Entradas escritas en Enero, 2006 ↓

8. Asteriscos.

Cuando Almaguer y yo trabajábamos en equipo, en la preparatoria, él solía hacer una lista de pendientes cuidadosamente revisada, una, dos o hasta diez veces. Entonces él usaba dos asteriscos, uno al inicio y otro al final, para definir lo que de veras era importante, lo que necesitaba que notáramos en el equipo. Lo mismo hacía con sus apuntes de historia o con los de literatura universal, lo sé porque él me los prestó alguna vez y tardé en comprender la estrella de ocho puntas que marcaban el inicio y el final de una oración. Me espantó de veras cuando puso uno en medio. A su vez, me sorprendí que no existiera ningún subrayado, ningún marcador amarillo, rojo o azul. Para Almaguer, la importancia siempre estuvo a través de los asteriscos. En ocasiones, todo un párrafo podía contener hasta diez asteriscos, lo cual me demostraba un lado de Almaguer que nunca conocí en persona, la inseguridad de no aprender lo que necesitaba y sus apuntes me confundían, porque no sabía qué asterisco iniciaba el concepto y cuál lo cerraba, incluso llegué a pensar que el asterisco dentro de otro asterisco y más adentro de otros dos asteriscos, eran una broma o encerraban algún significado entre líneas, algo que jamás podría comprender del que supuestamente era mi mejor amigo. Nunca le pregunté por los asteriscos, en cambio, cuando me sentía realmente confundido, o solo, o bien, cuando empecé a extrañarle, ponía asteriscos en mis fórmulas matemáticas o en mis líneas de programación. Cuando me sentía como Almaguer, detrás del silencio o de mis lentes, detrás de la felicidad que me traería mi boda, entonces encerraba todo en asteriscos y en ello, la incertidumbre del mundo se volvía más incierta. Eso me llevaba a un lugar relajante, un lugar horriblemente cómodo y comprendía porque Almaguer y yo, nunca seríamos iguales… para Almaguer, los asteriscos valían algo, seguramente marcaban algo que podría traer en la cabeza durante años, aún si no lo demostrara con la sonrisa fabricada y los ojos azules que ganaban confianza. Para mi, esos asteriscos que quise robarle, solamente me llevaban a un lugar donde aceptaba la incertidumbre, la ignorancia, y eso me obligaría a olvidarme, a no buscar más allá de lo estrictamente necesario.

En los cinco cuadernos donde registré mis cien noches, nunca utilicé un asterisco… en cambio, Almaguer los revisaba y con la pluma fuente, la que usaba para firmar los cheques y los bauchers, de vez en vez rayoneaba con asteriscos mis anotaciones, sus primeros asteriscos fueron en una línea que me salió del alma algún día de mucho whisky: “(asterisco uno) Si ella estuviera aquí, entonces sería justificable que la pudiera agarrar a nalgadas hasta que le sangren las nalgas (asterisco dos)”. En ese momento, Almaguer y yo nos miramos a los ojos y primero nos carcajeamos, porque fue como regresar a la preparatoria y cuando terminó el recordatorio lúdico, se nos quebró la risa y no nos apartamos la vista de encima, porque intercambiamos papeles. Almaguer había puesto sus asteriscos para tratar de comprenderme, para saber quien era ella, para encerrar la agresividad que obligaría a un hombre apacible, callado, discreto, débil, lo que fuera que pensaba de mi, a nalguear a una mujer hasta sangrarle. Y yo, en ese momento sabía perféctamente quien era yo y como deseaba que Lorena estuviera ahí, porque me debía el matrimonio, porque me abandonó, porque me hizo mierda y quería retribuírselo. Así como yo nunca le pregunté por sus asteriscos, él no preguntó por la línea y curiosamente, existió un balance casi místico cuando Almaguer y yo fuimos iguales durante una fracción de segundo.

Los asteriscos se convirtieron en nuestros ojos y las líneas que encerraban eran lo que “necesitábamos saber”, en el sentido literal y supongo, de cosas más allá, de necesidades entre líneas. Fue así que empezamos a tomarlo con algo de humor, cuando él quería que prestara énfasis a lo que hacía el Negro en las tardes, me decía “asterisco”. Por ejemplo—: Quiero que acompañes a comer al Negro a la Universidad y, asterisco, pregúntale de su hermana y de la universidad que le paga en Brasil. Necesitamos saber que tan importante es para él. Asterisco. Otro ejemplo—: Necesito que vayas al bar con el argentino, que te presente con sus amigos, que platiquen de, asterisco, cuanto extrañan su país, porque han venido a México y cuanto cuesta una cerveza allá. Asterisco. El idiota a veces hacía una cruz con los dedos para definir a su asterisco, le quitaba al pobre cuatro picos, lo rebajaba al estado de una equis y nos sonreíamos cada vez que lo hacía. Para burlarme un poco de él, adopté su maña y decía las cosas más simples entre asteriscos, le avisaba que iría a comprar cigarrillos al superama de unas cuantas cuadras, en asteriscos, y le platicaba de mis chilaquiles a la hora del desayuno, también en asteriscos. Almaguer, como todo un político, reía amablemente, me festejaba mi chistorete y, en ocasiones, podía ver un breve brillo en sus ojos por el enojo que le provocaba burlarme de él, pero no cejaba, y en esta ocasión no podría ver los apuntes llenos de asteriscos que me demostrarían su inseguridad, el punto débil.

De no haber conocido a Almaguer en la preparatoria, entonces hubiera pensado que él era algún tipo de dios. Un hombre siempre amable, sonriente, hábil con las palabras y con los gestos. Un hombre que no cedía a las tentaciones de su propia empresa. Un hombre metódico, analítico, encerrando la cotidianidad de nuestras vidas en sus mentados asteriscos, porque es en la cotidianidad, él decía, dónde nos encontramos de veras. En los impulsos más mínimos, como el sexo o con quien nos vamos a tomar el café o ver películas. Y si él tenía razón en ello, era increíble porque no lo demostraba, porque después de muchos años yo no podía encontrar esos detallitos que lo seguían haciendo él. De no haberlo conocido en la preparatoria, de no haber jugado dominó con él o de haberme confesado que se masturbaba de vez en cuando, no hubiera sabido que él era Almaguer. De no haber visto sus cuadernos y sus asteriscos, donde él mismo se encerraba, ciertamente habría creído que era un dios.

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Trayo.

Pues ya que me metí en este pedo, será mejor que lo anuncie… Ya esta disponible, a la venta, si señor, el primer libraco del Árbol de los Mil Nombres: Padre Taxi. ¡Compre su copia porque se acaban! (ay mamón). Dense una vuelta, para que se den una idea de por qué estoy vendiendo los libros y no estaría de más que por ahí me compraran unos cuatroscientos. Ya Caro me hizo el favor de amadrinar Padre Taxi.

En unas semanas, probablemente, pienso terminar las antologías y el viaje de Simón Dor, para que se vendan a través del mismo sistema.

Dudo un poco del método, después de todo, compras y ventas por Internet es un poco difícil, y como mexicanos somos rete harto tacaños (y pobres, ¡cof cof cof!). Pero no pierdo nada con intentarlo y ustedes tampoco.

Por el momento estoy quebrado, si no, compraría como unos diez o quince para vendérselos directamente. Pero pronto, pronto… si todo sale bien este año. En fin, creo que no va tan mal, empezó bien y continua mejor.

Vecas.

Bob me observa, no dice nada, pero me observa… me observa neuras, mientras camino de un lado a otro del cuarto, queriendo prender un cigarrillo, buscando anotar algo en mi libretita de apuntes, haciéndome el literato Bob me observa y se ríe, pero lo hace en silencio, sus ojos brillan aún hundidos entre todas las espinas, de todos los cactos, de todos los planetas y el universo. Bob se ríe y yo me hago el escritor, caminando furiosamente de un lado a otro, pensando que esa puede ser una buena línea, que esa línea me dará la respuesta. Mientras tanto, la coca de dieta olvida el bicarbonato de sodio, y el lobo Kromg debe estar dormido, nuestras esperanzas desean que sueñe con Kayla, y yo estoy caminando de un lado a otro, la línea que tengo en la cabeza se confunde con la risa silenciosa de Bob, con las espinas que se le acarician la una contra la otra. En algún otro lugar, alguien escribe su deseo por hacer la novela de amor más grandiosa del mundo, y otro, al escuchar ese pensamiento, sin siquiera sospechar que puede escucharlo, se carcajea y le da una nalgada a una prostituta. Jala con sus manos sucias la tanga de la puerca y emite un gemido falso, cómpreselo pues. En otro lugar, una mujer desea ilustrar cuentos para niños, dicen que no dibuja tan mal, los chiquiticos siempre sonríen con sus dibujos, y se acaricia las muñecas, se acaricia el cuello, y mira por la ventana del séptimo piso, y bebe su leche, sola y abandonada, mientras Bob se ríe, y yo camino de un lado a otro, y Kromg odia a los humanos, y Kayla los adora a todos. Una línea y no puedo sentarme.

Giuqüeir.

En el post anterior, en los comentarios, Lagartija con Alas … pausa, que nota tan deprimente la de la jornada, ¿superiores genéticamente los bailarines? Puaft, ¡pavadas! Yo… no… bailo… y aún así… he demostrado… mi superioridad genética, ches mutantes, los que bailan, digo… protesto…

Como iba diciendo, Lagartija (AKA Ministry), mencionó un fragmento de Palinuro y finalmente lo encontramos en el blog de La Lectora, en la anotación del dos de diciembre, por si alguien le interesaba ya lo sabe. Y esto, en general, debí publicarlo en ramas… pero como mi proveedor hizo algo con los subdominios que comparten IP´s, ramas se convirtió, en algún momento del medio día de ayer, en un directorio de jóvenes cristianos gringos, y en otro momento, por ahí de la hora de la comida o en la noche, se volvió el album de fotos con unos tres niños y un recién nacido, rete harto sonrientes, en la portada. Así que no se asusten, ya metí queja y hoy, por ahí del medio día, ramas deberá estar al aire nuevamente.

(Veo a los niños en donde deberían estar mis ramas y me dan ganas de empalarlos [Que insulto tan curiosamente construido]). Podría preparar un fotomontaje con los niños sonrientes y les pondría un letrero digitalizado diciendo: ¡Empalación!, pero hay gente enferma que se excitaría con ello, por muy extraño que parezca, así que me reservaré el pequeño impulso, igual que me reservo el impulso de matar bailarines por la calle para preservar mi especie, la asimétrica, la arrítmica, la no bailarina.

Si no me equivoco, esto se estará publicando automáticamente a las diez de la mañana, a esa hora estaré yo rumbo al Distrito, porque no me encuentro en casa, me encuentro en la ciudad de los ángeles (wow), Puebla (ah). Se me ocurrió escribir esto hoy porque vi los globos en el cielo de Cholula. Había olvidado esa costumbre por completo, ¿y ustedes? Me tomó por sorpresa y sin aviso, me recordé a mi mismo, en la primaria junto a mis compañeros, escribiendo una segunda carta para los reyes magos diciendo: “Nada más traíganme lo mismo que escribí hace rato”, que yo acostumbraba a escribir las cartas en mi casa, aunque debo admitir que mi mente infantil y codiciosa estaba contemplando la posibilidad de pedir algo más. Desde entonces, le pedía a mi madre y a mi abuela que quería escribir la carta y dejarla ir por un globo, nunca sospeché cuando me pedían que hiciera dos cartas en vez de una.

De niño te haces el idiota, y eso esta bien.

¿Quién recogerá esas cartas? ¿En qué azotea o patio caerán? ¿Los reyes magos conocerán a los duendecillos que recogen cartas? ¿Y si una cae a la turbina de un avión? ¿O si una de ellas vuela hasta llegar al espacio, y se congela? De Santa lo comprendería, porque Santa, bueno, tiene renos que vuelan, científicamente comprobado, la NASA los ha seguido durante todo el trayecto… y los reyes magos solamente tienen un caballo, un camello y un elefante, y pensar en su propulsión a chorros es muy infántil.

Y bien… siguiendo con las redes sociales en internet, últimamente me he vuelto un adicto a los tests de OkCupid. Aquí esta mi perfil, por si a alguien le interesa. He tenido suerte y una gringa me ha estado platicando últimamente, ya me mandó sus fotos “normales”, las cuales utilizaré para mis títulos aleatorios allá arriba. Y otra cosa que he descubierto es 43things. Ese lugar, en su momento, fue un boom en la blogósfera, solamente que no me había animado a registrarme… ya de por sí, son un chingo las supuestas redes sociales. El gusano que tiene esta, sin embargo, es que se trata de hacer una lista de cosas o de objetivos, de lo que quieres hacer en la vida. Puedes formar equipos para una tarea en especial, conocer cuanta gente desea hacer lo mismo que tú, o puedes tenerlo como algo individual. También puedes registrar una serie de lugares a los que has ido, o te gustaría ir, y también registrar a que gente conoces. Una monería.

Este es mi perfil de 43 things.

Vaviette.

Empecé el año de lecturas con Palinuro de México, escrito por Fernando del Paso.

No es un libro fácil… y ahora tengo dos lecturas simultáneas (bueno, tres, si contamos el libro aquel que dice: “Recopilación de los mejores cuentos mexicanos, edición 2005”). La otra lectura es “El tambor de hojalata”, algunos se habrán dado cuenta que, efectivamente, llevo años leyéndolo. Es un libro que no es sencillo y que requiere su reposo momentáneo. En mi caso, leer libros que tienen un contexto, o que después del entretenimiento obligan una reflexión, me dedico a abandonarlos por tiempos indefinidos en lo que mi cerebro digiere lo leido. No por ello dejan de ser buenas lecturas, son libros que valen la pena.

En realidad serían cuatro libros, si me atrevo a contar la segunda parte del Quijote. Estoy resentido con él. Para mi fue repentino el momento en que el señor Quijano abandonó la figura para convertirse en triste, nada más, y todavía no he podido superarlo. Así que, como el amante rosa, estoy haciéndole berrinche a una doña que tiene cuatroscientos años de experiencia… pero eso me pasa por meterme con lecturas más grandes que la mía, no me quedara otra que pedirle perdón y seguirle leyendo.

Y en películas, empecé con Zathura. El famoso Jumanji del espacio. Esta entretenida aunque es una película que no tiene la misma complejidad de Jumanji. Creo que lo interesante de ambas películas (o juegos) es que acarrean sus consecuencias si no son terminados. En Jumanji, es genial que el personaje principal (Robin Williams) regrese a su infancia al terminar el juego y lo llevan más allá, donde años más tarde podrá conocer a las otras personas que jugaron con él. El juego de Jumanji, en sí, afectó el tiempo, el espacio y la historia, la supuesta realidad, la dimensión de múltiples personajes, aún cuando estos no tuvieron que ver con el juego, lo cual le entregó a la película un valor más alto que los simples efectos especiales. En Zathura es mucho más diluido.

Y eso de “El Astronauta Desolado” se escucha rete harto poético. “The Stranded Astronaut” vs. “El Astronauta Desolado”.

También vi “Before Sunset” (Antes del Atardecer). No sé si ustedes recuerdan la primera película, “Before Sunrise” (Antes del Amanecer), donde una joven pareja (un norteamericano y una francesa) se conoce en un tren europeo y decide pasar un día juntos en Viena. Hablan, se conectan, buena química, se besan, hartos fluidos azucarados y bla bla bla, durante toda la película, y parecen ser una pareja ideal. Al final prometen encontrarse en el mismo lugar seis meses después, sin intercambiar teléfonos, ni direcciones, ni emails… oh, no eran tan populares los emails en ese entonces, creo que ni existían para el público en general. Recuerdo que vi esa película estando muy chavo y que me afectó, en cierta manera. Se me hizo muy bonito, pues. Así que ayer tuve la oportunidad de ver la segunda parte, que son nueve años después de que no se encontraron. Es una película muy madura, se nota la congruencia y el crecimiento de ambos personajes (¡nueve años!), y las situaciones, cómo aquella única noche se convirtió en un hecho clave que afectó su crecimiento.

Y bue, ¿qué más empezó este año? Familia, muy bien, ya tengo familia otra vez. La ventaja de vivir con puros varones, es que no tengo hora de entrada, ni de salida. La desventaja, es que los varones proovedores son rete harto burocráticos cuando se trata de lana, así que después de llenar varias formas y cumplir otros requisitos, a veces me prestan para salir a tomarme un café. Pero, como he dicho, espero que este año mejoren muchas cosas.

¿En el amor? Todo va bien, aún me sorprende seguir con Sol, y me sorprende porque nunca quise para mi relaciones largas. Sin embargo, uno nunca sabe lo que quiere hasta que se lo ponen enfrente y cuando le conocí, no quería perderme una relación que prometía ser estimulante, una que prometía alterar mis decisiones, formar parte del hombre que soy hoy. Creo que ese es el verdadero reto, creo que por ello se enfrasca uno en relaciones largas (dos años, para mi, ya se me hace mucho y en unos meses será el tercero), que exigen y que comprometen. Que el sexo, finalmente, al gusto de uno, cuesta unos quinientos varos según el aviso oportuno de la prensa, eso o un poco de labia, una amante y cero escrúpulos.

¿Y las mujeres? No les cuesta tener un chingo de amigos, hasta pretendientes (¡figúrense nomás!) que les apapachen o que les digan lo bonitas que se ven hoy…

…hasta grátis les sale.

Pissien.

Cor Blimey! Muchas cosas me pasan por la cabeza, pero no he podido sentarme a escribirlas porque pienso que no son relevantes. Incluso, hacer una lista de lo que me sucedió en el año o de lo que deseo para este, se me hace irrelevante. Desde que dejé mi trabajo, pienso que mucho de lo que hago tiene poco merito, incluso contar una anécdota personal o pasada y es que este blog se convirtió en una válvula de escape por la presión que significaba trabajar en el medio.

Es por eso, tal vez, que he dejado abandonada un poco de mi faceta personal. Pero también, con el ánimo de escribir diariamente (o cada tercer día), no lo he abandonado, porque dicen que es cosa de práctica, porque uno aprende escribiendo, porque, también dicen, que no escribo tan mal y porque algunos todavía me leen, porque me he ganado buenos amigos escribiendo, porque escribir en este medio me ha permitido conocer gente. Y también porque me gusta luchar contra el vacío que significa la inactividad, porque en unos años será interesante leer mi etapa post-carrillo, porque descubriré que en la cabeza todavía estaba arreglando algo y finalmente pude escribirlo.

Este año pienso dedicarlo a las letras, ahora que tengo a mis mecenas que estan dispuestos a alimentarme con arrachera y coca cola de dieta, a mi mecena más importante que me ayudará a viajar para ir a verla. El dos mil seis es para dedicárselo a mi carrera, dedicárselo a mis proyectos de beca y a los concursos literarios. Y para todo ello, consideré que era necesario cerrar el ciclo pasado, era necesario dejar a las modelos de minifalda y de bustos operados, era necesario dejar el varo. Eso me pide algunos sacrificios: la poca actividad que me ha hecho un poco más sedentario y, también, que creo tener menos cosas que contar o las cosas que puedo contar, acerca de mi vida, son irrelevantes y a nadie le interesan.

También, creo que muchos blogs escriben de cosas más interesantes de las que yo podría escribir y, honestamente, últimamente me fascinan más ellos, que aportar mi grano de arena a la enorme base de datos de Google. Por ello abrí las ramas de mil nombres y aquí me he dedicado más a escribir un tipo diario de ficción con Cien Noches, el cual, básicamente, planeo que abarque en su mayoría, el contenido de esta bitácora hasta que termine, hasta que la historia me ofrezca todo lo que me pueda ofrecer. Aunque no parezca, estoy muy animado con ello… y uno nunca sabe, tal vez, mañana, verdaderamente me decida a tomar una mochila, un poco de ropa, y me dedique a viajar de mochilazo. O tal vez, mi destino cambie una vez más, a otro camino inesperado, a otro trabajo fascinante.

No sé si este año traiga los triunfos tan esperados, una realización profesional o me regrese el deseo de aprender que me consume. Y bueno, no me importa tanto, sé que es parte de un desarrollo, de algo que se construye solo. Cuando trabajaba en Casting, me importaba de una manera asfixiante, no podía respirar sin pensar si habría alguna retribución por flagelarme, tanto en el trabajo, como en mi vida personal, como en lo que escribía. Noches de ver los mismos rostros, haciendo las actuaciones insulsas de siempre, me hacían pensar de qué valía y de qué estaba hecho. Hoy, que estoy aparte de eso, aún cuando considero irrelevante lo poco que cuento aquí, me siento muchísimo mejor. Por otra parte, me da tristeza que haya perdido su importancia. Escribir ya no es una medicina o un alimento, como en aquel entonces. Ahora ha adquirido otro enfoque, uno que aún estoy descubriendo. Ayer era importante para mí escribir algo, hoy es distinto.

Elegí buen momento para empezar de cero. Dos de enero del dos mil seis, espero que se la estén pasando tan bien como yo.

Felicidades.