Entradas escritas en Diciembre, 2005 ↓
Diciembre 11, 2005 — 1000n, Fractal Chaos, Inexistente, divier-tt.
Escrito por Agustin Fest.
Feliz cumpleaños… Sol María.
Feliz cumpleaños, pos yo también.
Lo divertido de mi cumpleaños es que durante un día…
no sólo poseo la verdad absoluta,
sino creen que la tengo.
Al menos se hacen.
Mi mamá me recordó que ya sólo me faltan seis años para tener treinta.
Mi hermano sólo me dijo—: Ya estas ruco.
A los veinte años, uno se da cuenta que ya no se tienen quince, o dieciséis… te vuelves consciente socialmente de tus responsabilidades, ya no sólo eres responsable, sino sabes por qué lo eres (o al menos, eso se espera).
A los treinta años, supongo, verás el fruto de esas responsabilidades. Debe de haber alguna recompensa material, algún tipo de “seguridad” por toda la joda. Y si no lo hay… supongo que uno se deprime. Afortunadamente tengo veinticuatro.
El sábado la pasé con Solma y su familia.
Ella piensa que no me gusta estar con su familia, pero no es así. Sólo me incomodan a veces, sólo me intimidan. Ya lo hacen menos desde que he regresado con mi propia familia. Supongo que me intimidaba o me incomodaba, estar alrededor de un núcleo familiar estable, cuando vivía solo.
En verdad, internamente, disfruto mucho su dinámica familiar. Me hace pensar.
Me felicitó menos gente que el año anterior.
Siempre recordaré mi cumpleaños número veintiuno, donde planeaba hacer una gran fiesta en un bar al que fui alguna vez. Pensaba invitar, incluso, a los viejos conocidos, a aquellos que no he visto durante años. Pensaba emborracharme y emborrachar a todos. Una bacanal a mi salud. Lamentablemente, las circunstancias me alejaban de eso, no había dinero y en verdad, no me sentía bien anímicamente.
Emborracharme el día de mi cumpleaños solamente me hubiera hecho llorar.
Eso me amargó un poco el año, en general, y tal vez, dos años, o tres.
Efecto resorte.
Mi cumpleaños y ser hijo único durante un tiempo, en la niñez, fue perfecto. Un día recibía los regalos que yo quería y los otros dos recibía ropa, o juegos de mesa con los que nos reuníamos a jugar la familia. En ese entonces había bonanza económica y no había de que preocuparse. De mi cumpleaños, hasta enero, jugábamos en familia diversos juegos de mesa, comíamos hasta hartarnos, contábamos chistes, éramos realmente felices (al menos, nuestras preocupaciones eran, más bien, espirituales).
Entonces ellos empezaron a llegar a sus treinta, nació mi hermano y mi mamá perdió un muy buen trabajo en Telmex. Vino la famosa devaluación. Las deudas de su tarjeta de crédito se acumularon. Gracias a ello, mi hermano y yo, hemos crecido pensando que no debemos de tener, nunca, una tarjeta de crédito.
Después, a mi mamá le detectaron un tumor a tiempo. Cáncer. Más dinero, mis tíos Daniel y Angel, tuvieron que trabajar mucho para pagarlo todo. Efecto Resorte. Apenas se estan recuperando.
Desde entonces, no celebro mi cumpleaños tan amenamente. Por eso planeaba hacer algo especial el cumpleaños número veintiuno, para cerrar con ello y otros demonios internos. La fecha era perfecta, todo estaba planeado.
Pero no fue así.
Hoy tengo 24 y esta bien.
|
Diciembre 9, 2005 — 1-2-3, Inexistente, Notas aleatorias.
Escrito por Agustin Fest.
Es increíble como una mujer te perturba.
Desde que la incorporé en mi vida.
No he dejado de pensar.
|
Diciembre 9, 2005 — Cien Noches.
Escrito por Agustin Fest.
Ver tanto por ahí, que hablan de John Lennon y su desafortunado asesinato, donde hacen viajes espacio-tiempo en letras y música, para honrar a un hombre creativo… me hace pensar dos cosas: lo que me sucedió en aquel entonces no fue tan importante y lo segundo es cuánto me da gusto que lo hayan matado. De lo primero, tengo mucho tiempo para elaborar. De lo segundo sólo lo haré el día de hoy porque ayer, hace unos años, lo asesinaron. Yo tenía cuatro años cuando el día y mis padres se entristecieron un poco por la noticia. Desde entonces, cada Navidad, le dedicábamos un poco de música y escuchaba a mis viejos hablar de Lennon, de como influía su música en algunos de sus recuerdos. A veces invitaban a sus amigos, y todos reunidos, entre el humo del cigarrillo que en ese entonces no mataba de cáncer, entre la música y la voz profética de aquel cuatro ojos, mientras yo tomaba un chocolate, miraba los rostros evocando los recuerdos de Lennon y de mis viejos, y de sus amigos.
Y no sólo eso. Veinticuatro años más tarde, la gente aún hace lo mismo. Incluso yo lo hago. Por eso me agrada su muerte, porque dudo que él tuviera el mismo impacto mediático si continuara con vida. No hay manera de saberlo. Puede que si algunos sociólogos, antropólogos y músicos, se juntaran a platicar del tema y pusieran las cartas sobre la mesa (estudios enteros de como John Lennon ha impactado a la sociedad moderna), además de otro estudio de la vida entera de John Lennon, podrían pronosticar que haría el día de hoy, podríamos saber si tendría el mismo impacto o si se convertiría en una sombra de McCartney. Nadie lo sabe, sólo podemos jugar con la posibilidad y la melancolía que su muerte obliga. La melancolía. Los recuerdos. La niña masticaba un melocotón.
Azul masticaba un melocotón la mañana del treinta de noviembre y leía “El Túnel”, de Ernesto Sábato.
La madrugada del veintinueve dormí como un ángel, en una cama enorme como la que soñaba para mi casa, con mi mujer. Con sábanas suaves como nunca había sentido, como una invitación a las caricias, como si las sábanas fueran lo único necesario para la intención sexual. Y la mañana, ese día la mañana fue como despertar en Chapultepec unos años antes de que se sobrepoblara. Los pajaritos y el frío me despertaron. Un árbol seco se burlaba en mi ventana. Me asomé por ella y el jardín se extendía hasta el otro lado de la fortaleza. “Detrás del espejo”. Había unas cajas dentro de la habitación marcadas con mi nombre y una nota escrita apresuradamente. “Quemé la mayor parte de tu ropa. Hoy en la tarde tendrás nueva. También te dejé tu desayuno, espero no abuses de él. A.”
Vi la nota un momento. No recordaba que la letra de Almaguer fuese tan descuidada. O tan fea.
Mi desayuno era una botella de Walker, a un lado de la nota. Tacaño Almaguer, tanto dinero y me compra una de Walker. No bebí esa mañana porque me desperté en otra realidad, en un universo alterno, en un sueño. Imaginé por un momento que el mundo estaba en paz, imaginé por un momento que los coches no existían en la gran ciudad. No bebí porque temía regresar a mi departamento, a mi sueño roto, al abandono de Lorena. Miré el whisky, no me decidí si era una tentación o una broma cruel. Guardé la nota de Almaguer en el cuaderno que me regaló y salí hambriento a buscar la cocina.
Azul masticaba un melocotón la mañana del treinta de noviembre.
Abajo, donde estaba todo lo demás, me dediqué a buscar la cocina y terminé por descubrir la biblioteca, el estudio, la oficina privada de Almaguer, el gimnasio, un patio trasero tan grande y presuntuoso como el delantero. Hice ejercicio con esa caminata de veinte minutos, encontré a una señora amable cargando una bolsa de mandado, de unos cuarenta y tantos, con su uniforme de servicio. Le pregunté por la cocina y ella, amablemente, después de darme la bienvenida y su nombre, Carmen, empezó a platicar del mercado y de la mañana tan hermosa que hacía, a pesar del frío. Yo simplemente la seguí, pensaba que sus ganas de platicar eran la guía a la cocina y, afortunadamente, no me equivocaba. La cocina, como todo, era amplia. Fácilmente, si uno quería, podía organizar una fiesta grande sin el temor a que no hubiera espacio. Eso y acceso inmediato al patio trasero lo hacían un excelente lugar para las reuniones. Envidié tanto a Almaguer en ese momento.
—¿Qué va a querer el joven? —preguntó doña Carmen—. Lo que usted quiera aquí se le prepara.
—Unos chilaquiles, por favor señora —ordené gentilmente, en lo que tomaba asiento y me recargaba en la mesa—. ¿Tiene cigarros?
—Doña Carmen, doña Carmen para todos y para usted también. Y si, le puedo regalar uno de los míos, estan en la mesa. ¿Quiere cafecito también?
—Discúlpeme doña Carmen y si, cafecito por favor.
Tomé uno de los cigarros, lo prendí y me puse a fumar, en lo que esperaba el desayuno. Me pareció que podría hacer eso, todos los días.
—¡Buenos días Doña Carmen! Ohhh y muy buenos días a ti —exclamó alguien. Era Azul quien entraba a la cocina y nos sonrió alegremente como si fuese una niña. Estaba en camisón.
Los dos respondimos nuestros buenos días y miré a Azul aténtamente, la plática convencional de Doña Carmen se convirtió en ruido de fondo, en estática de radio, así como las respuestas que le daba Azul, quien caminó directamente al refrigerador, lo abrió y se inclinó para buscar en la parte de abajo. Frutas y verduras, pensé. Aún recuerdo la mañana del treinta de noviembre, porque ese momento, desde el despertar hasta el desayuno, me pareció lo que hubiera querido para mí. Lo que hubiera querido en mi vida. Lo que había visto en comerciales de refrigeradores, en las series gringas de televisión. La mañana del veintinueve de noviembre, fui el hombre común que de un momento a otro se convierte en el modelo aspiracional. Desperté en una habitación, en una cama grande, con una nota invitándome al desayuno, firmada por alguien A (o L, ¿qué diferencia podría haber?). Fui directo a la cocina, recién despertando, y una mujer hermosa me daba los buenos días, oh… y la chacha, pero la chacha no lo planeaba para nosotros, ganaba bien pero no tanto.
—¿Y qué tal estuvo la noche? —me preguntó Azul, quien encontró su melocotón. Dejó descuidado el libro sobre la mesa y jugó con el melocotón en las manos.
—Son muchas cosas para una noche y para un día —le respondí, honestamente—, pero vaya que no he dormido tan bien en mucho tiempo.
Azul sonrió.
—¿Si sabes lo que hacemos aquí, verdad?
—Creo. A menos que solamente les guste tomar café desnudos, en las noches, creo que si sé.
Azul y doña Carmen se carcajearon. Me sorprendió la risa de doña Carmen e hice una anotación mental para después hablar con ella en privado. En ese momento me pareció interesante su perspectiva, aunque más tarde encontraría que era demasiado honesta y simple.
—Almaguer nos platicó de ti y todos votamos que sería buena idea. Aunque, bueno, no nos platicó exáctamente de ti. Nos platicó un… ummm, un trabajo extra. Alguien que hiciera lo que tú vas a hacer pues. A todos nos fascinó, sobre todo al Negro.
—¿Se llama Negro? —pregunté. No quería terminar confesando que la presencia de tamaño negrote me intimidaba, al menos no en el primer día.
—Bruno, pero le decimos Negro, él mismo llegó diciendo que no le molestaba que le dijeramos así.
—Ya va.
—¿No deberías estar anotando todo esto? —preguntó Azul, había algo de travesura en su tono de voz.
—No lo sé, la verdad. No sé muy bien a qué se dedica un bitacorista de un oficio tan particular o que espera Almaguer de mi.
—Almaguer espera de ti lo mismo que espera de todos nosotros —dijo Azul, mordió su fruta y me miró—. Que seas tú.
Asentí lentamente. Doña Carmen me trajo mis chilaquiles y mi café a la mesa. Guardamos silencio y le miré, extrañado, leyendo su libro.
Imagina a la niña masticando un melocotón.
Siguey leyendo →
|
Diciembre 8, 2005 — Medios, The Net.
Escrito por Agustin Fest.
Willie Lynch en la Wikipedia.
Texto, traducido al español:
“Caballeros, les saludo aquí en la costa del río James en el año mil setecientos doce de nuestro Señor. Primero, he de agradecerles a ustedes, los caballeros de la Colonia de Virginia, por traerme aquí. Estoy aquí para ayudarles a resolver algunos de los problemas con sus esclavos. Su invitación me llegó hasta mi modesta plantación en la India Occidental, donde he experimentado con algunos nuevos y también con viejos métodos para controlar a los esclavos.
La antigua Roma nos envidiaría si mi programa fuera puesto en práctica. Mientras nuestro barco navegaba al sur del Río James, nombrado por nuestro ilustre Rey, cuya versión de la Biblia es bien querida por nosotros. He visto lo suficiente para saber que su problema no es único. Mientras que Roma utilizaba cuerdas de madera y cruces para cuerpos humanos en pie en grandes números, a lo largo de sus caminos, ustedes usan la cuerda y el árbol para la ocasión.
Capté el odor de un esclavo muerto, colgado en un árbol unas millas atrás. No sólo estan perdiendo valioso ganado al colarglo, sino que tienen recueltas, los esclavos se escapan, sus sembradíos son descuidados demasiado como para obtener una ganancia máxima, sufren de fuegos ocasionales, sus animales son asesinados.
Caballeros, ustedes saben cuales son sus problemas: No necesito elaborar en ellos. No estoy aquí para enumerar sus problemas, estoy aquí para introducirlos al método que habrá de resolverlos. En mi bolsa aquí, tengo un método infalible para controlar a sus esclavos negros. Le garantizo a todos ustedes que si lo instauran corréctamente, controlará a sus esclavos por lo menos unos trescientos años. Mi método es simple. Cualquier miembro de su familia o su capataz puede utilizarlo.
He subrayado un número de diferencias entre los esclavos: yo tomo estas diferencias y las hago más grandes. Utilizo el miedo, la desconfianza, y la envidia como métodos de control. Estos métodos han funcionado en mi modesta plantación en la India Occidental y funcionará en todo el sur. Tomen esta simple lista de diferencias, y piensen en ellas.
Hasta arriba de mi lista esta la “Antigüedad”, pero sólo esta ahí porque comienza con una A. La segunda es “Color” o matiz, también esta la inteligencia, el tamaño, el sexo, el tamaño de la plantación, el estado de la plantación, la actitud de los dueños, si el esclavo vive en el valle, en la colina, en el este, en el oeste, norte o sur, si tienen cabello lacio, si lo tienen quebrado, o si es alto o bajo. Ahora que les he listado las diferencias, les daré un resumen de la acción a seguir, pero antes de ello debo asegurarles que la desconfianza es más fuerte que la confianza y que la envidia es más fuerte que la adulación, el respeto, o la admiración.
El esclavo negro después de recibir esta adoctrinación seguirá con su vida y se reafirmará y regenerará en si mismo durante cientos de años, inclusive miles. No olviden que deben instar en contra al viejo negro contra el joven negro, y al joven negro contra el viejo negro. Deben usar a los esclavos de piel oscura contra los de piel más clara, y a los de piel más clara contra los de piel oscura. Deben usar a la hembra contra el macho, y al macho contra la hembra. También sus sirvientes blancos y capataces deben desconfiar de todos los negros, pero es necesario que sus esclavos confíen y dependan de ustedes. Sus esclavos deben amarlos y respetarlos. Confiar en ustedes solamente.
Caballeros, estas herramientas son su pase al control. Úsenlas. Hagan que sus esposas y sus hijos las usen, nunca piedan la oportunidad. Si les usan intensamente durante un año, sus esclavos se mantendrán en desconfianza perpetua. Gracias caballeros.”
|
Diciembre 7, 2005 — Cien Noches.
Escrito por Agustin Fest.
A todos los del grupo les conocí desnudos: Horacio, el Negro, Azul, Eva, Marcos… estaban en la habitación del registro, las dos mujeres estaban en la cama con Horacio, mientras que el Negro y Marcos compartían un sillón. Almaguer y yo nos jalamos unas sillas que había alrededor. Estaban tomándose un café (excepto Eva, quien tomaba té), después de una de sus sesiones regulares. Reían, charlaban, me apretaron la mano, me incorporaron a la plática, saludaron a Almaguer como si fuese un padre y no debían ser aún más viejos que él (excepto Eva, que debía tener como unos treinta y cinco o treinta y seis años). En ese momento comentaban sus episodios de Los Simpsons y luego de South Park, entonces el Negro, quien se resistía a hablar portuñol, les comentó de Twin Peaks y decidí participar en la plática, ya que había visto varios episodios. Procuré estar de acuerdo en todo lo que decía, sobre todo de aquellos métodos especiales que utilizaba Dale Cooper para encontrar las pistas, de sus sueños y de los palos que aventaba (no pun intended), en lo que mi cerebro registraba la desnudez de los participantes, sobre todo la del negro y su miembro enorme, retándome a que me burlara del cliché. No sé si me vi muy obvio, yo sólo se que platicaba, claro, de Twin Peaks. Aún no puedo creerlo. —29 de Noviembre, 2003.
Eva esta buenísima, para su edad…
Azul esta linda, esta tierna… aparenta ser más joven. Jennifer Conelly.
Marcos es rubio oxigenado.
Horacio parece un tepiteño en esteroides, aunque no habla como tal.
Del Negro, ya no quiero hablar del Negro. Me intimida. —30 de Noviembre, 2003.
Pornografía entre amigos, pornografía con algo de valor moral, pornografía entre personas con lazos estrechos o cosas en común. Un reality show pornográfico, la nueva novela de la televisora que se les ocurra. Eso vendía Almaguer, quien se había transformado en una especie de padrote moderno. Eso me mostró la primera noche, cuando el grupo estaba reunido, sin intimidarse por la desnudez del otro. Incluso yo, después de veinte minutos de compartir con ellos una charla, un café, y vestido, ya me sentía parte de Luxus. Platicamos de televisión esa noche, Eva y Marcos platicaron de libros, algunos de los cuales había leído y otros de los que no tenía idea. Eva era española. Marcos era argentino. Horacio era sureño, El Negro era brasileño y Azul era chilanga, como un servidor. Ya llevaban en el negocio un año aproximádamente y se reunieron con unos meses de diferencia. Un año intercambiando más que palabras, je, pun intended. Durante el transcurso del tiempo, hubieron otros pero no pudieron adaptarse, no habían logrado un lazo común con ellos. Podía sentir la mirada de Almaguer mientras interactuaba con el grupo, lo miré y por su expresión, podría jurar que estaba orgulloso.
—No fue fácil —me dijo una vez Almaguer—, me tomó cinco años formar un buen grupo como ese con la capacidad de confiar los unos en los otros. Además son muy versátiles, todos ellos, estan dispuestos a vender escenas especiales al cliente, sin miedo alguno o sin derrumbarse por un susto como para echarlo todo a perder. Más de una vez, alguno de ellos ha entrado en crisis pero siempre esta el otro para ayudar, ¿me entiendes? Rara vez acuden a mi para “purificarse”. Son una familia.
Animales, pensé cuando me lo dijo. Animales a los cuales les voy a hacer un estudio.
Me quedé platicando con ellos durante dos horas más, después Almaguer se levantó y les sugirió que durmieran, porque el ejercicio era pesado si no habían dormido y nos excusó, que porque aún tenía que mostrarme mi habitación. Me levanté entonces y volví a estrecharles la mano a cada uno de ellos, les miré los ojos para buscar la verdad detrás de todo ese teatro y, caray, nunca he sido bueno para buscar verdades, de ser así habría sabido que Lorena no deseaba casarse conmigo. Mis instintos se dieron por vencidos y me decían que estaba ante algo genuino. Salimos del Registro, miré a Almaguer durante un momento, estaba frente a un sueño. ¿Cuántos no desearían estar en ello? Aún por morbo, ¿cuántos no quisieran estar presentes y atestiguar una escena de sexo? ¿Y además, Almaguer estaba dispuesto a pagarme por escribir de ello? Parecía que era justo lo que necesitaba después de una negativa de matrimonio y después de perder un trabajo que “porque bebía demasiado”. ¿Cómo podía decir que no?
—Creo que ya te das una idea —me dijo Almaguer, mientras me dirigía por la mansión. Mi cerebro registró lo más básico: Abajo estaba el Registro. En medio estaba todo lo demás. Arriba estaban las habitaciones. Más tarde me enteraría que mi frugal diagnóstico pudo haberme impedido el acceso a una biblioteca y a un estudio, donde desperdicié muchas de mis horas en los días que siguieron—. Lo que necesito de ti es que escribas de ellos. A mis clientes les quiero entregar una especie de diario, de acontecimientos que suceden fuera de las noches, que los hace pensar, que los hace despertar, sus intereses, lo que recuerdan de su tierra y de sus familias. No lo hago en video porque sería demasiado caro y poco práctico. Prefiero que alguien se los escriba y sorpresa, pensé en ti. Quiero que me entregues algo semanalmente, para yo publicarlo en el boletín y ya.
Animales. No respondí nada en ese momento, había muchas cosas que me pasaban por la cabeza, muchas preguntas. No todo estaba lo suficientemente claro, había cosas que no embonaban. Yo aún no me creía que hubiera un grupo como Luxus, que durante dos años tuvieron sus charlitas, su hora del té o del cafecito, mientras estaban desnudos en la cama. Y francamente, cuando conseguía mi pornografía, no me ponía a pensar si los de las fotos eran amigos, o cuates, o compadres, o (en el peor de los casos) hermanos. Tal vez por eso… creo que esta fue mi última curiosidad verdadera.
Jugué al abogado del diablo durante cien noches.
Y gané.
Siguey leyendo →
|
Diciembre 7, 2005 — Los cuervos.
Escrito por Agustin Fest.
Los cuervos…
picotean,
picotean,
picotean.
Solamente,
picotean,
en diciembre.
|
Diciembre 7, 2005 — Cien Noches.
Escrito por Agustin Fest.
Lo pensaré… lo pensaré… lo pensaré… lo pensaré… lo pensaré… lopen saré… lonepares… serapenol… erasnepol… pensaremos pensaremos pensaremos. Pensaremos etérnamente en nuestros muertos y en nuestros ángeles, y en nuestras primeros amores, y los ángeles otravezconsuchingadamadre y los serafines y los querubines y los diablitos, y pensaré en ti, pensaré en todos los azules existentes, en tu nombre hermoso, en tu piel delicada que se marcó fácilmente aquella noche que se me permitió tocarte, pensaré en que no debí pedirle matrimonio, en que debí continuar trabajando y buscar una mujer que estuviera dispuesta, verdaderamente, a quedarse conmigo. Pensaré en mis padres, en aquellos juegos de dominó, interminables, que me ganaron unas hamburguesas, en que empecé a fumar en la preparatoria, pensaré en la sonrisa agradable de Almaguer, en el idiota de Olmedo cuando mirábamos revistas pornográficas y nos hacíamos los interesantes, los juiciosos, hablando de los pechos y de los penes, de si eran de veras tan grandes, en confesar que a veces, nos masturbábamos, pero muy a veces. Diario no es saludable. Sentiríame yo culpable si lo hiciese, por mi educación, y mi falso agnosticismo, que muy escondido guarda a Dios, encerrado en la caja donde le regalaron la mirra o el incienso o la mota. Pensaré en el blog que estoy escribiendo para exorcizar a los demonios, para olvidar o registrar, esos dos años. Pensaré en que Almaguer aún se siente culpable o que desea que ya no me le acerque y es por eso que aún me continua pagando, y yo para hacerme pato, me dedico a desarrollo de páginas web con un grupo de chavitos que me hicieron el favor de “contratarme”. Pensaré, pensaremos, pensaré en los muertos y en los vivos, en Santa Claus y la Navidad, en aquella navidad del dos mil tres, en que vimos la nariz r0ja de Rodolfo y reímos como idiotas, como nueces fulgurantes, como dos demonios aullamos en las calles del centro y perseguimos cuanto taxi prometiera estar vacío. En los distintos tonos de azules y en las graduaciones, en que soy un redundante y en que he bebido demasiado, porque son las nueve treinta y siete de la noche y ya vamos a la cama. Y continuaré escuchando Build me up buttercup, porque me pone contento, me hace olvidar y me obliga a cantar en voz alta, para empujar con mi alada voz los pensamientos, los recuerdos.
Que horrible es la culpabilidad. Vamos, vamos… relajaos y continuá escribiendo. Sereno moreno, sereno moreno, prometiste que no dejarías este coso y que continuarías, te prometiste que relatarías fielmente lo que pasó hace dos años. Usssshhhh… tranquilo, deja de pensar y escríbete. A ver, ¿dónde me quedé ayer? De pronto me encontré viajando a gran velocidad… Ya no viste el partido de los Pumas porque te quedaste dormido, eso pasa por beber… ya, ya, mañana lo lees en Google, o de perdis en la tele, cállate y aguanta vara.
Walker de mierda.
Siguey leyendo →
|