Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 26 de 60
No irán a descansar los dulces ímpetus juveniles a esto que estoy a punto de enseñarles: que si la vida es un dulce o es sal disfrazada de sacarina, no es diferente a la ventana que miras. Si yo me acerco a tu ventana, y ves conmigo a través, cuando terminemos estaremos contando diferentes historias. Si me las crees con los oídos atentos y luego me cuentas la tuya, crearemos una tercera historia. Aún si alzas la mirada y no crees lo que te digo, argumentando cuán equivocado estoy, haremos una cuarta historia, una que rompa con todas las anteriores y a la vez, forme parte del mundo. Si traemos otra persona al círculo, entonces las historias se multiplican por dos o por tres. Así podemos crecer exponencialmente hasta el infinito, o el número imaginario de su agrado, ¿qué más da? No entiendo porque escuchan a este viejo loco.
Admirando el sol que toca su piel joven y blanca, sin manchas, me provoca hacerles una pintura. Pero ya soy viejo, las manos me tiemblan y me duelen en las noches. Las manos que acarician sus mejillas y les hace sonreír con trucos de magia. Podría escribirles un poema, uno que hable de bondades, de manos firmes que aún se miran bellas, pero dudo, porque no soy poeta y lo que leo hoy en día me da asco, nadie habla ya de lo preciado que es la juventud. Todos escriben cochinadas. Pensarían que estoy escribiendo cuánto me gustan mis propias niñas, alguno pensaría que hay un hilo sexual reprimido en todo esto y no es así. Nadie habla ya de lo preciado que es la ingenuidad infantil. Tal vez dirían que también me gustan los varoncitos, sin embargo… no los prefiero, y no me mal interpreten, siempre me ha gustado la gracia que nace con la mujer. Me provoca ternura el instinto primitivo del hombre, pero no es objeto de mi fascinación. Si fuera compositor les escribiría una canción, tal vez con una canción me entienda el mundo.
Tú sigue mirando a la ventana, tú sigue escuchándome. Iré por mi periódico, me sentaré junto a la ventana y prometo leer a medias para seguirles admirando. Admirando la juventud que les pesa, admirando la juventud que ya no tengo, admirando hasta que me tengan que enterrar mañana y sólo queden ustedes, grabadas en el cerebro viejo que ya se me esta pudriendo.
Este cuento forma parte de los fotocuentos que estaré escribiendo en este blog. Si quieres formar parte o enviar una foto, revisa este post: Acerca de los FotoCuentos. Si quieres leer los que llevo a la fecha, entra a la categoría de FotoCuento.
Y muerdo también. Cuando uno tiene hambre, suele tomar el primer bocado que encuentre y morderlo. Si te encierran en un sótano y no te dan de comer en tres o cuatro días, lo primero que te vas a morder es la mano y así no te mueres. Morder y morir, muerdo y muero. Hey, no es por ser mala onda, pero es la verdad. Antes de ir a la cocina a buscar comidad de verdad, estoy evaluando las probabilidades de qué voy a encontrar y esas probabilidades, las cotejo con lo que de veras se me antoja. Y digo cotejar porque no hemos hecho super, si no, ya hubiera ido a la cocina y a acabar con las decisiones de mierda. Una decisión complicada, decisión que afortunadamente la computadora retrasa. También, he pensado primero en poner agua para café y salir a fumarme un cigarrillo, en el camino echarle una ojeada rápida al refrigerador, analizar rápidamente mis posibilidades culinarias y luego, cuando esté mirando la ventana y el humo del cigarrito yéndose al cielo, también estaré tomando la decisión definitiva de la comida.
El sábado mis vecinos del departamento de arriba estuvieron emborrachándose todo el día. El partido de México los tenía bien emocionados. A mí también, digo, hasta que Borgetti por emocionado también nos metió el autogol. Pero de alguna manera, a todos nos quedó la impresión de que fue un emocionante y bonito partido de futbol. Me enojó que no ganáramos pero el gol que metió Argentina fue… pues, precioso. Ni que decirles. Y me divirtieron tanto las caras que hizo Maradona los primeros noventa minutos de juego que hasta llegué a pensar que valió la pena. Cuando terminó, mis vecinos continuaron emborrachándose y discutiendo de religión y política (lo sé, porque cada vez que salía a fumar se escuchaba clarito lo que discutían). Cuando nos dieron la una de la mañana, ya solamente se escuchaban la voz de un hombre y de una mujer. El hombre estaba deshecho, pregonaba en voz alta que no entendía porque la gente estaba orgullosa de México si habían ido a perder, que era inexcusable que perdiéramos por el maravilloso triunfo de la sub-17, que por eso estábamos como estábamos, que el país se estaba yendo a la mierda porque la selección nacional perdió el partido, que él no se sentía parte del común y se lamentaba por ser diferente, por decir la realidad: vamos a perder. Borracho mala copa necio.
Entonces la mujer de una voz un poco áspera e infantil, una voz divina, le soltó un discurso muy bonito—. ¿Te crees muy chingón diciendo esas cosas? No mi amor, no. Yo soy mexicana, igual todos somos mexicanos. La mayoría no sabíamos si íbamos a ganar ese partido. Es cosa de esperanza mi amor, solamente esperanza. Somos millones de mexicanos que vimos ese partido y esperábamos ganar, nos dio alegría y nos dio diversión. Eso fue. ¿Y tú te sientes diferente? ¿Te sientes chingón por tu pinta de diferente? No mi amor, nada de eso. Todos pensamos igual que tú en algún momento, pero vemos el partido con esperanza y diversión.
De haber sido su marido, le hubiera besado salvajemente en ese momento y hubiéramos fornicado en las escaleras del edificio. No por el discurso, si no por la voz que tenía. Un poco áspera e infantil, pero que entra suavecito y causa reverberaciones en los muslos y las pantorrilas, en el estómago. Se quedaron calladitos y a mí solamente me quedaba un poco de cigarro. Suspiré al aceptar que mi entretenimiento había terminado. Que ganas de sentirse diferente, que ganas de amargarse, que ganas de demostrar los huevos que tiene uno para afrontar la realidad que duele, solamente una realidad posible de muchas. Y es que lo entiendo perféctamente, después de todo… yo también soy medio amarguetas.
Llevo media hora escribiendo esto. No he terminado de decidir que voy a comer. Será mejor que le ponga un punto final a esto y muerda algo, antes de que me declare incompetente por inanición.
Junio 25, 2006 — Inexistente. Escrito por Agustin Fest.
Ya salió el segundo número de la revista Narrativas. Una revista electrónica, en formato PDF, de temas literarios y demás cosos. Además, publicaron uno de mis cuentitos ;). Espero que la disfruten.
Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 25 de 60
Al principio me dio risa mirar lo obvio y después me di cuenta que mi vida se volvió un poquito peor cuando el camión de la basura, con sus dos metros con cuarenta centímetros de alto, incluyendo la basura, intentó pasar por el tunel del viaducto de dos metros con diez centímetros de alto. Esos treinta centímetros de cartones, cajas, cubos y bolsas negras hicieron una enorme diferencia. También, para aumentar exponencialmente el factor caos, el conductor del camión pensó en cambiarse de carril, logrando así ocupar dos a la vez. Llevo dos horas varado, con la corbata aflojada, sol de verano a la una y media de la tarde, Caribe del ‘89 sin ningún aire acondicionado y un cronómetro inútil desde hace una hora con treinta y dos, mañana tendré que entregar el dinero al abogado al extremo oriente de la ciudad. Cada que miro el camión, esperando la resolución, este me responde malignamente “Impossible is Nothing”. Primero, los carriles de en medio intentaron escaparse por los de los extremos, sin embargo, un Atos, taxi ecologista, en el intento de ganarle a un Topaz, se besaron los unos a los otros y ahora cada uno esta con sus respectivas aseguradoras. El carril de extrema izquierda continua avanzando, lento pero seguro, siempre y cuando el muchachito que esta dirigiendo la operación para destrabar el camión no lo ocupe con su cuerpo. Si fuera yo el afortunado de pertenecer a aquel carril, lo hubiese atropellado hace una hora con treinta y dos minutos. Para distraerme he observado a la gente en otros coches, una señora ha mirado dos que tres veces, embelezada, el letrero del camión y sus labios parecen recitarlo como si fuera un mantra. Ya cuando me aburro, porque el hastío es un ciclo de aburrimiento, en algún deseo inconsciente estoy esperando a que la muchacha del Dauphine aparezca a mi derecha. Que la chica del Dauphine me platique cuanto tiempo llevamos esperando. Pero creo que en México no existen esos coches. Creo que ya no existen en esta década y es curioso, pero nunca he dudado de la existencia de la chica del Dauphine. Estoy seguro que si ella estuviera aquí… en vez de la señora admirando el camión —Impossible is nothing—, me sentiría como en casa.
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Los videos de Beautiful Agony (si quisieran hacer uno en español, podría llamarse “La Muerte Chiquita”, ¿no?) fueron toda una revelación hace un año, más o menos. Después surgió YouTube y ahora los puedes encontrar ahí.
Me provocan mucha curiosidad y verlos sin sonido, es otro tipo de entretenimiento.
Junio 23, 2006 — Geek bastard. Escrito por Agustin Fest.
Hace un par de meses me regalaron un MPIO-FL350. Lo utilizo para los viajes en transporte público, para cuando no quiero escuchar a nadie y a veces, para dormir. No es un iPod de 40 gigas, nah, solamente es 1 giga (entre 200 y 250 canciones) y es, básicamente, una tarjeta flash con un MP3 player programado. La batería dura diez horas (con canciones a 128/volumen 10) y tarda como una hora en cargarse con el puerto USB de la máquina. Para meterle las canciones, sencillamente necesitas conectarlo, se abre la carpetita, copias y pegas. Tan tan. Muy sencillo. Los audifonos funcionan como un colguije y lo llevas a donde quieras, adentro de la playera. No usa audífonos blancos, de esos que llaman la atención de los rateros y la calidad de sonido (aunque eso de que la calidad de sonido dependa del player es un placebo) es muy buena.
La cosa es que me aburro rápidamente de música bien escogidita. Entonces lo que hice, fue meter toda la música que seguro me gusta en una sóla carpeta, después las acomodaba por tamaño de archivo o por nombre, jugando un poco a lo aleatorio, y después empecé a crear una carpeta por cada bloque de 128 canciones o 480 megas, lo que sucediera primero. En total fueron 33 carpetas con música. Nada más cuando quiero cambiar la música, meto el MPIO, borro las dos carpetas que tenga adentro y copio dos nuevas. Con eso me aseguro de que la música sea distinta y no me aburra.
Para que el uso de la batería fuese óptimo y para aprovechar el giga al máximo, transformé todas las canciones a Windows Media Audio (un codec MP3 modificado por Microsoft) a 128. Porque muchas de las canciones que he bajado a través de los siglos tienen una calidad exageradamente alta, sobre todo para algo que estas escuchando en audifonos y en la calle. Para hacer las transformaciones en masa, utilicé el dBpowerAMP. Lo abres, te pide la carpeta, un shift inicio - shift fin, y ya tienes toda la música seleccionada. Nomás seleccionas la calidad, click a convert y lo puedes dejar toda la noche.
Y para escuchar la música que iba eligiendo, terminé por tirar el iTunes, el Windows Media Player, el winamp y el musicmatch por la basura. Son programas que tardan mucho en abrirse, que consumen demasiados recursos y que le meten tanta chingadera de spyware se le ocurra a tu máquina. Así que, para escuchar música cambié a Foobar2000. Foobar es feo, que digo feo, es horrible. Parece como el Notepad de la música. Sin embargo, es muy rápido, no te alenta la máquina, puedes configurarlo para que se vea un poco más bonito y poco a poco le vas agarrando la onda. Además, es open source (eso quiere decir, básicamente, que es grátis :P) y a cada ratito le andan agregando funciones o plugins, por si extrañas que tu máquina este lenta.
¿Por qué estoy hablando de esto? Porque hace unos minutos, me puse a organizar un poco de más música. Así en vez de tener 33 carpetas, voy a acabar con 50. Acabé por quemar en dos dvd’s la música que tengo en un directorio, porque realmente no necesito que esos archivos se queden en el disco duro y así, cada vez que me aburra del techno trance, nomás meto el cd con los éxitos de los 80’s, copio y me olvido.
Ahhh, ya para cerrar esta geekbastardilla… ¡No usen internet explorer! ¡Deje de sufrir! ¡Navegue más rápido y sin virulacos!
Mañana, hablaré de las misteriosas manchas que le aparecieron al monitor de mi PC, y trataré de escribir fotocuentos mientras me peleo con el servicio de la Plaza de Computación.
Tengo un incómodo dolor en el estómago, antes era punzante y de incómodo a punzante, no sé que prefiero. El dolor que punza, es mordaz, obliga a que la cara gesticule, se siente bien sabroso desde adentro. El dolor incómodo simplemente esta ahí, volando como mosquito que no se larga, el mosquito que no sabes donde esta. Mientras mi dolor fluctua de uno a otro, Homero Vidal me habla por el messenger, me pregunta si lo dejaré entrar a Big Blogger. Ya le respondí que no, él sabe porque no, yo sé porque no. Pero sé que continuará preguntando y en mejores días que este, podré responderle que no tranquilamente. Un monosílabo que no se empalme con el dolor que siento en el estómago y me haga retorcer la cara. Desde que trabajaba en casting no me asaltaba uno de estos dolorcitos, que se los atribuía al estrés. ¿Entonces? ¿Ahora es un dolor post-traumático?
Hoy el equipo mexicano me puso de malas. No vi el juego por razones ajenas a mi voluntad, sólo vi los primeros 10 minutos y escuché los últimos 3 por radio. Los primeros diez minutos fueron suficientes para que alzara los ojos en hastío, un intento de gol de nuestra parte y un gol de Portugal. Fue como ver escenas repetidas con actores similares y distinto vestuario, sin embargo, una de las escenas logró su propóstio: el gol portugués. Sólo de escuchar 2-1, favor Portugal, decidí dejarlo por la paz. No soy futbolero, no sé de aspectos técnicos, no sé de los equipos originales de la mayoría de los jugadores, no conozco su calidad de juego, puedo decir del director técnico que se ve un hombre muy serio que puede comprometerse. Tiene rostro de que cumple su promesa. Tiene un rostro duro. Los jugadores se ven jóvenes, ya no estamos mirando, como un Hugo Sánchez a sus cuarenta años (vaya, tal vez no tanto) lastimeramente busca oportunidades tramposas para meterle un gol a los alemanes. ¿Zague y Campos? ¿Esos quienes son? No, no, no. Ahora son Kikín (como se escriba) Fonseca, Márquez, Oswaldo… otros nombres. Mi conocimiento futbolero tiene una curva de aprendizaje muy lenta, cada cuatro años se me olvidan las cosas para volver a capturarlas y medio reafirmar el conocimiento de cuatro años atrás. Y luego de ver una actuación tan pésima como esa, dónde los jugadores mexicanos parece que se educan para entrar (versión extendida, en el partido de México contra Irán) pero no para golear, me dieron ganas de no saber de futbol en otros cuatro años más. Pero el mundial cumple su función, si me dejo contagiar por la fiebre del mundial y por los rostros manchados de verde, las camisetas, por los grupitos que se hacen fuera de las taquerías que tienen una tele o un radio, si la señora de a lado hace un gesto despreciativo porque perdimos la oportunidad de golear se lo respondo solidariamente y así. A mí también me gusta el juego de mediocridad, me gusta escuchar y creerles por momentos a los comentaristas decir cada cuatro años que México es un equipo con potencial para ganar el mundial. Menuda mentira. No existe algo llamado potencial. Existe ganar o perder. La misma vida.
Esperaré a lo que diga el señor Humphrey (nomás que deje de chatear con Miguel), que es como mi guía literaria para estos arrebatos futbolísticos.
Hablaba de mi dolor de estómago, que puede ser el que haya tomado mis manos y esté externándolo de alguna manera. Repasaba mentalmente mis pendientes como: acabar mi carrera, pedir mano y casarme con Sol María, tener hijos, comprar la nueva Penthouse donde viene mi tercera colaboración, estudiar para los extraordinarios que pienso presentar, seguir capturando catálogos, servirme coca cola, morirme en alguna playa, endeudarme para comprar una casa, irme de viaje, decirle que no a Homero Vidal para Big Blogger, salir con mi hija adoptiva, cenar enchiladas. No son muchos pendientes y bueno, tengo la mala maña de no darles la prioridad requerida. Para mí es más vital servirme un vaso de coca cola que terminar mi carrera. Para mi estómago es más vital que no le meta nada irritante, pero vamos, se había portado tan bien que pensaba que había sido un mal sueño.
Si les interesa saber, Big Blogger termina este cuatro de julio. Y si les soy honesto, estoy considerando la idea de cerrarlo definitivamente.