VIII

Noviembre 18, 2004

Ha pasado el tiempo y Geraldine no se ha comunicado conmigo, raro en ella… si siempre está llamando para contar cualquier nimiedad que se le ocurra en el momento. No quiero llamarle, no aún. Cuando terminamos aquella noche, deseé que su aspecto fuera como antes y ella conserva el recuerdo de esa noche como una de tantas más; una donde no sabemos como, pero acabamos con las piernas entrelazadas y el cuerpo mordido.

Meditando, descubrí algo: Puedo hacer que Geraldine o cualquier otra mujer sea lo que yo deseé, y por tanto… ¿de qué me sirve el deseo si puedo hacerlo realidad? Tenerlo a mi antojo, cuándo quiera y dónde quiera. Es cuestión de utilizar este nuevo poder y desear, desear, desear. Los límites son impuestos por mi imaginación y mis ambiciones. ¿Cierto?

Extraño a Geraldine, la de siempre… no la que quiero, no la que yo deseo.


Noviembre 19, 2004

Tengo miedo de desear y que todo se haga como yo lo quiero. Tengo miedo de no poseer ningún control en ello. Tengo miedo porque soñé a Ayer, tenía un tapabocas y sus ojos se veían rojos, enfermos. En sus brazos, cargaba a Geraldine muerta.

Cerca

Qué imbécil, tengo el poder de cambiar todo y tengo miedo de utilizarlo. Algunos le llamarían madurez.


Noviembre 21, 2004

Esperé tener mucho trabajo esta semana, pero no ha caído ningún proyecto. Sigo con el proyecto anterior, pero no sabré de él hasta el lunes o martes, sólo se que el director del comercial dijo que no teníamos el casting, pero que ibamos bien. Yo entendería si hubiéramos presentado a veinte personas eso de ir bien, pero no… el video tenía a cien. Cien personas y ninguna de ellas le gusta.

No es bueno quedarse con un proyecto, ya quiero otro, ya quiero el que sigue. No tener trabajo me pone los pelos de punta, porque empezaré a utilizar el dinero que está en la cuenta y eso, básicamente, lo tengo contado.

¿A quién quiero engañar? La verdad es que quisiera tener trabajo como una distracción. He terminado los deberes escolares a tiempo. En tan sólo unas horas, me leí uno de los libros que tenía pendientes y preparé unas preguntas a manera de examen por si este llegara a ocurrir. Si me preguntaran en este momento acerca de la Reina Elizabeth y la dinastía Tudor en la historia de los ingleses, podría darles un fascinante tour hablado, con ademanes ensayados y efectos visuales preparados.

El ocio también es la madre del conocimiento.

Llamé a casa de Geraldine pero nadie contestó, he pasado por su departamento y las luces estaban apagadas. ¿Habrán salido de viaje? Decidí caminar por la colonia, llegué a una glorieta y me senté un rato, a mirar la fuente apagada. Se estaba haciendo de noche y el agua estaba reflejando el sol que se escondía ya, detrás de un edificio. Un drogadicto indigente estaba a unas bancas de distancia, lo miré un rato… se puso a saltar y después empezó a jadear. Volteó y me miró a los ojos, me señaló y se echó a reír. Es la segunda vez que me pasa eso de que un drogadicto indigente me señale y se ría. Me pregunto, en un estilo de morbo, ¿qué ven en mi para reírse? ¿O se reirán de todos nosotros, en general?

—No lo sé, yo también me pregunto lo mismo —dijo Ayer. Otra de sus apariciones oportunas. Alcé mi vista y lo miré: llevaba una chamarra café de esas gruesas para el frío, una bufanda, un gorro y un tapabocas. Se veía cómico, no evité la sonrisa—. Se acerca el invierno, y es en invierno cuando me da más frío. Estoy enfermo…

—Me imagino.

—Voy a morir.

—¿Por un resfriado?

—No… pero moriré de todos modos —Ayer se sentó en la banca—. Ya se está cumpliendo este ciclo. No tardo.

Suspiré.

—¿Y qué te puedo decir, si apenas te conozco?

—¿Eso le dirías a tu hermano si vieras su fantasma?

—Lo más seguro —respondí secamente, no quería dejar ninguna duda—. ¿Eres el fantasma de mi hermano? ¿Quién o qué eres tú?

Ayer se quedó callado, se recargó en la banca. Fue el silencio el que me hizo escuchar su respiración flemática, sus jadeos escondidos por el tapabocas, sus ojos enrojecidos que perdieron brillo a medida que el sol se escondió completamente. No era ningún fantasma, a menos que ellos tuvieran que morir de nuevo.

—Ya te dije que somos lo mismo —dijo Ayer—. Yo también puedo cambiar el presente y hacerlo distinto, por medio de mis deseos. La cosa está en que tú y yo, no somos los únicos. ¿Te divertiste jugando con Geraldine?

Me recargué y prendí un cigarrillo.

—Si.

—Pues ya sabes cómo puedes cambiar las cosas. Ya conoces la facilidad que esto representa. Pero hay algunos de nosotros que no les gusta el cambio y lo erradican, lo eliminan a toda costa. ¿Te has puesto a desear la paz mundial? ¿Traer de nuevo el paraíso a la tierra y crear una utopia? ¿Por qué crees que no se materializa de la noche a la mañana? Lo has contemplado y sabes, de alguna manera, que no es sencillo porque hay una fuerza contraria que no lo desea.

—No tanto como la paz mundial… —sonreí—. Sigo siendo un poco egoísta.

Ayer se echó a reír.

—Debo irme, no nos volveremos a ver —dijo Ayer—. Y parece que ella no vendrá de nuevo. Esta era nuestra despedida… caray.

Me encogí de hombros—. Tal vez no le veía futuro a la relación, ¿sabes? Estas muriendo.

—Tan seco como siempre. Algún día aprenderás a llorar la muerte y aceptarla —dijo él, pero no había ningún rencor en su voz. Tal vez, compasión. Buscó en uno de los bolsillos de su chamarra y sacó un pequeño libro—. Este es mi diario, te lo regalo.

Me lo dio, medio lo hojeé. Ayer se levantó y se fue, con las manos en los bolsillos y el rostro alzado. Me dio un poco de tristeza. Yo hice lo mismo, me levanté y fui a casa de Geraldine… la risa del drogo me acompañó, cada vez más tenue, mientras me alejaba de la glorieta. Cuando llegué, vi que las luces estaban prendidas… mejor me fui a casa, le llamaría mañana. Tal vez podría olvidar todo lo sucedido: no más muertos en la memoria, no más deseos… una vida tranquila. Eso es lo que quiero.

3 comentarios ↓

#1 Magda el 11.21.04 a las 8:12 pm

Uf!! Qué excelente tu relato.

¿Una vida tranquila? Sí, es lo más valioso que podemos tener. Sin embargo, la tranquilidad que da el que no importe si al llegar están o no están las luces encendidas de nuestro deseo, no es tranquilidad… Creo que más vale no tener tanta tranquilidad y sentir que la sangre se agolpa de pronto.

Un beso.

TT: Una montaña rusa de emociones? Si, yo estoy encantado con la mía, aunque a veces reniego de ella… Pronto descubriremos cuál es la montaña rusa de Hoy, que niega tanto en aceptar.

[Responder]

#2 ruru el 11.22.04 a las 6:45 am

al fin y al cabo , si es tranquila uno se aburre, no se porque , pero es asi , si es demasiado movida uno se agobia , pero … ah !! amigo !! pero , la prefiero estilo montañaa rusa…asi consigues sentir la sangre en tus venas,,, el dolor en tu pecho la risa en tu boca, etccc, solo se vive una vez !!! solo q a veces uno esta cansado y ve vidas ajenas q parecen tranquilas y las envivdia pero solo por un rato ,,, prefiero la mia llena de sobresaltos , jeje cuidate,,,,mucho , besos

TT: jajajaja, todos ya nos volvimos adictos a nuestra montaña rusa personal, nomás que no nos la muevan mucho, que saltamos ;)

[Responder]

#3 aldan el 11.22.04 a las 10:56 am

“Qué imbécil, tengo el poder de cambiar todo y tengo miedo de utilizarlo. Algunos le llamarían madurez”

¿Para qué el poder? ¿madurez? Con un gran poder viene una gran responsabilidad, hace decir a Ben el tío el buen Stan Lee. La oportunidad: el tigre aparece para que Baudelaire lo cite, mientras que a José Emilio el gato se le aparece para tener la oportunidad de citar a Baudelaire. A Wilde la oportunidad le parece la ocasión para reflexionar acerca de lo que deseamos, algo similar a lo que nos recuerda Santa Teresa y que más tarde emplearía Truman Capote para titular su novela inacabada: “más lágrimas se han derramado por las plegarias atendidas que por las no escuchadas”

Y sí mi buen Tsef, sí somos capaces de hacer que una mujer sea lo que uno deseé, para inmediatamente arrepentirnos, o bien, escribir un comentario como éste. Un abrazo

TT: Ya veremos como le resulta a Hoy arrepentirse… en la noche escribo.

[Responder]

Deja un comentario