Discordia en Pasteland.

—Y cuando llegué y me asomé por la ventana, vi sus botas negras y su abrigo en el sillón. La puerta de su recámara estaba apagada. ¿Puedes creer que me cambie por ese viejo iletrado? ¿Por ese viejo vulgar? —dijo el conejo de Pascua mientras roía una zanahoria, sus ojos rojos denotaban cuan enojado estaba—. ¿Puedes creerlo Jesús?

—Dios es Amor —respondió Jesús, encogiéndose de hombros.

—El hada madrina me dijo que me quería a mi, sobre todas las cosas. Todos los días iba a recitarle a Neruda o a Bennedetti y sus alas se tornaban carmín, a veces bermellón. Ella me dijo que me quería. Por ese viejo iletrado y vulgar. Se dice un caballero, pero es el misógino mentiroso más grande de la historia. ¿Cómo crees que deba proceder?

—Dios es Amor —respondió Jesús, gravemente.

—Hablando de amor, ella me acarició la colita y detrás de las orejas. ¿Sabes lo importante que es para un conejo ese sencillo acto de amor? ¿Y si no era amor, y tan sólo era cariño? Jesús… Jesús… no sé que pasó. Cuando vi sus botas negras y lustradas, su abrigo en el asiento, la luz de la recámara apagada… se me rompió el corazón, y un intenso deseo de romperle el pescuezo al Hada Madrina inundó mi alma. Me fui lo más lejos, lo más rápido que pude, no quería saber nada más porque tenía miedo de lo que pudiera hacer. Ahora estoy tranquilo…

—Dios es Amor.

—…he pensado más las cosas. Lo he aterrizado. No vale la pena hacer un drama por ese barbón vulgar, iletrado viejo, como lo odio a Santa Claus. No, no vale. Pero ella sí, merece morir de la manera más terrible: He comprado una escopeta, mi señor Jesús. Le destrozaré el cuerpo que es lo que más quiere y después, me mataré yo. Es un viejo recurso, lo sé… es lo más cursi e idiota que puede hacer un conejo como yo, también lo sé… pero es el único camino a seguir. Gracias por escucharme. Espero que ya no nos veamos por ahí, deséame suerte.

Jesús miró al Conejo de Pascua alzar su escopeta y ponérsela a los hombros. Lo miró partir con los ojos lejanos, un tanto vacíos. Sus ojos que se secaban mientras el sol caía. Y cuando terminó el espectáculo de su Padre… entonces, Jesús, un poco travieso, dibujó lentamente una sonrisa en su rostro barbón y sabio.

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3 comentarios ↓

#1 Mytho el 10.21.04 a las 8:44 pm

Esto promete, de que promete promete,,,

Espero que tenga la misma profundidad filosófica que un anillo en la uña de un Ñu

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#2 Diva el 10.22.04 a las 10:05 am

Muchas gracias por tu mensaje. Me encantó el relato discordante, jajaja. Muchos oxoxoxo para usted Maese.

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#3 Xihuitl el 10.22.04 a las 12:21 pm

Pero cómo que intentas ser escritor. Con escritos como este, ya lo eres.

Saludos

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