Entradas escritas en Marzo, 2006 ↓
Marzo 20, 2006 — Consumidor de Entretenimiento, Del deber ser, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Biblioteca en Peligro — Un proyecto de Salvador Leal.
Es muy difícil no vivir en absolutos cuando crees que los has vivido todos. Creo que he vivido ya gran parte de lo interesante, Bob, que ya no queda otra cosa más por descubrir o que me llene tanto. Tal vez por ello devoro libros y leo poesía, porque todavía puede asombrarme. Me apena terriblemente descubrir que los sentimientos o las situaciones variadas e inverosímiles, ya estan escritas de alguna manera, y a su vez, estas fueron escritas porque en algún momento fueron presenciadas o imaginadas. Es un círculo vicioso Bob, no se puede ser original porque ya exististe. Y tus sueños más locos y atrevidos, o tus sueños mejor celados, ya los atrapó alguna otra red y ya los distribuyó a centavo el minuto, por tu celular. No entiendo porque duermes amigo, mi querido cacto, me siento muy solo desde el día que no estas y no hay nada que pueda curar eso, ¿ves? Es un absoluto, es una simple historia de un amigo que extraña a su amigo y poco a poco, lo mucho que te extraño aumentará hasta que me vuelva idiota y cursi, y exagerado, y me esté cortando las venas. Pero afortunadamente, si todo sale bien, si somos escritores que venden felicidad, tu abrirás los ojos en el momento adecuado y entonces nos abrazaremos y reiremos.
Pero mientras, cuanto me molesta tu ausencia.
El sábado fui con una amiga a una cena. Cuando dije que si, pensé—: No me hará daño, no tengo a donde irme de puente y quedarme encerrado como acostumbro, pues bleh. No soy mucho de salir, no me gusta soportar las multitudes de gente, evito lo más posible conocer lo desconocido (eso de aprenderse nombres y hacer plática: hueva). Aunque de vez en cuando, me da por salir de mi madriguera y ver de que esta compuesto el mundo. La otra es que ella me pidió el favor de cuidarla, porque la fiesta era de un tipo con el que no quería lidiar, pero quería estar ahí para despedirlo porque se iba a no sé que Malvinas durante un mes. Si, así son las mujeres de complicadas: no quieren vérselas negras pero ahí estan estrellándose contra la pared. He aprendido a no buscar el por qué de eso, y más bien disfrutarlo como observador, nunca me pondría como pared porque… bueno, les duele… creo, si, les duele y bueno… así que por eso mejor miro y de vez en cuando les pongo un colchoncito para la frente. En fin, después hice una búsqueda mental en mis archivos y recordé que cuando esta mujer se encandila, vale madres y la fiesta dura hasta las ocho de la mañana, suspiré largo y tendido, asentí lentamente y me dije—: Pero te encanta andar como caballero de la rosa, pinche Onetti.
Ya estaba arrepintiéndome cuando me sentí mal: “Te pidió de favor”, “¿Y si se acuesta con ese cabrón y luego anda sufriendo?”, “Quedaste muy formal de ir, ándale, ve”, “Cabrón, de veras no tienes nada que hacer, ¿qué pierdes?”, “Puede ser tu gran noche campeón”, “Deja de hacerte pendejo y vete”. Me puse una camisa de las tres que tengo, le mandé un mensaje diciendo donde nos veíamos y salí. No tardó en llegar, platicamos cositas, un poco del contexto de este cabrón y el porque iba de chaperón, me encogí de hombros, me estaba cayendo mal solamente de escucharlo. Era de esos cabrones que ilusionan nomás, que les gusta tener su cojín de repuesto… de esos que te atarantan a golpes, te curan, te siguen golpeando, pero nunca matan. Nos compramos una bebida con vodka, llegamos a donde era la fiesta, saludamos, buscamos un lugar donde sentarnos y nos quedamos platicando otro rato: De Sol María, del novio que conoció en tal lugar, de lo que esperaba ella para el futuro, de que planeaba hacer. El tipo sólo se acercó a saludarla y después, se fue a pasear. ¿Y de la fiesta? Pues yo no conocía a nadie y no me interesó mucho, la verdad. Ella me dijo—: Estas cuarenta personas que ves aquí, cambian cada mes, yo nunca reconozco a ninguno, siempre van cambiando.
Menos mal, me estaba preocupando tanto.
Lo único interesante que me pasó fue que llegaron unas personas, entre ellas una doña oxigenada, y se acercaron a una señora castaña (que iba con sus dos hijos) a platicar. La doña oxigenada le dijo a doña castaña que quería sentarse, en voz un poco alta. Estaba cómodo en mi asiento pero consideré cederlo hasta que vi que el hijo de la doña castaña, un morro de quince o diecisiete, estaba comodamente sentado y no hacía nada al respecto. So, decidí esperarme unos quince o veinte minutos, a ver qué pasaba. Doña oxigenada repitió que le dolían los pies, fue cuando castaña y oxigenada se me quedaron mirando un rato, será unos tres minutos y me alegré de no haber cedido mi asiento… así confirmé que estaban esperando que yo fuera todo un caballero, muy bien, si quieres a un joven caballeroso y educado ¿por qué no mejor educas a tu hijo? Les regalé una sonrisa, de esas que me han ganado un par de acostones, seguí platicando con mi amiga cuando castaña se levantó indignadísima y le dijo a oxigenada—: ¡Por favor, siéntate, porque ese tipo…! Me hice pendejo y moví mi cabeza al ritmo de superstylin’ (grooving armada). No hay bronca, la vida es maravillosa, te di la oportunidad de educar a tu morro y la desperdiciaste. Lo mucho que nos interesa a ambos, ¿verdad?
Después la fiesta fue aburrida, pero me quedé a ver si se solucionaba algo con ella y el tipo, ese instinto de protector que luego me da. Cuando vi que sucedía lo opuesto le dije—: Sabes qué, ¡vámonos a Mama Rumba!
—¿Neta Arbolito?
—Neta.
—Pero no sabes bailar. ¿Qué, te vas a quedar sentado?
—Vale madres, yo me quedo viéndote, me encanta ver como baila la gente.
Y es la verdad, después de unas cuantas despedidas, nos fuimos de ese deprimente lugar y acabamos en el famoso Mama Rumba. Había escuchado de ese lugar y todas esas escuchadas concordaban en una cosa: Si no sabes bailar, ni te acerques. Pues me acerqué y no me decepcioné. No había mucha gente, mi amiga me dijo que los fines de semana por lo regular se llenaba y era imposible caminar. Como buena asidua del lugar, saludó a tres meseros, al tipo de la barra y hasta al dueño, después nos llevó a una esquina donde suele esperar, supongo, que alguien la saque a bailar. Había otras tres mujeres ahí. Yo agarré mi esquinita y le dije a mi dulce acompañante—: Tu baila, por mi ni te preocupes. Yo simplemente me quedé mirando a la gente, me quedé mirando sus pies y los contornos, como movían el esqueleto.
Había gente que usaba pasos de cumbia para bailar salsa. Eso no me gusta, se me hace algo lacónico, una salida común. En cambio vi a dos o tres parejas que bailaban salsa como debe bailarse y me maravillé. Siempre me ha gustado admirar el baile bien hecho. Una de ellas era una chavita de rastas, con una nariz un poco grande, y ojos bellísimos. La miré bailar durante dos horas, ella también me correspondió las miradas y pensé, un poco apenado: Mierda, si tan sólo supiera bailar…
Algún día de estos tomaré clases.
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Marzo 16, 2006 — 1-2-3, Consumidor de Entretenimiento, Fractal Chaos, Sensitivo.
Escrito por Agustin Fest.
La maravillosa Mono y la jubilosa Caro, estuvimos platicando ayer por el messenger y en vez de ponernos de acuerdo para un café, acordamos hacer un post placentero el día de hoy. Me provocó ternura y accedí, porque eso nos obligaría a convertir el amor en una cadena.
Y cuando pienso en placer, no puedo recordar más que las miradas que se me notan cuando aquella mujer solía agacharse para buscar las cosas. Esas situaciones se daban cada vez con más regularidad—: Que porque se perdió el calcetín, que porque se perdió el arete, es que estoy buscando un papel o hay que buscar donde conectar el cable. Entonces ella se agachaba, se ponía en cuatro y buscaba por debajo de la cama y de los armarios la partícula que le hiciera falta. Me recriminaba en silencio, porque sucede a menudo que alguien se agacha y busca, ¿no es así? Pero a ella se le notaban los contornos, se le notaba la cadera fertil, de mujer que no se rompe y con los ojitos podía trazar la ese que se formaba de su cuello al culo, a veces por jugar lo hacía con la punta de mis dedos, jugando con la imagen y el movimiento. Ella volteaba a verme al sentirse observada y me preguntaba de manera seca, preocupada más en buscar que provocar deseo—: ¿Qué? ¿Ya lo encontraste? Entonces me sentía apenado y respondía, de la manera más falsa posible—: No pasa nada. Los cuartos pequeños no me permitían agacharme y buscar con ella, y la verdad, es que no quería hacerlo, no podía negar que estaba muy agusto mirando. Me provocaba tanto un placer sencillo como el de observar a la pobre caperucita, buscando el camino para llegar con el lobo.
Un día fue que lo encontró y las migajas de pan fueron una ranura USB donde necesitaba conectar un mouse. Ella se encontraba debajo del escritorio y yo, sentado al borde de la cama. Estaba algo cansado porque nos habíamos pasado el día arreglando cosas en la habitación. Sólo faltaba ese detalle, conectar el mouse y el puerto universal, para llegar a un sano balance y descanso. Pero al verla buscar y al escucharla quejarse que no podía mirar, me arrodillé frente a ella, con una mano le empujé la espalda para apoyarla contra el suelo y con la otra le busqué el botón y el cierre del pantalón. Preguntó, honestamente, con una inocencia que quiso provocarme ternura: ¿Qué haces? Y supuse que ella aún estaba pensando en conectar el mouse, hasta que sintió los pantalones a la rodilla y mi mano alzándole la blusa, dejándosela a la mitad de camino. Tenía la prisa del que había soportado una vida de búsquedas, y toda la ropa de ella se quedó a la mitad, la blusa le tapaba la cara y se apoyaba con los codos. Al tenerla así, tan dispuesta a no moverse digo, no me quedó de otra que bajar la cremallera y que la ranura de los boxers hiciera el resto.
Decía de sus caderas grandes, pues las utilicé para jalarme de a poco. No protestó, la entrada fue muy sencilla y después de interpretar un burdo kamasutra, con la ropa a medias tintas (¿No es delicioso acaso coger con ropa?), descansamos satisfechos y nos reímos de lo fácil que había sido encontrar lo que buscábamos. Fue que empecé a sospechar, como hombre que ve demasiadas películas pornográficas, que todas esas búsquedas eran de algún modo intencionales.
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Marzo 15, 2006 — Casting, Despertares, Escuela, Intento ser Escritor, Mi abuela, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Fue un día medio pesado, de muchos viajes, de levantadas temprano, de moverse por tres extremos de la ciudad… no tengo muchas ganas de escribir pero lo haré de cualquier manera, para imponerme un poco de disciplina y porque esto de escribir algunas veces debe ser como la actuación—: Un actor no se puede inspirar de repente para sacar un papel, al contrario, debe estar con toda la vitalidad posible después de haber hecho el mismo papel veinticinco veces o de hacer la misma obra durante dos o tres días seguidos, de a dos funciones el día. Y es que el blog me permite eso: Imponerme una disciplina y ello, por supuesto, es independiente de la calidad de los textos. No porque haya dicho, de un día a otro, que estoy dispuesto a escribir cuentitos, participar en concursos, buscar becas y trabajar mis textos, quiere decir que mi blog será el vivo reflejo de trabajos que llevan meses, a veces años de proceso. Es aquí donde descubro que Luz Alicia, mi profesora de teatro, estaba equivocada: Los actores no pueden inspirarse como los escritores. Eso es una falacia. Tanto los actores, como los escritores, siguen un impulso de imprimir y hacer arte, tienen un chispazo que les llama la atención de una obra, una idea o un personaje, y después trabajan con ello: en la cabeza, en los ensayos, en sus bocetos, en las palabras que borran para buscar una mejor, en los ademanes que imprimen a un personaje para hacerlo biológicamente posible / real. El arte requiere trabajo, pensamiento y actividad, ese trabajo madura las ideas, la maduración pide tiempo, y el tiempo pide compromiso y disciplina. Para escribir algo mejor, en un futuro, tengo que seguir usando este blog.
Los que se dedican a escribir de inmediato, los que bocetan sus ideas de cuentos, de relatos, de ensayos o de poemas en el blog, pueden sentir un poco injustos los comentarios (o la ausencia de estos) y no lo niego, porque es maravilloso de repente encontrar una idea, algo que nos interesaría escribir o desarrollar, y esta herramienta nos permite comunicarla inmediatamente. Creemos que esa idea explotará en otros tanto como explotó en uno mismo. Tan sólo es después de un rato que he comprendido, que no solamente se debe hacer el boceto… si esta vale la pena debe trabajarse en ella hasta uno quedar meramente satisfecho e incluso harto de ella. Agotarla, exprimirla por completo, tomar el brillo que nos dio la idea y explotarlo lo más posible, hasta asegurarnos que ilumine no solamente nuestras cabezas, sino la de otros a nuestro alrededor.
Algo así.
Fue un día medio pesado, de muchos viajes, de levantadas temprano, de moverse por tres extremos de la ciudad… no tengo muchas ganas de escribir pero lo haré de cualquier manera, para imponerme un poco de disciplina y porque esto de escribir me gusta. Decía que estuve en tres extremos de la ciudad: TAPO, UNAM y mi casa, que esta a diez minutos de Observatorio. Básicamente: Oriente, Sur y Occidente. Mientras caminaba a mi clase de Lingüística, no podía dejar de pensar en el tiempo y como de repente, mi percepción había cambiado de una neurótica compulsiva a una relajadamente enfermiza. El fin de semana hice un recuento de los años, y de lo que sucedió en esos años. Todo empezó cuando ella me preguntó que se sentía perder a alguien tan cercano (mi abuela) y traté de ser honesto conmigo. Cuando pierdes duele mucho, pero cuando pasan los años, te das cuenta que esa persona sigue contigo. Y no es como Simba, que encontrarás al ser querido en las estrellas y las nubes (ay no), sino que, siendo un poco autocrítico, descubrirás que la mayoría de tus necedades o habilidades, las heredaste de alguien más. También las muletillas, los gustos de ropa, de zapatos, de comida, de música. Como preparar tal o tal cosa, como usar los sartenes, como picar la cebolla, como lavar los trastes, como responder a alguien que no quieres y no deseas. Como amar, como apreciar, como querer. Y perder a alguien cercano, te da otra perspectiva de la vida, te quiebra la noción de inmortalidad y piensas, en mi caso, que aunque un ser humano trasciende a la muerte a través de los detalles, definitivamente no es lo mismo que cuando estaba contigo y tal vez lo más interesante que te heredó la persona que perdiste, es la noción de que morirás algún día, y tu propia muerte tendrá el mismo efecto en otro.
Por eso no tengo miedo a la muerte. Y aún si tuviese hijos, la muerte me chocaría por un sentido estúpido de responsabilidad, no por miedo.
Mi concepción del tiempo se transformó en un resorte, cuando perdí a mi abuela y ella me dijo antes de morir que debía terminar una carrera. Cuando la vi muerta a los pocos días, algo cambió en mi percepción del tiempo. También mi trabajo tuvo algo que ver: La gente que esta relacionada a la publicidad sabe a que hora entra, no a que hora sale. Eso pasa en muchos trabajos, si, pero en publicidad todo se mide por proyectos que se solucionan en dos semanas, hubo temporadas donde durante seis o siete meses, teníamos de a siete o diez proyectos al mes. Multipliquen por diez el: Faltan horas, todo urge, los productores deberían llamar a los bomberos porque siempre “estan en llamas”, raro era el proyecto donde no faltaran personajes, rara vez no hay cambios de última hora en el presupuesto. Ese detalle de mi vida cotidiana (el trabajo) y la muerte de mi abuela, hicieron que mi tiempo se distorsionara y se convirtiera en una liga, que durante cinco años se estiraba para después contraerse. Un trabajo pesado que me trajo un par de canas y luego perdí a una persona tan cercana a mí, que era inevitable que mi vida se convirtiera en un vaivén, donde lo rutinario eran las altas y bajas. Ahora que lo pienso, no sé que tanto hay de verdad en esos años, en ese … agujero de gusano, ahora que mi tiempo ha cambiado, puedo ver esos cinco años desde otra perspectiva y puedo darme que una de mis dimensiones: El tiempo, estaba francamente torcido.
Hoy que caminaba a mi clase de lingüística, descubrí el tiempo, mi nuevo tiempo, uno que es encabronadamente flexible, uno donde parece que sólo existe el presente, y si existe el mañana, pero lo de mañana no se tiene que entregar en unas cuantas horas, no estoy pensando que pronto habrá cambios de última hora, y el pasado no esta tan horriblemente marcado como en aquel entonces, no… el pasado se esta separando por años cuya exactitud se olvidará mientras más siga avanzando.
Algo así.
NOlo me obligó e hice esto:
Mi reporte de personalidad.
Como nos encantan esas boludeces.
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Marzo 13, 2006 — Consumidor de Entretenimiento, otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
Mis cuatro años de experiencia blogosférica no me han hecho millonario, ni siquiera he logrado una ganancia económica estable, no me han hecho famoso, no me han ayudado a conocer extraterrestres, Bárbara Mori aún no me ha regalado un autógrafo (y aunque me muero de ganas de pedirlo en un pezón, me conformo con que me lo regale en una servilleta), Carlos Slim no me ha enviado una carta diciéndome: “Lo siento, si le diera un millón de pesos a todo huevón que me los pide, pues no me quedo pobre, pero tampoco gano más”, tampoco Camel ha decidido regalarme cajetillas y cajetillas de cigarrillos por lo mucho que fumo cuando estoy escribiendo y definitivamente, a la Coca Cola le valgo madres, a pesar de que es mi soporte vital cafeínico. Sin embargo, eso de tener un blogcito que de repente todo mundo pela, y a veces todo mundo olvida, tiene su mérito.
Fue así que los Alquimistas del Diseño transmutaron mi diseño y le hicieron unos arreglitos. Aquí esta la liga a la imagen.
Me gustaría hablar de los cambios que le hicieron los alquimistas a mi blog (no tengo otra cosa que postear, de veras y estoy retrasando el hecho inexorable de que tengo tarea por hacer):
La campaña Lee. Al Árbol de los Mil Nombres lo hicieron un partidario de la campaña “LEE”. Yo creo que a NOlo se le hizo raro que no hiciera faramaya a la campaña de la lectura, y si no se le hizo raro a él, se le habrá hecho raro a alguien más… si se supone que me la paso leyendo y se supone que me dedico a vender lo que escribo. También, por más ingeniosa que sea la campaña de Gandhi, es que… la verdad, raras veces voy a la tienda. A veces si, si tengo dinero para gastar en buenos libros y puedo pasearme tranquilamente por la tienda para “encontrar algo”, pero básicamente, ir a Gandhi es deprimirme por el bajo costo de los libros de superación personal, autoayuda, informáticos o la cantidad aberrante de novelas históricas y análisis políticos que hay en el mercado. También, ir a Gandhi es encontrar una cantidad exasperante de libros infantiles y material didáctico. Es asfixiarse de publicidad de Harry Potter, las Crónicas de Narnia, de la nueva novela de Dan Brown o como La Historiadora es el nuevo hit. Es bonito Gandhi, pero la belleza se encuentra en librerías de segunda mano (y que no se diga que no leemos en México… si se venden cuatro millones de ejemplares del Libro Vaquero al año).
¿Realmente eres un árbol? Simón, salgo todas las mañanas a mi procedimiento natural de la clorofila y de ósmosis. Historia vieja: Me pusieron árbol en la preparatoria porque todos los días llevaba una chamarra verde, porque me dejé crecer el cabello y tenía demasiada barba. Mi abuelita, orgullosa de su chimpayate que estudiaba, me ponía manzanas en la mochila todos los días. Un día se me juntaron como diez manzanas y me puse a regalarlas. Fue de ese modo que a algún graciosito se le ocurrió decir: OHHH! ERES COMO UN ÁRBOL MANZANERO… y se me quedó para siempre. Repito: Me gustó el apodo, me lo apropié y a pesar de los chistocitos que me acompañan cuando me emborracho dicen: “Voy a mi-arbolito” y me miran siniestramente, se me hace agradable que me asocien con un árbol.
Las ligas de “Siempre leo”… Caray, debo confesar que ninguno de esos los visito, excepto El huevo (quien tuvieron a bien de poner tres veces). No soy tan fan, porque lo visito dos o tres veces a la semana y debo admitir que el blog del huevo es uno de los lugares más tranquilizantes que he visitado en mi vida porque el tono nunca cambia: es divertido, es ocurrente, es sarcástico, es super guapo, esta tatuado y tiene una de las comunidades más estrechas que he visto. Además, poseé características envidiables: Las mujeres lo adoran a pesar de que es un patán y nunca deja de reírse de todos, ni de nosotros, ahhh, y más importante, de sí mismo (en sus palabras). Es por eso que cuando quiero relajarme, nada más voy al blog del huevo, es como prender la tele y capturar de nuevo alguno de tus episodios preferidos.
A veces Aries… ese estuvo muy simple
Las gatitas del Árbol. Hay tantas gatitas en flickr y tan poco tiempo, cómo me gustaría poder capturarlas a todas o que todas se quedaran atoradas en mis ramitas superiores… pero ay, ay de mí, que tan sólo soy un hombre. Aunque es una muy buena idea: Procuraré abrir un flickr especial para tener mis preferidos y luego poner una tirita donde salgan esas. Un pedacito de cielo en esta vida terrenal no hace daño.
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Marzo 12, 2006 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Los gritos me hartan. No hay nada más desesperante que estar en una habitación donde tres o cuatro personas gritan a la vez. Entonces, procuro retirarme, a algún lugar donde no vea a ninguno de los gritones, prendo un cigarrillo y si alguno se me acerca para preguntar que pasa, prefiero desconocerlo en ese momento y olvidarlo, porque si no, estoy seguro que podría odiarle toda la vida.
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Marzo 10, 2006 — BOB, Kromg, Sueño-Insomnio.
Escrito por Agustin Fest.
Bob, Kromg y el hombre del cacto en el hombro, caminaron incontables cuadras de la Ciudad de México y fue así que llegaron a la Narvarte, zona de estudiantes despreocupados y ancianos ahorradores. En ella, como en el resto del mundo, esperaban encontrar al doctor que podría despertar al cacto, o bien, como su oficio dicta: al despertador de cactos. Sabían de antemano que la rareza del oficio, algo que juzgaban ya extinto, sería muy difícil de encontrar, e intuyeron que por la evolución natural de la vida, algún otro oficio podría también servir como “despertador de cacto”.
—Es que el conocimiento no se pierde —dijo el lobo, quien humeaba tranquilamente por el pelaje de fuego—. El conocimiento es eterno. Algunos pensarán que se pierde cuando no hay un sucesor que puede guardarlo, pero eso es una mentira. Si algo fue conocido, y es conocido en su tiempo, y la gente simplemente se olvida de eso, no pasa nada más que simple olvido. No es que los humanos sean tan importantes como para romper algo que siempre ha existido. Y es en el momento de alguna necesidad que funciona la memoria de los ancestros y es como destapar un caño, hay que bombear y bombear, y fluye despacio, y seguir bombeando, y el agua después revive y se mueve furiosamente, se convierte en un flujo interminable, en una explosión. El conocimiento se olvida, para luego reconocerlo.
Y fue que miré al hombre del cacto en el hombro, que sacó un cigarrillo de su oreja como si fuese un truco de magia, lo encendió y se detuvo en una esquina. Me vino a la memoria una charla y recordé, un poco angustiado—: “Me sentiré muy solo el día que no estés”. Pero ahí estaba en su hombro. No es que el cacto se hubiese ido para siempre, sencillamente se había quedado dormido. Yo también me hubiera quedado dormido de tener que aguantarlos. De tener que aguantar el mundo, por ejemplo, después de dos horas de noticias en la televisión y de más horas en cualquier tráfico, lo único que querría sería eso: cerrar mis ojos y mandarlo todo a la mierda. Dormir y no sentir. El hombre del cacto en el hombro entendería eso, lo sé porque soy muy parecido a él.
—Alguna vez Bob y yo platicamos —dijo, sin quitar el cigarrillo de su boca—, que nos hubiera gustado escribir la historia de un héroe sin igual.
—¿Y lo hicieron?
—Nah. Nunca. No hay manera de hacer un héroe sin igual porque… pues al momento de hacerlo, deja de ser “sin igual”, ¿ves? (por supuesto, musitó el lobo) Pero al menos nos divertimos platicando de ello en un par de ocasiones —el hombre acarició las espinas del cacto e hizo un ruido similar a la siembra del trigo—. No hay nada que no exista ya. Creo que es difícil superarlo todo.
—Es lo que te estoy diciendo, necio… que ya todo existe —insistió el lobo—. Ya todo existe. El juego esta en encontrarlo.
—¿Cómo al despertador de cactos?
—Ándale.
El hombre asintió y los observé un rato más. Admiré que se pudieran quedar tanto tiempo en silencio y que de alguna manera, se convirtieran en estatuas. En monumentos. Monumentos a la pasividad, a la inacción, a una perpetua parálisis.
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Marzo 9, 2006 — Del deber ser, Escuela, La Unidad, Lector, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Me sorprendió aquella vez que salí a fumar a las nueve y media de la noche, y vi a mi vecina, con una minifalda realmente corta y pude apreciarle, rápidamente, las piernas largas y morenas, muy agradables. Como sé que es mi vecina, y también, al conocer el historial de violencia que guarda esta Unidad en sus adentros, donde todo funciona como una pequeña comunidad y las noticias, las amenazas y los accidentes viajan rápidamente. Aparté la mirada renuéntemente y decidí guardarme todo lo que mi reojo pudiera notar, me enfoqué a la llamada en mi celular y aproveché para encender un cigarrillo. Su minifalda me tomó por sorpresa desde los tacones hasta los muslos, hice una pausa notable a la llamada y bueno, si miré y ella miró que miré. Eso tuvo sus efectos, porque ella solía ignorarme educadamente, no era la primera vez que nos encontrábamos por mi cigarrillo y ella, por llegar de su trabajo. Nos mirábamos brevemente y luego negábamos todo contacto visual, yo enfocándome al vicio y a la luz artificial que ensombrece el edificio, ella en esconder su rostro mientras abría la puerta. Pero esa vez no pasó así, esa vez hicimos contacto como dos personas civilizadas en algo tan vulgar como mirarle las piernas. La sorpresa para ella fue conocer mi voz, que nunca la había escuchado y pude notar como le distraía mientras trataba de abrir su puerta y recargaba la rodilla para poner su bolsa. Desde entonces, ella y su hermana me saludan de buenas noches cuando me ven fumando en la rejita, y yo correspondo el saludo lacónicamente, como si nos diéramos las buenas desde el ‘98.
Hoy tuve un buen día en la escuela. Leí In Memoriam of A.H.H. de Tennyson, y aunque no comprendí del todo el poema, por falta de vocabulario y por mera pereza de leerlo con atención, pude opinar en la clase y así pude corregir mis dudas y quitarme la idea de la cabeza que todos los victorianos eran señores de cabellos largos, ropa entallada y que con una pluma de ganso, solamente se dedicaban a escribir poemas aburridos y crípticos. Durante la clase fue que entendí el poema e hice una nota mental de mejorar mi vocabulario, de hacer pausas y dedicarme a buscar las palabras que no comprendo. Por una palabra fue que no entendí una de las secciones del poema (de 90 y tantos que la componen) y por desidia mental, no entendí las otras ochenta y nuevetantas.
En cambio, en clase de Aurora me fue muy bien. Recuerdo que el año anterior dejé mi lectura de “The Power & The Glory” a un tercio por cuestiones de trabajo y comenté puras estupideces, creyendo que podría adivinar de que había tratado el libro por mera lógica, deducciones y demás. Simón, me sentía Sherlock Holmes. Ahora que soy un estudiante y un hombre que vive con su familia, tuve tiempo para leerlo completo y me comparé de hace un año para acá. Comprendí que el trabajo, efectivamente, me quitaba cualquier ansia de ser un buen estudiante, y de ser un buen lector. Este año tuve la oportunidad de comentar todo el libro y aunque entiendo perfectamente que habrán pensado: “Este mamón que no se calla”, me sentí muy satisfecho conmigo mismo. También el trabajo me dio otras cosas, una seguridad que antes no poseía. Estoy seguro de algo—: No soy un orador, no hablo con seguridad en público y menos en inglés… en eso soy muy tímido. Pero hoy que preguntó Aurora acerca del libro, éramos pocos quienes comentábamos algo y me aproveché de ello. Traté de no abusar, porque a veces sentía que estaba hablando de más y Aurora querría que otro alumno comentara, aunque a veces no me aguantaba. Estuve muy contento de romper esa imagen que guardé durante un año.
Los años, mi trabajo, todo eso, me han quitado un poco el pudor y me han hecho comprender que todos estamos igual de nerviosos.
Y si alguno pensó: “Este mamón que no se calla”, como yo habré pensado durante mis años de preparatoria o mis primeros años de universidad… solamente se me ocurriría decirle que no va a la escuela para verse bonito, para verse espléndido en su silla callándose, guardándose sus pensamientos o celando su percepción. Y es que, a veces pienso que a eso iba de chamaco, a que brillara mi conocimiento por sí mismo, seguramente pensaba que mis ojos expresarían una sabiduría milenaria. De no haber comentado en la clase de Tennyson, jamás me habría enterado de mis errores. Insisto—: La escuela es para confrontarse a uno mismo, para no vivir en el error, para conquistar chicas, para ver actrices de teatro corriendo desnudas por las islas, pasear en la biblioteca y tomar un libro al azar (por ejemplo, puedo confesar que hoy fue el primer día que me senté a leer unas obras de Juan Ruiz de Alarcón), y después, irse a tomar unas chelas con tus cuates, o ir a fajar con el novio. Uno nunca sabe, como diría Raphael, puede ser tu gran noche.
Moraleja barata, estoy cansado, no tardo en irme a dormir.
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