Entradas escritas en Octubre, 2005 ↓

Wafel.

Por el miedo a la oscuridad (eso que nos nubla lo conocido) hemos aprendido a avanzar de cuarto en cuarto y buscar el switch. Hemos, también, dominado la técnica de apagar la luz de un cuarto hasta que esta prendida la del siguiente y así, sucesivamente, escapando de la oscuridad y persiguiendo la luz que nosotros mismos controlamos. También podemos dejar la televisión prendida, para reconfortar nuestro sueño o con el Led de un walkman puede ser más que suficiente. Sin embargo, una oscuridad completa es intolerable, debemos alumbrar nuestras calles, tenemos que inventar leyendas urbanas de gente que apaga las luces de su coche, lámparas y pilas, celulares… llevamos una luz portatil en todo aquello que nos inventamos.

Apagamos la luz para tener miedo, para reinventar lo feo o ignorar al amante odiado. Para suprimirnos, para envolvernos en una cobija y pensar en la cueva, en el frío, en que si cerramos los ojos y dormimos, amanecerá más pronto. Al menos yo sí, yo si persigo eso cuando intento dormir—: La distorsión del tiempo. No tanto como imaginar que no existe, porque existe y el hecho de imaginar requiere tiempo. Es una constante universal. Sin embargo, es posible que pase más rápido o que pasen años, tan sólo con cerrar los ojos y también, es posible que sueñes con luz, con atravesar cuartos iluminados, uno tras otro. De la noche, tal vez odio un poco que tenga tantas luces artificiales, pero también me atraen, me fascina el ritmo nocturno.

Una hoja de papel en blanco o un cuadro vacío, sin letras o dibujos o garabatos o direcciones o números de cuenta, son pura luz. Es cierto. La hoja de papel, reflejará tan bien la luz del sol como la de una lámpara. Incluso se volverá translucida. Los monitores, en cambio, con tanto blanco son propensos a morir pronto… una luz artificial que emula luz verdadera no resiste mucho tiempo, se vuelve loquita o se muere. Un escritor, tal vez, por eso los llena con letras, porque desea invertir los valores de vez en cuando, porque desea manchar la pureza y desafiar, de una vez por todas, la luz que siempre lo ha protegido de aquello que desconoce, del monstruo debajo de la cama o del escándalo del tigre de sable, o de jade.

Si, tal vez es eso.

Magenduu.

—¿Recuerdas? Yo soy el joven —me susurró Bob [el cacto], en lo que salí a fumar un cigarrillo a la reja de siempre. El lobo {Kromg} tan sólo nos observaba, mientras mordía o afilaba sus dientes con la cadena.

—¿El joven?

—No soy el gordo, el del puro. Soy el joven. El gordo era mi padre —dijo Bob. Me encogí de un hombro, porque en el otro lo tenía descansando y era posible que lo tirara. No me acordaba de que me hablaba, tal vez algún sueño que tuvo—. En fin, he escuchado niños en este edificio. ¿Habrá algún chance de que me prestes tus llaves para salir a … este, pasear de vez en cuándo?

—¿Piensas comer niños?

—No, no, para nada, yo ya abandoné eso. Sólo quiero pasear y ver, si, el estacionamiento y los pocos arbolitos, si… eso, el estacionamiento y los arbolitos. Y escuchar las risas de los niños que juegan los fines de semana, seres humanos tan apreciables, tan queridos, tan hermosos, apenas creciendo, deseando ser doctores, abogados, policías o políticos porque esos si tienen varo. ¿Me crees capaz de regresar a esa horrible costumbre de frenar deseos, sueños, profesiones? ¡Incapaz! No es natural, hay que dejar a la vertiente de la naturaleza hacer lo suyo.

El lobo se rió entre dientes. Bob le miró, entrecerrando los ojos. Y yo, nada más los escuchaba, pretendía sentirlos, al par de animales mitológicos que de alguna manera, se habían formado lentamente en mi cabecita y se habían materializado, así de huevos, sin permiso alguno, tomando personalidades de gente o de animales mitológicos, ¿qué se yo? ¿No es un consciente colectivo quien los crea? ¿Quién los hace reales? ¿No es el consciente colectivo quien ha hecho al hombre de las nieves, un hombre peludo de patotas gigantes que camina entre la nieve? ¿No es el gran monstruo de Lago Ness un gran monstruo que vive en el lago Ness? Y yo soy yo y tú eres tú, mucho gusto, lo sé, pero es así de sencillo, no hay gran ciencia en ello. No hay gran ciencia en un cacto parlanchín y un lobo de pelaje rojo, que se enciende como el fuego.

Alguna vez salí a fumar y estaba lloviendo. Bob se quedó en la mesa, cerca de la computadora, mientras yo me ocupaba de alimentar la adicción. Miré a la derecha de la reja, en el espacio libre que hay entre departamento y departamento, y ahí estaba echado el lobo, durmiendo, protegido con su pelaje de fuego, su bermellón intenso, las gotas le caían y se evaporaban tan pronto le tocaban, su respiración pesada dejaba salir vapor. Observé al lobo durante diez minutos, más o menos, en lo que se consumía mi cigarro. Jugué a poner el tabaco incendiándose en dónde yo creí que debería haber uno de sus ojos. Tsurezuregusa. El lobo hablaba en sueños, si es que eso es posible—: Todos estan jodidos. Tal vez el lobo era incapaz de mirar su cadena, o dentro de la cadena se encontraba su libertad. Él se sentía más libre que todos nosotros en su cadena. Eso, siempre y cuando, con jodidez se refiriera al nivel de libertad de cada individuo o su libertad particular. Puede que, si, el lobo pensaba que la jodidez radicara en la libertad y él estaba seguro con su cadena, con su pelaje de fuego que repeleía las gotas de lluvia, con su coraza que no permitía que nadie pudiera tocarlo.

—¿Qué tanto me miras? —preguntó el lobo—, ¿crees que soy bonito?

—A tu manera retorcida, supongo que lo eres —respondió Bob.

—No te preguntaba a ti.

—No se mira a quien te refieres cuando preguntas.

—Le preguntaba a tu dueño.

—No es mi dueño, es al revés.

—¿Te crees gata?

—Dame permiso y lo madreo al hijo de puta. He comido perros más grandes que tú y aunque me dan indigestión, estoy seguro que tú serás el más dulce.

El lobo sonrió, nos dio la espalda y se volvió a echar.

—¿Quién es el lobo? —me preguntó Bob y yo me encogí de un solo hombro, tiré el cigarro y lo aplasté con mis ténis.

Koroko.

Este post lo empecé a escribir a las cuatro de la mañana, sin embargo, se publicará a las diez u once (Hora de la Ciudad de México). ¿Por qué? Nomás, porque será bonito despertar a medio día y ver que ya no tengo que postear ni madres. Ya cumplí, pensaré, y procederé a prepararme un café o un chocolate, y saldré a fumar un cigarrillo, en lo que sigo pensando dónde estoy metido.


Hace unos días soñé algo muy extraño y demasiado utópico. Soñé que un día, me hablaba por teléfono un viejo, en silla de ruedas, vestido de traje y me ofreció pagarme la cantidad de diecisiete mil pesos quincenales. ¿El viejo me pensaba prostituir? Algo muy parecido, me dijo que era dueño de una agencia de publicidad y que quería pagarme esa cantidad porque me presentara, mínimo, dos horas a la semana a su agencia. Acepté la oferta, aunque no me quedaba claro de que trataría un trabajo que sólo te pedía dos horas de tu tiempo y más, en una agencia de publicidad. So, en el sueño me presenté esa misma tarde y la gente ahí presente, se me quedaba viendo con cara de “Oh, es este”. Si, yo soy yo y tú eres tú, mucho gusto. Recuerdo que me senté en medio de una junta y pretendí tomar datos, anotaciones, palabras clave de lo que en ella se estaba discutiendo cuando un muchacho se me acercó y me dijo—: Hey, hey, no tienes que hacer nada de esto, tan sólo tienes que presentarte.

¿Diecisiete mil pesos tan sólo por presentarme? Busqué al viejo para que me diera una explicación y éste, me paseó por su casa gigantesca para explicarme que él buscaba a alguien como yo para que aprendiera el negocio y se quedara con su agencia. Aunque también quedaba la opción de que yo vendiera su negocio, lo cual él entendía perfectamente, ya que le quedaba poco tiempo de vida y me había encontrado demasiado tarde. Y yo tan sólo podía pensar que me estaba pagando por hacer nada y eso no me dejaba ni dormir, ni despertar. Mientras tanto, el viejo me presentaba a su hijo, quien era dueño de un antro a dos cuadritas de su casa y recuerdo que me pregunté, ¿por qué yo y no él? ¿No quiso su super herencia familiar? Y me movía de un lado para otro, entrecerraba los ojos y aún continuaba soñando. Mi mente ya estaba haciendo cuentas con el dinero mensual y en qué podría gastarlo, y también entraba en conflicto porque no deseaba ganar el dinero sin trabajar en nada, si no me permitían hacer algo para ganármelo.

Y desperté.

Le conté mi sueño a Sol y ella atinó a preguntarme si extrañaba mi trabajo, o si extrañaba a Jorge.

Le respondí que extrañaba a Jorge, pero que no extrañaba mi trabajo.


Mi trabajo me envejeció un par de años antes de la cuenta. Me metí en él, porque a los dieciocho años creí que necesitaba responsabilizarme más por mi vida, porque quería una lanita para mis cosas. Me daba algo de que hablar en fiestas y reuniones, me daba un poquito de importancia. Sorprendía a niñas bonitas con él y si tenía suerte, podía coger con alguna extraña después de platicar de mi encuentro con gente famosa, o de alguna historia relacionada a un comercial. También me permitió conocer a mucha gente y me enseñó cuánto no quiero que me paguen por algo que sé hacer. También me ha enseñado que un poco de reconocimiento no me caería mal de vez en cuando. Me hizo más neurótico y más perfeccionista. Me hizo ver que es muy fácil olvidar lo que de veras importa, y también todos tus problemas, porque el trabajo no cesa, porque el trabajo debe solucionarse inmediatamente, porque el trabajo exige toda tu creatividad, ensombrece tu talento, te chupa toda tu energía. Cuando te desvelas tanto tiempo, con la misma gente que comparte un lugar de trabajo, modifica tu percepción y empiezas a creer que son tu familia. ¿Y cómo no iban a serlo? Y los cigarros, y los refrescos, y el azucar, y los gansitos. Meses de temporada alta, extenuantes, o meses de temporada baja, deprimentes. Que de tres comerciales, en dos tengas problemas y que te sigan pagando lo mismo, aunque ya estés trabajando el doble, que si será por candor, pendejez o porque simplemente “no hay más lana”. Las pláticas con gente que no lee más que dos o tres libros. O pláticas con gente que confunde “entretenimiento” con “cultura”. Que no tengas horarios, que en cualquier momento te suene el celular, que tengas que repetir una edición tres o cuatro veces, musicalizar porque al cliente se le antojó, los pinches antojitos del cliente… blah.

No extraño mi trabajo. Seis años de eso enferman a cualquiera.

En cambio, extraño a Jorge… aunque me es difícil decir por qué, pero ese hombre es su trabajo completamente. Es un buen amigo, es un padre, un consejero, un mentor. No es un viejito en silla de ruedas que me pagaría 17,000 pesos quincenales por la sucesión, pero si es alguien que me consideró su hijo durante algún tiempo, creo que todavía. Antes de que el trabajo se volviera sólo trabajo, platicábamos más y nos reíamos de cualquier pendejada. Me contaba con tranquilidad que ya quería dejarlo, que él ya se había cansado y yo atinaba a preguntarle—: ¿Si? ¿En serio si? Sin creerle realmente, con la sonrisita mamona que tanto le cagaba. También le hice daño, al inmiscuirlo en mis problemas familiares, en los problemas económicos con mi madre, en venderle un coche que sería mío en un precio que yo no fijé y del cual no recibí un quinto, tan sólo perdí. Estuvo al tanto, siempre presente, durante ese horrible decenso. Nos ayudó con dos despensas de comida cuando no teníamos un quinto, casi nada que comer en la casa. Todo el tiempo, siempre me consideré leal a Jorge Carrillo y a nadie más, ni a sus novias, ni a sus perras, ni a su mamá o su hermana, sólo a Jorge Carrillo, porque era mi amigo y porque era como el padre que nunca tuve.

Such is life in the fucking tropics —Jorge Carillo.
Los últimos meses en Carrillo Casting, Jorge se convirtió en un jefe y es cuando decidí abandonarlo, porque nunca quise considerarme su empleado. Ya para eso tenía muchos empleados, que bien podían quererlo un día y después destazarlo al otro. Su empresa que se hizo grandota (no tan grandota, pero si creció bastantito), de repente adquirió muchos intereses, hartas luchas de poderes y era obvio que Jorge, en vez de la Madre Teresa, se convirtiera en Bismarck. Traté de sobrellevarlo, de alguna manera u otra, porque esperaba que en algún momento regresara el espíritu festivo sin hipocresía, pero nah… eso sólo pasa en cuentos de hadas, más candor, más pendejez y él ya no me miraba igual, así que respondí de la misma manera. Últimamente se quejaba mucho de que le quisiera cobrar todo, de que pensaba que conmigo todo era dinero y era cierto, porque él había transformado su empresa en empresa y él cambió sutilmente su percepción de mi como un empleado, así que era lógico que le pusiera el dinero enfrente, fuera como una burla, fuera como un aviso o fuera como un juego personal, donde trataba que él fuera cómplice (sin mucho éxito, Jorge nunca me ha entendido en ese aspecto, ¿pero qué padre entiende a su hijo y qué hijo entiende a su padre por completo? ¿Y luego, no es peor si estos dos hombres no estan atados por algún lazo de sangre, algún árbol genealógico, algún contexto?).

Jorge es un hombre que es su trabajo, que esta agusto con su estrés, con el pequeño infiernito tan temido que se vuelve un comercial o dos o tres, o una campaña entera de Julio Regalado. A mi ya no me contentaba eso y menos cuando no estaba él para convencerme o para que nos saliéramos en el coche, a platicar de que él ya también estaba cansado o platicar de nuevas ideas, nuevos planes. Ahora que he renunciado, tal vez pueda recuperar esa parte de él y servirá que exorcizo mis demonios, esas cosas tan asquerosas, tan tóxicas, esos residuos cochambrosos por haber trabajado en publicidad y existir alrededor de aduladores, hipócritas y cirqueros profesionales de los profesionalísimos super pros.


Tal vez, lo mejor de mi trabajo era la libertad de fumar cuando y donde quisiera… pero ahhhh, las libertades del cigarro, eso es tema para un post que se publicará automáticamente, mañana, a las diez de la mañana.

Rigueliu.

Este año no habrán calaveritas weblogueras, ya van dos o tres personas que me preguntan por ellas y he tenido que decirles—: Ajem, lo siento, no puedo. Y es que sí, tengo que ocuparme en escribir lo “qué de veras importa”, de lo cual ni siquiera me he sentado a hacerlo decentemente. Dejé pasar un concurso porque me faltaba muchísimo y temo que el otro, el de novela fantástica para este noviembre, tampoco lo tendré listo. De cualquier manera, como tenía planeado, habré de terminar esas dos novelas y las dejaré reposar para cuando se abran los concursos del siguiente año o quien sabe, algún concurso en seis meses. La cuestión es terminar de darles la rigurosa última revisión, para no animarme a volver a verlas en un rato, hasta que necesite otra novela.

Nomás de estar consciente que la vida del escritor puede ser una vida muy frugal y nada más en eso se va, en escribir y tratar de publicar, me entra un escalofrío.

Una novela no se termina de corregir nunca, hay que parirla de una vez por todas. Hace falta romper el cascarón del narcisismo, mostrarse —Umma.

También estoy consciente que el tiempo hará lo suyo, que el tiempo me hará ver cosas que no soy capaz de ver en este momento o quien sabe, uno como persona está tan loco… que no es que estes ciego, es que cierras los ojos. Así que es posible que esté cerrando los ojos a verdades evidentes, verdades universales o particulares… y eso sólo el tiempo, aparte de los madrazos, te lo quita. En estos meses (o años, si bien mal me va), se me quitará una que otra venda y empezaré a escribir otra cosa. El tiempo me permitirá observar mejor, mientras seguiré consintiendo a mis hijos, peinándoles y perfumándoles.

Ay no, ¡qué puto se escuchó eso!

Si les interesa o si quieren recordar, aquí les dejo las ligas de las calaveritas weblogueras de años anteriores. Espero que las disfruten.

  1. Calaveritas Webloggeras 2004.
  2. Calaveritas Webloggeras 2003.

Al estar próximo el Día de Muertos, todo mundo esta buscando Calaveritas en Google. Mis visitas han aumentado a 900 diarias porque tengo, pues, Calaveritas. La gente que llega a través de Google, entonces, deja sus comentarios pidiendo mejores calaveritas o bien, diciendo que estan muy buenas. Alguno que otro despistado atraviesa el umbral, entra a la página de contacto y se anima a escribirme un mail, preguntándome “Qué es un blog”. Son extraños los caminos de la vida, son extraños los caminos del blog, es rete harto extraño esto del internet. Pero esta bien, es lo que lo hace divertido.


He escrito mi primer post en Ociotakus. Si les interesa el mundo de los videojuegos, el anime, los comics y demás, dense una vuelta. es “Energía Ociosa En Movimiento”. Ociotakus me recuerda que de por sí, medio escribo en rete hartos blogs y luego se me olvidan.

Algún día terminarán prohibiéndome la entrada.



My blog is worth $69,438.42.
How much is your blog worth?

Pavadas, puaft.

Uhura.

Uhura quiere decir Libertad. Y Uhura es un personaje de “Viaje a las Estrellas”. La licenciada en comunicaciones (ajá, no era algo así, más bien era como técnica ingeniera en comunicaciones interespaciales) Uhura se dedicaba a enseñar las piernotas, con esos trajecitos que les pusieron en la serie, y a sonreír bonito cuando aparecía el Capitán Kirk, también estaba atenta a cuando algún alienígena hablara por el radio para amenazar o burlarse de la pobre inteligencia humana y su primitivo control de las emociones/pasiones. ¿Por qué hablo de Uhura? La verdad no lo sé. Un detalle curioso es que fue la primera mujer negra en interpretar un papel principal, en una serie de televisión.

Memín Pinguín estaría orgulloso de ella.


Él, es Axel Valdez. Durante un tiempo, usó un pixel para ilustrar el diseño de su blog. Todavía me acuerdo que hizo un post, refiriéndose al trabajo del pixel y como se fregó haciéndolo. Uno de sus grandes orgullos.

Ese, no es Axel Valdez, es Nuhuati, mejor conocido como Alfredo Madrigal. Nuhuati, al ver que el contenido de Axel Valdez estaba licenciado bajo una Creative Commons, decidió tomar el pixel y hacerle unos breves cambios para ilustrarse así mismo. El error de Nuhuati —hasta ayer— fue olvidar que para usar contenido licenciado bajo una CC hay que citar y dar una liga al autor original de la creación.

Ese, es Nuhuati de nuevo, después de este post que hizo Axel Valdez al respecto. Ahora, Nuhuati ha puesto en su sidebar de la derecha un breve texto que dice así: Nota: la imagen que ilustra mi rostro es una obra derivada sobre el trabajo de Axel Valdez “CC”. En letras chiquitas, hasta el final. Aún no pone la liga al creador original (atribución al contenido, para que quede bien claro de quien es el original), pero supongo que algo es algo.

Recuerda que si licencias tu contenido bajo creative commons, hay ciertas reglas que se deben seguir para utilizar el contenido, sea texto o imagen. Cada licencia especifica bajo que condiciones habrás de usar pues, lo que quieras usar. Por ejemplo, en el árbol de los mil nombres puedes hacer trabajos derivados o copiar el texto original, siempre y cuándo no lucres con ello y atribuyas el trabajo al autor original (en este caso, yo merocles).

Y nada más.

Ayemimah.

Esta tan chulo mi nuevo diseño, que me da miedo postear algo por temor a que se rompa y es que me quedó tan chingón, que lo miro y me dan ganas de llorar. Ya, ya, esta bueno, ya me calmo antes de que me cambien por otro blog. ¿Pero, vamos, honestamente, a dónde podrían ir si no es al Árbol de los Mil Nombres?

Ajá, lo prometo, ya me voy a callar… antes de que se vayan a Blogs México y me manden a chingar a mi madre. No hay que abusar del recurso, no hay que abusar de la complicidad intuida e imaginaria del lector ideal y tal. Che ególatra de caca.


Cuándo era niño, una vez me serví mi comida en un plato pequeño, de plástico, cuarteado, habiendo varios de porcelana de donde escoger. Mi tía Raquel me miró y me dijo—: ¿Por qué te sirves en un plato tan jodido? —Me quedé pensando, sin poder responderle y entonces, cambié el plato para dejarla contenta. Me serví en un plato grande y de porcelana. Ella se dio cuenta que lo hice por darle gusto y fue que me dijo—: Agustín, si no quieres el plato bonito y lo eliges nada más para darme gusto, y quieres quedarte con el jodido, esta bien… pero date cuenta que así como quieres el plato jodido, ¿no vas a preferir lo jodido antes de lo bonito, teniéndolo a tu alcance?

Lo mastiqué un rato en mi cabeza, porque los escuincles masticamos esas complejidades adultas cuando nos la cantan derechito. Era cierto, ¿por qué me estaba sirviendo la comida en un plato tan culero, habiendo mejores platos? ¿Habrá sido la humildad de la abuela toluqueña? ¿O se estaba formando en mi niñez algún acomplejamiento? ¿Debí haber leído la Iliada y meterme el areté hasta las orejotas (por no decir otro lugar rete harto feo y más para un niño)? No lo sé, pero si mi tía no me hubiera dicho nada, no hubiera sabido la diferencia entre joderse por joderse y joderse porque no hay de otra.

Cada vez que tengo que tomar una decisión por algún gasto o algún gusto, me acuerdo de ella y sus palabras, —ahora mías—, se han tornado la decisión final. Las decisiones materiales, el plato bonito o el plato feo, también son una breve pelea espiritual, una decisión tan nimia que también define quien eres, que quieres y que deseas. A dónde te vas antes que te mueras. Algún monje budista ha de estar más cerca del Nirvana al escuchar mis palabras, pero no soy budista, soy un hombre occidental con gustos igual de occidentales. “Es más feliz el que menos necesita”, dicen los budistas, no es que lo necesite todo, nah, pero lo que necesito debe ser lo mejor.

Y me gusta mi humildad toluqueña. Cuando estás jodido, busca lo más vital nomás. Me controla una rayita antes del hedonismo. Tengo pocas necesidades y esas necesidades las suplo bien y podría suplirlas mejor, claro que si… pero eso ya es puro occidentalismo, un mejor trabajo, una mejor computadora, mejor guardarropas, choose life and all that crap, Renton. Que te sirvas en un plato bonito no quiere decir que debas tomar toda la vajilla, porque a no ser que seas cirquero o payaso, se te rompe.

Derick.

Encontraron mi blog en Google con la frase: “Divide un pedazo de madera y me encontrarás”. Y entonces, me quedé pensando… ¿si? ¿Parte una ramita en dos y apareceré ante ti, cómo ninja qué aparece después de una nube de humo? ¿O activarás los sentidos ocultos, localizarás algún duende, algún chahuistle, algún familiar o sencillamente, un gnomo guardián? ¿O será qué si divides la madera, encontrarás el niño como lo encuentras en la rosca, pero en vez de blanco encuentras al niño negro, al niño de Satanás que estaba esperando a algún incauto para obligar, arrastrarlo, condenarlo al pecado? No lo sé, pero si vuelven a “dividir un pedazo de madera”, esto es lo que “encontrarán” y seguramente, para el navegante ocasional, mis palabras serán casi proféticas, y no dudo, que en unos seis meses, algún cordero de Dios me deje un comentario, exigiéndome el perdón por mis blasfemias y mis pecados.

¿Alguien sabe a qué se refiere lo de “Divide un pedazo de madera y me encontrarás”?


Quise cortar la flor más tierna del rosal, pensando que mi amor no te podía pinchar.
. Terminé de hacer el nuevo diseño. ¿Qué les parece? A mi me costó un huevo elegir los colores, así que sencillamente los tomé de aquí. Y, finalmente, acabé reeditando la plantilla de Kubrick y tomando algunos elementos del Iroybots, como, repito, los colores y algunos otras mafufadas como las listas y las citas. En fín, he quedado bastante satisfecho y espero que les guste a ustedes.

Otra de las aventuras fueron los títulos aleatorios, porque en esta ocasión están incluídos con código de a deveritas, en la plantilla de a deveritas. Sólo yo me entiendo, tan sólo quiero dejar claro que fueron un desmadre. Pude recuperar el efecto de fotografía y le agregué un breve cambio a los textos, que también los hace ver como la fotografía de una hoja arrugada. Ya no parecen de computadora, dan la impresión de ser una digitalización de una hoja real. Al menos esa impresión me dieron, después de verlos fijamente durante tres horas y darme una palmadita en la espalda por unos titulitos bien hechos. Lo malo es que estos headers aleatorios, pesan el doble de los anteriores e igual y no puedo hacer mil y tantos como en veces anteriores.

Ya decidiré.


Cuéntame tu vida, cuéntamela toda… dime si estoy vivo, si todavía respiro.
Gibrán, quien me regaló la ilustración de Bob y del Árbol de los Mil Nombres, ha estrenado un blog colectivo en Santos Protones punto Com. Dense una vuelta, tan sólo por admirar la carátula que bien parece la portada de una película clase B y después dedíquense a leer el contenido, Gibrán es un hombre con muchísima creatividad y talento. Con decirles que le creo más a su cacto que al mío. Realmente envidiable.

Y bueno, mi hermano se está retorciendo… yo ando jugando Kingdom Hearts donde mi personaje preferido es Donald cada vez que grita: “For Daisy!” y es hora de irme, que le prometí a mi hermano que lo llevaría al EGS. Diviértanse y tengan un bonito fin de semana.

Have a sweet one, mateys.