Tomorrow comes today

Eso dice una canción de Gorillaz. Esto es algo de lo que he querido escribir, el método progresivo del Árbol de los Mil Nombres… de ser un perfecto desconocido, al día siguiente ya soy toda una luminaria de cinco minutos. Gente que me lee, gente a la que influyo en sus escritos, gente que me utiliza para elaborar una idea que yo dejé a medias. Eso era algo que me esperaba, a largo plazo, pero no sabía que tanto me cambiaría. Ya no me siento agusto escribiendo porque a veces, siento que esperan algo de mi y eso está mal. Claro, ese es un punto básico de todos los bloggeros: “Escribe lo que se te dé en gana y ya”.

De repente, ya hay mucha gente que quiere saber quien soy yo y que tanto de lo que escribo es cierto o no lo es. Que tanto oculto. Que tanto he vivido en experiencia propia y que tanto es ficción a la Sartre de aquél que juega al “quiero ser”.

Sin embargo, es algo que sucede en cada uno de nosotros eventualmente… si es que logramos despegar en la comunidad, si es que traspasamos el límite (algo que deseamos secretamente): “Me leen familiares, amigos, conocidos y uno que otro bloggero”. ¿Qué pasa cuando se rompe ese limite y de repente, una gran cantidad de desconocidos quieren saber todo de ti? ¿Qué sucede cuando buscan tus consejos, tus palabras y además… se atreven a desafiarlas? ¿Qué sucede cuándo estos eran casos aislados y de un día a otro, se convierten en el pan de cada día?

No lo sé… supongo que me pondré bien neuras y acabaré por borrar todo lo escrito.

Pero no creo.

Creo que me dan ganas de aceptar mis cinco minutos de fama y sentirme griego, a la Big Brother. Ya solito se dirá si tengo el temple para aguantar tantos ojos, desafíos y comentarios.

¿Sabían que eso es algo que adquirimos por el catolicismo / cristianismo? ¿La culpa de sentirnos famosos? ¿La culpa por sentir que destacamos? ¿La responsabilidad de estar abajo con los demás? Eso es un rasgo que nos heredó la religión. Los griegos no tenían ningún empacho en sentirse famosos. Si eras grande, debías ser grande. No habían mamadas como: “La popularidad no me va a cambiar”. Ni madres. Su nombre debía estar en boca de todos, ya sea profanando una estatua de Apolo o haciendo que el mejor orador proclamara en calle lo que ellos habían escrito o dicho en alguna ocasión.

Qué cosas…

Seguirse divirtiendo, nada más. De eso se trata. He dejado de lado tanto de lo que he querido escribir por estas preocupaciones… que creo no vale la pena. Esta es una manera de lidiar con ellas, poniéndolas por escrito y que se esfumen solas. Ya mañana será otra cosa, otro día…

2 comentarios ↓

#1 Anuar el 09.22.04 a las 7:47 pm

Cuidado, al rato los paparazzos te van a tomar fotos hasta cuando estes atendiendo tus necesidades fisiologicas y/o leyendo el periodico.

TT: Eso lo hice yo solito en Big Blogger =P, jajajajaja

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#2 maur0 el 09.22.04 a las 9:59 pm

No deje de escribir y que le valga un comino lo que piensen de usted.

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