor en la línea.

Having interesting relapses (2)

Fest tiene trabajo que hacer, lleva ya un rato en ello. Entre que una fórmula estaba mal y en que no había capturado dos datos, el tiempo se le movió un poco adelante. Nada que no se resolviera en diez minutos. Tiene algo de hambre, no ha desayunado y no ha comido. Escucha como su estómago se queja y espera que dos cigarrillos sean suficiente. Antes, recuerda, le gustaba decir que su desayuno era un jugo de naranja y dos cigarrillos. Ahora no tanto, cree que su estómago ha crecido y no lo dice por el tamaño de su panza, la cual ha aumentado de tamaño considerablemente en el transcurso de un año, sino por cómo este ha empezado a subir en la escala de prioridades según su cerebro. Si antes pensaba en “Trabajar”, “Editar” y “Manosear en nalgas bonitas” en un nivel prioritario más inmediato, ahora piensa en “Comer”, “Escribir”, “Estudiar”, “Leer”, “Comer”… y así, cuantas instrucciones uno guste meter dentro de aquel masacote ordinario.

También tiene algo de sueño.

Leyó el libro de “Cómo me hice monja” de César Aira y dos personas le han pedido una opinión al respecto (Fander y Magda). Recuerda que el libro lo leyó rápidamente, que se le hizo entretenido y que la construcción del personaje principal le gustó mucho. Un niño que se refiere asi mismo como mujer, un niño con rasgos femeninos bien elaborados. Fest piensa que en una novela, los hechos vienen de manera secundaria, siempre y cuando se tenga un personaje creíble, el lector pensará que las circunstancias más inverosímiles pueden ser posibles. Aunque el personaje es un tanto confuso, por esa (posible) dualidad sexual que representa a tan temprana edad, llega a ser creible. Fest no pensó en como un evento tan sencillo desencadenó la serie de tragedias hasta que cerró el libro y tuvo oportunidad de meditarlo un poco más. Le hubiera gustado, por ejemplo, encontrar más recordatorios sutiles del evento que lo disparó todo, piensa que ello le hubiera dado más potencia al final, lo hubiera convertido en algo inexorable. Sin embargo, todo se manejó al respecto de los pensamientos del personaje principal y eso dio poca oportunidad de recordarle que un helado echado a perder empezó la cadenita de desgracias. Finalmente, fue como un crimen muy a lo Dostoievski, uno no puede escapar del castigo.

Eso es lo que Fest ha pensado del libro. No piensa releerlo.

Donde él se encuentra hace algo de calor, aun con la ventana abierta. Mira el cigarrillo prendido, consumiéndose y piensa si será el culpable de que el calor continue acumulándose en la habitación. Probablemente no, por lo general las incomodades son coincidencias que se acumulan: el sol de la tarde, los materiales de la construcción, el humo del cigarrillo, la cantidad de personas en la habitación, la corriente de aire inexistente que no pasa por la casa. Para resolver las incomodidades hay dos métodos: arreglarlo todo de raíz, deshacerse de todas esas coincidencias hasta anularlas; O bien, ocuparse de una solución inmediata, temporal y no tan definitiva. Fest salió hace unos minutos y compró una coca cola fría, tomó un vaso, le puso varos hielos y lleva rato tomándoselo.

Y así, el calor ya no le ha molestado tanto.

Having interesting relapses…

Estos días me ha dado por visitar Carrillo Casting, a parte de que se respira una tranquilidad curiosa… (aun cuando tienen como trescientos cincuenta y cinco proyectos), he descubierto cierto hervor, cierta nostalgia, por vivir de nuevo esa vida pesada, donde todo se acelera, todo es urgente, todo son culos bonitos y hombres demasiado hermosos. Sin embargo, estoy consciente que no es tiempo de volver, y aun si quisiera volver, todavía esta la cuestión porque me dejaran regresar.

Hoy me desperté a las seis de la mañana, mi hermano comentó que había olvidado un papel que debía entregar para la preparatoria. De nuevo, mis ojos se abrieron y miraron un techo infinito, ese que no se puede describir, solamente escuchar en canciones. Pensé durante un momento en la extensión interminable y en porque eran las seis de la mañana y no las diez. Sentí una pequeña opresión en el pecho (muy pequeña) y pasó por mi mente, rápidamente, si esto sentía la abuela cada que el chamaco necesitaba una tarea o se le había olvidado algo que tenía que entregar.


Fest ha pensado escribir en tercera persona, porque de alguna manera sabe que eso implica cierta enfermedad, una disociación para ser más preciso. Fest sabe que escribir una biografía o un papel de sí mismo, refiriéndose como el personaje principal de su vida en tercera persona, implica que la personalidad del escritor esta separada de algun modo de su propia realidad. Fest podría cometer un crimen, por ejemplo, y en sus adentros pensaría que Fest es el culpable, por su mente no podría pasar: Soy culpable del crimen que cometí, sino que él, es el culpable. Él cree que podría ser un buen ejercicio, así podría ver su vida de otra manera, tal vez un poco más objetiva y utilizando otro tipo de narrador. Lo ha pensado seriamente estos días, también ha pensado en cometer el crimen perfecto… como robarse los chocolates o mirarle las nalgas a alguna doña treintona, porque Fest sería incapaz de cometer un crimen serio, se arrepentiría en el último momento. Para cometer un crimen moral grave, tendría que verse arrastrado a él por las circunstancias o por alguien que manipule mejor que él. Algo así piensa Fest.

Ha decidido utilizar el apellido para referirse así mismo, porque así es más factible su disociación: es un bastardo y los bastardos, aunque pueden llegar a ser personas muy sanas y saludables cuando crecen teniendo gente que supla los modelos paternos, llevan el estigma de bastardos en la espalda de todas maneras. Es una carga psicológica, (él piensa que es sutil en sí mismo) y en México, todavía, con una carga moral muy fuerte. O eso quiere creer también, en realidad no se ha informado en el tema, sólo ha vivido su propia experiencia.

Fest llevaba un rato escribiendo, sin embargo, por su poca pericia para escribir en una MAC, ha perdido dos anécdotas de su vida, una disculpa a Patricia porque no podrá presentarse a su cumpleaños, hablaba de como las pequeñas cosas son la que lo hacen a uno más alegre (esas pequeñas cosas, como las felaciones), una lista de los tantos pendientes que tiene por hacer, una reseña brevísima del libro que leyó (para darle gusto a Fander). Promete reescribir mañana todo esto, ya habiéndolo meditado mejor, preocupándose por no perder esas cosas al darle click a donde no se le da click. Sin embargo las responsabilidades continuan vigentes y procurará darle fin a la mayoría de estas para irse lejos el día de hoy, y si no mañana tempranito. Esas pequeñas cosas, insiste, son las que alegran al corazón.

Cansada sombra.

Tengo muchísima flojera y en mi iPAQ tengo anotadas tres tareas como urgentes: terminar de comparar unos catálogos (y capturar uno más), terminar de arreglar un blog y mañana, ir a hacer unos pagos a bancos. Lo más odioso son los bancos, porque la ciudad esta hecha una mierda, porque son tres días después de la quincena y cada banco me toma una hora y media, y porque no son mis deudas las que estoy pagando. De cualquier manera, agradezco la existencia de mi aparatejo, que me permite una existencia más llevadera en las filas. Hace menos de una semana que lo tengo y ya leí dos libros: La primera parte de The Hitchhiker’s Guide To The Galaxy de Douglas Adams y Cómo me hice Monja de César Aira, por recomendación de Magda. Finalmente, creo que he logrado acelerar mi ritmo de lectura.

Me siento cansado, con mucho sueño y sólo puedo pensar en seguir leyendo un poco. Espero que los problemas con las obras viales, y que el desmadrito del Peje, ya se terminen (sin salabim bim bim). Porque así como esta la ciudad ahorita… no puede ser sano, no puede ser saludable continuar escuchando claxonazos y mentadas de madre a las once de la noche.

Cuando abrí los ojos, miré eternidad.

Esas pequeñas cosas se explican mejor con canciones, eso de abrir los ojos y tener la eternidad enfrente. Pero como este es un blog decente que no utiliza pequeñas y sucias artimañas, como copiar la letra de una canción entera, para tener algo que decir… entonces me niego. Porque eso me pasa cuando veo un post con la letra de una canción: inmediatamente copio el nombre, el título, y me prometo bajar la canción después para escucharla. Y la verdad es que nunca pasa, eso de bajar la canción y escucharla, así como leer la letra de la canción en el blog culpable de la anotación mental (es pura basura mental la que me dedico a recoger). Es como le digo a la gente que empieza a cantar una canción que surge misteriosamente en la radio—. ¿Podrías tener la delicadeza de permitir al cantante, cantar su propia canción? —Por supuesto, lo digo tan de broma que no lo toman en serio y entonces, un viaje en coche puede convertirse de dueto a quinteto como nunca se ha visto en los conciertos.

Pero regresando al tema, es que abrí los ojos y miré la eternidad.

Oh my fucking God.

Ahí esta el inicio de una canción, ¿no? Un sample con las dos líneas anteriores y después, metes un guitarrazo chingón (cómo el del Cabazorro, KAPOWN!) que despierte a todos los dormidos y haces progresión a una canción suave, triste y patética. Porque es patético abrir los ojos y mirar eternidad, darse cuenta que tus ojos son dos puntitos muy chiquitos en un espacio muy grande, tan grande que el vértigo podría causarte la muerte instantánea. Ya después de que vi la eternidad durante dos segunditos, tal vez uno, porque cuando descubres algo enorme el tiempo se distorsiona, entonces me descubrí mirando el techo blanco de mi habitación, la alarma de mi aparatejo sonando, mi hermano medio abriendo los ojos y yo, pensando que las cinco cuarenta y cinco (de la mañana) no era una buena hora para bañarse. Para nada. Sabrán que mi hermano ha entrado a la escuela, así que estos días lo acompaño, lo voy a dejar y voy por él, excepto los martes y miércoles, que son los días que voy a la escuela.

Después de mirar la eternidad y de vestirse, y aguantar a mi hermano de malas (así, igualito que yo el cabrón) por levantarse temprano… me descubrí caminando el mismo caminito que recorría hace siete años para ir a la preparatoria. En algun momento, algo se movió en mi espíritu, preguntando un poco dudoso—. ¿Y por qué diablos tengo que caminar esto otra vez? —pensé su pregunta seriamente, me encogí de hombros y me respondí en voz alta—. No lo sé. Mi hermano se me quedó mirando y comentó algo del frío, y de las calles desiertas. Sin embargo pensaba también, así como en la eternidad, la cantidad de respuestas que tendría eso. En algunas culturas recorrer el camino que se hizo hace años simboliza el pago de un crimen. En otras, es el camino a redimirse de los actos, el arrepentimiento. Otros dicen que la purificación, donde en cada ciclo se arreglan los detalles, otras cosas cambian. Preferí no darme ninguna respuesta y pensar lo inmediato—. Me levanté hoy, a las 5:45 AM, porque soy un buen hermano y porque me gusta acompañarlo.

Si así de fácil es la cosa… entonces la eternidad no es una canción… es una mamada.

El sueño finito de Bob, el cacto. (9)

Este post es parte de una serie, llamada “La trágica historia de Bob, el cacto.”. Anotación 9 de 9


Antes de leer este, te recomiendo que leas estos, si no, este final no tendría chiste :):

Y por supuesto, puedes leer más aquí, desde el inicio de Bob, hasta en lo que se ha convertido hoy.

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