Entradas escritas en Febrero, 2005 ↓
Febrero 23, 2005 — 1-2-3, BOB, Sueño-Insomnio, Vida diaria.
Escrito por Agustin Fest.
Es muy fácil escribir acerca de nuestras lecciones de vida. No fue fácil escribir Maisnú. Supongo que aún no me siento cómodo escribiendo sexo sin una máscara anónima y ustedes no estan cómodos leyendo sexo sin adornarlo un poco (más), pero a ninguno de los dos nos importa, estamos en un acuerdo tácito (siempre quise usar esa palabra) al entrar a leer este blog y encontrar lo que se me antoja en el momento. Les invito un banana split y asunto arreglado.
Desde hace dos o tres días, tengo un incontenible deseo de comprarme un cacto. Lo quiero para ponerlo en mi escritorio. Incluso pensé que podría ser un bonsai, aprovechando la broma fácil que se hace con mi apodo. ¿Por qué lo quiero? He estado pensando en muchas razones: la más divertida es que me gustaría poseer un ser vivo, chiquito, calladito, que vive nomás sin preocuparse, y lo quiero dependiendo de mi. ¿Suena siniestro? Tal vez, pero eso es lo mejor de todo. Primero pensé en el cacto, y después en el bonsai. El bonsai sería mejor porque haría más poderosas mis capacidades reflexivas y meditabundas. Me convertiría en Jet, de Cowboy Bebop.
Respecto al cacto que quiero, ya me imagino platicando con él en las noches de desvelo. También me imagino, a medio día de los fines de semana, observándolo un rato, ignorando la mirada perpleja de un venezolano que se preguntará que estoy haciendo. Le diría, aunque no pregunte—: Estoy atonando con mi cacto. Por supuesto que el verbo no tiene nada que ver, pero suena bonito, suena lo suficientemente bien para que se vaya a ver televisión o bien, se jale una silla e intente “atonar” conmigo y con mi cacto.
Antes que el cacto, pensé que podría ser un pez, uno beta. Pero nah. Es demasiado desmadre y si se vuelve suicida, estar buscándolo entre los cables de la computadora no es algo que me gustaría hacer los fines de semana. Tal vez lo mejor del cacto o del pez, es la posibilidad de su existencia, imaginar que haría con él. Es como conseguirse un nuevo amigo para visitar los lugares a los que nunca vas los fines de semana. En este caso, mi nuevo amigo sería un cacto, o un pez, o… ¿por qué no se me había ocurrido antes? Compraré una tabla y le pintaré ojos y boca.
Le llamaré Bob (homenaje a Onetti, por supuesto… y eso será al cacto, al pez, o a la tabla. Lo que decida primero).
El propósito de la existencia de Bob, es demostrar la presión psicológica que sufro al no tener trabajo, ni dinero. Actuaré como si estuviera sufriendo delirios esquizoides (No sé de enfermedades psicológicas, y no importa, para mi todas son iguales y sirven al mismo efecto: un trastorno de la mente). Cuando haya casting, saldré con mi tablón, mi cacto, o mi pez, a pasear en la sala de espera y tomaré asiento, le contaré chistes y haré como si Bob me estuviera contando chistes. Cuando esté seguro que todos me estén observando de reojo, haré una pregunta en voz alta—: ¿A cuál dices que hay que matar, Bob?
Ayer, en el metro, vi a una chava con el mismo celular que el mío jugando el de la viborita traga-manzanas. Lo jugaba a velocidad alta. Ella estaba concentrada jugando, tanto que si perdía, solo apretaba un par de veces las teclas del celular y creaba un juego nuevo. Lo hacía todo mecánicamente. En otro asiento, una mujer de blusita al ombligo (color negro), pantalones a la cadera (color rosa), piercing en la lengua (color rosa) y maquillaje abundante (entre violeta y café, brillante, brillante), leía el manual de su nuevo celular. Se la pasaba jugando con la boca. Y luego la vibora tragando manzanas. Leía el manual y sacaba el piercing, se lo ponía entre los dientes, fruncía el ceño como si estuviera leyendo el manual de un reactor nuclear. Perdió y otra vez, nuevo juego. Finalmente llegó su estación, se levantó y se fue. Me decepcioné al verla de pie. Sentada, leyendo su manual, se veía más bonita. ¿Te das cuenta de la terrible deshumanización, Bob?
He aumentado mi consumo de café y de cigarrillos, debe ser el stress o la evasión, cualquiera de las dos es válida. Pero no te preocupes Bob, vendrán tiempos mejores.
Pienso que mi deseo de comprar un cacto, viene por el poema de Matthew Sweeney, después de todo… le extraño tanto y ella también vive en una tierra de calor. La diferencia es que ella vive en verdes, y en el poema se habla de cafés.
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Febrero 22, 2005 — General.
Escrito por Agustin Fest.
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Febrero 22, 2005 — General.
Escrito por Agustin Fest.
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Febrero 22, 2005 — Asceta, Sensitivo.
Escrito por Agustin Fest.
I find it hard to tell you, I find it hard to… (darn), when people run in circles it’s a very very mad world…
¡Fellare!
La felación más dulce que he tenido (que no la mejor), fue en alguna tarde, con una mujer morena… ¿o apiñonada? Si bien tiendo a olvidar esos detallitos y creo que no fue en la tarde, fue en la noche, donde apenas le distinguía el rostro. Eso y su cabello esponjado y no sé porque tengo la impresión que era rojo. A la mejor la noche era su cabello, pero su rostro no se veía durante la felación, tan sólo se sentía la humedad de sus labios delgados. Y un juego con la lengua y creo, que hacía algo con las manos. Lo hizo durante bastante tiempo, el tiempo suficiente para sentir placer y ternura, mientras miraba ese mechón de cabello rojo moviéndose como una luciérnaga, arriba y abajo. La felación más dulce.
La cópula sin completar más frustrante que he tenido, fue en alguna tarde también, fue en alguna tarde amenazante de lluvia. Esa mujer era un experimento que trataba de convencer con palabras y tal vez, dos o tres besos, largos. No hice más allá, porque estaba jovencito, porque no sabía, exáctamente, que más hacer. Ella dijo que no lo quería, en algún momento, y me di cuenta que no la había escuchado. Toda la tarde estuvo diciendo que no, y tal vez, parte de la mañana. Descubrí el lado animal que todos tenemos por obtener lo que deseamos. Me di cuenta de lo vulnerable que soy, igual que todos, en dejarme arrastrar por las hormonas. Y me dio gusto. Cuando acepté ese “no” como una derrota y acepté que estuve a unos cuantos minutos de hacer algo de lo que me arrepentiría después, le acompañé a su casa. De regreso acabé en un restaurante, comiendo un banana split.
La mejor mano que he tenido, fue la de una compañera de la universidad donde estudiaba antes. Yacíamos desnudos y mientras me observaba, comenzó a jugar. Habló del placer, del fugaz instante, de lo mucho que tardaba en llegar el orgasmo y cuando lo hacía, era un momento tan breve. El placer breve. Todo esto lo hacía mientras movía su mano y me miraba, sonreía coqueteandome, a mi, y a mi pene, sus ojos brillaban. No recuerdo una mano más precisa que la de ella. Sabía lo que estaba haciendo, a que velocidad, que tanto apretar, como llevarlo y no tuve que decirle absolutamente nada. He llegado a pensar que fue mejor, incluso, que mi propia mano. Desde entonces, masturbarse no es tan rico y que lo hagan tampoco, porque nadie la ha superado.
Si algo me molesta es que me consulten por MSN o que me busquen para preguntar como hacer, como conseguir o como deshacer (a no ser que les ofrezca mi ayuda, directamente). Lo hacen de tres a cinco veces al día, entre amigos, desconocidos, conocidos. La gente pregunta cosas que tiene hueva de investigar y eso es, en extremo, molesto e irritante. Que crean que tengo su tiempo para explicarles, paso a paso, como hacer las cosas o bien, que tengo su tiempo para buscar investigaciones que ya hice previamente y regalárselas. He pensado en ponerme un nick que especifique un cobro por pregunta. Probablemente así se arreglarían mis problemas económicos. Pero bien, he optado por dos cosas: 1. en el momento que preguntan algo, cierro la ventana de messenger y si vuelven a hacerlo, la vuelvo a cerrar. No importa que cada día tengamos una conexión más rápida y más estable… siempre habrán problemas de conexión. 2. Ofrezco pistas y señalo por donde va la cosa, si se vuelven insistentes en preguntar… entonces, aplico el paso 1.
Ya va.
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Febrero 21, 2005 — Asceta, Consumidor de Entretenimiento, Vida diaria, divier-tt.
Escrito por Agustin Fest.
Encontré un mercadito que no había visto antes… de materias primas, artesanías, demás… ¿será regla general que se ponga los lunes? Quien sabe, tal vez me de una vuelta por ahí mañana y lo descubra.
Lagartija con alas, compré Populares y me costaron 18 varotes :P. O una de dos… o creen que en el DF cagamos dinero y por eso a todo le suben, o me lo hiciste a propósito para acordarme de ti…….. Nah. (Además que están fuertes esos pinches cigarros… están fuertes). Dejaremos de fumar… otra vez, esta será la última cajetilla de cigarros. (No saben cuantas veces he dicho eso afuera del blog, supongo que si lo publico aquí… por tercera o cuarta vez, agarro más fuerza).
Leí fragmentos del poema de “Howl” (Allen Ginsberg) publicado en dos blogs (ahorita no me acuerdo exáctamente cuales, creo que uno de ellos es el de la Loba). So, lo imprimí y lo leí en voz alta, mientras comía con Mary. El poema es… poderoso.
Me conseguí una chambita alterna, muy curiosa… la cosa es ir a un restaurante y comer. En eso consiste. El chiste esta en que entrego un cuestionario acerca del restaurante y me reembolsan lo que comí, más una pequeña cantidad extra (120 varitos por cada visita al restaurante). Esta semana tengo que hacerlo dos veces, una este miércoles y la otra el sábado.
Gabo, chequé lo de blogbinders… si me interesa bastante, sólo quiero checar una cosa antes en Santo Domingo. Déjame ver precios. Tal vez imprimia mini-tirajes de Simón Dor y de Padre Taxi… al menos serán un buen recuerdo y si veo que es baratón, ya los estaré anunciando.
Mi cena fueron dos sandwiches, un durazno, una mandarina y leche con chocolate.
Seguimos sin trabajo en Carrillo Casting. Hoy salí a caminar un par de horas y me dije: “Ya estuvo bueno… nada de andar de malas… ¿en verdad, tienes alguna cosa que entregar para mañana? ¿Existe alguna obligación?”. No. No la hay. Y ya lo decía Tin Tan: Busca lo más vital, lo que es necesidad nomás.
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Febrero 21, 2005 — Ayer.
Escrito por Agustin Fest.
Este es el último mensaje que yo les escribo. Cuando me sentaba aquí, frente al ordenador y me enfrentaba con el rectángulo en blanco, pensaba que lo mejor sería escribir una historia épica, donde el héroe viajara en algún paraje cyberpunk, o en una ciudad élfica. Donde yo viajara en una cibercapital y destruyera los monitores, uno tras otro. Una historia, donde al final, después de varios viajes y tormentas, yo resultara el héroe de una historia sin igual. O una telenovela donde me casara con la mosca muerta, que trabaja de sirvienta en la casa del rico.
Esta es la última página que escribo en mi diario. Pensé que tener uno de estos sería un hobby interesante, uno que me ayudaría a mantener mi redacción fresca. Eso es un error, porque no existe una retroalimentación verdadera en un diario, como dirían en algún lugar por ahí, tan sólo sirve para darte cuenta quien eres y quien has sido siempre. Es un consuelo de pendejos, diría mi abuela. Me hubiera gustado ser un héroe, como Agustín, y perseguir mis sueños. Me hubiera encantado viajar a los lugares donde él estuvo, para ser fotógrafo o para ser chef. A él le encantaba conocer gente, se le facilitaba tanto. Me hubiera gustado ser él…
Es el viaje que tenemos todos los héroes, donde antes de vencer al maldito, hay que vencernos y conquistarnos a nosotros mismos. Cuando me sentaba aquí, frente al ordenador, fuera en la casa de mi amigo, un cibercafé o cuando trabajaba, lo hacía para ser féliz, para evadir la monotonía horrible a la que me estaba enfrascando. Para ser feliz en otro lado, en un universo paralelo. Y las cosas pasaron, entonces vino Ayer y me enseñó que podía ser posible. Me enseñó el sufrimiento, las muertes de los que más quiero e incluso, me trajo al malo de la película, uno que esta más allá de toda comprensión. Ayer me enseñó, yo (Hoy) creo que no aprendí nada.
He viajado por las razones equivocadas: Buscar al asesino de mi hermano y así he descubierto tantas cosas, he conocido tanta gente. He descubierto el terrible poder de los deseos, de las oportunidades, del cambio. Tan sólo tienes que estar atento, callar al cuerpo y la mente, dejar que el alma vea los destellos de luz y … ¿te vuelves Dios? Supongo que si, porque tocas la luz para distorsionar la realidad a tu antojo. Creas una vertiente en el espacio tiempo que muchos llamarán “universo paralelo”. Debí hacerlo para ser feliz… y creí que buscar al asesino, a Pérez-Moldován, lo arreglaría. No fue así, lo único que hice fue alimentarlo… yo me convertí en el deseo de él. Yo fui su luz, su barro. Si lees esto, mi querido yo-alterno…
Cuando releí todo lo que les he escrito, deseé que nada hubiera sucedido y a través de mis deseos, de las letras que no escribí en un diario, sino aquí, pude cambiarlo… pero mi deseo no es tan fuerte. Soy perezoso, soy un hombre sin pasiones, sin creatividad, sin fortaleza justa y necesaria. Y el malo, Pérez-Moldován, es alguien que lo desea todo. ¿Cómo puedo yo enfrentármele? ¿Cómo puede un hombre incompleto, acercarse a él y decirle buenos días, te voy a matar? Supongo que no puede, supongo que no puedo… pero es el destino. Hay una lucesita de esperanza donde el héroe puede ser un tipo enclenque, delgado, desnutrido e incluso, idiota.
… tienes que saber que buscar a Pérez-Moldován significa la muerte. No hay esperanza, los tuyos y tú, morirán. Sin embargo, si mueres tú primero, existe la oportunidad de que los otros se salven. Por eso hice todo esto y si existe en ti una noción del sacrificio, habrás de entregarte como el cordero ante el tigre. No te pido perdón, no tengo por qué.
Esta es la última anotación que les escribo. ¿Quieren preguntarse que será de mi? Pues… no lo necesitan saber, yo no lo necesito saber. Sólo ando con la esperanza de que al final, mi deseo sea más fuerte que el de Pérez-Moldován y que el de un hombre llamado Ayer. Sólo me queda esperar que este hombre sin pasiones, saque una fuerza interna desconocida y los destruya a ambos. Y si sobrevivo, si este dios chiquito resucita, entonces me encargaré de mi mismo… que nadie se atreva a poner mis manos encima de nuevo, ni a controlar mi destino. Que nadie se atreva a tocarme, mientras observo una pantalla en blanco y escribo una historia épica, donde soy féliz, mientras cumplo mi trabajo monótono y estudio literatura, mientras amo a Geraldine y a las que vengan después de ella. Que nadie se atreva a tocar a este hombre flojo… sin sueños… sin deseos… sin piedad de sí mismo.
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Febrero 21, 2005 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
You don’t care if it’s wrong or if it’s right…
Roxanne…
You don’t have to wear that red dress tonight…
Roxanne…
You don’t have to sell your body to the night.
(why —the fuck— not?)
Después canta Ewan McGregor y echa a perder la canción.
Ayer tuve una plática con Johnny mientras comíamos Sushi. Él tiende a repetir historias, todos lo hacen, pero él, en particular, lo hace con más frecuencia. Tal vez porque vivo con él, me doy cuenta de ese detalle. No me molesta escuchar historias repetidas, a veces, incluso, me agrada. (Debería llevar una libreta donde anote el número de veces que me ha contado una historia en particular). So… ayer comíamos Sushi mientras me repetía la historia del piloto de helicóptero que se dedica a buscar cardúmenes, el dinero que gana y demás.
Carajo, no tengo idea de como escribir esto. No es que sea difícil o complicado o simbólico o importante o cotidiano. Estoy pensando en las palabras y toda esa mierda, en como acomodar las oraciones y en donde poner las comas. Cuando me releo, descubro que ya me acostumbré a poner las comas de determinada manera, como si estuviera hablando en voz alta. A veces trato de engañarme y pongo las comas en otro lado, a veces me dedico a buscar un estilo más impersonal y de repente, ¡PAM! caigo en la trampa. La cosa es que ya había meditado como iba a escribir esto y ahora que estoy sentado aquí, me pongo a pensar: coño, ¿cómo se escribe eso? Incluso, si notan allá arriba, el título y las líneas referentes a la canción, se nota que el post esta andando en la cuerda floja. Bien… bien… busquemos como hacerlo… a ver, a ver, con calmita y con tantita vaselina…
(para que el peinado salga bien puntiagudo… mal pensados).
Ummm…
Ayer platiqué con Johnny y tocamos el tema de Jorge (Carrillo). Cuando vivieron juntos hace siete u ocho años, hoy Johnny lo recuerda como una época de estabilidad económica mientras que Jorge la recuerda como una de sus peores épocas. Lo curioso es que ganaban casi lo mismo. Cuando Johnny se fue a Venezuela, armando el rompecabezas, yo conocí a Jorge y le propuse computarizar el negocio. A partir de ahí, nos hicimos una de las mejores casas de casting en México y bue… proyectos no faltaban. Yo cobraba poco y digo, no me mataba mucho trabajando e iba con la mentalidad de que no era una obligación, que en cualquier momento podía dejarlo, después de todo mi jefa tenía la comida en el refri. Sólo me preocupaba por mantener mi escuela y ¿el trabajo? Nah… yo trabajaba por hobby y por ver viejas buenas, en minifalda, con el culito parado.
La cosa es que… Johnny no se siente tan mal como yo, ahora. No se sintió tan mal como Jorge lo hizo en su momento.
Él no siente la carencia.
¿Por qué?
El novio de la mamá de Johnny toca la guitarra. Él dice que el señor esta cabrón. Que cuando vivió con ellos, antes de venir a México, escuchaba al señor tocar la guitarra en las mañanas y que con eso se despertaba. Cuando su mamá se enojaba, entonces le tocaba una canción. También, los domingos a medio día y tal vez los viernes en las noches, él tocaba algo para ella.
Es bonito ser músico.
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