Entradas escritas en Septiembre, 2004 ↓
Septiembre 23, 2004 — Dialogo.
Escrito por Agustin Fest.
—Me da un miedo genuino… Después de tantos hijos que tuve, ninguno de ellos me habla, ninguno de ellos me busca. ¿Sabes lo qué es eso? Seré olvidado, incinerado y tirado en los polvos de alguna construcción. Nadie echará tierra a mi tumba, un escupitajo por lo menos. Seré el recuerdo en blanco de todos mis nietos, la línea genealógica donde los signos de interrogación estén subrayados. ¿Si sabes? ¿Te lo imaginas? Yo pensaba que llegaría a la trascendencia, que de alguna manera mi nombre quedaría grabado. Tan soberbio y tan vano, es lo único que dirán de mi si alguna vez me encuentran. Ya no hay nada, ni siquiera un amante que me sirva de enfermera y no entiendo que haces tú aquí, escuchándome solamente, mirándome sin comprenderme un poco. ¿Qué estás escudriñando?
—Me estoy divirtiendo un poco, escuchándote nada más.
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Septiembre 22, 2004 — divier-tt.
Escrito por Agustin Fest.
Hay algo peor que despertarse y mirar en el reflejo del espejo el rostro de George W. Bush
Despertar y descubrir que llevas botas, jeans y un cinturón con una hebilla que diga FOX.
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Septiembre 22, 2004 — Logs varios.
Escrito por Agustin Fest.
F. dice:
te mande un mail
Tsef Thaed dice:
lo acabo de recibir
F. dice:
ya viste??
eeeh tengo gmail
:sonrisota:
eeehh
Tsef Thaed dice:
a poco me lo mandaste desde gmail?
por qué no me lo pediste a mi?
F. dice:
por ke yo no sabia ke tienes gmail
GRACIAS
de todas formas, mi amoroso novio me lo dio
Tsef Thaed dice:
si?
y qué más te da tu novio?
F. dice:
sexo
Tsef Thaed dice:
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Septiembre 22, 2004 — Critica a mi mismo.
Escrito por Agustin Fest.
Eso dice una canción de Gorillaz. Esto es algo de lo que he querido escribir, el método progresivo del Árbol de los Mil Nombres… de ser un perfecto desconocido, al día siguiente ya soy toda una luminaria de cinco minutos. Gente que me lee, gente a la que influyo en sus escritos, gente que me utiliza para elaborar una idea que yo dejé a medias. Eso era algo que me esperaba, a largo plazo, pero no sabía que tanto me cambiaría. Ya no me siento agusto escribiendo porque a veces, siento que esperan algo de mi y eso está mal. Claro, ese es un punto básico de todos los bloggeros: “Escribe lo que se te dé en gana y ya”.
De repente, ya hay mucha gente que quiere saber quien soy yo y que tanto de lo que escribo es cierto o no lo es. Que tanto oculto. Que tanto he vivido en experiencia propia y que tanto es ficción a la Sartre de aquél que juega al “quiero ser”.
Sin embargo, es algo que sucede en cada uno de nosotros eventualmente… si es que logramos despegar en la comunidad, si es que traspasamos el límite (algo que deseamos secretamente): “Me leen familiares, amigos, conocidos y uno que otro bloggero”. ¿Qué pasa cuando se rompe ese limite y de repente, una gran cantidad de desconocidos quieren saber todo de ti? ¿Qué sucede cuando buscan tus consejos, tus palabras y además… se atreven a desafiarlas? ¿Qué sucede cuándo estos eran casos aislados y de un día a otro, se convierten en el pan de cada día?
No lo sé… supongo que me pondré bien neuras y acabaré por borrar todo lo escrito.
Pero no creo.
Creo que me dan ganas de aceptar mis cinco minutos de fama y sentirme griego, a la Big Brother. Ya solito se dirá si tengo el temple para aguantar tantos ojos, desafíos y comentarios.
¿Sabían que eso es algo que adquirimos por el catolicismo / cristianismo? ¿La culpa de sentirnos famosos? ¿La culpa por sentir que destacamos? ¿La responsabilidad de estar abajo con los demás? Eso es un rasgo que nos heredó la religión. Los griegos no tenían ningún empacho en sentirse famosos. Si eras grande, debías ser grande. No habían mamadas como: “La popularidad no me va a cambiar”. Ni madres. Su nombre debía estar en boca de todos, ya sea profanando una estatua de Apolo o haciendo que el mejor orador proclamara en calle lo que ellos habían escrito o dicho en alguna ocasión.
Qué cosas…
Seguirse divirtiendo, nada más. De eso se trata. He dejado de lado tanto de lo que he querido escribir por estas preocupaciones… que creo no vale la pena. Esta es una manera de lidiar con ellas, poniéndolas por escrito y que se esfumen solas. Ya mañana será otra cosa, otro día…
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Septiembre 21, 2004 — El 100 Vidas.
Escrito por Agustin Fest.
—Es una ladilla.
—¿Una ladilla? —preguntó el Cien Vidas.
—Una hueva quizás —dijo el maestro de los disfraces, quien estaba disfrazado de doctor.
—O sea, doctor… ¿todo esto sucede por qué estoy ladillado? ¿ahuevado? ¿deprimido? ¿encarcelado? ¿observado?
—Por supuesto y para toda enfermedad crónica, como la suya, hay un remedio.
—A ver, a ver… Permítame un segundo, nos estamos saliendo de contexto, ¿se da cuenta doctor?
—Antes que nada… llámeme maestro de los disfraces, siéntase con esa libertad. Si nos conocemos desde siempre, ¡faltaba más!.
—Bien, bien… usted puede llamarme Cien Vidas.
—O el Remedio, en este caso.
—Claro. Como yo le decía, nos estamos saliendo del contexto: Esto no es una vida normal, no puede ser una de mis vidas y le voy a explicar por qué.
—Explique usted.
—Por lo regular, en cada una de mis vidas englobo una pequeña historia donde hay un inicio y un final. Y donde se encuentra el final de esa vida, hay un deseo que sugiere la siguiente. Así debo continuar hasta alcanzar el límite o el final definitivo. Son cien vidas.
—Ahhh, fijese.
—Si, primero era algo sencillo, primero era un deseo o un chispazo que ocurría en el momento. Sin embargo, ha ido complicándose. De repente ya tengo un pasado, una historia llena de misterios, personajes principales y secundarios (donde usted está, por ejemplo) y se supone que hasta hay un propósito en mi existencia. ¡Fijese usted nomás!
—¿Cómo es eso? ¿Es usted acaso, el creador de su propia enfermedad?
—Usted es el doctor, usted dígame.
—Pues mire, creo que nosotros no somos el del problema —dijo el maestro de los disfraces solemne—, le voy a decir un secretito pequeño pequeñito.
—A ver…
—No somos dueños de nuestra existencia, dependemos de él…
TUN TUN TUN TUN
GULP
—¿De él?
—Si, de nuestro creador supremo.
—Verga…
—Si.
—O sea que mi enfermedad, es causa de un creador supremo.
—Así es.
—¡Eso sería como admitir la existencia de Dios y eso sería ridículo!
Dios se asoma y tira un rayo, que el Cien Vidas evita indiferente. El Maestro de los Disfraces, nada más para no arriesgarse, se aparta un poquito.
—Pues hay un Dios. Filosofe conmigo un segundo: Nosotros somos personajes, con existencias y vidas normales, que viven, respiran, comen y cagan. Ahora imagínese que de alguna manera, se abre un portal megamacrocósmicokarmático que es el causante de que un creador, la persona que nos observa, dé palabras y sentencias a lo que nos sucede. De esa manera, nos está creando y hace que nuestra existencia, sea digna de tomar nota.
El Cien Vidas asintió lentamente.
—Pues hay un remedio para eso —dijo el Maestro de los Disfraces—, hay un remedio para que dejes de estar ladillado, ahuevado, encarcelado y observado.
—¿Cuál es?
—Buscar tu muerte.
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Septiembre 20, 2004 — Sensitivo.
Escrito por Agustin Fest.
Adelante y atrás, adelante y atrás… una voz que canta en algún radio viejo, de oxidados transistores y madera carcomida. ¿No has tenido la sensación de ver en sepias un viejo objeto como un baúl, el reloj del abuelo, muebles? Así escucho la música antes de despertar y abro los ojos un buen rato y parpadeo, varias veces, antes de medio sonreír. Me pregunto: Si mis despertares son tan tranquilos, ¿por qué a veces guardo tanta furia, tanto enojo, tanta neurosis, tanto de todo? ¿Por qué… se calla la canción para convertirse en un ruido de estática tan molesto? Supongo que es mi naturaleza y me es inevitable. Me acuerdo que desde morrito, ya pensaba yo que la naturaleza era algo inviolable, que la manera de ser del individuo, el que fuera, era algo inexorable en su sistema o su sangre. Me acuerdo que me prometí aprenderme de memoria, para no olvidarme.
No estoy tan mal, a veces pienso, podría estar peor… podría despertarme un día, mirarme en el espejo y descubrir el rostro de… no sé, por ejemplo, George W. Bush.
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Septiembre 15, 2004 — Critica Social.
Escrito por Agustin Fest.
Cuando era chiquito, me metieron la bandera hasta el cogote y el himno lo acabé cantando hasta en concursos de coros. Aprendí en la primaria, el nombre de los Niños Héroes y me enseñaron también los nombres de aquellos libertadores de la Nueva España. Nos inventaron una X, para darle a nuestro país, a nuestra tierra, una identidad nacional. Se alzó el estandarte de una virgen morena, y dejó de ser un símbolo religioso para también convertirse en la iconografía de una nación entera.
A medida que fui creciendo, me fueron enseñando que a los niños héroes los agarraron borrachos un día y que, realmente, no ofrecieron ninguna resistencia. El tipo que se tiró con la bandera, no lo hacía por rescatar nuestra identidad, lo hizo porque estaba en el momento preciso. Hidalgo, el padrecito, llevaba el mote de “El Zorro” y le gustaba jugar a las cartas. Algunos dicen que llevaba a su mujer disfrazada a donde quiera que fuera, para no sentirse solo entre batalla y batalla. Me enseñaron, también, que el estandarte de la Virgen Morena era para mover a aquellas personas que hicieran algo… si no tenían una identidad nacional, mínimo lo harían por su madre.
Fue poco a poco, como me di cuenta como México tuvo que construirse a través de símbolos y héroes para adquirir su identidad nacional. A los niños así nos enseñaron, a respetar los símbolos, creer en figuras casi míticas, en equiparar a los Hidalgos y Morelos al nivel de los héroes de la televisión. —¿Por qué He-Man? ¡Si en México tuvimos héroes de carne y hueso!. El mito que se creo así mismo: México… en la niñez de cada uno de nosotros hay piedra tras piedra de héroes, de armas, de simbología. Y me gusta, me gusta mi país. Me gusta que así me hayan educado la historia y que me hayan quitado la venda de los ojos, a medida que me seguí educando. No me imagino viviendo en otro país, a pesar de las mentiras o la pregunta colectiva de ¿Quiénes somos realmente?
México está en una constante búsqueda, México es una constante lucha y México somos todos nosotros, estemos en el norte, en el centro o en el sur. México será México, aquí y en Tecate y en Mexicali y en Villahermosa y en Veracruz. Cuando haya gritones que dicen como uno es mejor que el otro, como la comida del sur es más rica que la norteña, como el tequila de un estado no se compara con el otro… todo va bien, porque así es México. El país que se va construyendo así mismo.. Así que… ¡Viva México! ¡Vivamos nosotros! Y disfrutemos nuestra patria, con todos los inconvenientes y delicias gastronómicas que eso representa.
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