El remedio (omega)

—Es una ladilla.
—¿Una ladilla? —preguntó el Cien Vidas.
—Una hueva quizás —dijo el maestro de los disfraces, quien estaba disfrazado de doctor.
—O sea, doctor… ¿todo esto sucede por qué estoy ladillado? ¿ahuevado? ¿deprimido? ¿encarcelado? ¿observado?
—Por supuesto y para toda enfermedad crónica, como la suya, hay un remedio.
—A ver, a ver… Permítame un segundo, nos estamos saliendo de contexto, ¿se da cuenta doctor?
—Antes que nada… llámeme maestro de los disfraces, siéntase con esa libertad. Si nos conocemos desde siempre, ¡faltaba más!.
—Bien, bien… usted puede llamarme Cien Vidas.
—O el Remedio, en este caso.
—Claro. Como yo le decía, nos estamos saliendo del contexto: Esto no es una vida normal, no puede ser una de mis vidas y le voy a explicar por qué.
—Explique usted.
—Por lo regular, en cada una de mis vidas englobo una pequeña historia donde hay un inicio y un final. Y donde se encuentra el final de esa vida, hay un deseo que sugiere la siguiente. Así debo continuar hasta alcanzar el límite o el final definitivo. Son cien vidas.
—Ahhh, fijese.
—Si, primero era algo sencillo, primero era un deseo o un chispazo que ocurría en el momento. Sin embargo, ha ido complicándose. De repente ya tengo un pasado, una historia llena de misterios, personajes principales y secundarios (donde usted está, por ejemplo) y se supone que hasta hay un propósito en mi existencia. ¡Fijese usted nomás!
—¿Cómo es eso? ¿Es usted acaso, el creador de su propia enfermedad?
—Usted es el doctor, usted dígame.
—Pues mire, creo que nosotros no somos el del problema —dijo el maestro de los disfraces solemne—, le voy a decir un secretito pequeño pequeñito.
—A ver…
—No somos dueños de nuestra existencia, dependemos de él…

TUN TUN TUN TUN

GULP

—¿De él?
—Si, de nuestro creador supremo.
—Verga…
—Si.
—O sea que mi enfermedad, es causa de un creador supremo.
—Así es.
—¡Eso sería como admitir la existencia de Dios y eso sería ridículo!

Dios se asoma y tira un rayo, que el Cien Vidas evita indiferente. El Maestro de los Disfraces, nada más para no arriesgarse, se aparta un poquito.

—Pues hay un Dios. Filosofe conmigo un segundo: Nosotros somos personajes, con existencias y vidas normales, que viven, respiran, comen y cagan. Ahora imagínese que de alguna manera, se abre un portal megamacrocósmicokarmático que es el causante de que un creador, la persona que nos observa, dé palabras y sentencias a lo que nos sucede. De esa manera, nos está creando y hace que nuestra existencia, sea digna de tomar nota.

El Cien Vidas asintió lentamente.

—Pues hay un remedio para eso —dijo el Maestro de los Disfraces—, hay un remedio para que dejes de estar ladillado, ahuevado, encarcelado y observado.
—¿Cuál es?
—Buscar tu muerte.

Un comentario hasta el momento ↓

#1 DuVeth el 09.22.04 a las 12:02 pm

Sigues con el Tun tun tun???? esas mañanas… no te vuelvo a juntar con Andres.

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