Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 24 de 59
“Impossible is Nothing”, leyó la mujercita en el poster de Muhammad Ali mientras esperaba a que le llamaran. Se asombró de llevar veinte minutos esperando, generalmente los cobros los hacen de inmediato, y no es ningún secreto: en cualquier lugar al que vayas, si es para dar dinero, te abren las puertas, te dan fila preferente, a veces hasta te sirven cafecito y te llaman por algún apelativo cariñoso. Esta ocasión, la señorita que le cobraba la hipoteca estaba tardando y eso más que molestarle, le divertía un poco. Además le permitía gastarse el tiempo admirando la foto del boxeador, con el sudor cubriéndole el cuerpo bien hecho, así como le gustaban: marcadito sin exagerar, moreno (porque de ninguna manera lo veía negro) y de ojos bobos. ¿Cómo podría gustarle a un hombre así, se preguntó ella?
—Tal vez si fuera boxeadora —se dijo en voz baja, aprovechando que no había nadie en la sala esperando con ella—. Seguro un hombre como ese no le gustan debiluchas, aunque tenga ojos tranquilos, de esos que solamente llaman sombras por los golpes. Para llamar su atención, probablemente tendría que pelear con él.
Olvidó al hombre y se imaginó a si misma, ¿cómo debía ser una boxeadora? Mentalmente, primero se puso los guantes, y unos shorts naranjas, porque el naranja era su color preferido. Y tenía que llamarle la atención, la peluca azul seguro serviría, practicó la mirada en su imaginación sin darse cuenta que esta mirada iluminaba un cuarto silencioso. Primer round, la iluminación, empezó a sentir el sudor en la cara, ojalá no se hubiera puesto sombras, ni rimel. La gente empezó a corear el nombre de los boxeadores: “La señora de la hipoteca se acerca peligrosamente al grande. Su jab izquierdo como nunca le asesta un duro golpe en el costado. ¡El hombre no tiene tiempo de poner la guardia, la señora se acerca nuevamente, el uno dos, uno dos! ¡Dos titanes bailando señores! El grande mete el derechazo directo en la cara de la señora y se mueve a una velocidad monstruosa, la señora no puede golpear lo que sus ojos no ven y ella pierde el balance, ¡el grande esta bailando tan rápido que apenas puedo seguirles la corriente! ¡uno a la cara! ¡ella responde con golpe al vientre! ¡se retuerce de dolor! ¡se le nota en la cara el odio, y el amor, el amor! ¡ella continua golpeando, no ceja, otro golpe más, lo tiró! ¡lo tiró! ¡se acerca el referi a dar el conteo! ¡1, 2, 3500! ¡3500!”
—Disculpe señora, son 3,500 de la hipoteca.
—¿Ah? ¡OH! Si, si… eso ya lo sabía… si. Nada es imposible, tome… si. Mi recibo, si, muchas gracias, nos vemos el siguiente mes. Nada es imposible. Nada.
Este cuento forma parte de los fotocuentos que estaré escribiendo en este blog. Si quieres formar parte o enviar una foto, revisa este post: Acerca de los FotoCuentos. Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.
Llevo cuatro años escribiendo este diario y me ha parecido una de las actividades más inútiles y adictivas que existen. Pero me gusta pensar que también sirve para otras cosas, como aprender a escribir mejor y comprender mejor la persona que soy. Hay ideas en todo el mundo, acerca de cómo y por qué se debe escribir un blog, sobre todo, hay ideas de como se debe llevar un blog personal. Creo que he quebrado todas esas reglas en algún momento, incluso he quebrado mis propias reglas con la consigna de: “Si no puedes escribir de ti, por más horrible que seas, no vale la pena”. Sé que mi familia ha leído mi blog, y supongo que han descubierto algunas cosas de mí que no habrían descubierto de alguna otra manera.
No escribo pensando lo que van a descubrir o no, porque entonces es “esconder lo que me parece horrible, lo que ellos no entenderían”. Porque es bien sabido que si uno esconde lo feo de uno mismo, entonces también se esconde la belleza que hay detrás. ¿No? Algo así. Tengo la fortuna de tener una familia discreta y que antes de apoyar un código moral, apoyan a la persona que hay detrás. Estos días he pensado en ello y me siento afortunado. Mi blog es una apuesta para mantener a las personas cercanas y queridas a mí… novia, familiares y amigos, queríendome tal como soy, o la persona que escribo ser porque aunque uno crea en su realidad, muchas veces es la mera ficción para otros. Y aunque he perdido algunos amigos, otros me han apoyado con firmeza y mi familia nunca ha dejado de serlo.
Hace unas semanas, por ejemplo, me enteré que mi madre leyó el Diario de Simón Dor y lo primero que le dije, fue que tuviera en cuenta que era ficción. Creo que el Diario de Simón Dor es uno de los más fuertes ejemplos que tengo de diario personal mezclado con ficción. Aun cuando hay algunos elementos que tomé de mi vida, hay otros que no tienen nada que ver con ella y que simplemente son imaginación. Mi madre me dijo que no me preocupara, que ella entendía mucho de lo que escribí y que me felicitaba por ello. Me dio gusto y un poco de vergüenza. Descubrir que mi madre leyó mi propio libro me provocó algo de orgullo y que lo aceptara así, me regresó brevemente a la infancia. Sé que muchas veces he escrito en este blog, sobre todo hace uno o dos años, lo que no me ha parecido de mi mamá y los problemas que hemos tenido… y también sé que son cosas que traeré durante muchos años. Pero por momentos como ese, donde también mi madre me acepta, me hacen pensar que haberme parido no fue tan malo.
Se dice, últimamente, que un blog personal es de lo más inútil que existe, leí por ahí a un escritor de a de veras, hablando del blog personal como una búsqueda de fama o de reconocimiento por alguien que no lo es. Otro escritor me dijo que el blog es una herramienta nada más. Yo pienso que el blog es una de las primeras fases por las que vamos a pasar los seres humanos para seguir comunicándonos: cuando la televisión y la radio son controladas por intereses, cuando los reporteros se compran y los periódicos venden su integridad, seguiremos teniendo un blog para expresar la realidad que percibimos y esa realidad puede ser compartida por otros. Cuando expones tu burbuja es cuando tienes la posibilidad de quebrarla. El blog es una opción para escaparse de los medios controlados, el blog es una manera de recuperar el medio. Por eso pienso que no debe tenerse miedo de escribir tal cual es, porque si uno no tiene control de sí mismo para aceptar lo que ha hecho, si uno no tiene la cara para enfrentarse a sus propias decisiones, entonces pienso que no tiene derecho para recuperar el control del medio, de su vida, de lo que ve, escucha o lee.
En México, si tienes la cara para votar este dos de julio, entonces también tienes la cara para enfrentar las decisiones que has hecho respecto a tu vida, y también tienes la cara para tomar el control. Muchos hablan de que el blog personal es solamente un escape, un método para divertirse, una terapia para continuar con su realidad. Claro que si, escribir de sí mismo tiene muchas funciones. Pero finalmente, lo que escribes es una extensión de tu propia persona, de la realidad colectiva que te rodea, de lo que percibes y observas. Lo que escribes no solamente es lo que sientes tú, es lo que sienten todas las personas a tu alrededor. Escribir es una de las pocas cosas que puedes ofrecerte a ti, y a los demás.
Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 23 de 59
“He quitado esto de la mesa. Regrésalo al mar si es posible. Estas cosas sólo traen mala fortuna a los que son demasiado necios para poseer uno de ellos”. Eso me dijo mi mamá, antes de que le cayera una caja de correo aereo y le golpeara la cabeza. Primero me reí, me reí como nunca, porque era como ver tu caricatura preferida de los sábados matutinos convertirse en realidad. Y después, miré al cielo y busqué ventanas abiertas entre los edificios, busqué el avión o helicóptero capaz de tal hazaña, mis ojos buscaron nenes malcriados capaces de tomar la mala suerte por las manos y aventarla en la calle, para después reir con sus juegos infantiles. Luego me arrodillé, y me hice la llorona, pero lo único que podía escuchar eran los coches que pasaban, los murmullos de la multitud que empezaba a juntarse a mi alrededor. La señora del quince, dijo alguno, esta apenas reconocible por la sangre que le tapa la cara. La sangre que se confundía con las bolitas de unicel que escaparon de la caja rota. Entonces vino una ambulancia y lloré más fuerte, para esconder mi risa, porque creí que era imposible que una caja de correos cayera del cielo y partiera el cuello de algún desafortunado. ¿O no fue la mala fortuna? Los policías querían hacerme a un lado, pero antes me aseguré de quitarle el caracol de la mano… en tres días que regrese al trabajo se lo regalaré a mi jefe.
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Junio 15, 2006 — Podcast. Escrito por Agustin Fest.
Audiopost hablando de todo y de nada, en general.
No doy lista de temas, porque… no preparé esto y no tengo la delicadeza de autoescucharme para “armar una lista”.
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Este post se configuró para publicarse automáticamente en una hora y media. Ya cuando esté publicado, el audio ya debe estar arriba y también, yo estaré con un grupo de jovencitos (de mi edad) tomando una que otra cervecita y despreocupándome del tiempo.
Un saludo a todos, aprovecho para decirle a mi novia que le amo y le extraño y, pues ya. Nada más que decir por hoy.
Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 22 de 59
Tengo tres fotos donde me pones la mano así, una donde apreté el disparador en mal momento (o el momento indicado), la segunda dónde jugábamos a que era el paparazzi y tú una princesa o una gran actriz, y la tercera, dónde me dijiste que no diera otro paso más, porque no volverías a aceptar ningún beso mío, porque de un día a otro me odiabas a mí y a mi cámara, porque… no lo sé, porque la luna se levantó en mal momento, o porque tus cólicos menstruales, o porque juntos fuimos una mentirilla blanca. No quisiera decírtelo, pero mi mejor foto es esta, cuando me detuviste y no me dejaste dar dos pasos para abrazarte y besarte, una última vez.
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Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 21 de 59
Hizo que su vieja sala negra, la retapizaran
de ocre, y se recostaba en el sillón
cubierto de una chelaba café, con los cactos alrededor,
y la música Árabe prendida. Si ella regresara,
pensó, se sentiría en casa.
—“Cactos”, Mathew Sweeney
Es que hizo mucho calor estos días, le susurró el hombre al cacto que sostenía en el hombro con la mano izquierda. Me llamaron la atención el par de personajes, saqué mi libreta e hice una anotación muy breve de ellos: Posible loco habla con su cacto en voz alta. Después anoté palabras sueltas alrededor de la anotación: “Bob, Cacto, Sweeney, Satélite, Soledad”. Me encogí de hombros, cuando terminé de hacer mi pequeña actuación de escritor atento, me dije en voz baja que podría ser una buena historia, miré al cielo y me sentí reconfortado al mirar como las nubes empezaban a engrisecerse. Deseaba que lloviera pronto para que el agua se llevara el calor acumulado en el concreto, y es que, había estado haciendo tanto calor. Como hizo mucho calor, dijo el hombre, seguro te insolaste y por eso ya no quieres decir palabra. Me guardé el impulso de sacar mi libreta para anotar la posibilidad de que el cacto tuviera una voz propia. Era muy probable que lo recordara de todas maneras.
Me senté como ellos en una de las bancas del parque, miré como los chamacos se subían a sus bicicletas, como guardaban ya sus pelotas y sus muñecas, o muñecos. Los árboles se mecían poquito y las gotas que se escapaban entre las hojitas de los arbustos, hacían un ruido reconfortante. Chispeaba un poco y después se soltó una ligera lluvia que apenas podía sentirse. El parque, poco a poco, acabó por vaciarse, donde los personajes nuevos consistían en mujeres con un paraguas a la mano. El hombre, con el cacto en el hombro, pareció sentirse contento de que su “loro” recibiera agua y miró de buen modo hacia el cielo. Hice lo mismo, un poco interesado, tal vez, por sentir una verdadera empatía por aquel hombre. Miré las nubes atento, ahora si que parecían algodón, y también eran como una división. Del blanco a gris, y de gris a negro, me provocó sentir que algo estaba pasando en el cielo. Una ruptura, una especie de lucha, algo que se estaba partiendo en dos. Miré al hombre del cacto otra vez, se me hizo vagamente familiar. La lluvia me acarició un rostro que se angustiaba, mientras que “Bob” continuaba mirando al cielo, sonriendo.
—¿Cómo te llamas? —le pregunté curioso. Se escuchó un trueno y pensé que si el hombre no se quitaba el cacto del hombro, acabaría por ser un para-rayos ambulante. Le miré sus pantalones azul oscuro, su playera naranja suelta, no había notado el contraste hasta que la lluvia había empezado a caer. Si, el universo estaba insistiendo en quebrar todas las cosas en dos—. ¿Cómo te llamas? —volví a preguntar.
El otro hombre alzó una ceja, pareció un poco angustiado, le echó una breve mirada a su cacto como si consultara con él, después me miró directo a los ojos y comprendí, un poco—. Me llamo Agustín.
Este cuento forma parte de los fotocuentos que estaré escribiendo en este blog. Si quieres formar parte o enviar una foto, revisa este post: Acerca de los FotoCuentos. Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento. También este cuento es un sutil y muy disparatado homenaje a Borges.
Nunca había perdido tanto el tiempo en flickr como ahora. Llevo una hora en el grupo de ¡La tengo y te reto!. Y en este momento estoy jugando en el hilo número 12, con el tema de Cruz. La onda consiste en que si gano el reto, entonces puedo poner uno yo. Si no lo gano, entonces puedo participar en otros. Para ganar, tu foto debe llegar a los diez votos.
Por supuesto, no he estado perdiendo el tiempo viendo como votan mi foto o cómo la hacen cachitos con los votos, para nada. También me la he pasado viendo otros retos y votando por otras fotos. Aparte de que metí mi foto a un reto y sin saber, cometí el error de los primerizos que sólo le dan una leída rápida a las reglas y me atreví a subir la foto al Pool, sin saber que solamente las fotos ganadoras lo tienen permitido.
Si tienen una cuenta en flickr y quieren jugar (o solamente votar), avísenme y les mando una invitación. (Y antes de jugar, por favor, lean las reglas, no se vayan a dar un quemón como yo!).
Sí te molestan los anuncios, por favor comenta y desaparecerán mágicamente :)
Algunos links...
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Recibí dos super premios al esfuerzo personal, jo jo. Uno de parte de Edilberto Aldán y otro de parte de la Shelle. Muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido.
Grupo de Facebook, para lectores del Árbol de los Mil Nombres. Los invito a unirse, si tienen facebook y les gusta este lugar. :)