Entradas escritas en Mayo, 2006 ↓

Si tuviera que enjabonarte…

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 9 de 59


Martha

No sería con ese jabonsote, porque… no sé, ¡no! No me parece correcto, porque ese se usa para la ropa, ¿no? Si, ¿no? Bueno, que mi abuela era bastante bruta. Para economizar de repente compraba un jabón de ese vuelo y nos miraba duramente, en silencio, con el cinturón en mano, nos lo señalaba y decía—. A ver, ese es el único jabón que queda, no tenemos dinero, así que ni modo.

Recuerdo el olor y la textura de mi pelo después de lavarlo con uno de esos y me alegro de ser hombre, porque una mujer se hubiera vuelto loca con el cabello quebrándose al mínimo contacto del viento. Y es que el olor, no sólo por la ropa digo, sino que el cuerpo te huela a jabón barato obliga a que alguien, algún compañerito de la escuela, haga un comentario acerca de tu bienestar económico y se ría entre dientes. Uno se acostumbra finalmente, cuando estas pobre, estas pobre y no hay bronca, no lo vas a andar discutiendo. Al menos yo no me peleo por ello.

Igual, en un par de años, empiezan varias guerritas bacteorológicas por el petróleo y ¿tú crees que un jabon, por más grandote que sea, te va a rescatar? ¿A los pinches gringos les va a importar el olor a jabón barato, cuándo estén más abiertamente agresivos porque les falta energía? Pero, ¿qué? ¿qué hago frente a los jabones? Si, estaba evadiéndome, porque llevo rato siguiendo tus bonitas piernas blancas, tu vestido veraniego, tu cabello largo y negro, el olor a perfume de a de veras y el carrito del super casi vacío. Ya nos hemos visto antes, creo, o nos hemos cruzado en este pasillo, tal vez en el de cereales también, pero siempre que nos encontramos en este lugar en especial, donde los jabones me miran como niños extraviados, me pregunto, con tus delicadas y bonitas manos, ¿por qué siempre compras uno de estos jabones? Sin falla, lo tomas y lo depositas en el carrito. ¿Lavarás con ello tus vestidos o tus calzones? ¿Es para la ropa que no se pone en la lavadora? Me provoca tanta curiosidad como la que me da lo que hay debajo de esa falda. Te juro que un día de estos quiero llegar, levantarla, darte un arrimón de esos terriblemente nacos para que me des una cachetada, y ya que nos calmemos, con señor policía enfrente, te preguntaré para que es el jaboncito. No había incluido en mi lista de diversas cosas que tal vez compres el jabón porque lo usas en defensa propia, no debo ser el único que quiera jugar al arrimón contigo, con un ladrillo como esos seguro puedes tirarme uno o dos dientes… güerita preciosa.

Tal vez los compras para que tu chacha lave tu ropa, porque tienes esa piel muy cuidadita y tus ojitos verdes todavía brillan… ay, mi chaparrita chula ojiverde. Si tuviera que enjabonarte con uno de esos, lo haría despacio, todos los días, hasta acabarme la barra mi amor.

(Foto: La Famosa XFlickr.)

Este cuento forma parte de los fotocuentos que estaré escribiendo en este blog. Si quieres formar parte o enviar una foto, revisa este post: Escribir me aburre.

Inside the box.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 7 de 59


Ku

Come along Fool
A direct hit of the senses you are disconnected
It’s not that it’s bad…it’s not that it’s death
It’s just on the tip of your tongue, and you’re so silent

—Cat Power, Fool.

Cuando me metí a la caja, primero me encontré desolada porque no había ningún espejo donde mirar mi languidez. Llevo años aquí, tal vez siglos. No, no es para tanto, un cuerpo no puede vivir tanto encerrado en cartón, o madera, u oro chapado… pero cuando estoy aquí adentro, no me pregunto todos los días cuánto puede vivir un cuerpo, en la caja no pasa nada, en la caja no existe biología ni química. Tal vez las matemáticas, para contar los días con un distorsionado sentido del tiempo. En la caja creo en el tiempo. Pero no creo en mis clases de español, no sirven cuando estas en silencio todo el tiempo y los pensamientos se abstraen cada vez más, se pierde cualquier estructura básica. ¡Abracadabra, Sinsolobin Pampuán!. A veces hablo conmigo misma, el sonido de mi propia voz obliga que mis orejas despierten y escucho ruidos afuera, escucho risas infantiles, y entonces, caigo en cuenta de la oscuridad de la caja, y de poco en poco regresan mis sentidos y la educación primaria que se diluía en los cuatro espacios que me rodean. Escucho risas infantiles afuera, en una rendija entra un poco de luz y huele a pastel, a chocolate caliente, los quejidos de un perro. Huele a cosas, escucho aún más… No quisiera salir de la caja, pero algo me arrastra, se abre un espacio y un guante blanco me ofrece la mano que resguarda. No me dejen salir de la caja. Los árboles no son solamente el símbolo de un pasado, las risas infantiles despliegan los rostros de sus dueños y entonces comprendo que mi caja, y yo, hemos tenido un propósito desde siempre. Sonrío, acomodo mi vestido de lentejuelas, “¡denle un aplauso a mi bella asistente!, quien desapareció durante siglos hacía un momento…” y doy una enorme reverencia a un público que mis ojos aún no identifican, mis ojos que aún añoran la caja y que esperan, como todo mi cuerpo, en cualquier momento regresar para rogarle que no la dejen salir.

(Foto de Ku.)

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Privilegios.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 6 de 59


Sikanda

Cada vez que veo una foto de una mina así, me dan ganas de empujarla al agua y ese sentimiento es más intenso con mi propia nieta. No es que quiera ahogarla, a ella y otras niñas en fotos similares… no, Dios me libre. Pero qué cosa, tenerlas a las minas bien protegidas, cuidaditas del mundo. No sé como decirlo pero las mujeres nos hemos ganado esos privilegios, al menos las de mi clase. Nos hemos ganado el privilegio de no empujar a nuestras niñas, cuando mi padre me mandaba a matar conejos y ranas para cenar algo, o cuando mi padre me daba con la vara porque las tortillas no estaban listas. No estudié en la primaria, mi padre quiso que fuese hombre, mi padre nunca quiso mi sexo. Después me casé con un hombre culto, un hombre que me quiso, un hombre que me ayudó. Ahora mis hijas me recogen fotitos del internet y me regalan libros y revistas. Me regalan en un CD las fotos de mi nieta para verlas en una computadora que me regalaron. No es que me queje de los privilegios, pero sólo pueden imaginarse los problemas y nuestros años de guerra. Y pude con mi propia guerrita, lo que mis años me permitieron, para que mi nieta pudiera tomarse una foto acercándose al agua.

No es que me queje, pero cuando le platicaba las primeras veces a mi hija como romper el cuello de una liebre ella no me creía, hasta que me la llevé un día a la cocina y le enseñé paso a paso como hacerlo. Ella acabó horrorizada, y en cierta manera, sus ojos brillaron de orgullo al poder matarla con sus propias manos. Desde entonces le cuenta a sus amiguitos que mató un conejo, lo cuenta como una terrible experiencia o como una medalla de honor, como una entrada a un mundo que ya desconoce. Como si no supiera la pobre que todavía muchas mujeres andan librando su guerrita, para que sus hijas puedan contar ese tipo de historias a sus amiguitos. Por eso me dan ganas de empujar mi nieta al agua, como una travesura nada más, porque mi padre me empujó al agua muchas veces, porque a veces mi padre jugaba conmigo, y así me enseñé a nadar, pero me contengo… pobre de mi niña, yo peleando tanto para que sus días pasaran como fotos de postales, para que sus recuerdos felices se empalmaran con los míos.

Y no me quejo, en serio que no, ya puedo enseñarle a mi nieta lo que fue mi mundo, mi niñez. Y no sé como enseñárselo, si contárselo de poco en poco, o si darle un libro. En vez de empujarla al agua, le voy a dar uno de espantos, le voy a dar Dracula o Papillón. Le voy a poner una película de las indias de Chiapas, que bien que mal, estoy cerca de ellas y ahora, tan separada. O mejor me quedo calladita y miro la foto, miro la foto una vez más y dejo que el tiempo me continue consumiendo. Esta bien, mejor cuando crezca un poquito la empujaré al río. No en balde fueron setenta años para que tuviéramos privilegios.

(Foto de Sikanda. La de la foto es su sobrinita Arianna)

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Recuerda el concurso de cuento 2cielos2. Si quieres participar es el momento, te puedes ganar uno de mis libracos =P

El Rey Satán

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 5 de 59


Gibrán

No puedo contarte esta historia porque entonces, él me descubriría y me encerraría en sus mazmorras. Pero hey, si tengo un par de chelas encima, ¿qué más da? Dicen que es el omnipresente Rey Satán, conduciendo un cadillac rojo a toda velocidad, a veces como un chamaco lleno de barros, otras como dama de alta sociedad, pero el cadillac rojo nunca ha de fallar. Corre a cientos de kilómetros por hora, en todas las carreteras y en todos los desiertos, le silba a las nenas que con su corrupto viento y ellas ya no se aguantan las ganas y se masturban, y los autobuses, perfectamente en forma, se descomponen repentinamente y tiran anticongelante y aceite, para después caer por el barranco. No le digan a nadie, pero le gusta escuchar la misma canción de “The Coral” todo el tiempo y ayer me habló por teléfono y me dijo: “Oye amigo, tú y yo nos vamos de viaje a buscar el sur, siempre al sur”. No entiendo porque me quiere llevar el Rey Satán, pero te dejo esta nota mamá… ya no me esperes, tampoco esperes tu mi amor, voy a un viaje al sur y presiento que no voy a regresar.

(Foto de Mogwai.)

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Insurgentes.

El viernes cuando regresaba a casa, caminé por insurgentes y miré pasar un coche a gran velocidad, donde el copiloto se metía cocaina. Más adelante encontré un Seat blanco, también manejando sobre insurgentes, cuya copilota estaba encima del conductor, una copilota gordita, morenita, que me hizo pensar en la belleza clásica mexicana. Me metí a un EXTRA y me atendió una mujer en minifalda y gorra rosita, me enseñó las piernas y me dijo buenas noches, casi se asomó para darme un besito en la nariz, ji ji. Y luego, recordé al tipo del Metrobus, un chavo vestido todo de negro, que se había sentado con los pies afuera, meneándolos como niño, cuando se metió al metrobus, empezó a platicar con quien se encontraba, como si fuera amigo de mucho tiempo… pero era de esos amigos anodinos y molestos, que no te los puedes quitar encima sin importar como. La ciudad me dio miedo. Finalmente, regresé a Insurgentes y caminé enfrente de un antro nuevo llamado Velvet y había piernas, muchas piernas.

Ni eso me hizo sentir mejor.

Ya sin chela y sin cigarros.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 4 de 59


Denize

Llevo un par de horas seleccionando a mi nueva modelito y ya me dio pereza. Creo que me quedo con la de la foto, tiene diecinueve y lo poco que platicamos por teléfono, todavía esta verde, no esta mal.

Tenía un amigo que cuando miraba a una mujer en la lagarquija o la vitrola, una gorda bastante fea, me decía—. ¿Quíhubole Ernesto? ¿Ya sin chela y sin cigarros? —Le sonreía entonces, seguía tomando mi cerveza y le respondía—. No, no me gustan ni las feas, ni las gordas, y mucho menos las simpáticas. Se había convertido en nuestra broma local, porque la primera vez le dije que si, tenía rato sin tener a nadie y como él había sugerido: ya no tenía para comprarme otra cerveza, y los cigarros se me habían acabado dos minutos antes. Todavía puedo recordar como mis manos fueron tragadas por unas lonjas, las cuales me acariciaron como pechos suaves y descubrí, gracias a interminables escalofríos, terminales nerviosas que no sabía que poseía. Todavía puedo recordar los dientes chuecos y aquella piel morena y manchada por su excesiva nutrición. No eyaculé ese día, me miré al espejo y me dije—. No, no lo volveré a hacer, si me quiero, no volveré a acostarme con una gorda o una fea. Eso pasó hace dieciseis años, cuando salí de la UIC graduado en comunicaciones. Aún salgo a tomar con el Cheques y aún aplicamos la broma local. De alguna manera, ese evento y nuestra pinche bromita, reafirmó mi personalidad… terminó por definir mi profesión y mis gustos.

Ni gordas, ni feas, ni ambas.

En la UIC me hice de buenos amigos, gente que ahora son directores, los chavos innovadores del cine mexicano, a quienes olvidarán en unos veinte o treinta años. El cine mexicano que ya no existe, cuya gloria murió con Pedro Infante, Cantinflas, Tin Tan, Abel Salazar y Jorge Negrete. Si le preguntara a mi nueva modelito de Gilberto Martínez Solares, me vería sonriendo y preguntaría si es atleta parapléjico. Tal vez sepa de Buñuel, pero eso es porque todos los jóvenes aprenden de Buñuel para hacerse los interesantes. Los jóvenes estan hambrientos por el conocimiento que impacta, no por el conocimiento que implica trabajo o grandes trayectorias. Estan hambrientos de íconos, estan hambrientos por consumirlos en menos de quince minutos. Y a eso me dedico: abrí mi agencia de modelos, teenagers específicamente. Me dedico a venderlas desde los catorce años a cuanta revista, comercial y jóvenes pasarelas les necesiten. Tan traumadito quedé, que ahora me dedico a explotar y explorar la belleza. Me dedico a “enseñar”, como si fuera un profesor, las cosas que se pierden estas escuinclas. Bueno, no todas, hasta eso soy respetuoso… dependo de cuánto me dura la nena en turno, cuánto dura su hambre por fama, por dinero, por conocimientos, por lo que sea. Para mi deseo, no las elijo de menos de dieciocho, no soy pendejo… si un padre me demanda mi negocio se hace mierda. Vivo bastante bien de esto.

Aunque a veces llegan las mamás y las mismas escuinclas, con las minifaldas y el maquillaje y presumiendo el escote. A veces la mamá me pregunta si cree que puedo meterla en una telenovela, o en un programa de televisión, y ándale nena, muévete para el señor, esta un poco pasadita de peso pero la nena es muy trabajadora y disciplinada, si la quiere menos bustona o caderona, la ponemos a trabajar. Si mamá, y me sopla uno o dos besitos. ¿Y no le interrumpo señor?, me preguntan las mamás, a la mejor quiere hacerle preguntas a mi nena a solas, ¿no te molestaría quedarte con el señor Ernesto? No mamá. Mejor no señora, me rescato a mí mismo, su hija esta guapísima y ya verá, algo saldrá con ella de inmediato, déjeme sus fotos y sus datos, anótelos claramente, y en cuanto salga algo si me comunicarán de inmediatamente con usted. Si señor, gracias señor.

El medio es un lugar complicado, todos saben de mi gusto por elegir a alguna de mis nuevas modelitos y exhibirla. El jueguito empieza en elegirla, me gustan como la chica de la foto, de piel blanca y cabello oscuro, labios gruesos. Creo que mañana mismo le hablaré… en fin. Todo empieza con eso, con elegirla. Luego les consigo trabajo en fotos, trabajos que paguen bien, como mil pesos la foto y así les meto el gusto por el dinero. Si es para mí, voy personalmente a cuidarla, le enseño algunos trucos, le platico algunas cosas del trabajo y de las cositas que no saben. A los diecinueve continuan siendo niñas, siempre caen. Les explico sus mejores ángulos, sin reservas hablo de lo bueno que tienen. No les invento cuentos, voy directo al grano. A su edad, es importante descubrir los detalles, enseñarles lo que no creían tener, y cuando uno se los dice, empiezan a enamorarse. Hay que ser honestos… de preferencia, si uno es bueno, porque si uno les inventa rasgos que no existen, alguien les enseñará que no algún día. En fin, al final le pido a un cuatísimo mío, director de comerciales y también, de repente de cine, que me abra un casting fantasma para esta mujer en especial. Una mentirita blanca. Carlos me ayuda aumentándole el ego y la vanidad a la muchacha. Claro, por sus múltiples favores, de vez en cuando me hago a un lado y se la dejo, porque pues… Carlos también tiene miembro y corazoncito, también tiene sentimientos pues.

Me acuerdo de Brenda, le hice creer que era tan guapa, que solamente en eso pensaba, y luego vino la cocaina, y luego vino el productor de la televisora, y su debut en una telenovela, donde ya no tenía la nariz con la que le conocí, y definitivamente, su mirada estaba en un viaje muchos kilómetros lejos. También por eso mejor me las elijo legalmente adultas, no quiero cargar con culpabilidades. Si, si tengo un poquito de moral. He aprendido a educar mujercitas a mi gusto, y también, las he aprendido a educar para que sean sanas, delgaditas, sabrosas y si, esta bien, medio putitas… se hacen las que aprenden, pero bien que saben. Para eso se educan desde que leen esas revistuchas, para saber donde apretar, donde morder y qué lucir, exáctamente que lucir. Por eso abrí mi agencia de modelos, si no quería volver a acostarme con una gorda, y con una fea, y no quería volver a mirarme en el espejo y pensar que estoy cubierto de cebo, necesitaba algo así. Porque después de dieciseis años aún siento esa capa de piel extra. Llámenme exagerado, llámenme cerdo machista, no me importa, tengo exáctamente el corte que quiero y lo disfruto tanto. Cuando compren una revista juvenil, acuérdense de mí, cuando vean una foto de una nena fresca y juvenil, piensen que yo me la comí primero, y ténganme envidia, mucha envidia.

Todo empieza con un “Ya tengo una sesión de fotos para ti, te recojo en tal lugar, es tanto el presupuesto”. Pues ya sin chela y sin cigarros…

(Foto de Denize.)

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Otro anuncio para ustedes, como soy medio chafa, haré copy paste directo del blog de Omegar:

tercer concurso de microrrelatos

Estos días ha habido pocas entradas en este blog porque he estado organizando el III Concurso de Microrrelatos 2 Cielos 2 en su propio blog.

Hoy las bases ya están en línea y la recepción de cuentos ya está abierta en 2cielos2.blogspot.com, pasen a verla.

En esta ocasión los premios han cambiado (dos libros al ganador, y uno al segundo lugar, y más), los jurados también (Alberto Chimal, Agustín Fest, Javier Moreno y yo) y he vuelto el concurso independiente de este blog con su propio blogspot. Las bases siguen en su mayoría igual, sólo que esta vez el tema es “Gravedad”.

La convocatoria cierra el 22 de mayo, ¡apúrense!. Mientras más relatos lleguen, mejor.

Experimento.

Este post es parte de una serie, llamada “Fotocuentos”. Anotación 3 de 59


Luann

No fue hace mucho que dije sí al experimento, creo que llevo una semana con el chip en la nuca, y lo único que me ha salvado de un dolor insoportable, apuesto a que peor al de la erección que me provoca tu cuerpo desnudo, es mirar directamente a tus ojos y no separar la mirada de ellos. Que los ojos son bonitos, son las ventanas al alma, a través de los ojos forjas una cadena invisible que te puede unir a una persona para siempre, son tan bonitos los ojos que son la única parte del cuerpo de otro ser humano que puede reflejarme a la perfección y me hace sentir bien, porque es mi reflejo en un mundo distinto al mío, es mi presencia en otra realidad, la tuya, por ejemplo, tu realidad.

Y no dejas de sonreír. Vaya.

Tus ojos son bonitos y me han salvado de una serie de choques eléctricos. Pero necesitaba el dinero, ¿sabes? porque mi guitarra y mis canciones han estado muy flojas para los clientes de la ruta 27. He estado por cambiarme a la 23, donde se suben puros chavitos que van a una prepa fresa de aquellos rumbos y pareciera mentira, pero luego son bien generosos. Yo lo sé porque yo estudié ahí, ¿y no te digo? Son generosos y basta. Sencillamente no hay que decirles que puedes acabar cantando en los camiones, porque aparte de que los traumas, ya no aflojan el dinero.

¿Y luego? ¿Quién iba a decir qué hoy decidías dejar tu virginidad conmigo? Ya ni en las pinches novelas, me cae. Supongo que te debo una explicación vida mía, que tú nada más no dejas la sonrisa y sigues moviendo el culo como gata deseosa. Y yo aventándome un rollo muy bonito acerca de los ojos, creyéndome the insight meister y me sales con la sonrisita esa picarona. ¿Qué hoy dejamos de ser virgenes? Bueno, tú mi vida, yo tengo un par de mujeres en la cajuela. Y no creo que te robe la virginidad, al menos no hoy, dame tiempo para ver si me pagan otro mes. Me metí en eso porque necesitaba el dinero, me dio mucha hambre ese día y por alguna razón llegué a leer una hojita que decía: “Se buscan estudiantes universitarios para experimento biotecnológico. Se pagan 3,630 pesos mensuales. Primer pago de inmediato”. Parecía que tenía mi nombre caray, me metí al instituto, les pasé mi credencial y mi tira de materias, inmediatamente me señalaron a dónde debía ir y salí bien rapido, con efectivo en mi mano. ¡Me pagaron en efectivo! Supongo que en ese momento debí sospechar de consecuencias y efectos secundarios, y qué con mi cuerpo no se juega, algo así.

Pensaba contarte antes del dinero, ¿cómo creías que te estaba invitando más seguido al cine? ¿Por los pinches tacaños de la 27? No me pongas esa cara y quédate allá, de ese lado de la cama, pegadita a la guitarra, mírame a los ojos y no apartes la vista, porque si no me va a dar un dolor de los mil demonios y prefiero aguantarme la erección ahorita. Que bueno, creo que todo se solucionaría con una puñetita, incluso creo que tú podrías prestarme tu mano para mis propósitos siniestros, pero si mis ojos se apartan y se empiezan a enfocar en lo que no deben… ninguna mano será ayuda suficiente. Ya va, te voy a explicar la razón de mi predicamento.

Ese día, el doctor me dio una explicación muy clara, tan clara que hoy no recuerdo ni la mitad. Me dijo algo de un procedimiento de emergencia que podría aplicar si lo necesitaba, la cosa es que me podía dejar inconsciente durante dos días, incluso impotente si no tenía cuidado, que evitara recurrir a ello y que, preferentemente, me presentara de inmediato al instituto si surgía alguna emergencia. Me dio un papelito con las instrucciones, pero creo que lo perdí. Je. No me digas eso mi amor, esto no es una emergencia, nos podemos aguantar otro mes, ¿vale? Bueno, en realidad tres semanas, ¿por qué me sonríes así canija? ¡Estate! ¡Down! ¡Down! ¡Stay! ¡Fussssss, girl, fusssss! Ahora, calladita te ves más bonita y permíteme continuar: El doctor me dijo que el chip funcionaba para inhibir y controlar estímulos visuales, aquellos que se provocan mirando las curvas de una mujer. Me dijo que estaban en fase de pruebas y que, las curvas pues, estimulan no sé que ondas cerebrales alfa, beta y omega, que se producen en el cerebro cuando los ojos, pues miran nalgas o caderas o senos. El doctor me explicó que el chip pretendía funcionar como un medio de control para el transporte público, como el metro y los camiones por ejemplo, para evitar a maloras que se la pasan tocando lo que no deben, cuando no deben y cuando no les dan permiso. Que yo estaba formando parte de un gran experimento y que la información que yo recaudara sería invaluable para, incluso, detectar y controlar a los violadores a tiempo.

El doctor entonces se puso serio y me miró directo a los ojos, me vi reflejado en él y en el vidrio de sus lentes. Me explicó entonces—: El chip estimulará ciertos nervios de su cuerpo para que se provoque una descarga eléctrica, un dolor que se compara a un calambre, si usted mira con malas intenciones por más de cinco segundos el cuerpo de una mujer. Yo me sentí bien seguro en ese momento, pensaba que no me la pasaba viendo viejas, le dije que me lo pusiera, que no se preocupara. Piénselo bien, me insistió, deslizó un contrato frente a mí el cual firmé diligéntemente, y salió de la habitación. Se retiró como diez minutos y regresó con una jeringota de este vuelo, por la ciencia doctor, le dije, me puso la jeringa en la nuca y madres, pinche dolor horrible. Luego me dio un papelito, pase por su pago con la recepcionista, lo veo dentro de un mes para el siguiente pago y para actualizar su chip, me dijo, y yo salí, satisfecho de recibir dinero por nada. Ese mismo día medio me arrepentí, porque me subí al camión con mi guitarra y se subió una vieja, tengo que confesarlo mi amor, se subió una vieja con unos pechos como de nodriza, con lo suficiente para amamantar a diez cachorritos, ¿sabes? Y luego su bendito escote primaveral. Pues que la miro, y uno, dos, tres, cuatro, cinco, me dio un calambre en la espalda. ¿Te puedes imaginar un calambre en la espalda, seguido de escalofríos interminables y molestos? Yo sí. Nomás de acordarme me duele, se me erizan los pelitos del brazo ¿mira?

Pero bueno, mi chip esta registrando toda la información que se produce cuando miro mujeres pues y la esta mandando por internet inalámbrico al instituto. Esta super cabrón, ¿no crees? La cosa es que, como esta en fase de pruebas, me dijo el doctor que no saben aún diferenciar entre las ondas que se producen con una conocida o con una desconocida, que con trabajos habían logrado separar no se qué ondas para que yo pudiera tener erecciones, besar y medio acariciar agusto, figúrate nomás. La meta es recoger más información para seguir desglosando los procesos mentales por los que pasa la vista y que por ello necesitaban individuos valientes (y necesitados y muertos de hambre) como yo. Te juro que en ese momento pensé— Bueno, no hay pedo, mi novia quiere ser virgen hasta el matrimonio, y yo soy un muchachito fiel, nomás no andes de ojo largo en los camiones, ¿qué tiene de malo una lanita extra? Otro de los objetivos, era hacer que estos chips fueran biodegradables y que sirvieran temporalmente, lo que dura en promedio un viaje de metro. Al escucharlo me quedé con los ojos tan abiertos como dos lunas, ¡y yo qué me la paso cantando canciones en los camiones! ¿A poco no se te hace una mamada? No, no, espera… espérame tantito, hazte para allá… bueno, el doctor no comentó nada de mamadas, pero escúchame primero: ¿A poco no se te hace una mamada cantar en los camiones cuándo puedes hacer algo por la humanidad o por un México más seguro? Me sentí orgulloso, con todo y mis tres mil seiscientos pesos.

Por la sonrisota que tienes, no te estoy vendiendo la idea y probablemente tienes razón… me la mamé. De haber sabido que… ¿pero es qué como iba a saber que tú…? ¡Por qué no me avisaste que ya…! Coño, ahora te cumplo, yo no me quedo así… bueno, a ver pues… deja cierro los ojitos y que pase lo que tenga que pasar. El doctor no especificó nada de cogidas, pero es que… es que si duele un chingo. A ver pues, con cuidadito… con cuidadito… con paciencia y salivita todo entra… y me esta doliendo la espalda, no sé si es por el experimento, o porque estuve rígido en el asiento, mirando a tus ojos todo el tiempo….

(Foto de Luann.)

Este cuento forma parte de los fotocuentos que estaré escribiendo en este blog. Si quieres formar parte o enviar una foto, revisa este post: Escribir me aburre.