Entradas escritas en Septiembre, 2004 ↓
Septiembre 29, 2004 — Consumidor de Entretenimiento.
Escrito por Agustin Fest.
Subject: preguntar.
From: opio.
Reply-to: opio shalalá.
Date: 05:41 pm
To: arboltt[at]mexsa.com
que significa el nombre francelia
:T:
Subject: Re: preguntar.
From: Agustín Fest.
Reply-to: arboltt[at]mexsa.com
Date: 05:49 pm
To: opio
No sé, pero si lo averiguas me cuentas?
:T:
Subject: Re: preguntar.
From: opio.
Reply-to: opio shalalá.
Date: 05:54 pm
To: arboltt[at]mexsa.com
a mi me dijo una novia que tenia con ese nombre que francelia era en ebreo una acompañante de ombres casadosy yo queria saber si era berdad tu dime si es sierto
T1msn Fotos: Todo lo que quieres saber sobre fotografía digital (ajá, simón).
:T:
Subject: Re: preguntar.
From: Agustín Fest.
Reply-to: arboltt[at]mexsa.com
Date: 06:02 pm
To: opio
Ah caray, no tengo ni la menor idea…
pero bueno, suena como una historia interesante. Gracias por contármelo. Si me llego a enterar que quiere decir francelia, prometo decírtelo.
:T:
¿Alguien sabe qué quiere decir el nombre de Francelia?
:T:
Actualización
Subject: Re: preguntar.
From: opio.
Reply-to: opio shalalá.
Date: 06:41 pm
To: arboltt[at]mexsa.com
oye sabes el significado del nombre enrique y el de pablo? mandame la respuesta si es que lo sabes
:T:
Esto es cosa… de todos los días.
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Septiembre 29, 2004 — Los cuervos.
Escrito por Agustin Fest.
Los cuervos
están buscando los tres puntos,
ahorita están volando sobre Veracruz.
Han aprendido el huapango, uno canta:
-¡Préstame una hermana!
Y otro le contesta:
-¡Una hermana no me falta!
-¡Me faltan los tres puntos!
-¡Tres puntos no tenemos!
-¡No tenemos vino!
-¡Vino el solovino!
-¡El solovino es un perro!
-¡Un perro es lo que quiero!
-¡Qué quiero tu cariño!
-¡Tu cariño está maldito!
-¡Está maldito el Nazareno!
-¡Al Nazareno no blasfemes!
Y así, se la pasaron toda la noche hasta que se dieron cuenta.
Aún no tienen los tres puntos, pero si muchas exclamaciones.
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Septiembre 29, 2004 — Fractal Chaos.
Escrito por Agustin Fest.
Yo esperaba el fin del mundo con cierto agrado, con cierto ánimo, con cierto optimismo pues. Me pagué un boleto ficticio por un millón de dólares ficticios. Subí una sillita a la azotea de la casa y desde las tres de la mañana esperé en vela por los efectos climatológicos que el asteroide debía traer consigo y si, fuí víctima de uno de ellos: El pinche frío. Estornudé, tocí, casi saco los pulmones por la garganta hasta que fui por una chamarra y santo remedio. Prendí un cigarrito, saqué un termo de café y allá, en la azotea de una casa cualquiera esperé el fin del mundo. Sonreí divertido, ¿cuántas veces leí el “Por Tutatis” de Goscinni? Asterix rifa, definitivamente. Ahora si, que caiga el cielo en nuestras cabezas y ¡qué todo termine ya!
Me tomé mi cafecito, mi cigarrito… debían ser ya las cuatro de la mañana, el tiempo pasa rápido cuando gentes como nosotros piensan estupideces todo el tiempo. El silencio se veía interrumpido por alguno que otro conductor que se creía el nuevo Fitipaldi. Uno que otro drogo caminando en las aceras, ya sin varo para llegar a su casa. Uno que otro taxista iluso, que piensa que juntará la cuenta a estas horas… ¿qué no sabe que el mundo se acaba en unas horas? ¿Ya para qué? Puaft. Una que otra escoba barriendo… ¿qué la gente no duerme? ¿qué grado de ociosidad o insomnio se requiere para salir a barrer con una escoba a las cuatro de la mañana? Pregúntenle al tipo del termo y la silla en la azotea, que pagó un millón de dólares ficticios para presenciar el fin del mundo.
Las nubes no se movían en el cielo, a excepción de aquellas que se aclaraban un poco por la luna llena. Un instinto escondido se despertó en mi ser… el pelaje me creció, el hocico se me alargó y perdí toda conciencia humana. ¡Y aullé! Ajá, simón. Este… no pude evitarlo, en una de mis vidas quise ser hombre lobo. Está bien, está bien, no me avienten chanclas, ni periódicos… no, no me aventaré a recogerlos y si, me merezco todos los “che mamón” del mundo. Okay. Bueno… pues hagan de cuenta que paso una hora y media con eso del hombre lobo y como no soy matemático las cuentas dan que…
Ahhh si, las ocho de la mañana (a huevo, y nadie se atreva a hacer las cuentas)… la supuesta hora del fin del mundo.
A las ocho de la mañana el tráfico ya era visible, la gente despreocupada se compraba sus tamalitos esquineros con su atole respectivo o sus tortas guajoloteras, los señores de jeans, gorra y mochilas (obreros, albañiles) caminaban hacia el metro apresurados y los niños, impecablemente peinados con baba, ya se dirigían a sus escuelitas. Señoritos de traje listos para el mundo laboral, con ojitos de borrego espantado (eso les pasa por chupar en martes). Las mamás se maquillaban mientras caminaban y algunas, mientras conducían (como no serán mujeres hermosas (inconscientes), hasta en el fin del mundo). Los trolebuses y los buses grandes, grandes, manejaban con precaución mientras que los taxistas, empezaban poco a poco en degenerar el caos vial. ¿Por esto pagué mi millón de dólares? Regrésenme mi varo, hijos de la chingada.
Mejor me fui a dormir.
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Septiembre 28, 2004 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Kayla era mi compañera de la escuela, me gustaba mirarla cuando esperaba a que mami viniera por mi. Kayla siempre me pareció muy solita. No hablaba con otras niñas, ni con otros niños. Nadie se le acercaba y los niños que querían molestarla se arrepentían, porque decían que ella era más fuerte y más grande. Ella era el enemigo. Eso me gustaba de ella, eso y su pelo grande y casi amarillo, sus ojos verdes como el aceite que usa mi mami para su ensalada. La primera vez que escuché su nombre me dio risa, Kayla… Kayla, como una canción para mi era Kayla.
Antes de morirme, fue el día que conocí a Kayla. Dos señores querían robarme, mi mamá ya me había advertido de los robachicos y por eso corrí tan rápido como pude y grité el nombre de la policía. Y le mordí la mano a uno de esos señores, que con un golpe escuché como me rompió algo. Me hice un angelito. Y entonces descubrí la verdad de Kayla, porque con mis ojos de angelito miré sus alas negras como de angel malvado. Kayla escuchó mis gritos, Kayla se alzó la blusa y descubrió un cuchillo muy grande que estaba guardando, Kayla corrió hacia los señores tan rápido como los chitas de la tele y Kayla les cortó los pies y las manos, y los ojos de Kayla se hacían rojos rojos y gritaba bien enojada.
Tenían razón los niños… ella era más fuerte y más grande.
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Septiembre 28, 2004 — Amigos.
Escrito por Agustin Fest.
Ayer platicaba con una amiga, entre café y cigarrillos. Me la encontré en la cafetería, charlando con dos profesores y otra amiga en común. Uno de los profesores era Collin White, como impone su presencia… me gusta observarlo, sus ademanes, como se expresa, como habla el español con un ligero acento inglés que no puede, ni debe, abandonar. Por lo regular, me quedo callado cuándo está él porque me intimida… pero eso no quiere decir que me rinda, de alguna manera busco puntos en común, algo que él (viejo sabelotodo) y yo (joven que se cree sabelotodo) podamos entender. Ese punto lo encontramos en la comida: antes uno iba a la panadería para surtirse toda la semana, ahora… el pan se echa a perder en dos días. También hablamos de Pemex, me preguntó en que se especializaba mi novia y le comenté. Jo… figúrense, hablando de mi novia con Collin, ¿quién diría?
Eventualmente, todos se fueron y quedamos Ariadna y yo.
Ariadna me aconsejó que debiera entrar a concursos, formar un curriculum, buscar donde publicar artículos. En si, me recomendó que si me creía escritor, debería empezar a serlo. Y no me sonó mal la idea… buscar menciones honoríficas, premios. Aplicar para becas como la del FONCA (jóvenes creadores). Tal vez podría hacerlo, me puse a divagar… tal vez si hay un escritor encerrado detrás de estas manos. Por lo que he aprendido, no sólo la creatividad es suficiente, también se necesita n buen oído, mucho vocabulario, un amor infinito al lenguaje. Y de ahí, tú nombre tiene que ser conocido por varios, por muchos. Son los lectores los que harán al escritor, escritor. Y son los escritores, quienes prestarán sus lectores a aquel que apenas comienza.
No lo sé.
A veces me convenzo de que todo lo que quiero es una vida sencilla, juntar para un departamento, que toda pieza vaya cayendo poco a poco en su lugar. Y la que no, tan sólo mirar que pieza falta en el rompecabezas y acomodarla, sin prisas, sin pasiones. Pero también, está la otra cara de la moneda, aquella que surge del deseo: Una vida grande, que la gente sepa mi nombre, que mi opinión se convierta una base del criterio, mi nombre en un libro cada año, cada seis meses… ser alguien grande, ser el escritor que se esconde detrás de mis manos.
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Septiembre 26, 2004 — Los cuervos.
Escrito por Agustin Fest.
Los cuervos
se han comido los tres puntos.
¡Hideputas!
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Septiembre 26, 2004 — Critica Social.
Escrito por Agustin Fest.
Es cosa de la publicidad.
Si no me creen… esperen cuando escuchen estas frases:
Soy feliz en el ruido de un McDonald’s cuasi vacío.
Soy feliz cuando mis chanclitas Nike tocan el pasto húmedo.
Soy feliz cuando mis amigos y yo compartimos una Coca Cola.
Soy feliz cuando mi Sony Wega se llena un poco de polvo.
Soy feliz cuando observo las fotos digitales en mi cámara Nikon.
Soy feliz cuando miro a un viejo, bailar casualmente al ritmo de la canción que eligió mi iPod.
Soy feliz cuando escucho el sonido de las gotitas pegar mi chamarra impermeable Nautica.
Soy feliz cuando observo a través de la ventana de mi Mustag, a los niños correr con sus mochilas Fila.
Soy feliz con la sonrisa que hace un niño al leer mi playera NaCo.
Somos harto felices, gracias a nuestras marcas. Amén.
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