Entradas escritas en Abril, 2006 ↓

Qëchit.

Mientras me preparaba el café pensaba que pronto se llenaría de seres humanos este mundo y que entraríamos en guerra, o tal vez Dios, en su infinita misericordia, abriría un nuevo brote de plaga que se desharía de unos cuantos millones de nosotros. Si bien Gaia, entendiendo la travesura de Dios, entonces organizaría cronológicamente algunos desastres naturales que reducirían en mucho el porcentaje de la población mundial. Mientras tanto, le ponía leche de café y un poco de azúcar. Me gusta espeso. Pensaba que en otra vida yo no era apto para el juego social, ni para seguir jugando el sistema. Pensé también que funcionaría mejor en un sistema anárquico, o en uno de supervivencia. Algún animal se ha de esconder en mis adentros, uno que ha mostrado la cara pocas veces.

En caso de una catástrofe, siempre he pensado que lo primero que conseguiría son cigarrillos y cerillos, y después de mi vicio, buscaría alguna manera de caminar a otro estado, sólo para asegurarme que ella esta bien. No sé manejar, ni andar en bicicleta, tendría que buscarme un grupo que supiera. Me vino a la mente entonces que en la parte de la ciudad donde vivo estoy seguro que una de las primeras consecuencias sería un vandalismo fatal para los más débiles. Tal vez yo sea uno de los débiles. Aunque tengo algunas características de líder de grupos (que soy de esos que toman el mando cuando no hay de otra), estoy demasiado domado… no sé manejar un arma, nunca he participado en un conflicto armado (ni siquiera lo he imaginado), no tengo la idea básica de como funcionan las cosas: tal vez por intuición podría hacer fuego… ¿pero conseguir comida de las hierbas? ¿En esta ciudad de concreto? Vandalismo y después canibalismo.

Mi supuesta mejor arma física es mi estatura y la mental, tal vez la rapidez de decisión. Aunque la estatura en un país donde la media esta en 1.65-1.70 creo que estaría en problemas, resaltaría demasiado, en vez de una ventaja se convertiría en un problema—: Matemos al animal más grande, matemos al animal que va solo. Y lamentablemente, olvidé mi taijutsu… moriría por güero, alto, medio gordo y bruto… todas esas pequeñeces por las que mi madre estaba orgulloso de haberme parido. ¿Y salirme con la mía por medio del discurso? Tal vez, tendría que ser uno muy poderoso, uno ingenioso y dinámico. Pero… nah, la neta, ¿en una situación así funcionaría? ¿De veras me creo tan listo para salvarme del fin del mundo a través de un discurso?

Me iría rápido: a la primera señal de una caida mundial, en el momento que todos piensen, mientras miran el televisor en sus casas, “es inminente… ahora si nos estamos yendo a la mierda”. Estoy preparado para recibir con mis antenitas ese momento para preparar un mochilón con cosas y largarme a otro lugar. Antes de que se joda el internet, al menos podrán decir que lo leyeron aquí primero.

Miluret.

Hice algo que no debí hacer esta noche: Me asomé de mi burbuja blogosférica y visité blogs que no acostumbro. No encontré nada interesante. Y pienso medio triste, que es lo mismo que uno puede pensar al llegar a este de improviso. Después de todo, ¿a poco no siempre estamos encantados de escribir a la misma gente que tiene fé en nosotros? ¿A poco no es bonito saberse especial para un puñado de lectores? ¿No es acaso, una pureza idiota e ingenua, cuando abres tu blog por primera vez dónde te dedicas un rato a tus primeros posts, procurando venderte como alguien especial a través de las coincidencias que te trajeron a este mundo? Por ejemplo, si quisiera escribir el primer post de un blog, diría: Nací un cuatro de febrero de un año bisiesto, mis padres acordaron, sin ánimos cabalísticos, llamarme Segundo. No fue hasta que crecí y que miraba con un poco de atención los calendarios, aunado a mis clases de matemáticas, que los caminos marcados por mi destino serían, inexorablemente, pautados por un dios binario y que mis decisiones serían reafirmadas cuando hubiera algún cuatro involucrado, sobre todo si el día del calendario así lo marcara. Es por eso que sólo escribo en los días números par en este blog. Ay que miedito me daría una persona así, pero por ese primer post me sentiría un poco atraído, fuera por las coincidencias o la ironía. Pero puede ser que aquel Segundo, después de un año y medio, empiece a escribir del coche que se compró y de su nuevo trabajo, es entonces que ese primer post quedaría relegado a una memoria, a la memoria de los primerizos, y luego hablara de sus ipods y sus ganas de ser astronauta. Él escribiría—: Empecé mis exámenes de astrofísica el cuatro de marzo. Todos los signos lo estan marcando. Y algunos cuantos cómplices lo comprenderían, mientras que el pobre de Raúl Pérez, alguien que escuchó de alt1040 y ecuaderno por pura casualidad, ha llegado al blog de Segundo dando de click en click a un coso bien raro llamado Technorati.

—Neh, que desperdicio —diría Raúl desde su nave espacial—, si yo tengo mi ferrari y un prototipo de iPod mini-nano-fulgurante autografiado por Steve Jobs.

Prokac.

—Lo que tu buscas es un alarido. Un grito permanente que sea una última explosión de la esencia, algo que te haga vivir por última vez Kayla.

—¿Cómo sabes que lo busco?

—Porque lo deseas, tienes los muslos empapados, si ser un demonio o una anciana desolada, o si te la mordida del lobo guardián de todos los universos, Kromg, no ha servido de nada, quiere decir que no importa cuanto exploten los mundos internos, cuantos orgasmos te marques en la espalda, sencillamente no has encontrado tú última explosión, tu vida definitiva, la razón de tu existencia… ay que pinche mono y que pinche bonito.

Kayla se rió infantilmente.

—¿Por qué me hablas cómo si fuera tú?

Me quedé mirando los torneados muslos de Kayla empapados, después miré su falda un poco más abajo de la rodilla, de tela ligera, me gustaba que estuviera sentada y me gustaba que le gustaran mis miradas. Su rostro infantil, su nariz chata, su cabello peinado quien sabe cómo, sus ojos café verdosos que engañaban al mínimo juego de luces. Kayla me ponía irremediablemente triste, porque era bella, y era inalcanzable. Era tan estúpidamente ideal que me hartaba, y por eso mismo era tan imperfecta: porque sabía que nunca sería mía… así somos de estúpidos los señores, en la juventud soñamos con mujeres que vamos construyendo con rasgos físicos y de personalidad, lo ponemos todo en la licuadora y cuando sale, cuando de veras sale la mezcla, nos la encontramos en venta, en botellita azul, un buen día… y en esa mezcla siempre se nos olvida ponerle un precio accesible de lo pinche perfecta que se la inventa uno.

—Nunca serás mía Kayla.

Ella se encogió de hombros, se acostó y pude asomarme para mirarle los calzones, más allá de la falda.

Miuren.

No tengo sueño. Son las 4.39 de la mañana y tengo muchas cosas en la cabeza. Es en estos momentos que me gustaría ser un hombre más saludable… que hiciera ejercicio. Sé que de esa manera dormiría mejor, me enfermaría menos y fumaría mucho menos. Hoy se la comenté a Caro cuando la vi en el Péndulo. También veo mi panzota y no la menosprecio, durante algún tiempo estuve jugando a cuidar que el dinero me alcanzara para las hamburguesas, o en su defecto, para la lata de atún y el aguacate. Pero también, al sentir de repente los pantalones medio ajustados, me veo en apuros. Ya alguna vez había intentado retomar el hábito del ejercicio, con unos resultados bastante desastrosos, es por eso que lo he intercambiado por caminatas de media hora o cuarenta minutos, con la consigna de caminar si sé llegar a algún lado caminando y no haya muchas avenidas que interrumpan el movimiento (como un primitivo… Parkuk(?)). Pero caminar no es suficiente, sólo lo mantiene a uno despierto y ya. Trataré de hacer ejercicio, una hora durante cuarenta días, si logro disciplinarme entonces veré la manera de patrocinarme el gimnasio. Empezaré con algo sencillo como correr, trotar, abdominales, alguno que otro ejercicio como los que hacía en el equipo de futbol americano y antes de sentirme mal, me detendré, a ver si con ello hago un poco de resistencia. Y es que he tenido muchas cosas en la cabeza últimamente. Creo que el ejercicio me ayudará a despejarlas y a despertarme un poco de cierto letargo y cierta obsesión que tengo por ahí. Me viene a la mente la frase (muy seguido): “Necesito sanar”.

Si, creo que empezaré mañana. Y por cierto, como empieza la semana santa (del diez al catorce de abril), dudo escribirles mucho en estos días. Cuando acabe la semana, les diré si empecé el ejercicio que me prometí.

Bülerio.

Me acuerdo de Simón Dor estos días, especialmente por estas dos palabras: Coraje y Sanar. En aquel entonces, cuando hablaba con Simón Dor de su vida diaria y él terminaba retorcido por mis palabras, necesitaba “No tener miedo” y necesitaba “Sanar”. Porque suelo ser muy obsesivo con las cosas y con aquello que me importa, tan obsesivo que puedo pensar el tema continuamente durante 24 horas seguidas y me causa conflictos, me distrae de otras obligaciones o preocupaciones, el pensamiento me vuelve inútil e inactivo. Estoy atravesando por una etapa similar estos días, una etapa donde el pensamiento esta constantemente influyendo en mis acciones, o más bien, en mis inacciones. Aquello que dejo pasar por estar pensando. Aquello que creo no poder tocar. En aquel entonces, pienso que el método para autosanarme fue escribir “El Diario de Simón Dor”. Aunque también sé que escribir el diario de Simón Dor singificó admitir que estaba enfermo, aceptar mi lejanía a la perfección, escribirlo fue admitir mis debilidades e impurezas, y de cierta manera, pulirlas y darles cuidado, afinarlas.

Escribir como Simón Dor me afectó en muchos niveles, reconstruyó capas enteras de mi personalidad, me convirtió en otro tipo de persona. Finalmente, Simón Dor no dejó que abandonara mis obsesiones, al contrario, me dio herramientas para abordarlas desde distintos ángulos, me dio un ojo crítico para observar mi propio comportamiento, a nivel individual y a nivel comunidad. Es decir, Simón Dor no sirvió como una píldora mágica para matar mi compulsión obsesiva, sirvió muy bien para perfeccionarla y si acaso, para distraerme cuando tenía un pensamiento que no podía quitarme de la cabeza. Actualmente, pienso en él y siento que todavía no le supero. No digo que esté inconcluso (para nada), pero siento que aún no termino de aprender de su proceso creativo, “de sus enseñanzas” por así decirlo. Es difícil de explicar y por supuesto, también es una de las cosas que bombardean mi mente. Supongo que a medida que pasen los años, podré entender mejor al viejo cascarrabias y de paso, me entenderé mejor a mí mismo.

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¿Y a qué viene todo este rollo? Sólo para decirles que hoy libero “El Diario de Simón Dor” y “El Viaje de Simón Dor” para su venta, por supuesto, a través de Lulu. También, como siempre, el contenido se puede leer de manera gratuita a través del weblog y después de publicar esto, empezaré a armar la página de venta. Sin embargo, si tienes lana, (que no creo porque no es quincena), puedes comprarlo desde ya aquí. Es justo presumirles que esta edición es muchísimo mejor a la de Padre Taxi, gracias a que Caro (la del gato azul) se tomó la molestia de diseñarlo.

Es todo por hoy, me espera un buen rato de organizar y armar la página de venta, los veo al ratón vaquero.

Actualización: Ya estuvo, ya esta lista la página (incluso puse los links). Y caray, apenas lo puse y ya se vendió uno. Muchísimas gracias al padrino o madrina.

Ioqucceck.

Tuve una pesadilla. Soñé con el viejo mercado de la Jardín Balbuena, estaba caminando por los juegos y por el parquecito cuando me encontré con Sol María. Creo que platicamos un rato, creo que nos hicimos pato en los juegos. Me dijo que era hora de irse a casa y caminamos para allá. Se estaba quedando con unos tíos y esos tíos resultaron ser un escritor que alguna vez me dio clases, y una escritora, Aurora, que actualmente me da clases. Pensé en ello un momento, pensé en lo absurdo, y pregunté en el sueño como reflejo de lucidez, ¿cómo es que ellos eran sus tíos? Y no me respondió, o si me respondió me dejó sospechando de la realidad construida por el sueño. Pasamos a su casa, suponíamos que estaría vacía pero sin aviso, empezó a llegar mucha gente, ella me dirigió directamente a un sillón. Olvidé saludar y pensé en eso—: Les hubieras dicho buenas tardes a todos antes de sentarte en el sillón con ella. Había muchos niñatos, chavitos de no más de doce, caminando por ahí y buscando juegos para un Xbox que hacía escándalo en la pantalla. Medio me interesé, pero me interesaba más estar con ella. Nos acomodamos los dos en el sillón, nos medio acostamos, yo me sentía un poco incómodo porque no les di las buenas tardes, hasta que uno de los niñatos dijo— Hola Árbol. Me senté entonces mientras Sol María seguía acostada y le pregunté— ¿Cómo saben que soy el Árbol? E hice un interrogatorio, sospechando aún más de la realidad construida por el sueño. Ella me dijo que alguna vez se los había comentado y mi mente movió algún engranaje, que rechinó haciendo eco: “Todos saben que eres el árbol” (bol, bol). Me encogí de hombros y continuamos sentados, estaba interesado por mirar a Aurora y preguntarle a ella de su relación con Sol, entonces mi mente me hizo otra jugarreta: Ya lo habías soñado, ya habías soñado que eran familiares, ¿recuerdas cómo la miras en clase a veces, y piensas que son tan similares físicamente que podrían ser familia? Ve, con esto lo confirmas, son familia y ya. Recuerdo que miré el perfil de Aurora, con el cabello recogido, estaba platicando con alguien más y no le reconocía la voz. Dudaba, dudaba mucho. Sol María me jaló de los hombros y nos quedamos un rato ambos sentados, y pensaba en que no había dicho buenas tardes a todos. Más gente estaba llegando. Ella se acercó a mi oido, me preguntó si quería algo, “creo que presentarme, pero todos saben que soy el árbol, debería de darles las buenas tardes” pensé. Ella empezó a lamerse un dedo y después no podía quitarle la vista de encima, mientras tanto, el esposo de Aurora caminaba con una guitarra a un escenario, escuché que haría un pequeño concierto, que estábamos presentes para festejar un cumpleaños. Sol María se lamía los dedos y le detuve, le dije: “Ya, ya, párale… ya”. Ella entonces me abrazó y se puso a llorar. “¿Qué no lo quieres?”. “Si lo quiero, pero no es el momento, nos van a mirar, me va a mirar la familia de esa mujer que ves a tu derecha (Esa mujer era la esposa de uno de mis tíos) y ellos son muy mochos, son unos hipócritas con su religión, van a mirar en mis ojos como me gana el deseo y van a decir algo, van a hablar, y tú sabes como hablan, ¡cómo hablan cuando algo no les parece!”. Tuve recuerdos infantiles, y creo, también parte del sueño, recuerdos de esa gente con su fé, de como retorcían a su conveniencia la moral, de como a veces me sentía bajo su mirada compasiva mierda. ¿Para qué se ponen guías si no van a seguirlas? Hipócritas, hipócritas, hipócritas. Ella me abrazó y siguió llorando, Sol María me preguntó si no quería otra cosa, sólo dar las buenas tardes, pensé, y abrí la boca y todos me escucharon, voltearon a verme y me sonrieron. “Todos saben que eres el árbol, todos saben que te incomoda mucha gente a la vez, todos saben que eres tímido, todos saben que mirándoles ya les saludas”, pensé. Entonces a Sol María y a mí nos empujaron el sillón para escuchar al tipo que iba a cantar. Nos lo empujó uno de los niñatos y lo juntó con otros dos sillones. Inmediatamente extrañé la intimidad de ese rincón. Ella siguió preguntándome porque no lo quería, porque no quería mirarla lamerse el dedo, yo le dije que si lo quería, que pensara un momento e intercambiara los papeles, dos hombres se sentaron del otro lado del sillón. Discutimos absurdamente, sin poder hablar libremente por los dos hombres a un lado, y pregunté, finalmente: “Entonces, ¿lo quieres?”. “No, no quiero”. Los otros dos hombres se rieron, Sol María se rió y me dijo que nos estaban escuchando, yo también lo sentía, escuché que los hombres dijeron: “Uy, le dijo que no quiere casarse”. Entonces Sol María y yo nos inventamos una plática para que la escucharan los hombres y la terminé con un: “¿Cuánto apuestas a que nos siguen escuchando?” y volteé a mirarlos, los cuatro nos carcajeamos. Llegó más gente a la fiesta de cumpleaños y después, llegó más gente al funeral. Llegó mi familia, mi mamá, mis dos tías, mi abuela y mis primas. Mis dos tías, mi abuela y una de mis primas estaban embarazadas, y una a una fueron tomando los lugares de los sillones, nos separaron a Sol María y a mí, no vi el momento en que ella se perdió. Platicamos un rato, les comenté que era muy extraño que todas estuvieran embarazadas, y pensé en cada una, pensé en que mi abuela no tenía edad para estar embarazada, pensé en que una de mis tías se hizo un gran lujo en venir desde Estados Unidos a una fiesta de cumpleaños (y luego embarazada), pensé que la prima era demasiado joven para estar embarazada. Mi mamá se fue en algún momento, sólo estaban ellas, y me dio lástima, pensé que hubiera sido bueno que se quedara con ellas y platicara, que lo necesitaba, e inmediatamente pensé en Sol, y pensé que ella debía estar a mi lado para conocerlas, sobre todo para conocer a mi abuela. Me levanté y fui por ella, se había perdido en una gran cocina/sala. Le dije en tono de broma que debía estar con nosotros, que le tocaba a ella. Ella se rió un poco nerviosa y me respondió lo mismo: Es que estoy un poco nerviosa. “Bueno, si vamos a casarnos”, pensé, “es natural que esté nerviosa, que tenga miedo de conocerlas, yo todavía no pido su mano”. Y apagaron las luces, y Sol María se fue a algún lugar, y entonces, mi abuela se recargó en un coche y mi mente insistía: No puede ser que a su edad esté embarazada. Empezó a hablar de doctores y de nopales, un discurso muy largo que me sonaba a sermón, y también pensé que esos no los haría ella, que ella no acostumbraba los discursos largos, me quedé callado, pero mis manos no dejaban de moverse, se movían para distraerme, y yo tratabe de escucharle. Nopales y doctores. Entonces ella se separó del coche porque este iba a moverse y en cuanto lo hizo, se quedó rígida y cayó al suelo muerta. Pensé: “Idiota, idiota, no harás nada idiota, no harás nada y muévete ya. El bebé, es una lástima que una mujer de su edad y el bebé en su vientre se esté muriendo. Sabía que te ibas a quedar quieto. Sabía que no ibas a poder hacer nada cuando necesitaras salvarla”. Y después me moví y grité por doctores y ambulancias, entre tanta gente debía haber un doctor, o una ambulancia. Idiota, idiota, idiota. Entonces me acerqué a ella para tomarle el pulso, sentía que me iba a gritar y desperté.

Cuando desperté estaba moqueando y miré la cara de mi hermano, que estaba dormido. Me pregunté si no habría gritado, si estaba moqueando, era muy probable que también hubiera gritado. Entonces me quedé un rato mirando el techo, pensando que mi abuela compraba los nopales a las doñas y dones que los traían del campo, que ella los compraba con espinas y los pelaba en casa. —Si quieres aprender a comprar nopales —me dijo en aquel entonces—, nada más fijate que no estén oxidados en las orillas. Esta bien que se los compres a estos vendedores porque a veces los traen muy frescos y salen un poco más baratos. La abuela por lo regular iba con una señora, indígena ella, que agarraba un espacio en un estacionamiento de una cerrada y se dedicaba a pelarlos y venderlos. La abuela le compraba los que no estaban pelados. —Es que a veces les arrancan demasiado con el cuchillo.

Melanina.

Abur

Probando Will Robinson, probando Wordpress 2.0!!!