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Los cuervos
en su frenética búsqueda por los tres puntos,
acudieron a Mamá Cuerva, francamente desesperados.

Mamá Cuerva, un poco asustada, despertó de su letargo.
-Es cierto, ya no tenemos tres puntos -dijo, un poco dudosa-.
Es hora de hablar con los de sombrero y ojos de botones,
que tanto nos odian. Esperen aquí, regresaré mañana
al amanecer.

Mamá Cuerva fue con los espantapájaros y les pidió,
que donaran tres de sus botones a la causa.

Los espantapájaros, ruínes como eran, pidieron algo
a Mamá Cuerva, que es demasiado asqueroso
como para publicar aquí.

Y Mamá Cuerva accedió -todo por sus chiquitos- además
que sus marchitas alas pedían un poco de cariño.

Mamá Cuerva regresó al amanecer, con diez mil botones
y una gran sonrisa en la cara.

Nunca se es demasiado viejo.

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