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Uh… cabeza lele… skribae normali custa, piero trataré.

¿Por qué tengo que hacerlo yo?

Porque él cree que es el único.

Entiéndeme Ulises.

Hace unos días, cuando degollé y mi cuerpo absorbió la sangre.

La sangre tiene agua, la sangre es vida.

Rompí tu camisa y tus pantalones. Desgarré tus calzones.

Y mi mano, santa, tocó tu espalda para pintar un árbol.

Y después, en tu pecho, el milagro ocurrió cuando el rostro de Jesús.

—Padre, e hijo, y espíritu santo, de todas las criaturas—

apareciuuuuuuurghó de la nada.

Uh… cabeza lele… skribae normali custa, piero trataré.

No puede ser él, el único.

Y tu hija, a la que le maté sus hijas, me miró a los ojos.

Para despedirme de mi madre, tardé mucho tiempo… estuve yendo con ella, visitándola, acompañándola al supermercado, platicando con ella, descubriéndole el rostro de nuevo. A veces me quedé a dormir, porque… si, la extrañaba. Extrañaba esa simpleza que tienen las mujeres para querer al fruto de su vientre. Y…

Me mirae ella a los ojos…

e e e e e e.

Me dijo—: Gracias, Pérez-Moldován.

Y yo, hice una revieancia y contesté, pomposo, por nada.

Le pedí a la anciana, rostro arrugas de masa de pan, que se quitara la blusa.

Y lo hizo.

Le pedí a la anciana, rostro arrugas de masa de pan, que se quitara la falda.

Y lo hizo.

Le pedí a la anciana, rostro arrugas de masa de pan, que se arrodillara.

Y lo hizo.

Porque era mi deseo.

Uh… cabeza lele… skribae normali custa, piero trataré.

…En verdad, que no podía despedirme de ella, así como así, debía darle una explicación… no podía irme como Agustín, el hijo pródigo, a buscar una aventura —a buscar mi muerte, para ser más preciso… a enfrentarme con algo que está más allá de toda comprensión humana, la búsqueda y la muerte de Pérez-Moldován—. Y entonces, empecé a hablar con ella de Agustín… y fue como contarle un cuento nuevo, una historia extravagante e increíble que ella tenía miedo de interrumpir, hasta que llegué al final y ella se animó a preguntar: ¿Quién es Agustín? ¿Estás bien? Siempre fuiste hijo úni…

Toqué la nuca de la anciana… la acaricié con mis deditos.

Natalia… no te drogues, al menos puedes hacer eso por tu madre.

Y acerqué el cuchaello y degollatum. De aquí, a allá.

Otra línea.

Más sangrita.

Me he cobrado dos deseos absurdos.

Que no debieron ser.

Que no debieron existir.

Porque aquí, entre nos, sólo existe un creador…

Y sólo un destructor.

Entonces lo comprendí todo… y no, no estoy loco, tampoco estoy esquizofrénico. Eso sería un final desagradable. Todas las respuestas estan en ese pequeño diario que me dio un hombre llamado Ayer (QEPD), ese diario, que en este universo paralelo, tan sólo fue una fotografía de color sepia, el deseo interrumpido por mantener un hobby. Ese diario que jamás abriremos, porque ustedes, como yo, saben lo que dice adentro.

Uh… cabeza lele… me iráe a meme.

Un comentario hasta el momento ↓

#1 satril- esh el 02.12.05 a las 2:19 am

ok, and were you high?, or maybe you need to get high, or maybe i need to be high to undestand, or maybe I’m just stupid…. neta q a este no le entendi…… explain please

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