Entradas escritas en Enero, 2006 ↓
Enero 31, 2006 — Memes, otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
¿Qué es un blog?

Ahí ta, mi respuesta al meme de Mi concepto de blog dibujado. Un me-me-me-me-menos.
¿Qué hago yo por México?
Mi señora, hizo a bien de hacer un post muy bonito, algo socio económico, que hasta fue referenciado en Olganza (sin h). De ahí, Armando se sorprendió de la capacidad de discernimiento que tiene mi señora (y que, incluso, comentamos en una comida donde, si mal no recuerdo, expresé que yo era un imbecil para esas cuestiones políticas, sociales y económicas y que, realmente, la políticaeconomosocial del dueto es Sol) y se le ocurrió la maravillosa idea de hacer un baton (cuasi sinónimo de meme) político. Armando procuró pasárselo a gente que tiene opiniones políticas muy bien definidas, entre ellas, Salvador Leal. Y él, porque es su mero mole, hizo su post, por supuesto. Si leyeron las tres ligas que acabo de dejar que contienen las ideas políticas, económicas, sociales, de cada uno de mis coleguillas, se habrán dado cuenta que ellos pueden usar palabras y/o términos como: esquema de pensiones, producto interno bruto, apalancado, consumo, capital, Población Económicamente Activa (terror!), industria, jubilado, rubro y demás, sin temor a que se les acalambren los dedos, o bien, sin que el setenta y cinco por ciento de sus neuronas explote simultáneamente, dejándolo a uno como Población Pensante Eternamente Pasiva. Es decir: Pendejo. Pero aún así, como eso de mejorar México es algo que me concierne como mexicano, me siento obligado a confesar que hago yo por mi país, por más sencillo y poco económico, social o político parezca.
En realidad, sólo hago tres cosas:
Como ciudadano responsable, procuro pagar los impuestos a tiempo: Luz, agua, predial, etcétera. No tengo ningún problema en hacer ninguno de esos pagos. También, procuro no excederme en el uso de estos, no porque no haya varo, sencillamente si no lo necesito, no lo uso. ¿Esta evasión al consumo inmoderado de necesidades aportan en algo al desarrollo del país? Si. Si queremos más computadoras en escuelas o instituciones (mierda, eso sonó como candidato del PRI), necesitamos más energía. Para que haya energía, optimizaciones, mejoras del servicio y demás chucherías que tanto andamos exigiendo, se paga la luz a tiempo y se deja libre lo que no se necesita para el consumo de otros. El predial ayuda a las continuas mejoras que hay en la ciudad (como los puentes viales, o sencillamente que la banqueta no tenga un pinche agujerote). Y el agua… pues dicen que el agua hay que cuidarla porque ya se esta acabando. Es, probablemente, lo más directo que hago por mi país. Entre más paguemos estos servicios y los impuestos que llevan consigo, habrá mejoras.
Promover la cultura mexicana. No lo hago al estilo palero, no soy de esos que tocan de puerta en puerta enseñando libros, pintura (de la cual no sé nada) o propuestas del nuevo arte mexicano. Tampoco secuestro escuelas o plago con invitaciones ridículas a gente que no las ha pedido. Quien quiera escuchar puede hacerlo. Pero si me gusta expresar mi gusto por todo aquello que promueva un punto de vista distinto al común. También, si surge en alguna discusión, me gusta explicar el origen de cosas relacionadas con nuestra cultura: sea lenguaje, sea historia de México (antes de los cincuentas, para adelante no me gusta tanto) o dar título(s) de libros que aprovechan alguno de estos recursos. Procuro promover lo que sea de fácil entendimiento, sin caer en lo demasiado vulgar, procaz o sencillo (a huevo [o como el huevo]). Pienso que un país con oportunidades, debe ser un país con una cultura bien cimentada, que entiende sus raíces y el propósito, que puede criticar sus propias actitudes utilizando distintos recursos, darse cuenta de porque son como son y evitar que el pensamiento fácil y generalizado: “Quesque somos así porque no hay de otra, joven.* Eso para mi, es mediocridad cultural. Pienso que un país educado tiene la posibilidad de romper esquemas y buscar mejoras sociales. Por ello pienso que me gustaría dar clases en un futuro. En este momento de mi vida, sea en discusiones o porque un chamaco me preguntó que ej ejo, procuro hacerlo y con gusto.
Tolerancia. Respeto a medida de lo que me respetan y si no me respetan, no me gusta regresar el golpe. Por mi educación medio bárbara o por mi neurosis, puedo llegar a regresarlo (con un cuchillo [de carnicero {demasiado Resident Evil}]), sin embargo, trato de evitarlo porque estoy consciente que el respeto es esencial para que exista una comunicación. También, la tolerancia a otros puntos de vista permite que exista una variedad y, eventualmente, con algo de eclecticismo, se van formando ideas mejoradas o completas que pueden reemplazar tradiciones. La tolerancia, callarse y escuchar al otro, permite que haya una posibilidad de cambio y el cambio, por más malo o terrorífico que pueda ser, significa evolución.
Gracias México, te amo.
Ahora, este baton doble (lo que quiere decir que pueden o contestar con el dibujo, o con su opinión de como estan mejorando al país, o si se animan, ambos) se lo mando a los siguientes diez personajes y elijo diez porque son dos, así que ustedes, si quieren, pueden condenar a otros cinco (ya saben la cantaleta, vayan a su blog, señálenlo y digan JAJA):
Y de pilón, a ver si me pela:
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Enero 30, 2006 — otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
Se acerca Big Blogger 4.
Mientras tanto, pueden votar para salvar a uno de los ex-integrantes, para que participe en esta temporada.
Adieu!
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Enero 30, 2006 — BOB, La Unidad, Sueño-Insomnio.
Escrito por Agustin Fest.
Bob ha dormido una cantidad indecente de tiempo, cerró los ojos y kapuff, es como si hubiera desaparecido de este universo. Ni siquiera, ha medio despertado para decirme que se sentirá muy solo el día que no esté, o insistirme que él era el hijo, no el gordo con el puro. Si bien me preocupa que duerma tanto, tal vez era justo y necesario, tal vez necesitaba pensar muchas cosas, o digerir perféctamente al último mocoso que se tragó le costó tanto que ahora debe reponerlo todo. Pero me ha dado una ansiedad creciente platicar con mi cactaceo amigo [Bob], uno de los pocos que me entiende o tal vez, uno de los pocos que me puede dar la vuelta en una plática porque él y yo si tenemos algo de que platicar… creo. Estaba esperando que después de un año, o casi un año, hubiera crecido una modesta cantidad de centímetros, pero ni eso, sigue siendo un cacto enano. ¿O será porque soy su tutor que aún lo veo como un pequeñajo? Para remediar eso, su enanez, en vez de aceptarlo tal cual es, he optado por sacarlo al sol o ponerlo cerca de la ventana de día. Y de noche, lo llevo conmigo hacia el monitor y platico en voz alta con él, aunque no me responda, o bien, nos quedamos callados y escuchamos música en lo que navegamos. En las tardes es que lo llevo conmigo en mis paseos por la Unidad y nos sentamos en el anfiteatro, donde nos mece una brisa y sólo nos interrumpe, si acaso prestamos atención, el claxon de una fila interminable de coches en la avenida… coches que se acumulan por las obras que estan haciendo en Avenida Observatorio. Pero nada de ello, de los paseos, de la música, el sentido común, la invación extraterrestre o de las pláticas lo ha despertado.

—¿Ese es Bob? —me preguntó alguna vez mi hermano, cuando lo vio en la oficina. Y más tarde repitió la pregunta cuando lo traje a casa. Le respondí afirmativamente y se le quedó mirando escrutadoramente en ambas ocasiones. Supongo que esperaba a que hablara o que se comiera un niño, o un gato (porque los perros le causan indigestión). Y yo también me le quedé mirando con él, tuve que decirle que sus pláticas eran un invento, que en verdad no habían sucedido, que Bob había sido mi pequeña esquizofrenia cuando me estuve muriendo de hambre y de falta de nicotina. No supe como explicarle que solamente estaba dormido. O en coma. Tal vez ofendí al cacto cuando dije eso, pero las pocas veces que ha despertado para acompañarme, no me había dicho nada al respecto. Tal vez me entendía o tal vez se sentía muy solo porque no estaba. No lo sé. Pero esta vez, definitivamente, el pobre no ha despertado y me preocupa un poco. Fue así que recordé que uno de los pasatiempos de Bob eran las rubias. Navegué por internet con Bob a mi lado mientras resoplaba ronquidos entre sus espinas. Me dediqué a buscar rubias vulgares, de tetas grandes y pequeñas, rubias falsas, de minifalda, con collares de Mardi Grass y se las enseñaba, hacía comentarios vulgares esperando que estuviera de acuerdo conmigo o que los negara rotundamente. Incluso me animé a bajar videos de distintos tamaños, de distintos tipos, amateur o con una producción de miles de dólares, con música o con sonido original. Al ver que lo vulgar no funcionaba, buscamos europeas y/o mujeres auto artista y nada de ello funcionó.

Un último intento y ya, me dije, antes de dormir—: Mira, mira… es Indigoblonde, mírala, te gustará.
Pero el cacto [Bob], no respondió.
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Enero 29, 2006 — BOB, Consumidor de Entretenimiento, Fractal Chaos, Medios, Sueño-Insomnio.
Escrito por Agustin Fest.
Un último vaso de coca cola, otro cigarrito y ya. Un videito porno, no hay bronca. Sigue platicando con la morra, y ya te vas a jugar Resident Evil IV, Bob. El tipo le quería dejar la falda y es que… si, es distinto, es distinto tomar a una mujer que aún tiene la falda puesta, o que tiene el calzón a medio muslo, o que tiene media blusa tapándole la cara. Puede que sea la sensación de urgencia, o la suciedad que implica llenar de fluidos lo que uno lleva al mundo externo como una segunda piel, el armazón, la ropa que cubre nuestras “vergüenzas” y nuestros “triunfos” biológicos. Lo dicho, en el video la chica se puso de nuevo la falda, ¿Ves? Siempre tengo razón Bob. Nada más termine el video, dejaré de escribir esto, saldré a fumarme un cigarro y me despediré del messenger, baygón verde, ya me voy a dormir, Baygón Verde (TM) que si no es Raid (TM). Y no será cierto… estaré jugando Resident Evil IV, y escucharé a los zombies decirme que “Me harán picadillo”, “Os voy a hacer pedazos”. Que no he pasado de las hermanitas que tienen sierras eléctricas, se ponen bien perras, bien premonstruosas. El tipo casi ni se mueve, es un huevón, y la chava bien emocionada permite que su cola de caballo vuele. No tiene sonido, pero seguro pensó: Voy a gritar como una estrella porno de verdad. Lo digo por el gesto. O puede que esté conteniendo los gemidos, esos gemidos chiquitos que me inspiran escalofríos, que me dan ganas de tirarla a la cama, Bob, levantarle la cadera y babearle la nuca como un perro. Sigh. Esto de ver videos porno ha perdido su chiste, antes era más divertido. Y la morra del messenger se despidió antes, me ha ganado la frase: “Me largo a dormir”. Me encanta despedirme, me encanta cerrar mi vida electrónica, Bob. Y en unas horas será domingo, no habrá nada que hacer, solamente diseñar una página electrónica. Thanks for sending me to college, Dad!!!, dice el supuesto video amateur al final y asiento pues. Yo nomás cierro los ojitos y pienso: Ojalá que mi hija no haga eso… porque estoy casi seguro que será primogénita. Y en parte me tranquiliza, porque no tendré que jugar o hablar de futbol con él. Nada de futbol, Bob, porque de futbol no sé nada y si se vuelve uno de los hobbies de mi escuincle, ¿qué podría hacer? Peor aún, que mi hija fuera jugadora y una acérrima fanática del futbol, entonces podría vivir con el estigma social, uno de esos que son bien pendejos pero que todo mundo los cree: “Todas las viejas que juegan soccer son lesbianas”, “Todas las jugadoras de soccer son bien machorras”. O peor aún, se volvería una de esas fanáticas que obtienen sus quince minutos de fama por alzarse la playera en el momento indicado, o por correr desnudas por el ángel de la independencia mientras celebramos que México pasó a los cuartos de final. Y medio México, salvaje por la cerveza, por la victoria de su equipo, con su fálico milenario, buscaría pellizcarle una teta (Dios no lo quiera). Irónico… traigo una sudadera azul y una playera amarilla —los colores del América—… es cierto Bob, ¡no sé de futbol!
Se terminó el video. Mejor me largo a dormir y me convenzo de que cuando llegue, será niño… Bob.
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Enero 27, 2006 — 1-2-3, Bardo, Consumidor de Entretenimiento, Familia, Memes, Mi abuela, otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
May me ha invitado, por messenger, a responder el meme del “Soundtrack de mi Vida”. Eso ya lo hice alguna vez hace ya tres años (yikes!), con dos caguamas encima, y aunque no me gusta releer esa anotación en particular, por la manera tan lúdica en la que numero varias mujeres con las que tuve un quever un día o dos o una semana, básicamente es un resumen de canciones que me recuerdan momentos específicos de mi vida. Veo esa lista de canciones ahora y me doy cuenta que, a veces, esas canciones ya pasan desapercibidas y no me transportan magicamente al mundo de los recuerdos o a una nostalgia exacerbada, como insiste mucha gente que la música hace. Sencillamente, a veces son sólo ruido de fondo y tal vez mi subconsciente elabora algo a mis espaldas, mientras las escucho. Será, tal vez, la última canción (El Adagio de Albinoni), lo que hace la vida un poco insoportable y cada que vuelvo a escuchar esa pieza, por lo general me la salto y trato de olvidarla.
No soy un fanático empedernido de la música, de los géneros, de los sonidos nuevos, de las nuevas revelaciones o de la música underground. No conoceré como Salvador Leal lo que estoy escuchando… aunque definitivamente es posible que me obsesione con una canción y vuelvo a tocarla varias veces, hasta que se me olvida o cuando la obsesión pasa.
He pensado que las canciones que me gustan se han compuesto ya de historias o de canciones que yo no elegía para adornar mi ambiente. Me es muy grato escucharlas porque me recuerdan historias increíbles, por ejemplo, el soundtrack de Cowboy Bebop por la serie en sí, o la música que compuso Nobuo Uematsu para los Final Fantasy, juegos que me obligaron a jugar durante fines de semana de vacaciones enteros, obsesivamente, hasta terminarlos, hasta desenredar la historia en ellos. Es así, que Iva Zanicchi y “La riva bianca, la riva nera”, me trae el recuerdo de Padre Taxi, y Sexual Democracia, y Sui Generis, eran lo único que escuchaba gracias a Patty Farias, quien me acompañaba virtualmente en esas madrugadas sin descanso. Es también el caso de casting, donde la música ochentera se escuchaba cada vez que Jorge Carrillo quería recordar sus buenos tiempos y la música me agradaba cuando me sentía bien, entonces solía preguntarle quien era tal o quienes habían cantado qué y por qué. Y él me contaba entonces anécdotas, grupos ochenteros, en qué antro las había escuchado o si esa canción era capaz de levantar gente, mezclándola con algo actual. No soy fanático de los Beatles o de Earth, Wind & Fire por elección, soy fanático porque formaron parte de tiempos bonitos en mi vida. Igual, el Cryztales y el Cheques, me enseñaron las bondades de la música guapachosa, del ska, el rock mexicano de verdad y del heavy metal, mientras nos tomábamos unas cervezas y continuábamos trabajando a deshoras. Si me gusta “It wasn’t me” de Shaggy, es porque Alfredo bajó el video en la oficina y pasamos un buen rato riéndonos de como el cabrón intentaba escapar de la mujer, que estaba dispuesto a pulverizarlo por su infidelidad y su desvergüenza.
Por mis tíos puedo escuchar tanto Timbiriche y Luis Miguel, como Pink Floyd y Guns & Roses. O Tracy Chapman, Elton John, Phil Collins y Jewel. Si puedo escuchar a Raphael, a Fausto Papetti, a Donna Summer, a Isabel Pantoja, a Sandro de América, a Leonardo Flavio, a Nicola Di Bari, a Mendehlsson, Tchaicovsky y a Mozart, es porque a la abuela le habían grabado sus cassettes en la casa, campechaneados con LP’s y CD’s, que apenas se estaban popularizando y eso escuchábamos en el puestito del mercado, mientras esperábamos a las clientas, a las marchantitas, a que David terminara su tarea para jugar conmigo. Puede ser contradictorio, y espantoso para algunos, pero “Se me enamora el alma” trabaja en mi subconsciente tan eficazmente como el unplugged “The Man Who Sold The World” o “Rape Me” de Nirvana. Canciones que recuerdo por la preparatoria, porque el primer chavo que se hizo mi amigo en el CUM (cuyo nombre no recuerdo) era fanático de Nirvana y me dijo de Kurt Cobain, y de la terrible pérdida que tuvo el mundo de la música. Y la preparatoria me dejó Offspring, el album negro de Metallica, Blur, el U2 de finales de los noventas que Armando desconoce y Fobia. Será que me alegro al escuchar “Gatos en el balcón” de Fey, no sólo porque le gustaba a uno de mis tíos, sino porque una vez modificamos la letra en la preparatoria, y se la dedicamos a unas “gatas en el balcón”, que estaban visitando la escuela en ese momento.
Fue que la secundaria estuvo lleno de cumbias y de salsas. Será por eso que recuerdo las faldas de los uniformes moviéndose, y yo envidiando la capacidad de bailar de tantos, de muchos, de todos. Será que una niña se burló de mi cuando intentó enseñarme a bailar. Una gordita fácil, que se emborrachaba y decían que cogía con cualquiera (menos conmigo, no estaba tan urgido). Hace algunos años la vi, vendiendo zapatos en el tianguis de Santa Fé. Será por eso que “Mi razón de ser”, o “Cómo te voy a olvidar”, o “Los caminos de la vida”, me llevan a aquel mundo que no pertenecen mis pies, ni mis brazos y que solamente puedo disfrutar admirándolo de lejos, o prometiéndome que algún día tomaré unas clases de baile. Y después, aquella universidad que no me gustó en nada, pero cuyos amigos para mi fueron una diversión constante, me traen merengues de vacas lecheras y música ranchera para cerrar tardeadas. Y con los otros amigos, los más tranquilos, con el perdón de semidios, aprendí a aceptar a Arjona, y sus metáforas fáciles, y sus salidas comunes, y sus palabras sencillas a veces llenas de una verdad envidiable, absurda y estúpida. Pero para tranquilidad de semidios, gracias a él estoy apreciando verdaderamente a Depeche Mode y a Nada Surf. Y será que los blogs como skene estan llenos de Abel Velazquez, a quien conocí demasiado tarde, estan llenos de blues, de jazz, de alternativo, de otro rock más, de Wilson Pickett, de Cat Fool, de Belle & Sebastian, otros sonidos…
Será que la UNAM me dejó a Placebo, para placer de Ariadna y se ha empalmado con los viajes a Puebla, donde Gibrán inevitablemente canta cuando suena alguna de sus canciones. Será que puedo escuchar Luna Menguante, Duvet, Adiemus y variedades de Chill Out en loops casi infinitos porque estoy enamorado de Sol. Y la música se complementa, y le acompaña a uno en todas partes, aunque su efecto sea mínimo, algo se estará moviendo en la parte trasera de tu mente al unir música con imágenes mentales.
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Enero 26, 2006 — BOB, Garabatos.
Escrito por Agustin Fest.

¿Recuerdan este monín que hicieron en honor a Bob y el Árbol de los Mil Nombres? Esta es la versión coloreada. Visiten a Gibrán en Deviant Art. No tiene desperdicio.
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Enero 25, 2006 — 1000n, Del deber ser, No Fumar, Paranoidefobico, Sueño-Insomnio.
Escrito por Agustin Fest.
No tengo nicotina… nop. Ya no tengo nicotina. Estoy a punto de un colapso nervioso. Me tiemblan las manos y un ojo esta saltándome de la cuenca. Se me estan dilatando las pupilas y los orificios nasales. Baja la cerilla, sploosh, y siento una incomodad en la oreja que erradico de inmediato con un dedazo. Me humedezco los labios y empieza como un escalofrío para convertirse en un terrible dolor de espalda. Ya no hay nicotina en esta casa. Los pies cimbran el suelo, por la ansiedad de los pataleos, puedo sentir el crecimiento de mis propias uñas; veo cerillos, un periódico y nuez moscada y pienso, tan sólo pienso, que esa puede ser la solución a mis problemas. ¿Dónde esta mi parche? ¿Dónde ha quedado mi goma de mascar? Entonces se me ha ocurrido la idea más loca: El gobierno debería subsidiar la nicotina. A los soldados les daban sus cajetillas de cigarros. ¿Por qué a mi no? ¿Necesito ser soldado para eso? Debí haberme comprado varios fliptops antes de renunciar a Casting. Eso debí haber hecho, atiborrar mis muros de fliptops. Pero… nah. Sólo quiero un cigarro… mi reino por un cigarro.
…
Tuve un sueño marista, ¡Sephiroth! Ajem, ¿eh? Decía: Tuve un sueño marista, con algo de dominico, porque en el sueño usaba mi uniforme de secundaria. Era un suéter rojo oscuro y un pantalón gris. Ambos hechos a mano, entre mi abuela y mi madre (decían que era más barato, y decían que no tenían que pelear con uniformes de mala calidad). Sin embargo, estaba iniciando clases en el Centro Universitario México y todos tenían uniforme, igualito al mío. Por el uniforme pensaba que éramos ridículos, y también por la edad, porque tenía la impresión que todos teníamos veintitantos años y prendía un cigarrillo, fuera de que quiero uno (desesperadamente), mientras miraba a los compañeros y sólo podía pensar que estaba recursando la preparatoria. Que yo no necesitaba recursar o revivir, que eso ya había pasado, sin embargo, mi mente no decidía si renegar o si aceptarlo docilmente. Estaba en preparatoria de nuevo y tendría la oportunidad de disfrutarla mejor. Algo así pensé.
Me metí a clases y a varias reuniones sociales, jugué dominó, tomé refresco de jarabe, había una cafetería grandísima y chavitas, igual en uniforme, por doquier. Vi caras de verdaderos compañeros en la preparatoria que creí haber olvidado. Las caras de cabrones que abandonaron la escuela el primer año. Los más huevones, los menos comprometidos, los que no tenían un poco de decencia por aprovechar que les estaban pagando, los que no creían en la educación, los que preferían agarrarse a madrazos. Los idiotas. Siempre creí que sólo los idiotas podían abandonar la preparatoria y se formaban historias y señalábamos escuelas que para nosotros, no tenían otro nombre que: ¨Donde van los rechazados del CUM¨, ¨Donde van los corridos del CUM¨. Entre amigos, hablábamos de los abandonados, de los chavitos cuyos papás tenían varo y esperaban que la escuela fuera su niñera y su embarradita de valores. A diferencia de varios, que durante años habían seguido la educación marista, yo la empecé en la preparatoria y algo que entendí, casi inmediatamente, es que era una vergüenza que te expulsaran.
Era una vergüenza difícil de definir. Lo mejor que se me ocurre es que el expulsado era como el samurai que se quedaba sin señor. El honor y la honestidad eran importantes. Si te expulsaban de ahí, era fácil intuir que no eras ni honorable, ni honesto. Varios profesores te lo dejaban bien claro: “Solamente, una oportunidad y es la de ahorita”. Cuando expulsaban a uno del CUM, solamente podía pensar que clase de padres tendría. Qué pensarían sus padres de él y como lo amonestarían. Cuánto lo habrían defraudado. Ahora, pienso que es un poquito exagerado eso, y entiendo que es demasiada presión para un escuincle. Pero en ese momento, para mí eran vitales esos pensamientos, para mí tenían una importancia sagrada. Yo quería ser un buen samurai. Y de eso se encargó aquella escuela en su momento, de moldear y de pulir esa parte de mi.
Fue un sueño agradable, hasta eso.
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