Entradas escritas en Enero, 2005 ↓
Enero 26, 2005 — Consumidor de Entretenimiento.
Escrito por Agustin Fest.
¿Qué es un secreto?, ¿Cuál su naturaleza? ¿Tiene el mismo valor de “secreto” si se cuenta a que si se guarda en el silencio? Algunas de las postales incluidas en esa bitácora son francamente perturbadoras.. apenas lo escribo y ya me estoy cuestionando acerca de la índole de ese temblor.
—Edilberto Aldan. Recuerdos Inútiles.
En alt1040, la Petite Claudine y en Recuerdos inútiles, postearon acerca de este sitio —PostSecret— que a los voyeurs nos puede entretener un par de horas.
El post de Aldán, en especial, me hizo pensar un poco en lo que estaba viendo: cuántos secretos, cuántas cosas que todos hemos hecho alguna vez. ¿El secreto deja de ser secreto, una vez que es develado? En este caso no, porque no conocemos la identidad del culpable, es lo que genera el morbo, la expectativa, el deseo de investigar: ¿Quién incitó el suicidio? ¿Quién es la persona que se clama como una vegetariana, cuándo no es así? Incluso, uno de los intereses del secreto es reconocer a la persona que lo está diciendo o de la que se está hablando. Es resolver el misterio para ponerlo sobre una tela de juicio, el nuestro y el colectivo.
Si algo nos gusta es conocer los secretos, y no conformes con ello, nos gusta mirar bien al culpable.
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Enero 25, 2005 — Fractal Chaos, Vida diaria, Video juegos.
Escrito por Agustin Fest.
Ese título ya lo había utilizado en algún post… si quisiera verme reflexivo, lo buscaría y haría una comparación entre lo que escribí en aquel entonces y lo que estoy escribiendo ahorita. Me tomaría un rato para hacer una comparación entre ambos textos, ambas anotaciones de blog, ambos experimentos li-te-ra-rios, ambos masijos de letras y me preguntaría: ¿Por qué? ¿Qué cambió en aquel entonces y qué hay de nuevo ahorita? ¿Por qué utilizo el mismo título dos veces? ¿Qué me provoca el título de “La misma vida”, como para reciclarlo? ¿Este será una continuación del anterior, será un reflejo retorcido o será un valor agregado? ¿O tan sólo “es”, cómo la bolsa de la Belleza Americana? La verdad, no habrá manera de saberlo hasta que busque ese post y lo relea, hasta que acabe de terminar este y de click donde dice “Publish”. Y entonces, sólo entonces, haría un viaje reflexivo mamonoide(TM), tan mágico como el ratón patinando sobre hielo, pensando en por qué… por qué “La misma vida”, por qué “La misma puta vida”.
A huevo.
Me conseguí el juego de Los Sims 2 y lo he jugado como si me lo fueran a borrar mañana. El sábado en la noche, después de despedirme de mi novia (quien, afortunadamente, descansará un rato de los viajes y se quedará un rato en Villahermosa, para el deleite de todos aquellos quienes gustan leerla), lo instalé en esta maquinita donde ahorita les escribo y me prometí: “Nada más lo voy a instalar y jugaré un momentito para calarlo”. Creé un nuevo Sim, con atributos físicos parecidos a los míos, lo hice sagitario y le metí aspiraciones de conocimiento… Ahhh, es que no saben, el nuevo Sims tiene algo llamado “deseos” y conforme le cumples los caprichitos, les mejoras el ánimo y tanta madre y media, para que tengas una vida estable y feliz. Un sim con aspiraciones de conocimiento, quiere saber todo lo habido y por haber. Al principio es muy sencillo y después, se vuelve un suplicio tratar de llegar al nivel 20 de limpieza, sólo porque el tipo “quiere saber”…
Esa noche de sábado, si… si cale el jueguito. Lo cale hasta que el tipo se convirtió en Inventor de una empresa farmacéutica y se casó con la mujer de otro, quien por cierto, estaba embarazada. La mujer en sí, llamada Begoña por el sistema del juego, tenía aspiraciones familiares. Así que gustosa se casó conmigo para tener a nuestro bebito, (bueno… SU BEBITO). Dejé de jugar ese personaje cuando envejeció, porque eso es lo nuevo también… ahora los Sims en-ve-je-cen. Pasando una cantidad determinada de días, se hacen viejos y tienen la opción de jubilarse, y después, de morirse, para que sus hijos continúen la hermosa historia. Evidentemente… en la tarde del domingo, eso me molestó sobremanera y dejé de jugar el juego. Habré descansado unas horas… porque si, como dice mi novia, con esa mierda uno piensa como Sim. Uno piensa, debo ir al baño, y aparece una pinche barrita que dice “Vejiga”, con unas flechitas en fast forward…
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Enero 21, 2005 — Ayer.
Escrito por Agustin Fest.
Han pasado dos meses desde que inicie mi relato, desde que empecé a escribir las palabras que tenía escondidas acerca de lo que realmente me sucedía día a día. Han pasado dos meses, aunque no se sienten como tal… soy un cliché, pero es así de simple: Han pasado años en esos meses y en el primer día, tan sólo era un chico aburrido de su trabajo, de su escuela, de su amiguita pa’ cojer y perder el tiempo. Tan sólo era un hombre que se inventó un espacio en internet para escribirlo, como si a alguien le interesara… incluso, si fuera un léctor de esas letras, se me ocurriría que existen por ese ocio tan inhumano, por esa robotización a que el chico está impuesto. Un chico aburrido de la vida, tratando de huír de una decadencia cuyo origen está en la muerte de su hermano y la aparición de un hombre que se hizo llamar Ayer.
Creí que Ayer me había enseñado a cambiar la realidad a mi antojo, a través de mis deseos. Una tarde-noche de trabajo, me visitó Geraldine porque se lo pedí —mi amiga pa’ cojer que mencioné allá arriba—, hice que su libreto para la obra apareciera, tan sólo formulándome un simple hubiera. Y después, oh después… ¿tengo que contarles lo que sucedió? No lo haría, si me recordaran… si recordaran que la llevé al baño y la desnudé frente al espejo, e hice que su cuerpo cambiara a través de antojos banales, si se achicaban sus senos y se agrandaban sus caderas, era porque yo lo deseaba. ¡Mierda! ¡Incluso creo que la convertí en una enana!
¿Ustedes se imaginan a Dios? Yo no, yo soy agnóstico. Mi condición requiere no imaginármelo, a Él, digo… pero ustedes, ¿entre ustedes hay un buen creyente? ¿hay alguien que sea capaz de soñarlo? ¿Ustedes saben cómo se sintió Dios al despertar? Hoy si, hoy me lo imagino como un niño que un buen día, abrió los ojos en medio de una oscuridad envolvente. Debió ser muy triste sentirse y no tener luz para mirarse el cuerpo, debió ser terrible sentirse y no verse así mismo, porque la luz no existía. Él flotaba en una inmensidad desgarradora, Él era un niño que deseaba olvidarlo. Olvidarla a ella. Olvidarte Geraldine. Olvidar que tu cabeza caía como un harapo, como ropa vieja, y tu mirada vacía. Olvidar a tus padres Geraldine, olvidarlos mirando la tele, olvidar a tu madre hablando un hubiera que nunca existió.
Cuando abrió los ojos debió gritar, llorar y gimotear tanto… y en esa inmensidad oscura, él había inventado el sonido. Muchos creen que primero se inventó la luz, pero no… debió ser el sonido, debió ser Su grito. Y cuando por fin, cerró la boca y dejó de temblar, dejó de estremecerse… había envejecido siete, o diez, o quince años. Ya no era tan niño. Era un niño grande que había inventado el sonido y después fue la luz, y después fue el universo, y tanta mierda como quieran imaginar… se despertó en él, Él…
En esa infancia tan oscura, descubrió que podía hacer ríos, árboles y macetas, y seres humanos del barro, y envejecía, a su ritmo, cada que creaba algo, cada que algo mencionaba su Nombre, Él envejecía, y sólo quedaba él, en ese grito oscuro. Se evadía en esa creación, necesitaba hacerlo para no caer de nuevo a la oscuridad, Dios mío, Bendita sea tu luz, pero envejecías… ¿y si hubiera? ¿Me están agarrando la idea? ¿Y si existiera el conocimiento, el lenguaje, la capacidad de preguntarse, el tiempo y su necesidad de arrastrar el pasado? Ess muss sein! Ja! Ess muss sein!, habría dicho Dios, aún con su trampa mítica del Árbol del Bien y el Mal, el Árbol de la Ciencia, el Árbol de los Mil Nombres. A través de mis deseos, yo puedo ser Dios, yo puedo ser todo lo que yo deseé, todos son lo que yo deseé y Ayer me dejó, confidente, el conocimiento para lograrlo. Ummmm… Así es, existes porque yo te hice a ti, porque todos nos hacemos con la sugerencia de hacernos, ¿entiendes?
Ayer me abandonó, hace dos meses y Geraldine esta muerta y no lo esta, desde hace dos meses… o tal vez menos, o tal vez más. Tengo que contarles en pasado el resto… si aún quieren escucharlo, tienen que saber lo que dice el diario que escribió Ayer, tienen que saber de Perez-Moldován, tienen que saber de Destino, tienen que saber de mi hermano, tienen que saber de las hermanas, de Ulises y de su madre que habla como si estuviesen vivos, tienen que saberlo todo, aunque estas letras… cuando estén terminadas, probablemente signifiquen mi muerte. Esta es la historia de Ayer, una historia tan cruel como el juego de los deseos que inventó Dios, al despertar.
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Enero 20, 2005 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Soy de esos tipos que no pueden soportar grupos de gente. En algún lugar donde haya más de tres personas, incluyéndome a mi, platicando… me quedo callado y en algún momento, estoy esperando a que todo termine para quedarme solo. O esperar una hora cerrada (no 9.07, no 3.43, no… tiene que ser 9.00 o 4.00, y si quiero retar mi espíritu supersticioso cabalístico, 3.30 [Aunque suena más interesante 3.33]).
Desde chiquillo soy así, cuando las reuniones se tornaban aburridas y se ponían a platicar, y no había esperanza de juegos o de pasarla bien o de saber de que demonios estaban hablando, tan sólo quería salir corriendo. Aún tengo el impulso de escapar a un parque, sentarme a lado de un indigente y mecerme adelante-atrás, como niño chiquito cuya hiperactividad ha sido controlada con ritalina. (No tanto así, pero soy famoso por exagerar las cosas).
Aunque también, debo admitir que la gente acaba con mi humor. La gente en general. Soy medio anarquista, medio sociópata (Paréntesis de esos que me gustan, gustan: me caga el término antisocial, porque ya lo usan todos los adolescentes desde que existe Daria, aunque no se den cuenta de su falta de “antisocialidad”) en ese sentido: No soporto grandes grupos de gente cuando no voy de humor para soportarlos. Cuando es un compromiso el presentarse, cuando es algo que debe de hacerse, entonces empiezo observando… es para aliviar mi tensión, el stress que significa estar entre un grupo de conocidos o desconocidos o muy desconocidos. Los observo y me aprendo sus ademanes, identifico sus tonos de voz, me los imagino en discusiones, contando un chiste o mintiendo y hago un collage de los movimientos de sus hombros, con como alzan las cejas y se limpian la nariz, al decir una frase determinada. Entonces, me hago una anotación mental (de esas que olvido), prometiéndome que utilizaré algo de eso para crear un personaje. Suena divertido, ¿no es así? Es un placebo delicioso para evadirse.
Sin embargo, si eres un neuras como yo… no dura mucho tiempo y las otras dos horas de reunión, lo siento amigo, tendremos que chutárnoslas solitos.
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Tags: antisocial, escuchar, neurosis, observar, personajes, platicar
Enero 18, 2005 — Consumidor de Entretenimiento.
Escrito por Agustin Fest.
Uno de mis ejercicios para escribir diario y ser “prolífico”, independientemente de la calidad, es observar algo, construir una frase y de ahí, elaborar—desarrollar—de/const/(r)ruir.
Eso también me pasa con los blogs que leo, con el análisis maquiavélico que hago con respecto a la “blogósfera” y las relaciones entre uno y otro blogger (o bitacorero, para ustedes, puristas… we love you [Tema para un post, ¿quién se anima?]). Por supuesto, también sucede con mis lecturas, con cada uno de los separadores en los libros que tengo pendientes y me doy cuenta que aún no he madurado lo suficiente su lectura, y me prometo retomarlos en algún momento. Me sucede con mi celular, con la ventana escondida entre persianas y el clarooscuro que hace el sol a cada hora, con las dos campanas de cd’s que tengo enfrente y con una webcam que siempre me observa, (sólo la prendo cuando mi novia está lejos y se conecta). Claro, el proceso inicia automáticamente —también—, cuando alguien dice una frase curiosa, así como los lingüístas entrenan su cerebro para escuchar como el hablante modifica el lenguaje para lograr una mejor comunicación, aunque lo deforme de una manera grotesca y efectiva… así he entrenado a mi cerebro para escuchar voces que pueden mover alguna fibra sensible, que pueden alzar una sonrisa burlesca y en ocasiones, raras, sincera… esa frase que se convierte en una oración, en una sentencia y más tarde, si tengo suerte, en una reflexión o un cuento, o en una novela que no terminaré porque toda ella se escribe en mi cabeza.
Seguro que eso nos sucede a todos, vivimos el día buscando una frase. Si mantenemos una de estas cositas, como hobby o como un “trabajo alterno” para “enriquecer nuestras vidas” o “desahogar nuestros más oscuros sentimientos”, un blog o un cuaderno a lado de la cama o un cuadernito de notas guardado, pulcramente, en el bolsillo de la camisa, esperamos el momento preciso para sacarlo todo, para construir con palabras nuestra obra maestra. Si somos descuidados, y no tenemos a la mano una computadora o el cuaderno de… nos lo quedamos en la cabeza, lo reflexionamos y después, si el proceso mental fue mucho, lo escupimos. Si uno es obsesivo con esas cosas, se sentirá tan rico como después de defecar, u orinar toda la cerveza del viernes.
Que rico es escribir.
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Enero 17, 2005 — General.
Escrito por Agustin Fest.
So, sigo peleándome con la mudanza… lo siento, lo siento, ya me pondré a escribir como es debido, lo prometo. Pero hasta que no esten todos, no puedo estar agusto en mi nueva casa. Además que a esto le falta diseño, me falta documentarme en los tags de WordPress (y aprender algo de php, para no andar a ciegas) y la cuestión de las fechas (creo, maese Weymaster, que es directo en los archivos de WordPress… déjeme investigar bien eso, no he tenido tiempo, je).
Antes de seguir con el Árbol… he estado trabajando los otros blogs que vivían en mexsa: Yushe, Jorge, Cypher y Arturo. Sin embargo… ha sido un poco problemático, en especial por el spam que tiene La Choza Chueca (15,000 comentarios de Spam, de alguna manera, hoy logré que fueran 7,500 nada más). La cosa es que no puedo recuperar los archivos (en una parte porque el MT es una vomitada de perro y en parte, porque la base de datos donde tenía el blog se atonta con 7,500 comentarios de spam).
Respecto a Big Blogger, aún no he recibido ningún aviso de Axel… así que, probablemente se aplace hasta febrero. Que en sí, Big Blogger ya está activo, el espacio existe, ya todo esta instalado. Tan sólo es cosa de invitar de nuevo a los big bloggeros, crear algunas plantillas y estaríamos en línea. Cosa que se hace en un fin de semana. Nada más estoy esperando diseño.
Respecto al Árbol, me faltan cambiar los permalinks de los archivos del 2003 en adelante, subir las imágenes de los posts al nuevo servidor, crear las plantillas de información (que estoy pensando un método sucio y barato para hacerlo) y también me falta crear el menú lateral.
Sin embargo, estoy contento.
Hay problemas en casa, hay problemas financieros, hay problemas de falta de creatividad, hay problemas en el mundo blogger-literario, cada vez somos más en el mundo. El petróleo se está acabando, se ha extinguido un tercio de la variedad de reptiles que hay en el planeta y la Tierra, cada día hace un mejor honor a su nombre al secarse un poquito cada día. Toutatis, Hergolubus (uhhh, o como se llame) y el Asteroide X342 no necesitan acabarlo con todo, nos tenemos a nosotros solitos.
Si pienso demasiado, como siempre, me pongo neuras.
Quisiera desahogarme, pero hoy no. Sencillamente, es uno de esos días donde quisiera despertar y darme cuenta que mi vida es una broma hipercúbica.
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Enero 13, 2005 — Literatura.
Escrito por Agustin Fest.
Este poema ya lo había posteado, alguna vez…
pero me encantó y quise traducirlo como un ejercicio.
Cactos
Matthew Sweeney
Traducción: Agustín Fest
Después que ella se fue compró otro cacto
como aquél que ella le había comprado
en el aeropuerto de Marrakech. Lo buscó
en todo Londres, y después, en Camden,
en medio de hordas de parejitas
que inundaban el mercado, lo encontró,
lo compró, y lo llevó a casa junto al de ella.
La siguiente semana regresó por otro,
y por otro más. Le convencieron en comprar
otros tipos, unos muy brillantes y rojos —
como la sonrisa de la vendedora,
la cual no había notado. Se compró una alfombra,
color arena, para la sala,
y pasó una semana pintando
las paredes de beige, el techo de azúl pálido.
Hizo que su vieja sala negra, la retapizaran
de ocre, y se recostaba en el sillón
cubierto de una chelaba café, con los cactos alrededor,
y la música Árabe prendida. Si ella regresara,
pensó, se sentiría en casa.
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