Entradas escritas en Septiembre, 2004 ↓

35

Los cuervos…
no tienen buen sabor.

Los he cocinado de diversas maneras,
y aún así… siguen sabiendo a mierda.

Me dicen, los que saben, que los cuervos
antes de morir, liberan una toxina
que los hace altamente adictivos,
pero con un sabor terrible.

No lo sé…
yo sé que estoy cocinando a mi cuervo
número
35.

Escribir no es tan importante

—¿Por qué?

—Porque Onetti trataba a la literatura como a una amante: la veía y la trataba cuando tenía ganas; en cambio, Vargas Llosa tenía una relación laboral como si mantuviera un matrimonio conservador con ella, escribía todas las mañanas. Este es un contraste que también podía ser una exageración, tal vez Vargas Llosa no era tan rutinario como parecía y tampoco Onetti fuera un amante tan desamorado. Eso, que aparentemente los separaba, tuvo sin embargo, un punto de unión.

Mesa redonda: Juan Carlos Onetti

Me serví un café, llevo un rato pensando en qué escribir el día de hoy… he hecho de la escritura del weblog un trabajo constante y no he posteado últimamente, marcando una diferencia con el mes pasado que fue hasta eso “rico” o “más extenso”. No sé. Eso no es malo, pero tampoco es bueno. Sencillamente diferente (a huevo, algún escritorsucho de autoayuda ambigua me ha de estar envidiando). Sé que lo de Cristina me afectó a niveles inconscientes que aún no alcanzo a comprender… no sé como, ni que tanto, pero por eso no he podido escribir ultimamente.

No me siento cómodo escribiendo. Las historias pendientes se aparecen como flashazos y desaparecen. No es un bloqueo, es algo distinto. Tal vez un hartazgo. No hay nada interesante en los sucesos del diario, me he mantenido al margen como un tercer ojo de mi vida… soy un ojo dormido. No hay ningún afán de desarrollar más allá de lo que mis ojos presentan: ni vida, ni amor, ni muerte, ni lujuria, ni jugueteo, ni coqueteo, ni odio, ni remordimiento…

bah, no hay nada.

Inclusive he pensado en cerrar el blog y esperar a que vengan tiempos mejores, en cuanto a las letras se refiere. Solito retomar el gusto de poner una vocal después de una consonante, o permitir que se arme un diptongo o cambiar del acento local al argentino, sin ningún empacho de mi parte. Si, eso he pensado… pero la única regla firme de este weblog es que si ha de cerrarse, se haría definitivamente. Mientras tanto, puedo escribir sobre este letargo que se ha apoderado de mi mente… uno que no comprendo. No me parece interesante analizarlo. No me es fascinante, ni siquiera… horrible/terrible. Como sea.

Han sucedido muchas cosas… he tenido una plática con uno de mis profesores, uno de los más influyentes. Platicamos acerca de mis cuentos. Me dio opiniones que debiera escribir aquí, para no olvidarlas o para compartirlas con aquellos jóvenes que también sueñan con la vida bohemia, atormentada, mágica, espectaculosa del escritor.

Vino Sol este fin de semana, la pasamos muy bien. Como siempre… ya la extraño.

Y me estoy riendo, mientras escucho el programa de radio de Palabras Malditas. Lástima que el señor locutor abandonará el programa de los lunes durante un mes… es muy bueno, al menos el del día de hoy. No lo había escuchado antes.

No hay más que decir.

Las líneas del metro.

Rodolfo pensó suicidarse, mientras se excedía la línea de seguridad unos centímetros. Se dejaría caer en el metro. Lo haría, pensó, tirándose como cuando no importa nada, como cuando se toma una resolución importante en medio segundo: haciéndolo y ya. Rodolfo pensó en suicidarse, dejándose caer a las líneas del Metro. Si no lo mataba la electricidad, pensó, le mataría la velocidad del monstruo naranja. Se arrastraría, su cuerpo deshecho, por las piedras esas negras que le ponen al tunel. Entre esas piedras, pensó, ha visto visto pequeños ratones correr por aquí y por allá. Hasta cucarachas ha visto, pensó Rodolfo, comiéndose los restos de azúcar de alguna envoltura acaramelada. Rodolfo pensó que sería buen detalle hacer una pose de bailarín de ballet antes que le pegara el primer vagón, pensó que haría reír a toda la gente que esperaba como él su orange limousine. Rodolfo también pensó que podría arrepentirse en el último instante y que sería, lamentablemente, demasiado tarde, pero estaría contento de verse en el Limbo donde están los no bautizados como él, les diría de como pensó suicidarse y de como engañó los trámites celestiales. —Me suicidé —les diría, con una copita de vino—, pero Dios no contó con que no estuviera bautizado. Y reirían, y Rodolfo estaría contento al haber expuesto sus pensamientos amarillos. Se sonreía en voz alta, se sentía muy listo imaginando su suicidio, unos centímetros excedidos por las líneas amarillas de seguridad que separaban a la felicidad, de la vida.

El himno de Cædmon.

Now shall we praise the heavenly kingdom’s Guardian,
the Creator’s ability and his wisdom,
work of the glorious Father, so he wonder each,
eternal Lord,origins created.
He first created the earth for the children
Heaven as a roof, holy Creator;
then the earth mankind’s Guardian,
eternal Lord afterwards created
for men as earth, Lord almighty.

En el inicio Cædmon cantó este poema.

Luna, lunita.

—Levanten la mano todos aquellos que se han enamorado de alguien imposible. Les queremos recomendar… —¡Alguien que no los pela! —Les queremos recomendar que si no los pelan, luchen por favor! luchen por ese amor… al fin que jamás los van a pelar. Esta canción es una canción, que hoy en especial se la queremos dedicar a todas las mujeres que son presta pronto y sabadaba. —También a las que no son presta pronto y sabadaba… —No no no, como no… esto es luna misteriosa.

Botellita de Jerez, Luna Misteriosa (en vivo).

:T:

Esta semana estamos llenos de trabajo. Misteriosamente, como suele suceder en Casting, hay cinco proyectos esta semana (cuando la semana pasada había uno) y la mayoría requieren una solución para el viernes (o el lunes, a más tardar). Como me encanta este trabajo, me cae que si. ¿Y qué más hay? Unas cuantas tareas, unas cuantas lecturas. Una escuela relax y la vida también. Hoy me levanté como niño chiquito, tempras, con un día nublado… como aquellos días en que te levantabas temprano y sorprendías a tu abuela haciendo el desayuno o el quehacer, y se quedaban en silencio. Esos días como me gustaban, me traían tranquilo y amodorrado.

Cuarto para las once, no tardan en sonar los seis teléfonos que tenemos en la oficina. No tarda en llegar el tropel de modelos, pidiendo su turno para entrar a los castings. Este cigarrito que me fumo y el segundo café de desayuno. Hoy no hay vida futura, tan sólo un justo descanso y preparar, minuto a minuto, lo que se ofrezca. No hay lucha importante el día de hoy. Ningún Teseo y ningún Asterión, todos los fuegos el fuego. Y Sancho, a medida que voy leyendo, está igual o más loco que el Caballero de la Triste Figura al que acompaña. Beethoven a mis espaldas.

Chocolate mira la luna, nada más. No hay nada que contar, sólo que todo va.

Alunizaje

El viejo Lotario tomaba un café y jugaba dominó con el viejo Anselmo y con el viejo Fermín y con el viejo Agustín (que sólo observaba porque sufría de artritis) y con el viejo Ezequías. Tomaban café, con un poquito de licor, y jugaban dominó. Una excusa para fumarse el cigarrito y platicar de los tiempos de antaño, temían que pronto se verían platicando de las bondades que tenía el otro antes de pasar a mejor vida.

El café estaba vacío, de no ser por ellos y una pareja de jovencitos que guardaban una esquina apartada. La mesera les llevaba la dósis cafeínica, sin parar, con su poquito de licor o tal vez menos, o tal vez nada. Ya les conocía, como vecinos, y porque alguna veces les escuchaba hablar o les permitía que le halagaran con las palabras que sólo saben los ancianos.

Cuando la miraban alejarse por el rabillo del ojo, Fermín decía—: Se ha de portar tan linda conmigo, porque ha de pensar que ya no se me para.

—¡Levanten la mano —exclamó alegre Lotario—, los qué piensen que Fermín habla por si mismo!

Todos los viejos, excepto Fermín, levantaron la mano acompañándolo con una estruendosa carcajada y después, siguieron revolviendo el dominó. Agustín, cuan callado era, tan sólo observó como se repartieron las piezas y se fumó su cigarrito cubano, buscando que decir para romper el silencio y después se le olvidó que quería romper el silencio de las piezas de dominó chocantes. Siguey leyendo →

Los condenaditos, versión live

Ayer no podía dormir, tan no podía dormir que me encontraba a las cinco de la mañana, aún pensando, bostezando, dando vueltas en la cama, creando telarañas invisibles con mis dedos, pensando, parpadeando a ver si así mi cuerpo se cansaba, pensando pendejadas. Si, eso hacía. Nada nuevo. El proceso para conciliar el sueño, hoy se valió de leer dos capítulos del Quijote, después bajar y ver una película, releer un poco algunos pendientes y subir de nuevo, a ver si eso me relajaba. Ni madres, o bien, en terminos menos coloquiales: Sirvió para un carajo.

Pensaba en eso de “Vivir el momento”, en aquellas personas que lo dicen y lo repiten y tal vez, hasta lo viven. Es el consejo de los tiempos modernos, ese “Vivir el momento”, quédate con el presente hasta que te mueras y disfrútalo. ¿Se puede? ¿Hay gente contenta, viviendo continuamente el día a día, disfrutándolo, contemplándolo y aprovechándolo? Y en mis pensamientos, busco a las personas que lo han aconsejado o dicho y rara vez, hay una congruencia entre ambas cosas. Muchas veces, se vive el presente porque no hay de otra, porque hay que seguirle en la luchita. ¿Y mañana qué? Pues no importa mucho, no sabemos si mañana moriremos o si hoy en la noche se arruinan los planes de cinco años… así que bienvenido presente, eres nuestro consuelo.

¿Habrá gente que aprecie cada minuto de su existencia? ¿Qué se sonría —tiernamente— si alguna vez llega a leer mi ingenuidad? ¿Habrá gente que haya llegado a tal estado espiritual/mental que pueda enterrar un pasado y dejar al futuro, hacer y pasar? ¿Habrá gente que no se conforme con un: pues nomás vivir y ya, no hay de otra, luchita luchita? Ah, no lo sé. No sé si yo quiero ser uno de esos o si, de alguna manera curiosa, me he transformado ya en uno de esos. Tal vez de eso se trata vivir el día a día, de lo mucho que estoy pensando y el tiempo se me va, mientras estoy sentado, bebiéndome un café, mirando al frente, cumpliendo mis trámites karmáticos y legales.

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