Entradas escritas en Agosto, 2005 ↓

Baraum.

Bienvenido, Bob.

arboltsef Says (August 3rd, 2005 at 2:17 am):

Quise leer su dura crítica a la conferencia, pero cuando abrí su blog, sonó un ruido espantoso que supone ser música de fondo, así que dudé en leerla.

Pero ya, como es fácil y soy paciente, apagué mis bocinas, la leí… y ummm, pues… a grandes rasgos, opino lo mismo que CyberGus. Yo me gasté unos cincuenta varos en el Kuru Kuru. Tal vez es porque conozco a las personas que dieron sus las ponencias y me dedico a platicar con ellas en reuniones, por eso no las percibo de una manera tan cerrada o tan agresiva. Perdón, pero no los veo como blogstars, los veo como iguales. Un “blogstar” esta disponible más facilemente que un político o que un reportero, y no tiene tanta repercusión mediática como un medio tradicional (periódico, cine, televisión, radio). Una vez, un reportero del Universal me atacó y no hubo manera de dialogar con él. Un “blogstar” (sin referirme a Raul) tendría la molestia o haría la labor de “imagen pública” al tomarse un café contigo y cambiar tu percepción, si es que gustas. Siguey leyendo →

Coltplanq.

Esta cayendo una lluvia engañosa, de aquellas cuyas gotas son suaves, delgadas, tenues… y por ello mismo, atraviesan la ropa con más facilidad. Son escurridizas y encuentra un hogar, sin siquiera buscarlo. Mojan sin permiso, gotas rameras, sólo basta una brisa de aire para burlar al paraguas y la capucha de la chamarra impermeable. Incluso las mochilas a prueba de agua se mojan y los relojes se empañan, distorsionan el espacio y el tiempo. Se adueña de tus calles y de tus muros, sin consideración alguna, ¿y por qué habría? si apenas te das cuenta porque vives encerrado en la nostalgia de días nublados, consumiendo un cigarrillo contenido. Las gotas se aprovechan de tu condición humana —nostálgica, melancólica, triste en general— y se burlan de ti, mientras oscurecen los colores opacos, como el azul veintiuno —horrible— de aquella casa de dos pisos.

Me pregunto cuántos tatarabuelos quisieran hablarnos de las lluvias de verano.


Mi lectora, a la que cariñosamente apodé “Linda Blair en el Exorcista”, se despidió recientemente de mí. Me mandó un mensaje diciendo que tenía que abandonarme, que no me la merecía, que yo estaba estancado y ella continuaba avanzando, constantemente. Alcé una ceja y leí su discurso mientras pensaba—: “Guadafuck are you talking about, woman?”. Pero la dejé continuar, a pesar de su discurso de telenovela me continuaba provocando.

Finalmente me acordé de ella. Aunque hace dos años, pensaba que era un él, no una ella. Hacía preguntas insistentes acerca de literatura, y después me hacía preguntas de lingüística, y luego del metadiscurso, y de semiología… cosas que yo no respondo, porque no sé explicarlas. Preguntaba cosas como las que explica Apostillas de una manera sencilla. Constantemente sacaba una lista de nombres franceses, teóricos franceses, y uno que otro inglés, y uno que otro español, pero sobre todo franceses…

Acabó por fastidiarme aquella vez. Y ahora, en su despedida donde ella se dio el lujo de mandarme a la chingada, lo ha cumplido, se ha mantenido íntegra, y no se ha vuelto a conectar. Podría decir que la extraño, si tan sólo entendiera la mitad de lo que sucedió en nuestras conversaciones, en uno que otro juego de ajedrez nocturno que jugamos por yahoo, y bla, bla, bla.

Probablemente, más tarde adquiera otro messenger y en dos años vuelva a platicar conmigo.

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Phe.

Ahora estoy al pendiente de dos ventanas, en vez de una. Puedo mirarlas de reojo, en lo que acaba de pasar la edición… no puedo decir la marca, ni la propuesta de su producto… pero puedo decirles que el director del comercial pidió hombres y mujeres (humanos) de cuarenta años, cuando enseñamos el casting (el viernes) de lo que había pedido, descubrimos sorprendidos (ajá), tanto el director (argentino), como nosotros, que los humanos de cuarenta años suelen tener canas, arrugas y muchos perdieron su cuerpo de deportistas diez o quince años atrás (sorprendidísimos en serio). El resultado es—: Tachemos el casting, hagámoslo otra vez, pero ahora con hombres de treinta a treinta y cinco. Como deciden mañana quienes se quedan, trabajamos viernes a deshoras y sábado como si fuese día regular.

En este momento esta pasando la edición y mientras tanto, yo miro hacia las dos ventanas, esperando con ello olvidar el fastidio. Hacía un momento, las cortinas de la ventana izquierda (la de aquella mujer de ropa interior morada), se movió un poco. Asumí, desde luego, que la mujer también mira hacia acá de vez en cuando y que ella se pregunta tanto de mí, como yo me pregunto de ella. Así nos convertimos en una posibilidad de ficción para el uno y para el otro, aunque dudo que ella mantenga un blog donde escriba acerca del chavo, que siempre esta mirando el monitor, que siempre esta fumando, y que si es medio día, toma café y si es tarde-noche, se toma una Coca Cola de 600.

Estoy pensando escribir un cuento que se me ocurrió en mis andanzas vouyeristas. Puede que esta semana lo escriba.


Me pregunto si los directores argentinos salen más baratos y por eso los traen las productoras, ya que eso se esta volviendo común en mis días. Sé que los comerciales argentinos son más atrevidos, más divertidos y más europeos. Sin embargo, cuando llegan a México, se encuentran con que sus propuestas son … pues, demasiado. Aunque la gente clase media, media alta, alta, tiene un mínimo de cultura para entender los comerciales argentinos, celebrarlos y decidirse a comprar el producto por su chispa creativa, el consumidor por mayoría, continúa siendo la clase baja, media baja (claro, los que estan en extrema pobreza, pues no cuentan). Por supuesto, hay excepciones, hay ricos pendejos y pobres muy cultos. Aún así, estamos hablando de millones de personas que no comprenden la picardía o el sutil leer entre líneas en un comercial demasiado elaborado (obviando los mensajes subliminales).

Supongo que por ello los directores argentinos llegan muy ilusionados a trabajar a México y después se vuelven refunfuñones, gritones y mamones. No quiero creer la idea de que todos imaginan ser Kubrick. Quiero ser buena onda: México los amarga con su falta de pensamiento europeo.

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