Entradas escritas en Agosto, 2004 ↓
Agosto 17, 2004 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Te escuché, aún con el ruido de los audífonos. Por la comisura de mis ojos, miré tus movimientos de lado a lado en la habitación. Llamabas mi atención, exigías respuestas. Cuando haces eso, te vuelves torbellino y relámpago, y en tu cuerpo, es como si escribieras todas las dudas que tienes de la vida, del amor y de tu boleto de lotería. Andas como gallina descabezada, moviéndome tus alas y llenándome de tus plumas a ver si la tengo. ¿Y qué crees? Que no es así. Me hago piedra, sólo así te quedas quieta, sólo así el mundo se queda quieto. Si me tocas te mueres, ni se te ocurra. Hace tiempo que no te conozco y ya no te quiero conocer.
La piedra mira más de lo que escucha, es cierto. Y observándote, dudas de mi existencia y dudas de la tuya. Repetimos el ciclo. Te encontrarás haciendo las preguntas más absurdas y las que más sentido tienen, entrelazadas unas con otra, repitiéndose tantas veces que pierden coherencia y se vuelven tan sólo palabras. Tus pensamientos generan una falsa dualidad que me estremece por su ternura. Me obliga a mecerme. Anda… hazte aire, que yo soy piedra. Muy adentro es lo que cuenta—: la firmeza, la dureza, mis venas que penetran tu aire entumido. Son las que te mueven el centro y licuan el líquido en tu interno para que existas, para que seas. Tendrás mas valor que yo para darle a cada cosa su nombre, yo me contento con blander mi vara mágica, mi espada sagrada, mi vara podrida y te sonrías. El aire no mueve la piedra.
Los mandamientos están escritos por las manos de Dios, en mi frente y en mi tras. Y ahí, has tachado los que no te gustan y agregado los que más quisiste. Haz pulido la piedra, a medida de construir la estatua y re-des/hacer lo que ya estaba hecho. Cuando me releo, no me entiendo ya… estoy en otro idioma. Y lo que has querido, por lo que tanto preguntas, no lo comprendes ya que lo tienes. Nunca estarás conforme con tu piedra del río, con la aparición mágica de las manchas que tú misma salpicaste. No es justo, no es justo que te preguntes quien soy… cuando sabes que soy tu verdugo redentor.
La vida se me hace puntos y símbolos y letras que ya no entiendo y demasiados signos de puntuación y ¿qué son los signos de puntuación? En mi interior se concentran todos y siento un repentino deseo de explotar por dentro, de gritar desde el vientre hasta mi cerebro que se detenga… (afuera, soy piedra). Es insoportable serlo todo al mismo tiempo. Es una aberración. Es una violación consentida. ¡Déjame mirar! ¡Déjame mirar que ya no escucho! Que el viento deje de empujar, porque nunca logrará moverme la piedra… Pandora jamás abrirá su caja…
Ya que se vaya…
Ya que se vaya…
Ya soy sonido, soy piedra, soy explosión y furia. Ya lárgate, que esperas. Mi peso llegará al centro mismo del infierno. Se abrirá la tierra y me tragarán las llamas del averno. Recoge tu ropa, que ya no te quiero ver aquí y no quiero escuchar más sinrazones, sin sazones. Vete bailando, apostando, sonriendo o chillando. No te quejarás más de mis sonidos, ni del peso de la piedra sobre tu cuerpo liviano. Hola… hola. Mañana podremos presentarnos de nuevo y con dulzura y delirio escucharé tu nombre de nuevo. Vete corriendo, tírate por la ventana, juega a dar vueltas en el aire con tu vestido nuevo. Espiral de luces y de viento, siempre girará alrededor del sólido núcleo. Me estremece tu ternura y el juego de tus labios, que humedeces mi glande sacando tantito la lengua y sonriendo coqueta, que ya te vas y te despides y yo explotando, explotando por dentro. Piedra hueca, roca vacía. Solo. Sólo estoy lleno de ruido interno.
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Agosto 16, 2004 — Escuela.
Escrito por Agustin Fest.
So, hoy empezó el desmadrito. Hoy regresé a la Universidad Nacional Autónoma de México. No quise llevar cámara. Armé mi mochila con mi antología Oxford (volumen II) y la edición del Quijote que me regaló mi novia. Tomé un cuaderno nuevo de los que tengo ya guardados, sin reparar en el color o en la forma (son varios de tamaño profesional, unos cuantos de francesa y uno que otro minimadrecita en mi pequeña “bodeguita” escolar). No revisé si llevaba plumas, o lápices, o gomas (porque me gusta rayar cuadernos con uno que otro dibujo); esos tienen su lugar en el bolsillo frontal de la “mocla”.
Cuando bajé, dije a todo mundo—: Ya me voy, hoy empiezan mis clases. Esta vez no armé un alboroto, preparando un horario para que lo tuvieran, no fue necesario. Después de todo, pensé que se irían acostumbrando a él por mis llegadas y mis salidas. (Además que el horario aún no está completo. Cuestiones administrativas). So, tan sólo revisé mail, me desconecté y salí. Caminé al metro para ir a la universidad. En el camino, pensaba en lo que me esperaba: Empezar otra vez, adaptarme a los chamacos de los primeros semestres, conocer gente nueva que me intimidara con su inteligencia, con su nivel de lecturas, con su astucia y su pericia, repetir algunas clases que perdí por huevón y al mismo tiempo, conocer nuevos profesores de los que sólo había escuchado.
En eso se me fue el camino. Me metí a la Facultad de Filosofía y Letras, miré a la gente y buscaba reconocer a alguien, uno o dos, al tipo del mohawk verde al menos, o tal vez a la chavita a la que nunca le invité el café. O Ariadna. Then I heard the Doors, if you know what I mean: “People are strange, when you’re stranger. Faces look ugly, when you’re alone”. Revisé mi hojita, me tocaba en el salón 116. Me sentí como un analfabeta escolar. Ya no sabía donde quedaban los salones. Después de un recorrido completo y una vuelta en círculos (esos círculos que hacen los perdidos)… agarré la onda de que el salón 116 se encontraba en el primer piso, no en el segundo donde estaba vagando.
—Pendejo, pendejo, pendejo…
Sip, sos un sorete. Supongo que me estaba re-“familiarizando” con el entorno. Ja-Ja. Bien, llegué al salón de clases con diez minutos de retraso. La profesora aún no había llegado. Mi hojita decía—: Historia de la cultura norteamericana. Afuera, me encontré con dos rostros familiares: Ariadna y su novio, Emiliano. No tan familiares, ya que dudé que fueran ellos, que me sonrieran y me saludaran. Me sorprendió no ser “el apestado” que dejó la escuela un semestre. Para mi eso es un pecado, para otros, da igual. Los saludé y como soy en esos casos, de que trato de explicar algo que es duro o que me es complicado, me excusé haciendo cómica la situación. Después de un par de carcajadas, les aseguré que era el mismo y yo, me reafirmé (supongo).
Tonight it’s what it means to be young.
La profesora llegó en algún momento, Emiliano se despidió de rapidito y entramos a la clase.
—¿Ya listo para la escuela, Señor Fest? —Ariadna.
—… —Señor Fest.
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Agosto 14, 2004 — otros blogs.
Escrito por Agustin Fest.
Me han dicho: vale, vale, cabron hijo de puta, vale, ¿estas conmiGo? Y yo, que a cada instante me había repetido: “no debo arruinar las cosas, no debo arruinar las cosas”, a cada post, a cada posT, a caDa puTo PoST. Pues que precisamente, el dia de hoy, sábado y tal, LO HE LOGRADO: la luz del sol, LA PUTA LUZ DEL SOL
—Nueces
Hoy mi boca no tiene el mismo sabor amargo que el de siempre, hoy puedo comer un esquite, un manguito y hasta unas palomitas de maíz, pero no un pedazo de mi vida, hoy no, hoy quiero dejarla así enterita para disfrutarla.
—Control z
Bueno, la cosa es que me fascinaron los blogs (ahi encuentras a la derecha los enlaces a los que más me han gustado). Me volveré fan? Jejejeje. Terminaré blogueando en lugar de mantener el sitio? Nah, no creo. Pero es divertido.
—Life Runes
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Agosto 13, 2004 — 1-2-3, Logs varios.
Escrito por Agustin Fest.
bycho:: dice:
como se le hace para mantener una relacion como la tuya¿
bycho:: dice:
como la de ustedes¿
t.T (Solo Du) dice:
mucha paciencia.
t.T (Solo Du) dice:
que ella me aguante la neurosis.
t.T (Solo Du) dice:
dinero.
t.T (Solo Du) dice:
fe, confianza.
bycho:: dice:
lo ultimo se me hace dificil
t.T (Solo Du) dice:
es que no conoces la segunda.
t.T (Solo Du) dice:
qué más se necesita?
(Solo TT) dice:
sentido del humor y dos bobos
t.T (Solo Du) dice:
ella dice que sentido del humor y dos boobs
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Agosto 13, 2004 — divier-tt.
Escrito por Agustin Fest.
He tenido tres amores, medio retorcidos, con tres mujeres distintas llamadas Claudia. De ninguna de ellas fui novio “oficial”.
Mi mejor amigo tenía a su novia llamada Claudia. Era una relación enfermiza la que tenía con ella. Es la mujer que he visto como lo ha puesto a llorar, en medio de un grupo de estudio de cálculo diferencial para un examen al día siguiente.
Y mi amigo, jo, es un tipo duro.
En estos días, he escuchado de Claudias por aquí, Claudias por acá. ¿Será el nombre? ¿Qué es lo que provoca el nombre de Claudia? ¿Será por que es fácil de recordar? ¿Suena musical, mientras uno está acostadito en la cama y piensa, “Ummmmmm”, qué gemiditos hará? ¿O más bien, es porque se presta a utilizar diminutivos cursis para cambiar el nombre que prolifera en todas las morritas de 20-30 años? Que Clo, que Clau, que Claudita, que Panquecito, ¡qué nalguitas!
Algo que me encanta, es ver como reacciona una persona en una discusión. Si me entero que es facilmente molestable o tiene un pequeñito punto débil en un argumento, me dedico a trabajarlo a través de preguntas sencillas que se complican a medida que el otro le pone sabor a sus palabras. En ocasiones, tomo una postura contraria para ver que tan sensible es.
Aquellos tres amores retorcidos que tenía, jo, eran muy vulnerables.
La primera Claudia, fue una estudiante de sistemas que desertó para estudiar psicología. Era alta, de cabello negro, lacio y largo. Tenía muy buen cuerpo, aunque en temporadas era propensa a adquirir una que otra lonjita. Empezamos a ser amigos a través de las confesiones. De las confesiones pasamos a confesar lo que cuenta (¿aspiradora o paletita?). Una mujer de mucho caracter. Actualmente, casi no platicamos ella y yo.
A ella, no recuerdo como la hice enojar… pero su respuesta, esa respuesta la voy a recordar siempre—: ¡Aquí nos vemos y te vas buscando otra para tus masturbaciones! ¡A ver quién te estimula como yo!
Parpadeé—: Caray, si bien sabes que esas me sobran.
Lo siento… no pude evitarlo. Me sentí, genuinamente (en serio [de veritas]), mal. Me pasé marcándole a su casa, para que me colgara a los cinco minutos. Luego le marqué al celular, ella se mantenía en silencio, mientras yo elaboraba una complicada disculpa con una sonrisa re-tor-ci-da en el rostro.
Simón, era medio cabroncito. Hoy, pues soy un borreguito.
La segunda Claudia, estudió mercadotecnia. Alta, de cabello a los hombros, entre bonita. Piel muy clara, piernas fuertes. Le gustaba patinar sobre hielo (ya no lo hace, por culpa de un accidente que tuvo) y era muy sociable en las borracheras. Pero eso si, no prestaba. Siempre fue muy selecta con respecto al hombre al que le iba a dar algo. Pues… como pasa con las Claudias, nos confesamos y después, nos confesamos lo otro. Para mi decepción, no era una mujer a la que le gustara experimentar sexualmente… en fin. Se llamaba Claudia y el nombre siempre me ha dado escalofríos.
Hoy en día, seguimos platicando y somos muy buenos amigos.
Ella tenía una amiga con la que andaba por todas partes y en messenger siempre me mandaba fotos provocativas de mujeres haciendo esto y lo otro. Pues si, me entró lo hombre pendejo y un día mientras caminábamos, le pregunté—: ¿Eres lesbiana?
Se puso roja, roja, roja y su rostro cambió, de una angelical mujer al demonio más terrible.
—¡No es cierto! ¡No es cier…
(pequeño paréntesis aquí. En esa misma universidad, había una chava que se llamaba Pamela. Una morenaza de fuego, totalmente… al igual que su hermana. Digamos que si Claudia y Pamela se encontraban en la misma fiesta, los hombres no se decidían a donde apuntar su nariz. Recuerdo que Pamela siempre usaba unas falditas para lucir las piernotas que había adquirido por el baile. Además, era una mujer bastante ruidosa. Si, las fiestas en las que me metía en ese tiempo, eran como asistir a algún bar de Garibaldi en días no propensos al turismo. A Pamelita, alguna vez la grabé con la webcam en una fiesta en mi casa, bailando, cabe decir que me gustaba la falda y los muslos).
…to! ¡Es que yo pensé que como siempre andabas con tu amiga! Bueno, perdón Pamela…
Eso fue lo peor.
Hasta que me perdonó, me dediqué a llamarla PANQUECITO.
Eso nunca fallaba
y además, la hacía reír.
Inmediatamente después, se acordaba y me decía—: Si quieres, mejor largate con Pamela… ¿no? Al fin que ella te gusta (insertar método verbal más elaborado para triturar a un hombre aquí)
La tercera Claudia, bueno, pues digamos que es la que me puso en mi lugar y reivindicó a todas las Claudias del mundo. Una mujer high class, que viste ropa de marca y tiene el típico acento. Hermosa la condenada, de piel un poco apiñonada, delgada. Baila flamenco y estudia literatura, aunque… no sé del todo porque estudia literatura. Por supuesto, ella sabe lo bonita que es, cuánto varo tiene… por lo tanto, no cualquiera se le acerca. Le molesta la naquez, la guarrez, pero le gusta reír con un buen chiste bien acomodado.
Después de que hice mi luchita con la tercera Claudia, acabé bien ardilla… la neta. Pero quedamos ella y yo en que seríamos amigos, y no volví a hacer ningún comentario al respecto, porque en ese sentido soy respetuoso. Hago la lucha una vez, no insisto, no me gusta gastar energías. Así que, alguna vez estabamos platicando tres personas. La tercera no importa, en realidad sólo eramos Claudia y yo.
—Pues no vine ayer porque me dolió el vientre… y fui al médico y me dijo que lo que tenía era algo así como una super-mega ovulación que no expulsaba facilmente.
La imagen mental fue demasiado (Claudia, con el vientre abultado, diciendo “MEGA-MECHA-OVULACIÓN, ORIDESKA!”, con los ojos rojos y los cachetes inflados, y después: “PUMMMMMM! Oh mom! Sakura blossoms!”). Nota aparte: Yo se que es una condición médica muy seria, no me lo tomen a mal (Además, estamos hablando de que andaba bien ardido y lo ardido, no distingue géneros). Me eché una carcajada que se escuchó tres salones a la redonda, tuve que salir del salón de clases y regresé después de unos minutos, con mi sonrisa retorcida, por supuesto. Claro, eso me ganó la diplomacia hipócrita de Claudia durante el semestre y un par de comentarios por ahí que rezan: “Es que Gus era muy insistente”, “¡Ay, todo hombre quiere ser mi novio, ninguno puede ser mi amigo!”.
Si, en la escuela creo que ya me conocen como un acosador.
Esas fueron mis tres Claudias. (Hay una cuarta en la mira… se apellida Schiffer… figúrense nada más, nomás que mi novia me de permiso).
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Agosto 13, 2004 — Los cuervos.
Escrito por Agustin Fest.
Los cuervos…
miran el reloj:
5:20 AM.
No hay nada peor,
se dicen,
que descubrir que el sol está a punto de salir…
y ellos, no tener una pizca de sueño.
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Agosto 11, 2004 — Intento ser Escritor.
Escrito por Agustin Fest.
Cuando abrí los ojos, lo vi sentado frente a la computadora con los audífonos puestos. Escuchaba algo de los Fabulosos, o tal vez de Panteón Rococó, porque movía ligeramente los hombros y el cuello. Miré sus labios y las palabras que formaban, se me hacían similares a alguno de esos grupos, me pregunté si era un “Condenadito” o un “Carente”. Me acerqué a él y coloqué una mano sobre su hombro, se lo apreté y lo sentí tan duro que la retiré rápidamente. Era como si… su dureza quemara. Acerqué mi rostro a él, un olor a añejo se desprendía de su cuerpo. Estaba irreconocible, porque sentía que le conocía de hace tiempo… aún sin saber su nombre.
El nombre fue lo que me hizo dudar. Me acerqué una mano al pecho y entreabrí mis labios. ¿Dónde estaba? ¿Qué hacía aquí? ¿Quién… soy?Estaba desnuda, o más bien… no desnuda. Mi cuerpo existía, pero sin expresión de mi sexo. No tenía pezones, no tenía pelos en los brazos o en las piernas o en las axilas, no tenía vagina. Como si me hubieran quitado lo vulgar de la humanidad. Lo que la humanidad desprecia, y también, adora. Sin embargo, conservaba mi propia silueta. Me miré a mi misma y comprendí lo bella que era, tan sólo por tener las curvas redondeadas, las sombras de un cabello largo que parecía cortar el aire. Un arcoiris personal.
Los pecados iluminaron mi propio cuerpo, que cuántas veces había sido tocado y acariciado y mordido y lamido y embestido y profanado y estrujado y girado y doblado y comprimido y uncido y humedecido y marcado y escrito y consagrado. Me sentí divina y puta, una estrella de luz cuyas extremedidades proferían una luz oscura. No era nadie más que ello. No estaba dónde, si siempre he existido. Nada que había hacer ahí, si todo estaba constantemente haciéndose. ¿Y aquél ciego cuya solidez me había de/con-struído, quién era?
Olvidé el nombre de las cosas y mi pensamiento se volvió continuo. Es como un constante hablar y no saber lo que dices. Solito se va hilando en espirales genéticas cuyos cuerpos se retuercen en luces y contraluces. Mi cuerpo de luz. Y él me dio lástima, y quise pretender llorarle unas cuantas lágrimas y darle un besito en su naricita. ¿Puede tanta belleza, existir en mi y no mirarla (no mirarla yo, no mirarla él)? ¿O es qué, le soy tan horrible porque no sabe mirar que tan sólo soy? ¿Qué hay tan importante en lo que mira o escucha?
Como saberlo…
como saberlo…
Yo ya soy luz, soy aire, soy suciedad y tristeza. Y ya me voy de aquí, y me voy por tu ventana que no existe pero mis manos dibujan. No me miras y vuelo, no me escuchas y gorgoteo. Sigues ahí, hecho quietud y ensimismamiento. Tus ojos, encerrados en oscuridad no te permiten mirarme siquiera. Y bien que sabrás tu propio nombre, como lo sé yo de memoria, en los rezos nocturnos que hacía por ti. No hay estrella, si soy el universo entero. Pero jamás sabrás el mío, ni te diré de las veces que nos tomamos la mano o que nos reímos con cigarrillos y café, ni tampoco te diré que vimos juntos a tanta gente para señalarle y andar sus pasos, alzando las puntitas, creyéndonos cómicos y carcajeándonos más. En la unidad de todas las cosas, un cielo y un infierno. Y la vida no es reír, también llorar… porque lloré por ti muchas veces y tú, adivino que tú lo hiciste otras tantas. Fuiste tan hombre, que se te deslizaban los mocos por la nariz y apenas sostenías el cigarrito entre tus labios secos, fuiste tan hombre que tus ojos rojos y vidriosos, eran resultado del esmog. Ojitos tristes no miran la luz de la paloma. Ojitos tristes no miran lo siniestro del cuervo. Y siempre me dijiste que eras un inútil, que jamás podrás comprender luces y abismos… y ya me voy, ya me hiciste aire… adiós…
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