Que bonito es lo bonito

Uno de mis ejercicios para escribir diario y ser “prolífico”, independientemente de la calidad, es observar algo, construir una frase y de ahí, elaborar—desarrollar—de/const/(r)ruir.

Eso también me pasa con los blogs que leo, con el análisis maquiavélico que hago con respecto a la “blogósfera” y las relaciones entre uno y otro blogger (o bitacorero, para ustedes, puristas… we love you [Tema para un post, ¿quién se anima?]). Por supuesto, también sucede con mis lecturas, con cada uno de los separadores en los libros que tengo pendientes y me doy cuenta que aún no he madurado lo suficiente su lectura, y me prometo retomarlos en algún momento. Me sucede con mi celular, con la ventana escondida entre persianas y el clarooscuro que hace el sol a cada hora, con las dos campanas de cd’s que tengo enfrente y con una webcam que siempre me observa, (sólo la prendo cuando mi novia está lejos y se conecta). Claro, el proceso inicia automáticamente —también—, cuando alguien dice una frase curiosa, así como los lingüístas entrenan su cerebro para escuchar como el hablante modifica el lenguaje para lograr una mejor comunicación, aunque lo deforme de una manera grotesca y efectiva… así he entrenado a mi cerebro para escuchar voces que pueden mover alguna fibra sensible, que pueden alzar una sonrisa burlesca y en ocasiones, raras, sincera… esa frase que se convierte en una oración, en una sentencia y más tarde, si tengo suerte, en una reflexión o un cuento, o en una novela que no terminaré porque toda ella se escribe en mi cabeza.

Seguro que eso nos sucede a todos, vivimos el día buscando una frase. Si mantenemos una de estas cositas, como hobby o como un “trabajo alterno” para “enriquecer nuestras vidas” o “desahogar nuestros más oscuros sentimientos”, un blog o un cuaderno a lado de la cama o un cuadernito de notas guardado, pulcramente, en el bolsillo de la camisa, esperamos el momento preciso para sacarlo todo, para construir con palabras nuestra obra maestra. Si somos descuidados, y no tenemos a la mano una computadora o el cuaderno de… nos lo quedamos en la cabeza, lo reflexionamos y después, si el proceso mental fue mucho, lo escupimos. Si uno es obsesivo con esas cosas, se sentirá tan rico como después de defecar, u orinar toda la cerveza del viernes.

Que rico es escribir.

3 comentarios ↓

#1 Bernavé a secas el 01.18.05 a las 7:49 pm

Me tranquiliza saber que no era el único =).

Saludos.

#2 anaita el 01.20.05 a las 4:06 pm

Arbolito, te quiero.

Fin

#3 EConde el 01.20.05 a las 8:51 pm

Me pasó el dia buscando algo que valga la pena para escribir. A veces llegan buenas cosas… aunque la verdad, la mayoria del tiempo termino escribiendo de cualquier cosa.

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