Entradas escritas en Febrero, 2006 ↓

Honem.

(…) como cuando Palinuro le preguntaba al abuelo cuánto lo quería. “Mucho, muchísimo”, le contestaba el abuelo Francisco. “Pero ¿cuánto, cuánto, abuelo? ¿De aquí a la esquina?” “Más, mucho más.” “¿De aquí al parque del Ajusco?” “Más, muchísimo más: de aquí al cielo de ida y de regreso, yéndose por el camino más largo de todos y regresando por un camino todavía más largo. Y eso después de dar varios rodeos, de perderse a propósito, de tomar un café con leche en Plutón, de recorrer los anillos de Saturno en patín del diablo y de dormir veinte años, como Rip Van Winkle, en uno de esos planetas donde las noches duran veintiún años: porque a mí me gusta levantarme temprano, cuando menos un año antes de que amanezca.”

—Palinuro de México, Fernando del Paso.

El último diálogo me lo aprendí de memoria especialmente para decirle que la quiero y colmarla de cursilería cuando estamos solos o cuando me viene a la mente, en el momento que venga. Por ejemplo, estando en el baño o picando cebolla, o viendo televisión, o cuando no esta ella de cuerpo presente y voy solo, junto con otros tantos miles de mexicanos, en el metro. Es así, por ejemplo, que a los buenos amigos nunca les digo que los quiero y también por lo mismo, les escupo a Del Paso cuando pienso que es necesario recordárselos. En reuniones es bueno para romper el hielo, y para asombrar muchachas, y que estas digan gozosas con las piernas juntitas y arrebatadas de emoción—: Ándale, invéntaaaate otro, ¡ándale! Pero no me sé ningún otro de memoria y no soy un inventor tan gracil, tan elegante como del Paso. Lo único que puedo ofrecerles son fragmentos de “The Wasteland”, o de “An Irish Airman Forsees His Dead”. ¿Y cómo podría explicar mi robo, cómo podría decirles que no me lo inventé? ¿Cómo decirles qué se lo robé a un escritor de a de veras? ¿Cómo podrías explicarles paso a paso, quién es del Paso?


Es así, por ejemplo, que caminaba un catorce de febrero y en conjunto con mis pensamientos neurotizoides los cuales expliqué en el post anterior, también pensaba que se sentía raro estar caminando hacia la escuela y pensar que no tenía que trabajar saliendo de ella. También pensaba, un poco angustiado, la tranquilidad con la que caminaba a mi salón de clases y cuando regresé de clases. Pensé que la tarde estaba muy tranquila, y me sentía cansado, porque la escuela requiere energía. No sé que tipo de energía, pero la requiere. Y requiere pensar mucho, requiere mi neurosis y mi compromiso. Eso pensaba mientras empecé a releer “En busca del tiempo perdido” y me di cuenta que tenía todo el tiempo del mundo para leerlo, y también para jugar los SIMS. Fue que el catorce de febrero localicé a una de mis compañeras de generación, y ella me explicó que podía titularme si traducía un poema… solamente un poema. Y escuché a los profesores explicarme que lo mejor para titularse era hacer una tesina, un texto de cuarenta o sesenta páginas. Entonces desistí de la idea de hacer una tésis de Joyce. ¿Se imaginan una tésis de Joyce? Horrible, pero me gusta lo horrible, lo difícil, lo que toma tiempo y dedicación.

No haré una tésis de Joyce. Probablemente haga una tesina, que para el caso sería lo mismo. Porque leer a Joyce es entregar a Papá Muerte tres años de vida, es acentar la neurosis, es imaginar que una mujer pone leche natural directamente de la teta al café o mirarle las piernas a una muchachita que lee una revista romántica. Joyce es masturbarse durante un largo tiempo, aún más alla del semen restante en las gónadas.

Y si hubiera estudiado francesas, hubiera pedido a Proust y habría tenido que hacer una loteria entre doscientos cincuenta y tres de las cinco mil páginas que dura su novela. Es tomar café, comer un pan, sentarse y escribir, durante un largo rato, concatenando millares de oraciones complejas evocando los recuerdos, evocando la música, la pintura impresionista y la opera… lo que fuese.

En fin… la UNAM se gastó doce millones de pesos en mejorar la Facultad de Filosofía y Letras. Le pusieron, por ejemplo, guías en braile a los salones. También, me enteré que la UNAM se gasta en cada uno de sus estudiantes, un promedio de cincuenta mil pesos al año. Son datos que le sirven a uno para ser agradecido. Y regreso contento de la escuela, un poco madreado por el metro, un poco madreado por las clases largas de tres horas, pero regreso contento. Fue donde me dí cuenta que no era posible hacer las dos cosas al mismo tiempo: No podía trabajar en casting y estudiar. Eso descubrí cuando llegué a casita, cansado, medio zombie, pero todavía contento.

Nimoh.

No había tenido tiempo para escribir en el blog por la escuela (regresé a ella esta semana). Anoté muchos pensamientos en mi libreta, muchas cosas que quería desarrollar… pero no iré por ella y pienso escribir al vuelo, así como se me vayan ocurriendo las cosas, de una manera un poco desorganizada, supongo… pero no será la primera vez que lo haga. Siempre le he tenido mucho respeto a la Universidad (UNAM) por como cambia la manera de ver las cosas. No sé si sea lo mismo en otras instituciones de educación o incluso, en otras carreras. Pero mi Universidad, o mi experiencia universitaria, esta llena de variados y horribles puntos de vista que tienden a complicarlo todo, y también, con la misma educación universitaria, uno se entrena para desglosarlos, para simplificarlos. Es necesario el proceso educativo para afinar el criterio, y saber que se tira, que se queda y que se recicla.

Explicarme otra vez que me dediqué a trabajar, a vivir por mi cuenta y que descuidé la Universidad durante un año entero, sería un poco redundante. Sé que obtuve muchas experiencias invaluables y mucho conocimiento de ello. Fue un tipo de educación… callejera, en cierto modo. Disfruté la práctica y no me hizo daño hacerlo, como un simulacro o como una preparación. No me arrepiento por ello. Aunque el escuchar a uno de mis profesores darme la bienvenida con un “Hola Agustín, ¿ya regresaste? ¿Ya pensaste si erraste en la carrera?”, fue un buen madrazo. También, descubrí que varios de mis amigos que iniciaron la carrera conmigo, ya se graduarán este semestre o el siguiente. Lo sentí como un golpe en la espinilla bien sabroso. Haber hecho cuentas de las materias que me faltan y encontrar que, en dos años más, apenas estaré cursando mi último semestre, me provoca un tick nervioso en el ojo derecho. Siendo honesto, eso me infarta, me exaspera y me desespera. Y también, siendo prácticos, estoy consciente que mucha gente apenas entra a estudiar a mi edad o un poco más (24 años), es sorprendente la cantidad de gente que lo ha hecho. Gente que abandona una carrera en las últimas y se ha metido a estudiar Letras. Supongo que es recíproco para otras. También estoy consciente que muchos como yo, a mi edad, abandonan la carrera por los mismos motivos, para probar las mieles de la vida o porque necesitan trabajar y es muy posible que muchos de los compañeros con los que estoy estudiando ahora no terminen este semestre. Siempre he tenido en la mente que la educación es una carrera asfixiante y fascinante a la vez. Es una lucha. Incluso desde la primaria, al ver los comerciales y las noticias, al enterarme de cuantos niños trabajaban y no estudiaban, al mirarlos tan poco cuidados y también, al reconocer a gente que era más lista que yo, o más social que yo, que poseía habilidades que les permitían mejores notas, me di a la idea que la escuela, de todo tipo, es una lucha muy cabrona por no quedarse atrás, por no abandonar, por no “morir en el intento”, por no quedar como un imbecil contigo y/o con todos.

Y esa es mi lucha, al fin y al cabo. Yo no estoy contento con saber que todavía soy joven, con saber que otros hacen lo mismo, que no es un problema aislado. Me importa que tres o cuatro de mis amigos se estén graduando y que me falten dos años. Eso si es importante para mí. Y sé, por mis rasgos neuróticos, que será un pensamiento continuo hasta que termine la carrera o la abandone definitivamente. También sé, que si abandono la carrera, se volverá uno de mis pensamientos recurrentes toda la vida y no podré vivir el resto de ella “contento” o agusto. No habrá un sólo día de tranquilidad. No por el título —un papel que es una superficialidad muy cómoda—, sino por no haber completado el trabajo, por no haberlo hecho y por no demostrar la supuesta capacidad que me han heredado. Sé, definitivamente, que si tuviera un hijo en esas condiciones, la presión que pondría sobre él sería asfixiante y buscaría por todos los medios que completara algo que yo no quise (porque no es poder… todo es querer, para mí todo es cosa de voluntad. No creo en los que dicen “no puedo” y respeto a la gente que acaba por aceptar que “no quiere”). Y sé que si termino la carrera, cuando cumpla los dieciocho o los diecinueve, le haré saber que es su lucha, le daré la bendición y esperaré, secretamente, a que la termine. Así que la meta, a pesar de los pensamientos escabrosos, es finalmente terminarla. Estoy seguro que por mi bienestar y por el de mis generaciones futuras (si es que existen), debo terminarla. Y también para que descanse mi abuela en paz, con el buen ladrillote que me dejó antes de morirse (Sigue estudiando, cabrón, hasta que termines).

Hay gente que no entiende ese rasgo de mi. Hay otros que piensan que soy un despreocupado. Al contrario, hay otros que insisten que debería relajarme. Y lo hago, en serio que si, si no pudiera al menos descansar por un minuto ya me hubiera encerrado en alguna clínica o ya me hubiera tirado a las vías del Metro. No miento cuando digo que esto lo pienso todos los días y que en los días malos, como hoy, como toda la semana, es un pensamiento que no me deja en paz. Hay gente que no me entiende, no entiende porque no dejo de pensar… trataré de explicarlo con algo sencillo: ¿Han jugado los SIMS? La mayoría debe conocerlo. La onda es controlar la vida de un personaje, o de varios personajes, es vivir su vida enseñándole cocina o limpieza, buscándole un trabajo.

Es un juego que funciona bajo un constante sistema de recompensa y satisfacción al jugador. Si el SIM estudia suficiente cocina, entonces las comidas serán más sabrosas, su hambre será satisfecha facilmente y si consiguió un trabajo como lavaplatos, logrará subir más rápido (hasta ser chef) y ser el jefe de jefes (señores). O incluso poner su restaurante, ahora no recuerdo. Algunos se dedican a matar a los sims encerrándolos en cuatro muros, sin refrigerador, sin baño, sin ventanas. Otros crean a muchos personajes y les cumplen sus miedos, de vez en cuando sus caprichos, lo convierten en la vida misma. Otros se lo toman a la ligera y permiten que el personaje actue por si mismo la mayoría del tiempo y solamente se dedican a observarlo. Hay quienes lo toman como una proyección personal de su vida (o la de otro), y se dedican febrilmente a un sólo personaje. Y muchos otros, solamente se dedican a armar las casas, o armar meticulosamente al personaje, o sólo se inventan las historias —novelas enteras—, de la vida de su SIM.

Yo no juego los SIMS… yo me obsesiono con ellos… igual que me obsesiono con lo que llega a ocupar mi vida y de veras me interesa. Por ejemplo, la casa de “Las Putas”, ocho mujeres con distintos signos zodiacales y distintas aspiraciones. Mi reto era regentearlas a todas, subirles constantemente los puntos y no permitirles un sólo día de descanso. Me avoqué a subirles sus puntos de limpieza al máximo, y sus puntos de cocina, de físico, de lógica, de lo que fuera. Me dediqué a que subieran escalones en su trabajo lo más pronto posible, ya que eso les permitía más sueldo y menos horas de trabajo, más tiempo para ponerlas a estudiar. Me dediqué a cumplir sus deseos, siempre buscando la manera de hacerlo lo más pronto posible. Y solamente, hasta que mi trabajo estuvo hecho con ellas, hasta que les subí al máximo la mayoría de sus puntos, abandoné el juego. Ese ejemplo, que me tomó un par de fines de semana, hace algunos años… es lo mejor que se me ocurre para explicarme a mí mismo.

Pero no todo fue neurosis… ya en un rato, ahora si, buscando mi libretita, habré de contarles lo bueno.

Ledder.

“Estas linda”…
“Eres hermosa”…
“¡Qué bonita eres!”…
Decirle eso a una mujer mexicana es precioso, si es tu novia, o tu mamá, o tu sobrina, o tu prima, o la amiga de siempre. Pero si es un interés amoroso al que apenas estas abordando, pienso que no sirven para subirle dos o tres rayitas a la probabilidad de una relación. O peor aún, suben las rayitas de “serás mi amiguito al que le cuente como me coge otro cabrón”. Decirle a una mujer lo linda, hermosa, bonita que es, con esas palabras, provocan ternura y mal balbuceadas, sólo denotan debilidad o timidez. Que eso no es malo, digo, algunas mujeres adoran al tipo de los hombros caídos, de la cabeza baja, de la mirada renuente, pero si de veras quieres que te pelen y si de veras quieres saber cuantas probabilidades tienes antes de meterte en el juego de seducción, debes ser más directo. Pegar el madrazo sin dolor… pero no físico, ¿eh? Porque entonces se arrejunta la sociedad de mujeres feministas del mundo, y seguro no quieres que Angélica Aragón y Carmen Aristegui te golpeén tan duro como el photoshop y maquillaje que les hicieron para sus anuncios contra la violencia a la mujer. Esos de “El que le pega a una, nos pega a todas”.

Carmen Aristegui - Inmujer

No es cool pegarle a las mujeres.

Si quieres saber rápido que onda con tu probable juego amoroso, si eres un idiota para seducir a través de pláticas y detalles, entonces dile: “Qué buenísima estas” y abre bien los ojos, porque seguro te ignora, te cachetea o se burlará de tu impulso tan naco, pero mírala bien y si eres buen observador, sabrás si después de vomitarle honestidad en la cara aún tienes una oportunidad. Con buena suerte, ese detalle tan vulgar y tan sencillo te catalogará como un prospecto. Nada más no abuses del recurso y no lo vuelvas a utilizar a menos que ya estés en su cama.

Y si se da la rara ocasión en que ella sonría y le brillen los ojitos con ese comentario… prepárate, que empezarás a caer y tendrás la oportunidad de jugar a la seducción de manera más rápida, cortando los detallitos sociales que vienen antes de que el juego sea entre dos nomás. Complicidad. A eso me refiero. Y la complicidad es una de las cosas más bonitas que poseé el amor.


Mañana es “El Día de los Enamorados”. San Valentín. Y también se festeja el aniversario de la fundación de Guadalajara. Pero bueno, hablábamos de “El Día del Amor y la Amistad”. Un taxista ahorita me venía comentando, precisamente, que él pensaba que era un mito lo de los hoteles llenos y un cliente lo sacó de su error dos años atrás, cuando viajaron por todo Tlalpan para buscar un mísero hotel donde el viajante pudiera descansar. Yo sólo sé que no voy a celebrar San Valentín hasta el fin de semana, y eso no es seguro, puede que sea hasta el siguiente.

Rompiendo mi costumbre de no comprar regalos, le robé unos cuantos varos a mis tíos y esta vez fui a una florería. Compré una maceta con tres tulipanes que aún no brotan. No tengo idea de como cuidarlos, pero sé que es su flor preferida. Tres personas me dijeron que mejor los hubiera comprado estando allá, pero no… deseo cuidar los tulipanes y deseo que florezcan, deseo llevar el regalo y entregárselo en cuanto la vea. Es muy probable que se quiebren, que se rompan, que no sepa acomodarlos en una bolsa o en la mochila, que se llene un poco de tierra en la ropa, que si los documento en el Estrella Roja estos se caigan, se metan un susto y se mueran.

Pero también, estoy seguro de que le encantará mirarlos. No soy un hombre de detalles. Siempre se me olvidan. Y aunque acabo de romper la sorpresa escribiéndolo aquí… esto forma parte del enamoramiento, de la seducción o de la ternura que deseo provocarle. De que me quiera y que me deseé.

Y estas cursilerías, sólo se hacen con la novia. Nunca con un prospecto amoroso.

Werrmut.

Hoy comí con mi “psicóloga de la Ibero”, la chava que me hizo pruebas y tests para presentarme como sujeto en una de sus clases. Fue muy curioso, porque la semana anterior estaba paseando por la del Valle con mi hermano, y en una de esas escuché un grito con mi nombre—: ¡AGUSTÍN!, después de voltear mi cabeza como la nena del exorcista un par de veces, encontré que ella estaba tomándose un café en “La Selva”, en la terracita. Precisamente andaba pensando en ella y en que Fernanda (Fantazy), me había recomendado que le hablara para que me diera mi evaluación. Je. Es como una invocación. Y créanme, invocar a una persona en una ciudad donde hay treinta-cuarenta millones de habitantes, sencillamente, esta cabrón. Le presenté a mi hermano, medio platicamos y después, quedamos de reunirnos este domingo para que me dijera que tan sociopsicópata soy.

Voy a invocar a Liv Tyler más seguido, antes que se haga vieja. Y me arrepiento, debí invocar a Britney Spears antes que se volviera gorda, celulítica y tan white trash.

En fin. Empezó diciéndome que tengo una capacidad de sublimación muy buena. Yo asentí, me felicité a mi mismo, sonreí aliviado y después pregunté—: ¿Qué es la sublimación? Ella me respondió que utilizaba la escritura para tranquilizar otros impulsos. Que si tengo problemas de enojo, de frustración o de furia, me dedico a convertirlos en creatividad al escribir de ello. Me explicó que también esto lo tengo bastante bien desarrollado y si, soy medio consciente de ello. Algo que me llamó la atención es que, en vez de un mecanismo de defensa positivo, puede ser negativo. Si el texto es muy fantasioso, es muy probable que esté evadiendo algún problema y sólo estoy esperando a tenerlo encima para darle una solución. (También de eso me doy una idea… pero me conozco, y procuro resolver los problemas antes de volverse una porquería, je). Si el texto es muy realista, es muy probable que es porque estoy lidiando con el problema y estoy transformando lo negativo que viene de ello en algo positivo. Escuchar su análisis, básicamente reafirmó la persona que soy. Me dio gusto.

No seré el gran artista, pero soy una pistola sublimada. Ja.

También me dijo que soy un hombre muy fiel a mis amistades y que espero la misma fidelidad. Que soy muy consciente de los límites que debo poner a las personas (gracias al cielo), dependiendo si son amistades, familiares o conocidos… vulgarmente hablando—: No me dejo, pues. También me explicó acerca de la relación que quiero llevar con mi padre y que si deseo conocerlo, debería intentarlo… sin embargo, no es tampoco una necesidad. A estas alturas, el deseo por conocerlo depende mucho de la importancia que le esté dando en mi vida. También me advirtió que si recibía una negativa o poco entusiasmo de parte de él, probablemente me haría algo de daño… que mejor tuviera cuidado con ello y que fuera prudente. El otro punto fue que me exijo demasiado a mí mismo y que eso provoca un estado (no sé que tan constante) de angustia y de ansiedad. Como diría Pokemón—: Tengo que ser siempre el mejor (tururún), mejor que nadie más (TUN TUN)…

Finalmente, cerramos mi evaluación con que soy muy coqueto. ¿Sexoso este blog? Na’, para nada. Siempre lo he dicho—: Mientras Sol María sepa que mi único lugar esta con ella y que de ella son mis sueños, mi cuerpo, mi espíritu, mis vulgaridades, mis suciedades, mis bichos y hasta mi esperma. Que mis babas en su almohada y mi corazón se guardan en su cama… puedo echar una miradita tranquilo. Y una miradita nomás.

C’est la vie o … se la vi, ji ji.

Aauu. Bosso, bosso. Aauu.

Mi mujer y yo discutíamos acerca de que soy una persona que no usa gestos para expresar lo que esta sintiendo. Yo sé que soy así, yo sé que la mayoría de mi familia es así. Es parte de lo que nos identifica, es por eso que nos gustan las series o los libros de personajes muy inteligentes, que tienen problemas para demostrar sus sentimientos. Es por ello, también, que tres o cuatro miembros de la familia de alguna manera se emocionaron y leyeron de pe a pa este libraco… la interacción familiar entre los personajes nos fue, valga la redundancia, completamente familiar. Mi mujer dice que no sabe cuando me estoy enojando, pero que siente o presiente. Por eso doy algo de miedito cuando me enojo, porque finalmente se me ve un poquito en el rostro, y supongo que doy miedito no porque se vea muy feo, sino porque estoy tratando de gesticular algo que no suelo hacer.

Aún en momentos muy íntimos mi rostro ya esta acostumbrado a ser muy reservado. Es por eso cuando chillo, o cuando río como idiota, que para mí y para quienes me conocen, es todo un acontecimiento o les provoca extrañeza. Sin embargo, aunque no puedo gesticular y expresar mis sentimientos para darle fuerza a mi discurso, suelo gesticular y payasear para restar el efecto que pretende provocar el otro como algo meramente consciente. Actuación pues. Por esas cosas, la pregunta: “¿Qué te puedo yo decir?” , es muy común para cerrar el discurso o la conversación… también por eso me tratan de amargadito o piensan que soy mala persona. O peor aún, que soy indiferente a sus momentos de felicidad, o de tristeza, o sus emociones en sí. También, para que mi rostro rompa en expresar la emoción que siento en ese momento, debe ser algo muy intenso, debe ser algo que me tome por sorpresa, que no haya podido anticipar. Pensarán que eso pasa a menudo, pero mi neurosis me ayuda a anticipar miles de casos por adelantado en todas sus graduaciones y es difícil que algo me tome por sorpresa.

Umm… si alguien lo pensó —como yo—, que una patada en los huevos podría arrancarme un gesto sincero, pues si… no soy tan chingón. Pero ese no es el punto. (Que dolor, se me retuercen las gonaditas de sólo pensarlo).

¿Por qué escribo de esto? Pensaba, hace un momento, en cuánto estoy bombardeado de información, de gestos, de emociones, de engaños, de desconocimiento, y de demasiada luz. De traiciones, relaciones rotas, amores infinitos a la propia imagen, el narcisismo reafirmándose por los ojos, el cariño que te tiene el otro, o por su mano en tu bragueta o en tu pezón. Estaba pensando cuán conectado estoy al mundo, cuánto hay de mí y de los otros, tratando de alcanzar con sus dedos, o con sus ojos, o sus bytes, los dedos o las sinapsis del otro. Estoy presenciando un Show Secreto, como como en la novela de Clive Barker, y pretendería mucho al decir que lo comprendo todo, o que nadie entiende mi papel o mis ondas de agua… pero sé que puedo analizar lo que esta cerca de mi y que estoy tratando de interpretarlo, dándole todas las variantes posibles, y pasan tantas emociones a la vez que lo único que puedo hacer para conservar algo de cordura, es la rigidez del rostro. Puedo comprender la belleza que tu sonrisa representa y me siento triste por saberte llorando. No lloraré contigo, ni mi rostro se quebrará frente a ti, eso no, no pasará tan seguido como piensas… en cambio, serán más las veces que te diga que “me afecta” o “¿qué te puedo yo decir?”. Si pudiera expresarte todo lo que pasa por mi cabeza al observarte vivir, expresarte, gritar, emborracharte o llorar, tal vez entenderías porque no puedo expresarlo…

…A veces temo que mi cara se rompa en mil. Es todo.

Ellobra.

Estoy meditando. Baaarummmm, Baaarummmm. No, no estoy meditando, más bien miro al techo y luego miro al monitor. Y luego miro al techo y he descubierto, un poco angustiado, que hay una grieta en él. Es una grieta un poco larga. Aquí es cuando me pregunto: ¿cogerán tanto los vecinos (cochinos, en su piso) como para agrietar mi techo? Es la segunda vez que me encuentro esta grieta. La primera, inmediatamente pensé que era curioso haber vivido tanto tiempo, en su tiempo, en este departamento y no haberla notado antes. Ahora que la miro una segunda, estoy tratando de evaluar si ha crecido algo desde la primera vez que la vi y me estoy preguntando si será grave. Estoy sospechando de los vecinos de arriba (coge y coge y coge y coge), que hicieron modificaciones a su departamento y puede ser que eso haya obligado a que se debilitara la estructura. De ser así, entonces, es muy preocupante porque igual y tendría que venir un arquitecto a revisar, o un ingeniero, o qué se yo. Y es probable que nos saquen del departamento, o peor aún, que clausuren el edificio. ¿Y si me clausuran todo dónde voy a vivir? También me preocupa bastante saber que la grieta esta directamente arriba de la computadora. Algún día podría despertar y encontrar cascajo en mi “instrumento de trabajo y diversión”. O peor aún, que me fuera a Puebla un fin de semana y cuando regresara… otra vez la horrible imagen del cascajo. Mierda, esa grieta se ha convertido en una obsesión.


Albures 101.

—Techo blanco.

Es uno de los más finos que existen. ¿Y no sabes qué es? Umm… es muy sencillo, en “La Secretaria”, película donde salen James Spader y Maggie Gylenhall, hay una escena donde el jefe le sube la falda a su secretaria y la apoya contra el escritorio. El tipo, entonces, se dedica a masturbarse utilizando la fricción de las nalgas y su mano (por supuesto), la secre solamente escucha curiosa el golpeteo del puño, de la piel. El tipo se vuelve loco, ¿y quién no? Pensándolo un poco, una mujer de falda, su secretaria, ofreciéndole el culo en el escritorio para que él pueda descargarse, relajarse… el mero pensamiento es tentador. Finalmente se viene y esparce el semen con las manos, permite que se extienda, que cubra todos los pedazos libres y cuando ha terminado con el tratamiento, sencillamente le sube las bragas, le baja la falda y le deja ir.

La parte donde el tipo se viene es, básicamente, el “te-echo blanco”.

Pumetromer.

El metro es uno de los métodos de transportes más económicos en la Ciudad de México, tan sólo dos pesos un boleto (EUR 0.13 o USD 0.19 en 2005). El orange limousine transporta a cinco millones de habitantes, diariamente. Si hacemos cuentas muy sencillas, sabremos que el Metro genera diez millones de pesos al día. Trescientos millones de pesos al mes, uy, que fuerte. Eso sin contar el dinero que cobran por su publicidad. También, por ahí leí un anuncio que decía que los carritos, recorrían entre todos, dos veces la circunferencia terrestre en un día laboral. No sé si exageraban. Tal vez no. Cabe destacar que el Metro es uno de los escenarios urbanos que necesitan ser vistos con atención, incluso si son las siete de la mañana, traes el gallo en el pelo y una cruda de los mil demonios. El Metro, a pesar de ser un escenario común para sus habitantes, puede regitrar una cantidad infinita de historias. Se pueden hacer estudios acerca de como se comporta la gente, los grupos, las reacciones ante los vendedores ambulantes y las reacciones hacia los limosneros, y los locos que entran a recordarnos la Biblia y el Día del Juicio. Y por supuesto, si quieres llegar a algún lugar, el metro brinda rapidez y seguridad. ¿Y bien? ¿Qué más necesito decir acerca del metro el día de hoy?

Puto Metro de Mierda, Estaba Hasta Su Puta Madre. (PMMEHSPM).

Me levanté a las 4.30 de la mañana, para regresarme al Distrito junto con Sol. Aprovechamos para viajar juntos ya que ella tenía una asignación en el Distrito Federal. Tomamos el Estrella Roja de las 5.15 AM y me quedé pensando: Ok, si este camión se va rapidito y llega en hora y media, como luego les da por acelerar a estos bastardos y legítimos por igual (Y doy gracias por ello), me voy en el metro a las seis y cachito de la mañana cuando todavía no hay mucha gente. Pero se me había olvidado el detalle de que muchos piensan igual que yo, eso de levantarse muy temprano para casi no alcanzar tráfico. Generalmente cuando voy a Puebla, procuro regresarme a mediodía (para llegar en la tarde) o ya en la noche para evitar la cantidad exagerada de pacuzos. Así que en el camión, entrando al Distrito, pude vislumbrar mi suerte al contar silenciosamente la cantidad de coches que estaban entrando a la ciudad y es que muchísima gente del Edo. de Mex. y de Chalco, van al DF para trabajar o hacer entregas. En lo que medio me dormía y babeaba el hombro de Sol, me resigné a llegar a las siete al metro y sabía, aunque no deseaba admitirlo, que me tocaría mucha gente.

Llegamos a las siete y media. Dejé a Sol tomando su taxi (que iba con otro ingeniero de la oficina). Caminando al Metro, me di cuenta que había poca gente en la TAPO y eso me relajó un poco. Sin embargo, entre más me acercaba al Metro, más aumentaba el bullicio. Esas esperanzas ilusas, pobre soñador, de que algún día tendrás el Metro para ti solo en la mañana. Esas esperanzas ilusas de chilango clasemediero. Compré mi boleto, me metí a la estación y estaba llegando apenas uno. Un río de gente empujó por entrar y se metió casi el 85% de los que lo intentaron. Caminé rápidamente hacia uno de los extremos (el que no esta reservado para mujeres) donde no había nadie, medí a donde habría de detenerse una de las puertas y me quedé esperando al filo de la raya amarilla. Pensaba meterme de corrido hasta atrás, donde no tuviera que luchar contra otros veinticinco cabrones por algo de espacio vital y oxígeno. Eso pensaba, chilango iluso, cuando otros tres… cuatro… cinco… weyes, entre viajeros, burócratas, mensajeros y estudiantes, empezaron a hacer filita a mi costado, atrás de mi y si hubieran podido, al frente.

Y llegó el siguiente. Nunca me había excedido de la línea amarilla, yo siempre le hice caso a mi jefa y a mi abuela—: No te hagas tan allá, que un día te vas a caer y te vas a morir. Hasta pesadillas tenía con caerme a los rieles del Metro y electrocutarme, tal vez si quería verme un poco rebelde, avanzaba un poco el piecito y me sentía satisfecho conmigo mismo por quebrar esa regla. Pero hoy me valió madres, me excedí de la línea de la amarilla y sentí un delicioso vértigo por estar a cinco centímetros del carro en movimiento. Nunca lo había sentido tan cerca y me agradó, me espantó, pensé que me volvería loco por un momento. ¿Quién diría? El Metro, lugar de sensaciones. Y no fue todo, cuando terminó de acomodarse el carro, aparecieron el tunel y los rieles. Se dibujaron lentamente después del movimiento naranja difuminado. Sentí un pequeño mareo y luego recordé la cantidad de gente.

Se abrió la puertica y mierda, a entrar todos hideputas, a entrar todos, espérense no empujen con su chingada madre, si todos medimos y si nos tomamos un tiempecito podemos acomodarnos, así como dicen los taxistas: todo cabe en su vochito sabiéndolo acomodar. ¡Mierda qué no! ¡Qué no empuje! ¿Por qué me ves grandecito cabrón crees que te puedes recargar a tu gusto? A la mierda, ándele, así… acomódese con sus otros tres novios que me andan empujando. A chingar a su madre, ándele. Me puse mis audifonos para no escuchar ninguna queja más y como los cabrones, culeros, chaparros avispados, no me dejaron avanzar hasta atrás, tuve que quedarme en el pasillito entre los asientos. Pero a huevo, no me dejaron pasar, se friegan todos, todos nos fregamos por animales poco civilizados y porque el PMMEHSPM. Me quedaré en el pasillito y haré fuerte. Nadie va a pasar, ni crean putos, por más que se empujen y lloren como nenas.

Si. El Metro es para hombrecitos de verdad.