Entradas escritas en Septiembre, 2005 ↓
Septiembre 29, 2005 — The Net, Video juegos.
Escrito por Agustin Fest.
Ayer me la viví jugando Guildwars. Desde que me mudé para acá, no lo había hecho por falta de ganas y por falta de un clan activo, sin embargo, en la semana me encontré en ICQ (quien diría, ese mensajero viejo y oxidado) a una amiga del canal #Mexico (Dalnet) y platicamos un ratín, fue cuando se despidió que me dijo—: Bueno, ya me voy a jugar GW. Entendí perfectamente de que se trataba, le mandé un mensaje diciéndole que yo también lo tenía, que a ver cuándo nos juntábamos para jugar.
Me gustó Guildwars, porque a diferencia de otros MMORPG, este te cobra una sóla vez (50 dolarucos) y puedes jugar el tiempo que quieras. Además, me gustó mucho el concepto y la dinámica interna del juego que consiste en formar clanes para pelear unos con otros. También existe el juego individual (que ojo, aún así se paga por él, porque todo se maneja en línea), aunque siempre, jugar acompañado, es mucho más divertido.
Al día siguiente recibí todo un cuestionario preguntándome en qué zona jugaba (Asia, América o Europa), qué personajes tenía, cuánto nivel era mi mono y demás. Ya tuve que decirle que era un guapísimo —y alto, sobre todo alto—, monje enfocado al ataque y a la curación (a ningún agnóstico le gusta el favor divino, ni la protección), nivel doce, post-searing. Ella me platicó que estaba jugando con su novio y con un par de nicknames más que se me hicieron conocidos. La gente del canal #Mexico, jugando Guildwars… ¿quién diría? Nada más bajé el Teamspeak, platiqué con Alex (Fizgón, Levtak), me invitaron a su clan, configuré todo y jugamos ayer, de la 1 de la mañana hasta las 6 de la mañana.
Hoy me desperté un poco jodido, resta decir… pero que rico, que rico. Les dejo un par de capturas de mi juego de ayer, si dan click las verán más grandes.
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Septiembre 28, 2005 — Consumidor de Entretenimiento, Geek bastard, La Unidad, Vida diaria, otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
De los blogs que leo, me es inevitable, pero algunos me aburren… si los continúo leyendo es porque en algún post construyen una frase, una sóla frase rescatable (pa’ mis estándares, acuérdense), y eso me deja pensando que tal vez, tanto él(la) como yo (que el acto de encontrar algo que te gusta en el ruído se vuelve un acto de encontrarte reflejado), no escribimos ni leemos tan mal. De igual manera, estoy consciente de que el Árbol de los Mil Nombres muchas veces esta destinado a aburrir a un gran sector de la población… pero hey, espero, al final, divertirlos de vez en cuando y arrancarles una sonora carcajada con una o dos frases (ni siquiera oraciones), de esas que hasta los pulmones duelen mamacita. Si ni siquiera es así, a chingar a su madre, ¿qué carajos hacen aquí? Luego me van a reclamar su precioso tiempo perdido.
En cambio, si estas dispuesto a encontrar una que otra fracesita, bienvenido es, pásele, ¿quiere café o coca? ¿o agua o leche deslactosada?, ¿en garrafa?, aquí tenemos la comida del día y la vida va, si señor, la vida va.
Desde que soy amo de casa de tiempo completo, prefiero lavar mi ropa antes que escribir.
La vida geek: Mi hermano ya encontró como utilizar un disco duro externo con la playstation 2 y con ello, puede cargar los juegos desde el mismo disco duro. Esto obliga a que el lente de la play no se gaste a lo imbécil (porque tengo entendido que si le metes chip, el lente se gasta más rápido). Este proceso, mi hermano lo hizo ayer, con uno de los discos duros que me salió sobrando de mi máquina anterior. Ochenta gigas en disco duro para juegos de playstation2 debe ser más que suficiente para no aburrirse en un rato, pero sabemos que ya no es así. Para el consumista tecnocrático, un disco duro se termina en Mp3’s (discografías completas), videos (Divx) de series o películas, video juegos que ya miden de 2 a 6 gigas de espacio en disco duro. Igual, para los juegos de playstation2 puedes meter tus quince o veinte juegos preferidos, y después que los juegues todos, ¿qué sigue?
Leer un libro, por ejemplo.
En más tecnomamadas, he bajado el Opera 8.5 y he descubierto que corre aún más rápido que el firefox. Simplemente, en consumo de memoria he calculado que baja un 20%. Bájenlo, ya es grátis, a mi se me hace más rápido y más cómodo, mejor trabajado, más bonitos y tiene una maravilla que son los mouse gestures y no tengo que estarme peleando por buscar una extensión que sirva a mi gusto para eso.
También, he cambiado el contador del Árbol de los Mil Nombres. Mucha gente ha decidido abandonar el Nedstats por su política de ventanitas emergentes (popup windows, ya saben, de esas que te regalan smileys sonrientes bien buena onda), si se quieren enterar, pues leánlo por acá y por acá. A mi, personalmente, nunca me gustó el nedstats, y lamentablemente tengo el tagboard, que también abre “ventanas emergentes”. He sido muy flojo para conseguirme un script de un tagboard y configurarlo a mi gusto. Ahora que tengo demasiado tiempo libre, tal vez lo haga. En fín… si a ustedes ya les aburrió Nedstat, las recomendaciones de blogpocket son buenísimas.
- StatCounter. Un contador invisible… me molesta el límite de cien registros, pero pues no hay de otra coleguilla, es bueno, es grátis, aguántate.
- Ecostadística. Un contador en español, esta bonito, llevo un día con él y me ha gustado bastante.
- Reitero mis felicitaciones a Armando Sámano.
- Salvador Leal seguramente ya tiene ganas de escribir, de nux. Desde aquí puedo escuchar como le tiemblan los dedos.
- Edilberto Aldán, si quieres iniciarte en el anime —y estoy seguro que este si te va a gustar—, contrario a los picachus y chihiros de siempre, búscate uno que se llama Cowboy Bebop. Tan sólo por la música vale la pena que lo intentes.
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Septiembre 27, 2005 — Asceta, Consumidor de Entretenimiento, Familia, Fractal Chaos, La Unidad.
Escrito por Agustin Fest.
Las vacaciones son largas desde mi punto de vista. Hoy, verdaderamente, disfruté el ejercicio de dormir. En cuánto abrí los ojos sentí la diferencia y me dio, pues, gusto. Estos días me he dedicado a las cuestiones más básicas del ser humano occidental contemporáneo (mamón, pero mejor especificar, porque luego hay más mamones que yo que corrigen a la menor ambigüedad)—: Lavar (trastos, ropa, baño), preparar comida, buscar una maceta para mi cacto, pasear de repente, fumar, bañarme y salir cuando suena la campanita del camión de basura. Paso tiempo de calidad con mi hermano, o eso quiero creer, si es que tiempo de calidad consiste en jugar playstation2 durante gran parte de la tarde y, a veces, salimos a caminar. La vida secundaria: jugar videojuegos, mirar la tele y leer blogs. Y antes de todo eso, antes de la base, hay una meta base, una hiperbase, un átomo o un núcleo. Debe ser eso que te dice que abrir los ojos y sentirse bien al despertar, que realmente descansaste cuando dormiste, es bueno.
Obviamente, al tener una vida tan hogareña y tan sedentaria —todo un amo de casa—, me ha quitado cosas de las cuales escribir en el día. Ya no puedo escribir de modelitos con el culo parado, ni de argentinos seductores, ni de productores que se meten coca hasta el cerebro. Mis ventanas, las gemelas y ropa interior morada, pues ahora viven demasiado lejos y se han vuelto un delicioso amor platónico. Me ha cambiado el piso, el método, el cielo, el cómo y por qué y cuándo y las respuestas a mis propias preguntas milenarias (y pongo “mis”, porque aunque suene mamón lo de preguntas milenarias, hay otros más mamones que te dicen que las preguntas milenarias nos atañen a todos y proceden a listar, pues, las preguntas milenarias que se ha hecho la humanidad. ¿Qué cuáles son esas preguntas? A mi no me pregunten, a mi me importan un cuerno las preguntas milenarias colectivas). O sea, como diría un uruguayo por ahí, tenía todas las respuestas cuando me cambiaron todas las preguntas.
¿Y ahora qué soy un amo de casa y me pongo un mandil todas las tardes, de qué voy a escribir? No lo sé, de pajaritos, del movimiento de los árboles con el viento, de cómo abro los ojos todos los días y prendo la tele, justo, cuando “Laura en América” esta empezando. Me volveré un escritor de haikus, un ascético y contemplaré la vida, nada más la vida.
Esto no tiene nada de malo, de hecho adoro lo poco que me preocupo y que solamente debo resolver cuestiones básicas, el problema es que se me dificulta escribir de algo pues. Tengo que buscar el método o un tema, tengo que hablar con el lobo que vive en el edificio o tal vez, tengo que buscar historias trilladas dentro de tanta calma. Como decía Luz Alicia, improvisar y hacer de la vida algo interesante, aunque para ella era fácil, ella era la actriz y la directora de teatro. Yo de improvisación en la vida a tiempo real, sé que uno puede gritar en la calle para asustar a la gente y hasta ahí.
Después de tres o cuatro años sin ver televisión, he empezado a consumirla.
Un consumo, hasta eso, moderado y hoy dormiré bien, apuesto que si.
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Septiembre 25, 2005 — 1000n, BOB, Kromg, La Unidad.
Escrito por Agustin Fest.
It’s Only When I Lose Myself in someone else
Then I find myself
I find myself
It’s Only When I Lose Myself in someone else
Then I find myself
I find myself
Something beautiful is happening inside for me
Something sensual, it’s full of fire and mystery
I feel hypnotized, I feel paralized
I have found heaven
There’s a thousand reasons
Depeche Mode, “Only When I Lose Myself”.
Bob, el cacto, descansa en mi hombro derecho cual vil loro. Desde que nos mudamos se ha dormido y no ha querido abrir los ojos —soñando con mi pasado Tsef Thaed, mi destino manifesto Tsef Thaed, mi misma vida Tsef Thaed —eso me dijo Bob y me sonrió burlonamente. Cerró sus ojos pispiretos, esos que tiene encerrados, hundidos, casi perdidos entre un bonche de espinas y se ha quedado dormido. Espero que despierte… mañana o en una semana, incluso meses, mientras tanto que duerma… que se pierda en sí mismo, mucho hemos tenido con empacadas y mudanzas de una hora, con el cambio tan cabrón de ambiente, de necesidades y de la vida… entiendo, perfectamente, que el escape del cacto [Bob (que me acompaña a todas partes hasta que decida irse)] sea dormir.
De cualquier manera, lo llevo en el hombro para que le de el aire. Necesito comprarle una maceta porque esta creciendo rapidamente… desde que se tragó quien sabe cuántos niños, gatos y uno que otro perro (difícil digestión) ha crecido más rápido y la pecera bonita pronto habrá cumplido su cometido: ya le subió el ego durante su infancia en cada paseo hacia el espejo.
Salí a fumar, prendí un cigarrillo y escuché la fiesta que había dos o tres departamentos arriba de este. Salsa, cumbia, carcajadotas, caguamas de cerveza quebrándose. Asentí lentamente, Bob me roncaba en la oreja izquieda y en la siniestra sostenía mi cigarro. Mi diestra me ayudaba a colgarme de la reja y más allá de cualquier diestra y cualquier reja, un lobo rojo, seguramente encadenado con oro forjado por enanos, se tragaba un pedazo de carne todavía desparramando sangre. Miré al lobo y él, sencillamente, me despreció como si fuese algo insignificante, una pequeña cosa que forma parte del ambiente. En algún momento miró hacia arriba, cuando una mujer se rompió en risas y sonrió de una manera sucia, ruín y regresó a su pedazo de carne con nuevos ánimos.
—¿Qué eres tú? —le pregunté al lobo—. ¿De dónde saliste que estas tan pinche feo, cabrón?
El lobo se detuvo, me miró y me enseñó los dientes enrojecidos de carmesí tan diferente del pelaje bermellón.
—Comida —me respondió, con una expresión casi humana, una de fastidio e irritación, me señaló el pedazo de carne y me traspasó los ojos hasta que decidí bajarlos.
Me encogí de hombros, con cuidado de no tirar a Bob y miré el enrejado. Esta historia del verde vivo y el ánimal construído se me hacía tan familiar y una vecina, volvió a estallar en carcajadas al son de “Cómo te voy a olvidar”.
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Septiembre 23, 2005 — 1000n, Asceta, BOB, Kromg, La Unidad, Niño viejo, Nostalgico.
Escrito por Agustin Fest.
En este departamento no se puede fumar porque uno de los tíos es muy sensible con los olores y es bien sabido —no por los propios fumadores—, que el olor del cigarro es, pues, bien pinche apestoso. Así que para conservar la santa calma, la paz y la estabilidad en las relaciones diplomáticas, salgo a fumar un cigarro a la entrada del departamento, la cual esta enrejada. Viví en esta Unidad durante creo que unos diez años, hasta que me mudé a la Narvarte y ahora que estoy de vuelta, siento que han pasado otros diez años. Algún día entenderé porque mi percepción del tiempo es tan particular (una manera de decir “mamona”) y porque siempre soy un anacrónico con la sociedad. De todas maneras así lo disfruto… la anacronía en mí, es una nostalgia hasta porque pasa una mosca, vieja compañera, y es un mal necesario, al menos para alguien que gusta del arte o se la vive coqueteando con él. Sufrir de nostalgia y melancolía es parte de mi misma vida.
La anacronía es una enfermedad depresiva y a veces, en ella se consigue el éxtasis iláptico (el lector avispado se dará cuenta de la redundancia, de la constante redundancia). Una sensación que todo esta bien… como maniático hay que vivir.
La oración anterior contiene muchas palabras domingueras que se leen mejor si no se sabe que son y finalmente, utilizo las palabras sin la seguridad de saber que son y me guío al como y que me suenan. Sólo cuando “escribo en serio”, voy corriendo a la RAE para que me ilustre, ya que no tengo varo, ni ganas verdaderas, de comprarme un Corominas. Y vamos, para mi no hay de otra, a veces me dejo llevar por el sonido de las palabras e invento cosas, me procuro un bonche de antítesis, contrastes y paradójas que un lector cuidadoso hará bien de tirar a la basura y decirme—: Cabrón, me estas cantinfleando.
La anacronía, mi santa madre o santa muerte, desprecia el verdadero significado de las cosas.
No fue hasta muy tarde, ya algo crecidito (para mis estándares anacrónicos), que me enteré de la importancia de la identidad. La identidad nacional, la identidad individual, la identidad social, la identidad familiar, la identidad etcétera. O tal vez estaba muy consciente de su importancia y es por ello que me dediqué a moverme entre varios círculos sociales / núcleos familiares / juegos relativos interpersonae, siempre jugando el papel de la ambigüedad o del guasón (reemplazo con facilidad la carta que te falta, Ma’ killin’ jokee). ¿Estaba la gente igual de consciente que yo de su propia identidad? Mis compañeritos de juegos en el mercado, las marchantitas de los puestos y los amiguitos de la escuela. Ser parte del ejercicio escolar de llevar la bandera, robarse los jimanes de un niño más chico que tú o alzar la mano para demostrar que eres un sabelotodo. Ñoño mamón, lángara noble.
La anacronía exige el olvido del sí mismo para la constante búsqueda del ego. Exige una ambigüedad natal, un quiebre en una o todas las identidades, depende del sabor de tu helado.
De igual manera, un anacrónico no pertenece a ningún lugar, no importa si es un nómada o un sedentario. Para el anacrónico no existe nada definitivo, aunque siempre esta pidiendo un sí o un no. El anacrónico habla en blanco y negro, cuando todo lo ve a colores. Un anacrónico no pertenece a nadie, aunque este sumergido y disfrute plenamente del juego social. Un anacrónico mira lo que todos no ven, lo que no existe ya en el presente, porque siempre oscila entre el pasado y el futuro. El anacrónico huele su propia mierda antes que todos los demás, porque esta consciente que cualquier dedo suyo puede mover las olas del tiempo.
Una anacrónico sabe que todos vamos al mismo lugar, que todos nos vamos a morir y no hacemos nada, somos niños jugando en lo que papá nos manda a chingar a nuestra madre o a dormir.
Eso pensé, entres mis dedos izquierdos se consumía un cigarro. Mi palma izquierda sostenía un cacto [Bob] que roncaba inquieto. Enfrente la reja del departamento, un silencio sepulcral de vecinos durmiendo o que no han llegado del trabajo. Soy una carta de Tarot. Tal vez la vecina de enfrente, una alta y delgada, morena, con cara de mosca muerta y “yo no cojo por placer, sino por merecer”, me dedicó una breve mirada de desprecio por fumar en mi jaula antes de encerrarse en su departamento. A mi derecha, en un espacio entre departamento y otro, un lobo encadenado con oro (apostaría que de alguna montaña), de pelaje rojo, me miraba fijamente. Un lobo… un cacto… un cigarrillo… una jaula… una vecina con caretcétera. Esto se me hace tan familiar, un dejá vù.
El lobo me sonrió, me dio la espalda, se echó a dormir y yo me metí al departamento cuando me terminé el cigarrillo. El cacto seguía roncando y todos duermen, excepto yo, el anacrónico.
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Septiembre 21, 2005 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
La quijada hace un pequeño click si la abre demasiado y le pasa algo que no entiendo muy bien: se le atora, se le queda de una determinada forma y pasa rato abriendo y cerrando la boca para reacomodarla. Por eso no aguanta mucho con mi miembro en su boca.
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Septiembre 19, 2005 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Guadalajara.
Estuve muy poquito tiempo, comparado con la vez anterior y el tiempo estuvo muy contado. Aunque no lo disfruté como la primera vez, me dio un enorme gusto volver a ver a la hueste bloguera en Guadalajara. Para poder platicar con todos ellos y tener una visita provechosa, tendría que quedarme una o dos semanas… tal vez haga planes para ello, nada más que vuelva a tener un trabajo o una entrada de dinero. Por el momento, me quedo con el agradable recuerdo y con las charlas en messenger. Además, tengo muchas ganas de visitar el pueblo de Tequila para comprarme mi botellita certificada universalmente como te-qui-la.
Aún falta por hacer muchas cosas, ya recuperé uno de los discos duros que tenía en mi antigua máquina… el disquito tenía mis viejos archivos personales. Una que otra foto porno, nada del otro mundo. Oh, y unos cuarenta y tantos gigas de música que estoy pensando en borrar o en seleccionar para dejar sólo lo que me guste (aquello que pueda poner en el iTunes y no choque con mis momentos o mi supuesta concentración). Aún no recupero los textos que estaba trabajando, pero mañana eso se hace sin problemas. Todavía debo arreglar un poco la habitación y corretear uno que otro camión de basura, para recuperar un espacio vital tan necesario.
Debo comprar un recogedor, porque en esta casa eso no existe y también tengo que arreglar un ropero de esos “hágalo usted mismo”, para que quepan mis cosas y las de Hugo, aunque las de Hugo nunca las he visto ahí instaladas. La otra vez le pregunté—: ¿Y tu ropa dónde la tienes? —mientras estaba saturado con los colores y los montones apilados, él me señaló y me dijo ahí. No volví a preguntar, por temor de quedar como un idiota o como el neuras que soy.
Las cajas de plástico que compré para esconder los libros si serán útiles después de todo, porque hasta que no tenga un librero o un espacio donde apilarlos… solamente se convertirán en pilas de basura.
Aún no me reconecto del todo, no he sacado puntuaciones en Big Blogger y no he leído blogs. Lo único que sé es que Salvador Leal ya se fue.
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